¿Defender a Israel? Con la verdad, si. Con falsedades, no.

Las organizaciones judías en todo el mundo se ven permanentemente enfrentadas en batallas  para influenciar a la opinión pública  en contra de manifiestos antisionistas, antisemitas y también contrarios a la política del gobierno de Israel. Uno de los medios mas comúnmente utilizado es promover manifiestos públicos y publicar artículos de personalidades no judías que apoyan a Israel.

La herramienta me parece adecuada y en muchas oportunidades logra su objetivo. El problema se crea cuando estos manifiestos o artículos se basan en argumentos erróneos o en expresiones falsas. Mi punto de vista personal es que de ninguna manera se debe faltar  de decir la verdad, inclusive siendo incómoda. Si no persistimos en este lema, yo creo que rápidamente perderemos gran parte del apoyo de la opinión pública en todos sus niveles.

 

Ojala me equivoque.

 

A modo de ejemplo, a continuación se expone el articulo de Rogelio Alaniz, publicado originalmente en el diario El Litoral de Santa Fe, Argentina y posteriormente ampliamente difundido por muchos medios de la colectividad judía.

 

Posteriormente se expone un resumen de mi opinión personal que envié en su momento a Rogelio Alaniz. 

 

En defensa de Israel. Por  Rogelio Alaniz

Del presidente iraní, Mahumoud Ahmadineyad, pueden decirse muchas cosas menos que no sea claro, frontal y hasta sincero. Así lo fue cuando organizó un congreso internacional para negar el Holocausto, así lo fue cuando aseguró que el objetivo prioritario de Irán era el de equiparse con armamento nuclear, y así lo es en estos días cuando pronostica que la destrucción del Estado judío de Israel está cerca.

