Gaza: entre Guatemala y Guatepeor

El plan de desconexión de la franja de Gaza y del norte de Cisjordania fue la mágica solución de Ariel Sharón donde todos se deleitarían de sendas porciones de un manjar territorial y la torta quedaría entera. Israel se vería obligado a abandonar las tierras de Gaza pero recibiría a cambio la aprobación de los palestinos y de gran parte del mundo para quedarse con la mayoría de Cisjordania bajo su dominio. Los palestinos, por su parte, darían las gracias pues lograrían finalmente su autodeterminación y dominio independiente de su territorio, eso si, mucho mas chico y dividido en cantones dispersos en el mapa.

Es cierto que el plan fue unilateral, pero siendo tan generoso y dadivoso, el gobierno israelí de entonces no podría suponer otra respuesta más que vivas y aplausos. La disconformidad de ciertos sectores palestinos, tales como Hamás, aunque violenta, no debería preocupar pues las fuerzas de seguridad darían la respuesta adecuada. Así fuimos testigos de la aparición del mismo Sharón como de una fila de condecorados generales del ejército israelí agitando el dedo índice en el aire en una clara amenaza que todo signo de violencia o al primer tiro, necesariamente la respuesta israelí implicará el pago de un alto precio en sufrimiento.

De nada valieron las amenazas. El pueblo palestino exige, por lo menos, todo el territorio de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Oriental. Y no solo lo exige, sino que esta dispuesto a liberarlo por la fuerza si Israel no se retira. Ante el cerco físico de la franja de Gaza, los palestinos logran desarrollar una nueva amenaza, ahora basada en raquetas de fabricación casera: el Kasam.

El desdén y menosprecio de las fuerzas de seguridad de Israel ante esta amenaza fueron evidentes. La presión del encierro mas los operativos bélicos puntuales surtirían efecto tarde o temprano y los palestinos abandonarían el camino de la violencia. El sufrimiento colectivo y los ataques generales y puntualizados solo incrementaron la moral del pueblo palestino. Pese a que transcurrieron más de 6 años de la aparición del Kasam, los sistemas de seguridad de Israel todavía no lograron desarrollar ningún sistema preventivo y los continuos avances del desarrollo palestino ya cobraron numerosas victimas mortales entre los habitantes israelíes que circundan Gaza y el alcance de los proyectiles cada vez es mayor.

Así apareció en escena el glorioso general Barak quien nos prometía ser la persona más adecuada y experimentada para hacerse cargo de la responsabilidad suprema de la seguridad de Israel. Un gran suspiro de alivio fue claramente percibido en Israel viendo como el condecorado general reemplazaba al veterano líder de la clase obrera cuya única experiencia fue liderar enfrentamientos sindicales y manejar negociaciones salariales.

De nada valieron todos los operativos militares que se intentaron. Bombardeo con aviones, desde helicópteros, ejecuciones puntualizadas de lideres, barridas zonales utilizando tiro de cañones, tanques, operativos terrestres chicos o medianos, breves o prolongados, profundos o superficiales, aislamiento total o parcial, desabastecimiento de combustible, etc. ¿Cuáles fueron los resultados? Del lado palestino un sufrimiento colectivo general, alto nivel de pobreza y muchas victimas, tanto combatientes como inocentes. Del lado de Israel un número creciente de victimas inocentes, generalmente población civil, y una sensación que se generaliza día a día de pérdida de confianza en el liderazgo político, y sobre todo, un creciente escepticismo en la imagen y poderío que ofrece el ejército como factor de defensa del pueblo.

Los últimos gobiernos, tales como la mayoría de los anteriores durante los últimos 40 años, fundamentaron su actuación ante los palestinos en tres aspectos:
a. El paso del tiempo obra siempre a favor de Israel. Los palestinos se acostumbraran con el tiempo que lo mejor es vivir en paz con Israel, no importa lo que ella haga.
b. No tomar ninguna iniciativa política de solución del problema y solo conformarse con rechazar las propuestas externas.
c. La fuerza del poderío militar y la amenaza de su uso son las herramientas mas apropiadas para hacer arrodillar a sus enemigos y así conseguir los acuerdos más ventajosos.

Las actuales negociaciones entre Olmert y Abu Mazen no son más que una farsa. El temor de la violencia de Hammas impide que Abu Mazen pueda aceptar las concesiones máximas que Olmert le puede ofrecer por ser estas concesiones condicionadas a un mínimo permitido por las amenazas de violencia por parte de los sectores judíos que pueblan Cisjordania.

¿La situación básica cambió? ¡NO! Sigue igual o realmente empeoró y se hizo insostenible, por lo menos en lo que respecta a la población civil de Israel que vive en las cercanías de Gaza.

