¿Ahora un gobierno de coalición nacional?

El instinto de sobrevivencia política de nuestros gobernantes, sin duda muy desarrollado, los lleva a tramar creaciones institucionales de mucha originalidad y de poco viso democrático.

Es de conocimiento público que nos encontramos en una etapa institucional en donde la sensación de acefalía gubernamental se ha propagado a partes importantes de la población. Esta sensación tiene sus fuertes razones:

* Se desconoce la existencia de iniciativas serias.

* Al plan de desconexión unilateral del partido gobernante Kadima, que fue el pilar de su programa político, se le puede decir QEPD.

* ¿Se acuerdan de la promesa del partido Avodá de un salario mínimo de mil dólares?

* El gobierno es arrastrado detrás de los sucesos y no a la inversa.

* El Primer Ministro llegó a decir que no tiene agenda política y tiene que manejar el país.

* El gobierno no se responsabiliza permanentemente de áreas importantes de la seguridad social y física de la población.

* La economía florece en forma totalmente independiente de la política o al margen de la política estatal – que los optimistas tengan cuidado de lo contrario que tarde o temprano va a ocurrir.

¿Cuál es la solución? Pregúntenle a la Presidenta de la Knesset y miembro del Partido Kadima, Dalia Ytzik. Ante la difícil situación creada y los desafíos del futuro, lo mejor para ella es crear ahora un gobierno de coalición nacional. ¿Qué significa ello? A la coalición gubernamental actual de 78 miembros del parlamento se le agregarían otros 12 del Likud con Natanyhau otra vez como Ministro de Finanzas, 9 del Mafdal-Ijud Leumí y 6 de Yahadut a Torá. ¡Mazal tov! Ahora tenemos una coalición de 105 diputados, de un total de 120, quedando afuera sólo Meretz y los partidos árabes. Ya me imagino los jocosos comentarios de analistas internacionales comparando nuestra situación con otras mayorías similares de países vecinos de cuyas “democracias” sabemos reir todo el tiempo.

Yo considero que la creación de un gobierno de coalición nacional que agrupa a partidos con programas políticos básicamente opuestos es un hecho, en la práctica, antidemocrático y una traición política a los votantes.

¿Por qué motivos es antidemocrático? Por hacer desaparecer en la práctica el sentido del enfrentamiento básico de la democracia, que es el de la coalición gobernante frente a la oposición. La ausencia de una alternativa clara y precisa de oposición deja a la población confundida, sin posibilidad de diferenciar y elegir. Así surgen las sensaciones de un juego político vendido de antemano, la indiferencia y el alejamiento de la participación masiva en decisiones democráticas.

No se debe confundir gobierno de coalición nacional con la necesaria comunicación permanente entre el jefe de gobierno y el jefe de la oposición a los efectos de actualizarlo. De la misma manera no se debe confundir con la responsabilidad de la oposición de apoyar el gobierno en situaciones críticas de seguridad o desastres nacionales. Esto siempre se puede llevar a cabo sin ser partícipe del gobierno y continuar siendo una alternativa opositora.

Un gobierno de coalición nacional es una rara creación basada en una bigamia política entre el poder central y partidos con programas contradictorios que tratan de disfrutar de los momentos de placer (ministerios, cargos de influencia, etc.) y posponer y esconder sus problemas básicos y sus posiciones políticas drásticamente opuestas.

Yo veo el funcionamiento de un gobierno de coalición nacional como un paralelismo a la acción de un imán: un polo atrae fuertemente el trasero de los miembros del parlamento a los sillones ministeriales; el otro repulsa las ideologías y programas políticos a distancia de años luz.

Nuestros políticos saben por experiencia que éste tipo de gabinetes tiene todas las posibilidades de convertirse no en un gobierno de coalición nacional sino, como se lo denomina irónicamente, en un gobierno de parálisis nacional. En estas formas de gobierno se crean mecanismos estabilizadores que limitan toda posibilidad de toma de decisiones en alguna dirección.

Pese a todo ello, la experiencia de los últimos años nos demuestra que es un marco de acción muy apreciado por nuestros políticos. No me sorprendería que la iniciativa de Dalia Ytzik obtenga una calurosa recepción.

Ojalá me equivoque…

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