Con él se podrá disentir o estar de acuerdo, lo que nadie puede alegar es no saber con quién se está hablando. A diferencia de otros estadistas, el jefe iraní expresa con absoluta franqueza sus objetivos.
Ahmanideyad podría decir lo mismo que en algún momento dijera Metternich, el lúcido y resbaladizo diplomático austriaco: “yo a mis colegas los engaño diciendo la verdad”. En ese universo de intrigas, sinuosidades y mentiras, decir la verdad se transformaba en el mejor argumento para incitar al error a diplomáticos avezados en la mentira y los dobles discursos.
El jefe iraní no miente ni disimula sus objetivos. A su manera es transparente, lineal y, si se permitiera la palabra, honrado. Dice lo que piensa y se propone hacer lo que piensa; si no hace más no es porque no quiera sino porque no puede, pero convengamos que todas sus energías están orientadas a cumplir con su palabra y nadie lo puede acusar de mentiroso, de prometer y no cumplir, o de decir una cosa y después hacer otra.
Dicho con todo respeto, Hitler estaba curtido en la misma madera. El Führer siempre dijo lo que pensaba y además lo escribió, con estilo prosaico, plagado de lugares comunes, pero claro, frontal casi hasta la brutalidad y la grosería. Hitler siempre dijo que Alemania debía conquistar el espacio vital, que el Tercer Reich debía durar un milenio y que en el plazo más breve posible había que exterminar a los judíos y a todos aquellos pueblos de raza inferior o de pensamientos inferiores.
Hitler nunca engañó a nadie. Jamás dijo una cosa por otra. Incluso cuando firmó con Stalin un acuerdo de paz, los dos sabían que era provisorio y que en cualquier momento podía romperse y nadie estaba obligado a avisar sobre esa ruptura. Sin embargo, a pesar de esa sinceridad, de esa exposición descarnada de los objetivos, los avezados diplomáticos de Francia e Inglaterra, Chamberlain y Daladier creían que no era para tanto. Cuando quisieron reaccionar, las bombas estaban cayendo sobre París y Londres.
El único político en Europa que se convenció rápidamente de que con Hitler no había ninguna posibilidad de negociación y que la única alternativa era la guerra, hasta el exterminio, fue Winston Churchill a quien -por supuesto- sus colegas laboristas, liberales y conservadores lo trataron de loco, senil y violento hasta que, convencidos de que las bombas que caían del cielo no las enviaba Dios ni eran de juguetes, decidieron convocarlo para que salve a Inglaterra.
Entre Hitler y Ahmanideyad hay diferencias, diferencias importantes, pero también hay coincidencias. Así como sería un error conceptual equiparar a uno y a otro sin advertir lo que los distingue, también sería un error político muy serio y de imprevisibles consecuencias no captar lo que haya de común entre los nazis que hablaban de la raza superior y los integristas musulmanes que ponderan las virtudes de la religión superior.
Otra de las constantes es el sentimiento de muerte: mientras los nazis soñaban con el universo bucólico de las walkirias, hoy los integristas se consuelan pensando que en las coloridas estepas de Alá los esperan decenas de vírgenes para hacerlos felices hasta la eternidad. Morir por el Reich o morir por Alá históricamente no es la misma cosa, pero la pulsión de muerte es similar.
El antisemitismo, como racismo y odio a la modernidad, es otra de las coincidencias de los nazis con el integrismo musulmán. La diferencia de los integristas con los judíos puede expresarse como diferencia religiosa, territorial o política, pero en todos los casos ése es apenas un pretexto subordinado a un sentimiento de odio que sólo puede ser saciado con el exterminio del pueblo judío.
Los integristas no odian a los judíos por los errores que cometen y de los cuales ningún pueblo está exento, sino por los aciertos que construyen. Odian su inteligencia, su creatividad, sus tradiciones humanistas. No les molestan sus excesos militares, les molesta que luego sancionen a los militares que se excedieron; no les fastidia la corrupción, les fastidia que los corruptos vayan a la cárcel condenados por jueces y no linchados o apedreados en la vía pública; no les molesta la discriminación que a veces un judío puede hacer contra un palestino, les molesta que en Israel los palestinos disfruten de derechos que no disfrutan en Jordania, Siria o en la propia Palestina.
Israel ocupa el 0,002 por ciento de todo el territorio árabe. En esa pequeña lonja de tierra, no hay petróleo ni riquezas naturales importantes. Su población es el 0,01 por ciento de la población musulmana, pero en ese territorio ínfimo funciona uno de los sistemas sociales más avanzados del mundo, sus universidades capacitan profesionales que luego obtienen distinciones académicas mundiales. Asediados por el terrorismo y la amenaza de exterminio como Estado, en Israel funciona una central de trabajadores considerada como una de las más democráticas de Occidente, y en el plano político están reconocidos los derechos civiles y políticos de sus ciudadanos.
Ese mal ejemplo en las barbas de los ayatolaes no puede tolerarse. Esa vocación humanista en las fronteras de déspotas y sátrapas no debe consentirse. Para los ayatolaes y sus ocasionales rivales, los jeques ensabanados enriquecidos con la renta petrolera, siempre es mejor un pueblo sometido, de rodillas a La Meca, mientras su vida terrenal es un infierno.
En definitiva, siempre es mejor echarle la culpa de las desgracias a algún enemigo exterior que asumir las propias responsabilidades por el hambre y la miseria de sus pueblos. Y, ya se sabe, a la hora de buscar un chivo expiatorio, nada mejor que un judío.
¿Dónde están, pregunto, los científicos, los humanistas musulmanes, que en otros siglos iluminaron al mundo con su sabiduría? ¿Adónde van los miles de millones de dólares obtenidos de la renta petrolera?
¿También los judíos son culpables de la miseria, el analfabetismo, la discriminación social y sometimiento vil a las mujeres?
Como decía un reconocido historiador europeo: Israel se propuso ser Atenas y lo obligaron a ser Esparta.
Basta mirar el mapa de Medio Oriente para darse cuenta de que sólo la perversidad religiosa y la ceguera política pueden aceptar el principio de que Israel es el Estado agresor. El antisemitismo larvado es tan poderoso que a Israel ni siquiera le admiten el derecho a la defensa. Para las satrapías musulmanas, los judíos deberían tener el mismo comportamiento que tuvieron con los nazis: dejarse matar, aceptar marchar como manso rebaño al degolladero.
Ahmanideyad es tan sincero como Hitler. Cree en lo que dice y lo que dice está dispuesto a cumplirlo. Los Daladier y los Chamberlain de turno suponen que no hay que tomarlo en serio, que siempre se lo podrá controlar y que, en todo caso, hay que hacerle algunas concesiones para contenerlo un poco.
El error de perspectiva en 1938 costó cincuenta millones de muertos. Nadie está obligado a creer que sesenta años después ocurra algo semejante, pero no está de más recordar que el hombre es el único animal de la Tierra que tropieza dos veces con la misma piedra.               

