Negro: no quiero que Jerusalén sea Esparta

Carta dirigida al Negro Fontanarrosa que nos mira del cielo y que con su admirable cuento “Matar al Mensajero” (1) nos muestra cómo un gran imperio es capaz de desmoronarse por la borrachera de la fuerza y la reticencia a escuchar la verdad. Digamos: un buen material para mis más acérrimos críticos.  

 

ACLARACION: La carta esta redactada en el típico estilo del Negro, y por tal motivo, se recomienda abandonar la lectura de esta nota a aquellos que le molesta el uso de lo que se conoce vulgarmente como “malas palabras”

 

 

 

Querido Negro. Seguro nos codeamos más de una vez, pero no nos conocimos. Allá por los 70, nos habremos cruzado tomando un cafesito en el Cairo, después de engullir el suculento gourmet del comedor universitario o yirando por la Córdoba. ¡Que cagada! ¿No?

 

¿Y cuándo te conocí? Ahora que te fuiste macho. Me acerqué a tus cuentos, tus libros, tus anécdotas. Los engullí a todos en un santiamén. Que los tiró, hacia tiempo que no se me hacia un nudo en la garganta. ¡Que emoción! ¡Hasta me tembló el upite!

 

De todos ellos uno me dejó tecleando. Me refiero a “Matar al mensajero” ¿Sabes porqué? Porque tus leyendas, sabidurías y mensajes son tan ciertos en la historia, en tu urbe rosarina y también en esta santa tierra.

 

Vos sabes hermano, aquí, en el barrio, tenemos un kilombo de puta madre. Estamos a las trompadas con nuestros vecinos pues tanto nosotros como ellos lo queremos todo y que el otro se las piante. Si cada uno pudiese, hace rato que los hubiese fletado al otro como rata por tirante.

 

Nosotros somos los mas fuertes, los matones del barrio y por eso los tenemos acorralados y cagando fuego.  Los tenemos cortitos, le controlamos todo y de vez en cuando nos construimos casas sobre sus terrenos sin pedir permiso de nadie. Cada dos por tres les metemos sopapos y  piñas y los dejamos de cama. Pero ellos no son ningunos giles. Se la saben todas. Se agachan, se las aguantan, y cuanto te descuidaste, estos hijos de puta te dan patadón en los huevos que te hacen ver las estrellas.

 

Cuando eso ocurre, los monos de acá se ponen histéricos. Si fuese por ellos armarían un malón y con mucho gusto los cagarían a palos. Por si esto fuera poco, como dominan la situación, les quieren hacer herejías tirándole a bajo sus casas, cerrándole el shopping center, negándole derechos básicos y otras ideas una mas descabellada que la otra.

 

El último año me rompí el culo tratando de demostrarle que de nada vale chusearlos y amargarles la vida, están gastando pólvora en chimango.  Al contrario eso lo hace más unidos y más fuertes. Nos convertimos en Goliat y el David lentamente nos esta cagando a hondazos. No me canso de repetirles “agarrate Catalina que el asunto viene fiero”.  La única solución es hacer las paces, fijar una línea que divida el barrio y cada uno para su lado y sin ningún pero, devolviéndole todos los terrenos que les afanamos a la fuerza. Yo se que no son ningunos santos, pero no les podes exigir que se callen la jeta y se queden en el molde si le estas chorreando sus tierras.

 

Negro, podes creer que no me entienden. Encima despotrican, me reputean y me tratan de vendido, como que estoy encamotado con los vecinos. Están tan confundidos que no se dan cuenta que solo le estoy señalando que pifiaron de camino. Yo no cambié ni de club ni de camiseta. Yo la sudé con mucho honor y por muchos años y hoy la sigo queriendo, pero no para patotear en la tribuna del contrario. 

 

Y dale el culo contra la puerta. Los bonchas tienen tanta bronca que no pueden pensar. Corren como caballo desbocado, se la pasan boleando cachilos y andan dando vuelta como turco en la neblina.     

 

¿Sabes lo que pretendo Negro? Yo no quiero ser el Sebo de Agrigento de mi pueblo, ese joven héroe de tu cuento que no duda en correr a informar que las huestes de Esparta fueron imprevistamente aniquiladas en la guerra. Parado frente a Cayo Sempronio, monarca de Esparta, declara victoria solo para salvar su vida, pues según la tradición, mensajero de noticia mala su destino es la decapitación.

Esa misma noche todo Esparta se emborracha para festejar el triunfo. Horas más tarde Esparta fue reducida a escombros por las legiones de Aníbal.

Yo no quiero mentir, yo quiero que se sepa la verdad. Yo no quiero que Jerusalén sea Esparta.

 

Negro, porqué no les explicas eso de que no se debe matar al mensajero. El solo trae la mala noticia, el responsable es siempre el Rey.

 

Cuanto te extraño Negro. Un abrazo

 

Daniel Kupervaser

 

 

 

(1) “Matar al Mensajero”, del libro “Te digo mas…. Y otros cuentos” de Roberto Fontanarrosa. Pag. 111 Ediciones de la flor.   

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