De la epopeya a la agonía

“Si lo queréis, no será una leyenda”, dijo Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista moderno. Con esta expresión dio impulso a los grupos judíos de vanguardia al comienzo de la colonización, surgimiento, y desarrollo del Estado de Israel. Fuera de los religiosos ortodoxos, todos se embarcaron en esa heroica e histórica epopeya del pueblo judío. Las agrupaciones políticas e ideológicas fueron variadas; de ahí el origen de profundas disidencias y discusiones en los diferentes congresos sionistas. Pero, por sobre todo, reinaba el objetivo común: crear un Estado de Israel independiente.

En este hito histórico sobresalió un movimiento que fue líder y vanguardia. Se trata de Tnuat Avodá (el movimiento laborista) en sus diversas versiones a través de los años. Varias organizaciones participaron del esfuerzo, pero nunca tuvieron una magnitud y relevancia a nivel nacional comparable con los proyectos de Tnuat Avodá.

La historia reconoce y no olvida que Tnuat Avodá tomó la iniciativa en los procesos claves para sentar las bases de lo que finalmente se cristalizó como el Estado de Israel.

En principio, creó los marcos económicos, sociales y de seguridad que permitieron asentar a nuevos inmigrantes, poblando lenta pero persistentemente el territorio israelí de kibutzim, moshavim y ciudades en desarrollo. Posteriormente fué creando las instituciones básicas de la economía israelí por medio de empresas como Solel Boné, Tnuva, Hamashbir Hamerkazí y Bank Hapoalim, organizaciones de carácter social como la Histadrut, Kupat Jolim o el diario Davar y en materia de defensa la Haganá y el Palmaj.

Su indiscutible líder, David Ben Gurión, con sus afinados y pragmáticos sentidos políticos, entendió que la única solución posible del conflicto con los palestinos era la partición del territorio. Tras un intenso trabajo de convencimiento, logró obtener el apoyo de la mayoría de los sectores políticos y declaró la Independencia en 1948. Una vez superada la sangrienta Guerra de Liberación, Tnuat Avodá lideró los gobiernos que continuaron con la gran obra de absorción de enormes masas de nuevos inmigrantes, la construcción de viviendas, la creación de empleos, el mantenimiento de la seguridad en las fronteras y, por sobre todo, el establecimiento de una sociedad democrática basada en la solidaridad y en la máxima equidad posible.

Pese a todas las condiciones adversas, hacia fines de la década del ’60, Israel, bajo el liderazgo permanente del movimiento laborista, se convirtió en una sociedad democrática, moderna y justa, que representó un modelo digno de admiración e imitación en todo el mundo.

Gran parte de las expresiones de apoyo y admiración por Israel que se propagan en el mundo hasta hoy, están basadas en esa imagen que se difundió hasta fines de los ’70. Hoy, lamentablemente, gran parte de ella es más bien un componente de la nostalgia que de la realidad.

No cabe duda que la muerte de Levy Eshkol (1969) y su reemplazo por Golda Meir representa el ápice y el comienzo del desmoronamiento de Tnuat Avodá como factor dominante en la política israelí.

El movimiento perdió su marco ideológico básico basado en un compromiso con los palestinos y se embarcó en conquistas territoriales de la mano de varios de sus líderes (Golda Meir, Israel Galili, Igal Alón y nuestro actual presidente, Shimón Peres). Además, fue arrastrado por movimientos religiosos mesiánicos de colonización de clara tendencia política adversa como Gush Emunim.

La soberbia y embriaguez del poder de la fuerza, nacidos en la Guerra de los Seis Días, lo llevó a la catástrofe nacional de la Guerra de Yom Kipur en 1973, la cual, junto con varios escándalos de corrupción pública, terminó apartándolo del poder por muchos años, al perder las elecciones en 1977.

De los treinta años que transcurrieron hasta la fecha, sólo se puede decir que el corto período del segundo gobierno de Itzjak Rabín (1992-95) representó un serio intento de regreso a las raíces del movimiento laborista históricó. Fuera de esa excepción, Tnuat Avodá gobernó dos años con Barak como primer ministro sin mayores logros significativos, permaneció diez años en la oposición, y la mayoría del tiempo, catorce años, fue arrastrada como “socio” en gobiernos de coalición nacional o gobiernos liderados por partidos adversarios.

La táctica política del liderazgo del laborismo israelí resolvió las disyuntivas con una clara preferencia por la calidez y confortabilidad de los sillones gubernamentales y los automóviles ministeriales en lugar de la dureza y los desafíos de la lucha por principios o plataformas programáticas de cambio desde la oposición.

Con mucha firmeza de palabra nos convencieron una y otra vez que de nada vale luchar por presentar permanentemente alternativas de poder, incluso tras una ardua lucha desde la oposición, cuando a través de un prometedor acuerdo de coalición, nos aseguraban que era mucho más efectivo “influenciar de adentro”.

La realidad fue muy cruel y frustrante. La sociedad israelí fue conducida por el camino del capitalismo más salvaje, el cual consiguió desarmar, uno tras otro, todos los pilares de seguridad social y responsabilidad por el prójimo que tanto tiempo costó erigir y mantener. Los frágiles tartamudeos en materia de defensa y seguridad del laborismo israelí no lograron frenar la enorme ola de conquista territorial en Cisjordania y Gaza, ocupadas en la guerra de 1967.

Retrospectivamente, Tnuat Avodá es igualmente responsable de la constitución de una peligrosa y amenazante realidad que nadie tiene claro cómo, cuándo y a qué precio nos podremos liberar de ella. Su liderazgo fue considerado durante años como una máscara por parte de otros partidos y su influencia quedó marginada hasta que prácticamente hoy no se les tiene en cuenta. En la imagen de grandes grupos sociales, el Partido Avodá se parece más a un “esqueleto político” que a un movimiento que pretende presentar una alternativa de poder.

Cuanta tristeza causa ver como el movimiento que lideró una epopeya tan gloriosa agoniza día a día. Es lamentable observar como un renombrado líder como Ehud Barak tiene la necesidad de pedir limosna política a partidos como Meretz o a los Jubilados para intentar sobrevivir políticamente.

Así como la persistencia de fuertes agrupaciones políticas que representan las alternativas conservadoras y liberales son necesarias en el manejo del país, de la misma manera, la salud política de la democracia israelí requiere imperiosamente de la existencia de un laborismo fuerte y activo que represente permanentemente una alternativa de poder.

No sería extraño suponer que Tnuat Avodá persista en la permanencia de continuar pegada a los sillones gubernamentales a cualquier precio. De esa manera, seguramente, seremos testigos, no sólo de su agonía, sino también de su sepelio político.

Ojalá me equivoque…

2 Comments on De la epopeya a la agonía

  1. Buenas tardes amigos, gracias por el art

  2. Hola amigos, estoy muy agradecido en referencia a los consejos que han publicado. Sinceramente me han gustado. En cuestiones referidos al liderazgo, hay tantas opiniones que uno mismo no sabe verdaderamenteque hacer o a quien seguir. A mi siempre me ha parecido que se debe poseer un adecuado criterio personal para saber verdaderamente lo que es liderar una empresa en estos tiempos. Pronto nos vemos.

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