Firmado: Rogelio Alaniz, diario “El Litoral” de Santa Fe -4 de junio de 2007-:

 

 

Estimado Rogelio Alaniz

 

Permítame, en un principio, expresarle que valoro enormemente su actitud de salir públicamente a defender la posición de Israel a nivel internacional. Como ciudadano de Israel y como argentino admiro la valentía y coraje de decir lo que piensa en un medio muy hostil hacia aquellos que no van con la corriente. Yo se lo que significa pararse y expresarse públicamente en defensa de Israel cuando la mayoría movilizada clama fervorosamente en contra. No encuentro una expresión mas acertada que la común en Israel “Kol Hakavod” que significa con todo nuestro honor.

 

La intención de estas líneas no es solo expresarle mi valoración por su actitud, sino también, hacerle llegar algunos comentarios respecto del contenido de su artículo.

Mis comentarios se dividen en dos aspectos: En el primero me refiero a la argumentación que usted expone  en sus posiciones, en tanto que en el segundo, me dedicare a analizar la veracidad de dichos argumentos con relación a la realidad de Israel.

 

En la primer parte de su artículo se expone un análisis psicológico del comportamiento comparativo entre Hitler y Ahmadineyad. Por falta de medios y falta de conocimientos no tengo lo que decir al respecto. Lo único que desearía mencionar es que lo veo mas como un ejercicio académico muy poco práctico. La realidad de hoy en día en el medio oriente es tan complicada que no se la puede reducir sencillamente a la realidad europea de los años 30 del siglo pasado.

 

Usted rechaza claramente la posición iraní que Israel es un estado que debe ser borrado del mapa. Me parece muy bien. El problema es que usa algunos argumentos, a mi entender, no validos.

 

Israel, como todo pueblo y país en el mundo, tiene derecho a existir física y políticamente independiente por el solo hecho de ser un pueblo y país. Yo rechazo rotundamente el argumento de una población pequeña en relación a la población árabe. Tampoco la superficie territorial  es un argumento válido. Nada tiene que ver si hay petróleo o se trata de tierra fértil o árida. El derecho a la existencia del país no esta determinado por la posición de sus representantes en la olimpiada académica ni en el número de premios Nobel de sus habitantes, ni si sus mujeres son discriminadas o no o sus agrupaciones gremiales son avanzadas o retrogradas.

 

Todo pueblo tiene el derecho universal a la autodeterminación y a que pueda vivir en paz bajo la organización social y económica que decidan sus líderes y/o habitantes.

 

Su argumento casi, casi que puede llevar a la conclusión errónea que un país moderno, pequeño, progresista, muy culto etc., etc., debe persistir ante toda situación en cambio países con características opuestas podrían desaparecer.

 

La segunda parte de mis comentarios se refiere a la veracidad de sus argumentos.

 

Al respecto desearía mencionarle que Ud., como muchas personas en el mundo, siguen compartiendo una imagen de Israel que fue cierta hasta unas décadas atrás y que hoy en día, lamentablemente, es historia.

