Los vecinos de aquí y los vecinos de allá

Días atrás, el columnista Israel Harel (1) publicó un artículo en el diario Haaretz títulado: “La víctima de la táctica del vecino”. Esa nota es una etapa más en las profundas polémicas que surgen y dividen a la sociedad israelí como consecuencia de la retensión por la fuerza y asentamiento de población civil en los territorios de Cisjordania.

¿Qué es la famosa “táctica del vecino”? La confrontación entre las fuerzas de seguridad de Israel y los distintos grupos armados palestinos se desarrolla generalmente en zonas densamente pobladas por población civil palestina. Cuando un prófugo buscado por Tzáhal es localizado en una casa en la cual permanece atrincherado, resulta muy peligroso para los soldados acercarse a dicha vivienda. En tal caso, y por orden del Ejército, los soldados eligen a un familiar del prófugo o a algún vecino casual para que golpee la puerta y exija que el reo se rinda.

Dicha norma comenzó a aplicarse en forma masiva a partir de 2002 con el recrudecimiento de la segunda Intifada. El incremento de las denuncias llevó a organismos de defensa de derechos humanos a plantear una demanda ante la Corte Suprema de Justicia para que anule tal procedimiento.

La decisión del Tribunal fue clara y precisa: En Octubre de 2005 prohibió el uso de dicho método por contradecir totalmente las leyes internacionales. El Estado Mayor del Ejército declaró que respetaría la decisión judicial, no sin antes demostrar su clara disconformidad con la misma.

Pese a dicha aceptación de los altos mandos militares, muchos informes reclutados por diversas organizaciones alertaban que en varias oportunidades se continuaba aplicando tal procedimiento. Cualquier intento de recibir explicaciones por parte de los voceros de Tzáhal recibían la típica respuesta: “El Ejército actúa de acuerdo a las normas establecidas”.

Todo transcurrió en ese mismo orden hasta que un testigo logró fotografiar una clara situación en que se aplicaba la “táctica del vecino”. Eso ocurrió apenas unas semanas atrás y la reacción del vocero del Ejército fue que se estaba investigando el caso. Ante tan claras evidencias, Tzáhal se vio en la necesidad de reconocer la falta y penalizó al General Yair Golán, comandante de la unidad que operaba en la región, retrasando su ascenso previsto para un futuro próximo.

El columnista Israel Harel intentó demostrar que la verdadera víctima de este procedimiento es el mismísimo General Yair Golán y no los palestinos. Harel no es el único que critica la decisión de la Corte Suprema. Esta posición es aceptada en todos los grupos políticos identificados con la derecha israelí: Likud, Israel Beiteinu, los partidos religiosos, etc. Quien más se destacó fue el diputado del partido religioso nacional Mafda, Efi Eitan. El parlamentario presentó un proyecto de ley para permitir aplicar dicho método en Cisjordania. Lo absurdo es que su propuesta está basada en artimañas pseudo legales para tratar de esquivar la futura intervención del Tribunal Supremo.

No cabe duda que la “táctica del vecino” conlleva necesariamente a grandes y serias polémicas, no solamente desde el punto de vista legal – ya sea aquí en Israel o en el marco de la comunidad internacional -, sino también desde el punto de vista ético.

Defender de la mejor manera posible la integridad física de los soldados de Tzáhal es una de nuestras mayores preocupaciones, pero no se puede confundir ese objetivo con el uso indiscriminado de civiles inocentes como escudos humanos.

¿Con qué derecho podemos criticar duramente a los palestinos y a Hesbollah que acostumbran a mimetizarse dentro de población civil para defenderse, cuando en la práctica estamos usando métodos similares? ¿Acaso nos olvidamos que fuera de la “táctica del vecino” también operan comandos israelíes disfrazados de árabes; otro método de usar población civil para esconderse?

Imagínense si en una de las frecuentes confrontaciones con bandas mafiosas israelíes, la policía se viera en la necesidad de detener a un prófugo que se atrincheró armado en una casa de cualquier barrio de Tel Aviv, y ordenara – a caño de pistola – a un familiar de alguno de los inventores de esta “táctica del vecino”, que por el solo hecho de vivir en la casa de al lado, vaya a convencer al reo para que se entregue. Es de suponer que en ese caso las protestas llegarían al cielo y el ministro de Seguridad Interna debería renunciar inmediatamente.

No me sorprendería si en algún momento circunstancial, el Parlamento apruebe la ley que autorice el uso de la “táctica del vecino”. A partir de entonces tendremos los vecinos de aquí y los vecinos de allá.

Ojalá me equivoque…

(1) Israel Harel es columnista del diario Haaretz. Fue Secretario General del Consejo de Municipalidades Judías de Judea, Samaria y Gaza. Reside en Ofrá, uno de los asentamientos judíos en Cisjordania.

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