¿Hacia donde vamos?

No cabe duda que la caída de la Franja de Gaza bajo el poder absoluto de Hamás creó una situación nueva y paradójica en las relaciones entre Israel, EE.UU y la Autoridad Palestina. Lo que en un principio dio visos de una precipitación hacia un abismo y un alejamiento de todo acuerdo posible, se convirtió en un idilio con propuestas de cooperación mutua ante la nueva realidad. Más bien parecería que el temor a la incertidumbre y al descontrol total del proceso, llevó a los americanos a hacer sonar la campanilla para llamar a las partes beligerantes a una conferencia internacional de paz, donde se discutirán los puntos claves que puedan desatar total y finalmente ese nudo gordiano del conflicto de Medio Oriente. Y cuando el Tío Sam llama, no hay más remedio que presentarse… Y no sólo presentarse, sino llegar preparados y listos, con una hoja en común que detalle el marco de principios de un acuerdo final y definitivo entre las partes.

 

Como por arte de magia, el golpe de estado de Hamás en Gaza, en vez de preocuparnos y entristecernos, nos llena de optimismo. Ya sentimos a lo lejos los aletazos de las palomas de la paz. Amós Oz, el eterno optimista, nos llena de esperanzas cuando habla de “buenas noticias”, como si lo único que nos faltara es elegir la lapicera para firmar.

 

Quienes ya recibimos con honores el doctorado en desilusiones, no podemos sino deleitarnos con este show, como en una sala de espejos deformantes, en donde se nos proyectan imágenes totalmente desvinculadas de la realidad.

 

Cada actor en esta función de teatro tiene que representar su personaje fielmente de acuerdo al libreto:

 

Bush no puede permitir que la realidad se siga complicando sin mostrar algún tipo de activismo que lo mantenga en posición de patrón del proceso. Lo más importante es conservar su imagen ante sus dos importantes socios del Cuarteto: Putin y los europeos.

 

Abu Mazen está en una posición muy difícil ante de su pueblo. Para el observador con ojos palestinos quedó demostrado que el camino de la violencia, liderado por Hamás, junto con el masivo apoyo popular, es lo que permitió lograr echar al infernal invasor israelí de Gaza, obtener el control total del territorio, y llegar a un tipo de equilibrio estratégico con el poderoso ejército israelí por medio del uso de misiles caseros y primitivos. Todo ello condicionado al hecho que todavía sufren del embargo exterior cuyos resultados finales aún se desconocen. El palestino medio le pregunta a Abu Mazen: ¿Cuál es la alternativa que nos ofreces? La respuesta en su típico lenguaje diplomático de Europa es: Lograr tanto o más que Hamás por medio de negociaciones pacíficas.

 

Si se habla de acuerdo final, las demandas palestinas básicas son claras y precisas:

–          Reconocimiento de un Estado Palestino independiente, libre y autónomo.

–          Soberanía palestina en un territorio que incluya Judea, Samaria, Jerusalén Este y Gaza en los límites del 4 de junio de 1967.

–          Reconocimiento del derecho de los refugiados palestinos de retornar a sus aldeas de origen en 1948 y 1967.

–          Liberación de todos los prisioneros palestinos.

 

No creo equivocarme mucho al pensar que en reuniones cerradas, Abu Mazen exponga detalladamente ante israelíes y americanos la clara exigencia de que en un período bastante corto de tiempo tenga que obtener logros mínimos tales como: liberación de cierta cantidad de presos palestinos, retirada de Tzáhal de las ciudades más importantes y reducción drástica de las barreras y controles camineros en Judea y Samaria. Su amenaza es clara y con fundamento. Si no regresa con un acuerdo final más o menos cercano a las exigencias palestinas, o por lo menos, con esos logros mínimos a corto plazo, se verá obligado a renunciar, lo que llevará muy rápidamente a Israel y a EE.UU a enfrentarse directamente con Hamás, esta vez dominando todos los territorios palestinos.

 

Ehud Olmert, no de buena gana, se ve en la necesidad de entrar en escena en este show. Quien hasta hace pocos meses reconoció que el punto central de la plataforma que lo llevó al poder en las últimas elecciones – el plan de desconexión unilateral – quedó sin efecto por su propia iniciativa sin mayores explicaciones, quien no tiene agenda política y su única función es administrar el país, se ve en la necesidad de actuar como gran promotor de un acuerdo final y total con los palestinos. Que no queden dudas: pese a la falta de cualidades para ese tipo de personaje, Olmert entiende que debe actuar fielmente al libreto, pues así cumple su objetivo primordial: ganar tiempo y persistir en funciones de primer ministro, si es posible, hasta el final de su legislatura.