 

Los sistemas sociales avanzados que fueron un ejemplo para todo el mundo están desapareciendo bajo las políticas de privatización y eficiencia económica. El estado en forma persistente abandona toda responsabilidad en materia de seguridad social y hoy en día se llegó a una situación de distribución de la riqueza en forma tan dispar que llegamos a ser unos de los líderes en el mundo en distribución in equitativa del ingreso.

 

No puedo dejar de escapar el alto grado de discriminación racial hacia los árabes ciudadanos de Israel y otros estratos sociales débiles. Los ejemplos son muchos y si le interesan en una larga lista se pueden detallar.

 

Lo que aún se ve como logros académicos es el resultado de sistemas educativos que funcionaron hasta hace unos 20 años. Todos los controles así como se acostumbra a nivel europeo nos demuestran el retraso permanente que se va dando en los últimos años a nivel de logros en estudios secundarios y universitarios. La escuela pública esta desapareciendo y la educación pasa lenta pero persistentemente al alcance de los que disponen de medios.

 

La central trabajadora de Israel (Histadrut) como ejemplo de organismo de trabajadores que fue participe de la construcción del país y levantó gran parte de la infraestructura económica y social del país es parte de las lecciones de historia. Hoy en día es un organismo gremial que máximo agrupa a los pocos trabajadores que quedaron del sector publico (cada ves mas reducido por las privatizaciones).

 

Ud. se burla de los jeques enriquecidos. En la realidad de hoy en día en  Israel yo no se hasta que punto hay gran diferencia en el comportamiento entre el pequeño grupo de personas que se apropio de la mayoría de la economía de Israel y esos jeques.

 

Con respecto al sometimiento vil de las mujeres, sin hacer comparaciones, le recomiendo leer un poco sobre el comportamiento de los religiosos ortodoxos judíos respecto de la mujer. Ud. puede llegar a descubrir que las diferencias no son tan grandes.

 

Por ultimo, deseo referirme al punto más importante. Me refiero al párrafo que usted. menciona: ” Basta mirar el mapa de Medio Oriente para darse cuenta de que sólo la perversidad religiosa y la ceguera política pueden aceptar el principio de que Israel es el Estado agresor. El antisemitismo larvado es tan poderoso que a Israel ni siquiera le admiten el derecho a la defensa”.

 

Yo, como israelí, sin perversidad religiosa ni ceguera política, le puedo afirmar que, sin olvidarme la crueldad de los actos terroristas palestinos, lamentablemente, Israel es un estado que comete agresiones.  

 

De acuerdo a la Convención de Ginebra (que Israel firmó para ser reconocida internacionalmente como país independiente) un país puede retener por la fuerza territorios conquistados en guerra como condición de un acuerdo de paz futuro. Si el conquistador puebla esos territorios con población civil esta cometiendo un delito de guerra. Eso es lo que hace Israel desde principios de los años 1970 llegando a poblar los territorios con más 250,000 habitantes judíos. Los palestinos, por su parte, responden con actividades de oposición y liberación basadas en el terrorismo llegando a niveles muy altos de crueldad en sus actos.

 

Los hechos son bien claros. El conquistador es Israel y el conquistado es el palestino.

Lamentablemente el conflicto se fue dando de tal manera que en las actividades combativas ambas partes  llegan a cometer actos de crímenes de guerra.

 

No se puede demandar de los palestinos que desmantelen sus organizaciones terroristas y renuncien a su derecho a defender sus territorios de la ocupación israelí sin a cambio demandar de Israel que desmantele totalmente las poblaciones civiles en los territorios ocupados desde 1967.

 

Deseo finalizar este mensaje recalcando que usted. me verá siempre a su lado defendiendo a Israel ante cualquiera que demande su destrucción, pero que no le quepa la menor duda, también me verá exigiendo de Israel que cambie drásticamente el rumbo en lo social, económico y fundamentalmente en su política de seguridad y conquista de territorios.

 

Lo saluda muy atte.  Daniel Kupervaser .

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