¿Justicia, justicia, perseguirás? – No en cualquier lugar…

Debo reconocer que el pasado mes de julio, las dubitaciones no me permitieron ser lo suficientemente libre como para dar rienda suelta a toda intención de expresar lo que siento ante la realidad.

Dejar que pasen trece años sin que se encuentren a los culpables del atentado de AMIA y se los someta a juicio, es razón más que suficiente para gritar a los cuatro vientos la injusticia y sensación de desamparo que sufre la ciudadanía argentina, judíos y no judíos.

Como argentino, percibo a las autoridades e instituciones argentinas obrando en el marco de la ley, aunque no con la fuerza, la predisposición y el ímpetu propios de los esfuerzos que requieren el esclarecimiento de un crimen de tanta magnitud social y política.

De todas maneras, luego de trece años, el caso sigue abierto esperando averiguar los hechos, y sobre todo, tratando de sobreponerse a las dificultades que antepone el gobierno iraní, cuyos representantes son los principales sospechosos.

Como argentino no tuve dudas. Éstas surgieron como judío e israelí…

El pasado mes de julio dudé, pero apenas comenzó octubre, me fue imposible ser indiferente sin recordar los trágicos hechos ocurridos en Israel en ese mismo mes el año 2000.

¿A qué me refiero? Veamos: Tras el fracaso de las negociaciones de Camp David entre el Gobierno de Israel y la Autoridad Palestina, durante el mes de julio de ese año, y la publicitada visita de Ariel Sharón (entonces en la oposición) a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén – a fines de septiembre -, se creó una situación de disconformidad general dentro de la población árabe, ciudadanos de Israel.

Con esta escenografía, y bajo el lema “¡Las Mezquitas de Jerusalén están en peligro!”, muchos árabes israelíes organizaron violentas protestas callejeras durante los primeros días de octubre.

La violencia de estos manifestantes árabes, como en casos similares anteriores o posteriores – el desalojo de colonos israelíes de la ciudad de Yamit en el marco del acuerdo de paz con Egipto en 1982, o el desalojo de colonos israelíes de Gaza en 2005 -, se caracterizó por barricadas, corte de rutas, lanzamiento de piedras u otros objetos, y en algunos casos hasta bombas molotov, aunque de ninguna manera se incluyó el uso de armas de fuego.

La gran diferencia surge de la comparación del grado de represión que aplicaron las fuerzas del orden en todos estos casos. Mientras que en Yamit y en Gaza se movilizaron muchas unidades y se aplicó el método de “guantes de seda” que concluyó con contados heridos de menor grado, en la represión de las manifestaciones de octubre 2000 se utilizaron armas de fuego que causaron la muerte de 13 ciudadanos árabes israelíes.

Ante la gravedad de los hechos y bajo una fuerte presión por parte de la opinión publica, el Gobierno nombró una Comisión Investigadora Oficial presidida por el entonces juez de la Corte Suprema, Theodor Or.

Tras prolongadas sesiones y miles de hojas de protocolo, la Comisión Or se expidió con un extenso informe en septiembre del 2003, cuando el Gobierno ya estaba en manos de Ariel Sharón.

Según dicho informe, la muerte de varios de los manifestantes fue causada por el empleo indebido de francotiradores con munición metálica – sin aviso previo por parte de la policía -, o por el uso de balas de goma contra los manifestantes desde distancias más cercanas a las autorizadas.

La Comisión Or expuso duras críticas sobre el modo de proceder del Gobierno, especialmente del entonces primer ministro, Ehud Barak y del ministro de Seguridad Interior, Shlomó Ben Amí, por no prevenir los hechos. De la misma manera, criticó duramente a la policía, a su alto mando y a los jefes de la división norte, por no planificar medios adecuados para restablecer el orden y por el uso indiscriminado de fuerza. La comisión criticó también a la dirigencia de la población árabe por no actuar con el necesario ímpetu a efectos de apaciguar los acontecimientos.

En el capítulo de sugerencias organizativas, la comisión propuso una serie de medidas en materia de seguridad interna y equipamientos necesarios para mantener el orden público, como así también en el apoyo presupuestario para el desarrollo de los sectores árabes de la población.

Con respecto a las responsabilidades penales, como consecuencia de las muertes causadas por medio del uso de armas de fuego, la comisión determinó la necesidad de abrir inmediatamente investigaciones penales. Éstas fueron llevadas a cabo por el Departamento de Investigaciones a la Policía en el marco del ministerio de Justicia.

Al recibir las concluciones de este departamento, el ministerio de Justicia anunció, en septiembre del 2005, que todos los procesos iniciados por iniciativa de la Comisión Or se daban por cerrados, debido a las dificultades existentes en identificar a los policías que dispararon y mataron a las víctimas. El tan famoso y desarrollado sistema de investigaciones e informaciones de Israel no fue capaz de determinar ni un solo culpable de la muerte directa de algún manifestante en manos de francotiradores policiales.

¿A qué conclusiones puede arribar cualquier persona sensata cuando compara este brutal comportamiento con el método de “guantes de seda”?

Huele feo y suena raro ¿No?

Estimados lectores; ustedes pueden comprender ahora mis dudas del mes de julio pasado. Me da la impresión que nos gusta “perseguir la justicia” sólo en lugares determinados; no en todos.

Ojalá me equivoque…

PD: Hace tiempo que este articulo descansaba en mi escritorio y por el momento no tenia programado publicarlo. Los hechos ocurridos en estos días en la aldea drusa de Pekiín, en la Galilea, me convencieron que es urgente editarlo. Esta vez, ante el hecho de destruir antenas de teléfonos celulares, fuimos testigos nuevamente un amplio operativo policial que incluyó disparos de armas de fuego cuando se trata de una población no judía.

Leave a comment

Your email address will not be published.


*