Beitar Jerusalén – El fútbol y la discriminación

Debo reconocer que la juventud que pasé en Argentina me impregnó del gran gustazo de deleitarme del fútbol. Hasta hoy en día recuerdo aquellos domingos de la era pre-televisiva en que los amigos nos reuníamos alrededor de una radio a lámparas para estar al tanto de los goles al minuto.

Los años pasaron, las preocupaciones crecieron, pero siempre quedó un rinconcito con una lamparita de admiración y recuerdo hacia el balompié.

Esa lamparita se volvió a encender repentinamente el domingo pasado cuando el canal 10 de televisión de Israel proyectó un documental denominado “Yo te amo Beitar Jerusalén”.

¿Beitar Jerusalén me pregunté a mí mismo? El club más poderoso del fútbol de Israel, el club con el primer ministro Olmert como hincha número uno. Y me cuestionaba ¿Nos estaremos acercando al fútbol de Argentina? ¿Nos parecemos?

Así fue que me tire en el sillón a deleitarme de las imágenes.

Las enormes masas de seguidores y las ruidosas hinchadas son el poderoso motor que mueve ese increíble espectáculo. Sólo en el fútbol – tanto en Buenos Aires como en Jerusalén – se puede ver esa dedicación, ese fanatismo, ese amor por los colores de la camiseta.

Los personajes son los mismos, aquí y allá.

El verdulero del mercado que no deja de colgar las fotos de sus estrellas y la bandera de su equipo como la escenografita más apropiada para la venta. El barbudo intelectual que se quejó del idioma grosero en las tribunas pero no dejó exponer al periodista un permanente análisis psicológico del comportamiento de las masas ante un conflicto de intereses de barrio, sectoriales o de clases.

Sobresalió la ilustre maestra, hija de sobrevivientes de la Shoá, que no abandona su solemne postura ante sus estudiantes secundarios, mientras en la cancha, vestida de amarillo y negro con bufanda y sombrero, no cierra la boca un minuto alentando a su equipo.

Tampoco dejó de estar presente el personaje pintoresco, Abigail Shárabi, la hazme reír y payasa de los periodistas de turno, quien no paró de contar como prefirió hacer peligrar su vida cuando en plena hospitalización por un embarazo peligroso, se quitó el suero de su brazo y se tomó un taxi directo al estadio para no perderse el partido.

Por supuesto, no pudo faltar el millonario, propietario del equipo, con seguridad lleno de aspiraciones políticas, categorizado por los periodistas como oligarca ruso con capital de procedencia dudosa, que saludaba a la muchedumbre desde lo alto del palco con un agitar de manos digno de un líder popular.

Como ven, fuera del nivel técnico de juego, todo más o menos lo mismo entre Jerusalén y Buenos Aires…

No, no todo. En el último tercio del programa salió a relucir un aspecto denigrante, típico de la hinchada de Beitar Jerusalén.

Uno tras otro, los jóvenes se acercaron al micrófono, ante las cámaras y sin ningún tipo de consideración, ametrallaron con sus lemas llenos de contenido racista y xenofobia, de la misma forma como los gritan normalmente en las tribunas: “No aguanto a los árabes”, “Me cago en los árabes”, “No vamos a permitir que en Beitar Jerusalén juegue un árabe”, “Odiamos a los árabes”.

Por supuesto que no faltó el tradicional alarido de esta hinchada, “Muerte a los árabes”, sin recordar que en un pasado no muy lejano esos mismos mensajes llevaron en distintas oportunidades a personajes como Ami Poper, Baruj Goldshtein, Eden Natan Zada y otros, a asesinar a decenas de árabes por el sólo hecho de ser tales.

Lo trágico es que dicha situación es de total conocimiento público, pero prácticamente nadie mueve un dedo para modificarla. Sólo algunos periodistas y unas pocas instituciones privadas, como es el caso del Fondo de Jerusalén, tratan de promover actividades destinadas a eliminar las expresiones y actos racistas y de xenofobia de las canchas de fútbol.

Las expectativas de una acción judicial enérgica por parte de las autoridades competentes quedan generalmente paralizadas ante un vacío legislativo o un tartamudeo y juego de palabras por parte del Fiscal de Estado.

Tampoco se conoce la existencia y activa actuación de una identidad como INADI (Instituto Nacional en Contra de la Discriminación, Racismo y Xenofobia de Argentina) como factor disuasivo de este tipo de actitudes sociales dignas de repudio.

Los políticos y las autoridades, en la mayoría de los casos, brillan por su ausencia, y en el peor de los casos, algunos de ellos hasta demuestran su presencia y aprobación por medio de una negación a repudiar los hechos.

La falta de una respuesta enérgica y adecuada nos mostrará en un futuro próximo como el fenómeno toma raíces y se propaga a amplios sectores de la sociedad.

Ojalá me equivoque…

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