 

A mi criterio, el marco de acuerdo final entre Israel y los palestinos sería factible si se basa en las exigencias palestinas con las siguientes modificaciones:

* La soberanía del Estado Palestino estaría limitada en varios puntos referidos a la seguridad de Israel. Por ejemplo: control de pasos internacionales, permiso de portar armas livianas sólo para la policía, espacio aéreo sólo para Israel, etc.

* La ciudad vieja de Jerusalén seguirá como ciudad abierta con soberanía israelí sobre el Barrio Judío. El resto estaría bajo soberanía palestina. El casco histórico

religioso pasará a ser de soberanía internacional y cada religión administrará su zona.

* Intercambio de territorios de común acuerdo. Lo veo posible a niveles mucho más reducidos que la clásica posición israelí, quien aún sueña con declarar su soberanía sobre la mayoría de los asentamientos en los territorios ocupados. La exigencia funcional de una continuidad territorial del Estado Palestino y la posibilidad de una vida normal para la población, no le permiten a éstos aceptar la flexibilidad soñada por los israelíes.

* El derecho de retorno de los refugiados palestinos sólo será posible en el marco geográfico del nuevo Estado Palestino.  

 

A nivel personal, estimo que este proceso finalizará en un gran fiasco en pocos meses, e inclusive mucho antes, si algún detonante aleatorio lo anticipa. Ejemplos no faltan: algún secuestro de otro rehén por parte de fuerzas radicales palestinas – como casi ocurrió hace unos días con un oficial de Tzáhal que se equicocó de camino y entró a la ciudad de Jenín; el informe final de la Comisión Winograd con la consecuente renuncia de Olmert, o un operativo militar israelí con numerosas víctimas palestinas, que obligue a Abu Mazen y a su Gabinete a reaccionar con una severa respuesta.

 

Los motivos del fracaso previsto para estas negociaciones se basan en factores relacionados tanto a los israelíes como a los palestinos.

El gobierno israelí carece del apoyo necesario en la Knésset y en la opinión pública como para llevar adelante las acciones necesarias para un acuerdo final. Abu Mazen, por su parte, no puede retornar a Ramallah sólo con algunas migajas de acuerdo parcial y/o temporal.

 

No se necesita ser muy perspicaz para captar la realidad política actual en Israel y llegar a las evaluaciones anteriormente detalladas. Suficiente con prestar atención a la tranquilidad relativa que se manifiesta en las actitudes de los grupos de la derecha en Israel. La experiencia de los últimos años demostró que este barómetro político nunca falló; si ellos están tranquilos, es de suponer que no hay “peligro” que les quiten un ladrillo o que alguien devuelva un centímetro cuadrado de los territorios ocupados.

 

Ante el fracaso previsto de esta ronda programada de negociaciones, existe un consenso generalizado que las relaciones entre Israel y los palestinos volverán a su curso “normal” tal como se dio en los últimos 40 años.

 

Lamento ser pesimista. Creo que esta es la última oportunidad en que las masas populares palestinas darán su apoyo a obtener la independencia por vías pacificas. Todo fracaso en las negociaciones actuales grabará necesariamente en su conciencia colectiva que el camino de la fuerza es el único que Israel entiende.

 

A todos aquellos que piensan que esa conciencia se puede modificar “cobrando” precios en moneda de sufrimiento colectivo, les diría que la experiencia demostró que están muy equivocados. A los que piensan que los palestinos entregarán sus armas y abandonarán el camino de la fuerza sin que, paralelamente, Israel desmantele sus asentamientos en los territorios, les diría que son muy ingenuos. A los que piensan que por la fuerza se puede mantener un pueblo eternamente bajo el yugo de la conquista, los enviaría a leer varios libros de historia. En tanto y en cuanto sigamos pensado que los asentamientos en los territorios nos brindan una pizca de tranquilidad en materia de defensa, a mi entender, tenemos un serio problema de comprensión en materia de seguridad nacional.

 

Fuera del alivio por la destrucción de los ejércitos que amenazaban la existencia de Israel, la Guerra de los Seis Días logró otro gran objetivo: que la mayoría de los países árabes reconozcan que no pueden doblegar a Israel por las armas y estén dispuestos a reconocer su existencia en Medio Oriente en el marco geográfico previo a dicha guerra. Nuestra persistencia en tratar de mantener otros logros de la misma  – conquista de territorios – nos puede llevar, a largo plazo, a perder todo.   

 

De todas maneras, si nos preguntamos hacia donde vamos, creo que hacia una nueva confrontación violenta con los palestinos y, como el pasado lo demostró, pese a nuestra clara y evidente superioridad militar, es muy probable que nos toque sufrir nuevamente y vaya uno a saber, como ya ocurrió, con qué sorpresas nos encontraremos esta vez. 

 

Ojalá me equivoque…

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