Tzáhal y el "Isra-bluf"

Quienes vivimos la realidad israelí de los últimos 30 años seguimos disfrutando con gran entusiasmo cada vez que escuchamos al trío satírico Hagashash Hajiver (El rastreador pálido). Sus excelentes libretistas, junto a Gabri, Poli – quien recientemente falleció – y Shaike como intérpretes, nos pusieron en pantalla la realidad israelí a través de un humor tan sano como perspicaz. Uno de sus mejores exponentes, sin duda, es el sketch denominado “Isra-bluf” (el engaño israelí) en donde un empleado del estrato más bajo logra que los directivos de un banco saquen a la luz todas las artimañas y trucos del sistema salarial a los efectos de evitar el pago de impuestos. Todo el sistema funciona cuidando las apariencias, “como si fuese….” (“Kehilu” en hebreo).

 

En muchos aspectos, la forma en que operan el Gobierno de Israel y Tzáhal en Cisjordania es un verdadero Isra–bluf y recuerdan mucho al famoso trío. Pero no se confundan, en este caso se trata de algo que se parece más a una tragedia que a una sátira.

 

Desde la Guerra de los Seis Días, Israel mantiene el control de Cisjordania y evitó declarar públicamente su intención de anexar esos territorios debido a que tal decisión obligaría necesariamente a otorgar ciudadanía israelí a los habitantes palestinos. Ante tal situación, según las leyes internacionales, la autoridad soberana en la región es el comandante militar. La función básica de éste es brindar seguridad a la población del lugar, permitir las actividades normales y evitar todo cambio drástico en la composición de la población. Le esta prohibido deportar o introducir población ajena.

 

Con el uso de artimañas legales dudosas, un escondido guiño de aprobación por parte de los americanos y una oposición débil por parte de otras naciones, Israel promovió el asentamiento de población israelí en Cisjordania hasta llegar a un total de más 250.000 habitantes.

 

La presencia masiva de población judía, que demanda vivir bajo la ley israelí en un territorio donde dicha ley no puede ni debe regir, fue la base de un sin fin de conflictos legales cuya definición no consigue ser aclarada hasta el día de hoy. La solución comúnmente adoptada por los diferentes gobiernos de turno – a lo largo de los últimos 40 años de dominio en Cisjordania – se basó básicamente en el uso masivo de argumentos de seguridad como elementos que justifican la presencia y desarrollo de la población civil judía en dicho lugar.   

 

Sin entrar en detalles de todas las actividades de Tzáhal con el objetivo de promover el incremento y bienestar de la población judía en los territorios, me concentraré tan solo en dos ejemplos que reflejan lo trágico de tales artimañas legales en uso.

 

El ministerio de Comunicaciones y la Segunda Red Nacional de Radiodifusión decidieron llamar a concurso para instalar una radio regional judía en Cisjordania, de la misma manera como se instaló e instala en otras regiones de Israel.

¿Qué podrían hacer si la ley no les permite llevar adelantes sus planes? ¿Qué se podría hacer para que una radio regional judía funcione en Cisjordania y difunda sus mensajes sin transgredir las leyes internacionales?

 

Muy sencillo. El sistema Isra–bluf soluciona el problema movilizando al Ejército de Israel.

 

El General de División, Gadi Shamni, comandante de la región centro de Tzáhal, reunió a su plana mayor y tras un debate de alto grado estratégico y por razones de seguridad, dio la orden al ministro de Comunicaciones para que de ahora en adelante la ley de la Segunda Red Nacional de Radiodifusión se aplique también en Cisjordania. Claro, sólo para judíos. 

 

El segundo ejemplo se refiere a los prolongados esfuerzos del Centro de Altos Estudios de la ciudad de Ariel – ciudad de israelíes localizada en el centro de Cisjordania – de ser reconocida como universidad. Este proceso se prolonga ya varios años y en forma persistente el Consejo Nacional de Universidades de Israel, la organización responsable de definir universidades como tales y controlar los niveles académicos de las diversas instituciones, se negó en todas las ocasiones a otorgar tal autorización.

 

¿Qué se hace en ese caso? Si los habitantes judíos de Cisjordania quieren una institución académica con grado de universidad, es necesario encontrarle la vuelta; no importa el camino. ¿Cómo? Muy sencillo. Otra vez se recurre al Isra–bluf y se moviliza al ejército.

 

El comandante de la región centro de Tzáhal reunió nuevamente a sus oficiales inmediatos y luego de otro debate estratégico y por razones de seguridad, dio la orden de crear un Consejo de Universidades de Cisjordania, totalmente independiente de su paralelo en Israel, pero con la autoridad de dar grado de universidad. Claro, sólo a instituciones académicas judías.

 

Teniendo en cuenta que la situación legal de tales procesos no es del todo clara y que ya se interpusieron demandas ante la Corte Suprema de Justicia, es de suponer que estas dos decisiones demanden mucho tiempo, dedicación y grandes esfuerzos por parte de las autoridades militares correspondientes.    

 

Para quienes no captaron las verdaderas implicancias de estas decisiones, vale la pena detallarlas en forma clara.

 

  1. Tzáhal, el Ejército de Defensa de Israel, se ve en la necesidad de tomar parte en confrontaciones de tipo ideológico–político, proceso que de por sí es muy nocivo y perjudicial para cualquier ejército.
  2. Se produce una clara alteración del orden institucional, donde los marcos militares dan órdenes a los marcos políticos.
  3. Nos seguimos mintiendo a nosotros mismos y creemos que el mundo se cree esas mentiras. Tarde o temprano tendremos que rendir cuentas de la trasgresión permanente de leyes internacionales, y de seguir así, el costo podría llegar a ser muy alto.
  4. Pese a que los voceros de Tzáhal intentan permanentemente desmentirlo, muchas de estas acciones tienen un fuerte viso y propagan un desagradabe olor a apartheid.
  5. Si los problemas de seguridad y peligro existencial atañen en la misma medida a los habitantes judíos de Cisjordania como a los de todo Israel, no se entiende el motivo por el cual el ejército decidió intervenir en materia de radiodifusión y universidades tan solo en Cisjordania y no en todo el Estado. 
  6. Cabería suponer que el Ejército de Israel se está ocupando de varios casos similares a los anteriormente detallados, y su cúpula, envuelta hasta la coronilla con problemas de administración civil, se despreocupa de su función primordial: la defensa del Estado de Israel. 

 

Con estas funciones asignadas, nadie se debe sentir sorprendido cuando se escuchan evaluaciones que dicen: “Tzáhal no está preparado”, así como lo vimos y sentimos en la última confrontación en el Líbano.

 

Si las principales funciones de los altos oficiales del ejército en Cisjordania se concentran en encontrar soluciones a las aspiraciones políticas de ciertos sectores de la sociedad israelí, cuyo objetivo es la conquista de territorios en clara contradicción con leyes internacionales, debemos sentirnos muy preocupados.

 

Ojalá me equivoque…

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