El conflicto, la justicia y las justificaciones

El día 28 de Abril de 2008 los equipos de observación de Israel localizados en el límite de la franja de Gaza detectaron un grupo de palestinos caminando por una calle de la aldea Beit Janun. De acuerdo a las imágenes se trataba de un grupo armado, inclusive con mochilas, lo que despertaba la sospecha que se trataba de explosivos para ser activados en contra de las fuerzas del ejército de Israel (Tzahal).

 

De acuerdo a las instrucciones del caso, helicópteros de la fuerza aérea israelí dispararon dos raquetas con diferencia de un par de minutos entre ellas. Las consecuencias fueron trágicas. Del grupo que transitaba por la calle mueren dos y varios caen heridos. Una familia estaba desayunando en su casa que linda el lugar donde impactan las raquetas. De la explosión muere la madre y cuatro de sus pequeños hijos. Solo se salvan la vida una hija de 8 años que resultó herida y el padre que ocasionalmente se encontraba unos metros fuera de la casa. 

 

El movimiento Hammas, quien gobierna y controla Gaza, se apresuró a utilizar este trágico suceso para difundir por todos los medios del mundo lo que consideran la verdadera imagen agresiva y asesina de Israel. No tuvieron la menor consideración y respeto hacia las victimas, fundamentalmente los niños, y sus cuerpos destrozados fueron expuestos sin ningún tapujo en los primeros planos de la televisión y los diarios.

 

Las autoridades del ejército de Israel titubearon en un principio aunque aseguraron que los impactos fueron directos sobre los combatientes de Hammas y probablemente las victimas inocentes fueron el resultado de explosiones secundarias de munición o explosivos portados por los mismos combatientes de Hammas. Ante la duda encomendaron una rápida  investigación a una comisión comandada por un coronel.

 

A los pocos días esta comisión presentó su informe el que reconfirma las primeras evaluaciones. Según lo reportado, “Tzahal identificó 4 guerrilleros que portaban en sus espaldas municiones y explosivos. Un helicóptero los localizó, los atacó y visualizó un impacto directo sobre uno de los guerrilleros armados. En el lugar se produjo una explosión secundaria, inclusive de mayor intensidad aun de la que produjo la raqueta del helicóptero. Posteriormente el helicóptero disparó nuevamente sobre otro guerrillero en el lugar, quien aparentemente también portaba explosivos en su mochila. También aquí se detectó impacto directo”.

 

“La conclusión de la comisión investigadora repite la posición de tzahal, que la familia murió como consecuencia de la explosión de los materiales que portaban  los guerrilleros de Hammas que estaban a lado de la casa y que fueron impactados por las raquetas de los helicópteros, o la familia murió por objetos contundentes que volaron como consecuencia de la explosión del material de los guerrilleros” (1)

 

Un gran suspiro de alivio se propagó por todos los medios de Israel y de las colectividades judías del mundo. Una vez más se demostraba que “nosotros” decimos la verdad y “ellos” mienten. Nosotros tenemos razón y ellos no. La pólvora de Israel solo mató a los guerrilleros, la pólvora de Hammas es la que mató a la pobre familia. Toda la maquinaria de difusión y propaganda de las posiciones de Israel trabajó horas extras para llevar el mensaje tranquilizador a todos los medios del mundo.

 

No pretendo poner en tela de juicio las conclusiones de la comisión investigadora del caso. No es mi intención y tampoco dispongo de capacidad ni de elementos para el caso, aunque no se debe dejar de lado que el pasado demostró que Tzahal no siempre informa la verdad, o por lo menos, toda la verdad.

 

Tampoco es mi intención discutir la infame e ignominiosa posición de Hammas.

No por ello dejaría de recalcar cuánto vale la pena preguntarse si no nos equivocamos cuando analizamos la conducta de Hammas en base a concepciones occidentales de lo que tendría que ser la política de difusión de acontecimientos.

La experiencia cotidiana parece darnos una cachetada cuando Hammas logra gran apoyo internacional por su causa, pese a las horrendas fotos y tomas que difunden, en tanto nuestra imagen se deteriora significativamente pese al cumplimiento estricto de las normas occidentales de difusión.   

 

Ante los hechos me formulo una sola pregunta para la cual me resulta difícil encontrar una clara respuesta.