La promesa que con el tiempo el desgaste de las operaciones militares llevará a Hamás a pedir auxilio resultó un fiasco. Esa estrategia, basada en el desprecio total de una iniciativa política de solución, llevó a Hammas a presentar su propuesta de Taadia (apaciguamiento, cese temporal del fuego acompañado de medidas tranquilizadoras) lo que embretó a Israel en un callejón con dos incómodas salidas: una peor que la otra. O acepta la propuesta de Hamás o se ve en la obligación de iniciar un enorme operativo militar destinado a recuperar el dominio físico total de la franja de Gaza. Gaza se encuentra entre Guatemala y Guatepeor. No en vano las últimas semanas se llevaron a cabo un sinnúmero de reuniones de gobierno, gabinete y gabinete de seguridad sin que pudieran arribar a una decisión clara y precisa al respecto.

Aceptar la propuesta de Taadia de Hamás tiene la ventaja, tal vez la única, de un apaciguamiento instantáneo de la beligerancia que aparenta ser el objetivo inmediato mas preciado para el impaciente gobierno de Israel. La impotencia política y la inoperancia del uso irracional de la fuerza finalmente arrastraron a Israel a rendirse prácticamente ante las exigencias de la Taadia con todas las condiciones propuestas por Hammas. El problema no se termina solo en la suspensión total de las operaciones bélicas de ambas partes. Según las exigencias de Hamás, el acuerdo implica claramente la apertura de todo sitio o limitación de abastecimiento a Gaza, la apertura de paso libre a Egipto y no incluye ninguna condición respecto de la liberación del soldado israelí Guilad Shalit. Para la liberación del soldado Shalit, Hamás ya expuso sus exigencias de liberación de prisioneros palestinos por parte de Israel. El único aspecto positivo que expone Israel al respecto es que la Taadia va a crear un ambiente mas apropiado para la liberación del soldado Shalit en el futuro.

Quienes se oponen en Israel a la Taadia sostienen que Hammas aprovechará este tiempo para recuperarse de los golpes que recibió el último tiempo del ejercito de Israel y se equipará con nuevo armamento. Llama la atención que esos sectores no consideren también que Israel necesita tiempo para recuperarse de los golpes que recibió de Hamás y adelantar el equipamiento militar con medios que eviten los estragos de los Kasam.

El camino del gran operativo militar lleva el apoyo masivo de los sectores cercanos a la derecha tradicional israelí. Fuera de tener en cuenta el temible precio en materia de tremendos costos económicos y desgraciadamente un incontable número de vidas de jóvenes soldados, esta claro, inclusive para gran parte del alto mando del ejercito israelí, que las posibilidades reales de controlar la situación bélica por este medio en Gaza son bastante limitadas. Es de suponer que en un principio se logre una gran reducción de las operaciones bélicas de los palestinos, pero que gradualmente, con el estudio de las condiciones, la situación vuelva a lo que fue el período previo a la desconexión en donde, pese a la presencia masiva del ejército israelí, ya se lanzaban proyectiles Kassam sobre Israel.

La presente disyuntiva no es más que un traspié que obliga a Israel a mostrar ante todo el mundo su desnudez estratégica e impotencia de pensamiento original en la confrontación con los palestinos. Para muchos observadores, la situación objetiva que se vive en la presente confrontación presenta características totalmente distintas de confrontaciones anteriores en la zona. Hamás, un grupo de combatientes basado en la guerrilla y armado a un nivel relativamente precario y con muchos elementos de fabricación casera, logró lo que muchos ejércitos árabes armados con el armamento mas sofisticado soñaron los últimos 40 años: equilibrio estratégico sobre el terreno con el poderoso y moderno ejército de Israel.

Es hora que se den cuenta que de nada vale todo armamento militar moderno apuntando a un pueblo que no tiene alternativa, que lo único que lo mueve es su profundo compromiso de llegar a su liberación y creación de su propio territorio nacional con reales posibilidades de existencia y desarrollo.

Es una clara falta de responsabilidad política rechazar todo contacto con Hamás bajo excusas de extremismo o terrorismo. Abu Mazen es hoy mas bien un cadáver político y se mantiene en el poder en Cisjordania solo por la presencia del ejército de Israel. No hay otra alternativa más que hablar con Hamás, los verdaderos líderes de los palestinos, y presentarles la verdadera disyuntiva: hay un solo territorio que lo tienen que dividir con Israel para que puedan vivir en forma independiente y en paz uno al lado del otro.

El marco de un posible acuerdo para ambas partes es más o menos conocido por todos y ya fue descrito, en general, en el denominado Acuerdo de Ginebra y en el Mifkad Leumí (acuerdo entre representantes palestinos y Ami Ayalon). De nada vale elevar exigencias inaceptables para la otra parte como es el caso de la vuelta de cientos de miles de refugiados palestinos al territorio de Israel hasta la guerra del 67 o la fijación del límite en base al muro que construyó unilateralmente Israel los últimos años.

Si no se hace así, pues se la pasaran azotándose mutuamente por generaciones y generaciones sin que ninguno triunfe.

Ojala me equivoque.

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