 

Supongamos que Hammas lanza un proyectil que impacta un tanque localizado en las cercanías del kibutz Najal Oz, (ubicado en el mismo límite con la franja de Gaza) o un proyectil de Hammas impacta en los depósitos de municiones del campamento militar en las cercanías del mismo Kibutz. Como consecuencia del impacto explota toda la munición del tanque o toda la munición del depósito y trágicamente muere una decena de los miembros del kibutz. ¿También en este caso culparemos al oficial que ordenó al tanque tomar esa posición en las cercanías del kibutz o al oficial que determinó la ubicación del depósito de municiones y liberaremos de culpa y cargo a Hammas?

 

Da la impresión que aplicamos conceptos muy convenientes en lo que consideramos justicia y tratamos de justificar todas nuestros hechos cuando la realidad nos esta demostrando todo lo contrario.

 

Prácticamente toda la concepción de la seguridad de Israel se basa en aplicar un modelo de justicia que considera a los palestinos como “residentes” del territorio y sus actos de reacción como una trasgresión de normas de conducta que exigen una penalización, un castigo, de la misma manera como si se tratara de un ladrón o de un criminal cualquiera. No queremos reconocer que se trata de combatientes que luchan por lo que ellos consideran su liberación nacional y no interesa si optan por vías pacificas o violentas, perversas e inclusive muy crueles. Hasta el sionismo aceptó que llegó al uso de terrorismo como arma para combatir los ingleses en los esfuerzos por su liberación.

 

Pretendemos que un largo periodo de prisión modifique las intenciones y/o comportamientos de estos combatientes palestinos (o terroristas palestinos para otros). Lo irrisorio de la concepción llega a su cima cuando por motivos de canje de prisioneros, los palestinos liberados se ven en la obligación de firmar un documento por el cual se comprometen no volver a actuar en contra de Israel. Por supuesto que se trata de un papel que no vale nada.   

 

Consideramos la captura del soldado Guilad Shalit por parte de Hammas como un “secuestro” y demandamos su inmediata e incondicional liberación cuando casi a diario las fuerzas de Israel “arrestan” y “aprisionan” decenas de palestinos considerados terroristas o que apoyan al terrorismo, tanto en Gaza como en Cisjordania, engrosando de esa manera las cárceles con más de diez mil prisioneros.

 

La problemática se hace cada vez mas complicada desde el momento en que no se puede llegar a una solución hasta que las partes no se compenetren que están ante un conflicto territorial de dos pueblos que se disputan la soberanía de una zona determinada y su vida independiente como países. Como tal, la única solución posible es un acuerdo político en donde cada parte obtenga ciertos logros de sus aspiraciones históricas y tenga que renunciar a parte de otras.

 

También debe ser claro que no es una cuestión de liderato. Así como los palestinos no les tiene que interesar qué partido gobierna en Israel, de la misma manera Israel tiene que negociar con los legítimos líderes de los palestinos sin importar la dureza  o no de sus posiciones o la crueldad de su comportamiento en el pasado.

 

¿Si es tan simple, porqué motivo el problema no se resolvió hasta el momento? Porque hasta ahora las concesiones máximas que cada parte esta dispuesta a dar a la otra están muy por debajo de las exigencias mínimas que se demandan a cambio de la otra.

 

Pareciera como que las partes actúan condicionadas por una determinación de un  volumen necesario de sangre a derramar hasta que se den cuenta que todo ese derramamiento no tiene ningún sentido y no los lleva a ninguna salida. Que para implementar la única solución posible, finalmente se tendrán que acercar el uno al otro pues no hay alternativa. Ninguno puede doblegar o hacer desaparecer al otro. Expresiones destinadas a exaltar el ánimo y la unidad nacional, como “luchar hasta derrotar al enemigo” o “hasta la victoria final”, son declaración  que están totalmente desconectadas de la realidad y que finalmente y en la práctica perpetúan el conflicto.

 

No vale la pena entrar a discutir derechos históricos o conceptos de justicia. Puede ser que desde ciertos ángulos cada uno tenga la plena razón y que inclusive el pasado acarrea muchas injusticias. El problema es que por este camino no se resuelve el conflicto  que lleva mas de un siglo derramando sangre y hay que detenerlo lo antes posible para  bien de todos.

 

 

(1) Diario Maariv, 2-5-08

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