Antes de caerse, la valla de separación en tierras palestinas tambalea

La construcción de la valla de separación, lo mismo que la desconexión de Gaza, fue una clara demostración de la arraigada concepción de la imposición unilateral de soluciones basada en una soberbia y sobreestimación propia junto con un claro menosprecio y burla hacia los rivales.

 

El proyecto que la opinión pública impuso al poder central para solucionar el grave problema de los atentados durante la segunda intifada fue vilmente utilizado por el poder ilimitado de la plana mayor del ministerio de defensa. El objetivo original de impedir el paso de terroristas fue delegado a segundo plano dando la primacía a la defensa de oscuros intereses territoriales de los pobladores judíos de Cisjordania para usurpar más tierras, esta vez bajo el pretexto de seguridad.

 

De nada valió la opinión contraria de muchos expertos militares que demostraron claramente que se trata de una grosera apropiación de tierras palestinas que no tiene nada que ver con argumentos de seguridad. De nada valió la decisión de la Corte Internacional de La Haya que dictaminó que la valla en territorio palestino es ilegal y debe ser desmantelada inmediatamente. De nada valió la protesta de  sectores de la sociedad israelí junto con pobladores palestinos cuyas tierras fueron confiscadas o desconectadas de manera que su aprovechamiento se hizo imposible.

 

Como es normal en su forma de actuar, la plana mayor del ministerio de defensa israelí se fue directamente a las topadoras y comenzó a nivelar terrenos, limpiar campos cultivados, tirar abajo árboles frutales, con una desconsideración total de la población afectada y derramando presupuestos millonarios en inmensos bloques de cemento y punzantes alambrados de púa cuyo destino final no es otro mas que la basura.

 

Los pobladores palestinos afectados se vieron en la necesidad de recurrir al último bastión en defensa de sus intereses básicos: la justicia israelí. Para suerte de estos pobladores, en muchos tramos la construcción de la valla se basó en fundamentos tan ajenos a intereses de seguridad que la justicia dictaminó una y otra vez la necesidad de demoler la valla ya construida y programarla sobre bases de seguridad lo que implicaba generalmente desplazarla hacia el oeste y acercándose a la línea del limite original del 4 de junio de 1967.

 

Las últimas dos semanas fuimos testigos de dos decisiones importantes en el marco de la justicia israelí. Un año atrás, y tras una larga batalla judicial de los pobladores de la aldea palestina Bilhin, la Corte Suprema de Justicia fijó que el tramo elegido por las autoridades israelíes es ilegal y ordenó que en un plazo razonable presenten una alternativa menos perjudicial a los pobladores palestinos y, además, que pase por tierras estatales sin necesidad de confiscar tierras privadas. Pasado un año, y ante la inoperancia oficial, los pobladores presentaron una nueva demanda. Esta vez, ante una actitud de desentendimiento por parte del representante legal del ministerio de seguridad, la Presidenta de la Corte  Suprema de Justicia fue muy tajante en su respuesta amenazando con culpar al gobierno de incumplimiento de decisiones judiciales y otorgándole al gobierno tan solo 45 días para programar un itinerario alternativo a la valla de separación en esa zona con una extensión cerca de 5 kilómetros.

 

Tal vez la decisión más importante fue tomada dos semanas atrás. Se trata de una demanda similar, esta vez por parte de pobladores de aldeas palestinas cercanas a la ciudad árabe de Kalkilya y lindantes con la población judía de Tzofin. A diferencia del caso anterior, en esta oportunidad fue el representante legal del ministerio de defensa quien informó a la justicia que repentinamente modificaban sus argumentos y que no existían razones de seguridad para mantener la valla en su itinerario original y que programaban desmantelar y trasladar un tramo de 2,4 kilómetros de manera que devolverían a los pobladores palestinos 260 hectáreas previamente confiscadas.

 

Por cierto, nadie del ministerio de defensa es capaz de mencionar quién toma la responsabilidad de los 50 millones de shekels que se tiran a la cantarilla en este fallido simulacro de tan solo 2,4 kilómetros, como de los tantos cientos de millones de otros casos que evitamos mencionar por cuestiones de espacio.  

 

¿A qué se debió ese cambio repentino en la posición del ministerio de defensa?  ¿Algún abogado zurdo y vendido a los árabes esta infiltrado en el ministerio de defensa? NO ¿Algún periodista del diario de izquierda Haaretz influenció sobre el ministro de defensa? NO.  Entonces ¿cuál fue el motivo?  El motivo fue nada más y nada menos que la decisión del Teniente General Ashkenazi, Comandante en Jefe del Ejército. El General Ashkenazi opinó que la fijación del itinerario de la valla de separación es una prerrogativa exclusiva de los niveles políticos y del gobierno y que tzahal y sus generales no tienen que intervenir en ese asunto. En otras palabras, se terminó el mentiroso argumento de seguridad. No cabe duda que esta decisión se proyectara decisivamente en los otros casos judiciales aun abiertos sobre otros tramos de la valla de separación.

 

Vale la pena mencionar mi posición clara respecto de la valla de separación. Israel está en todo su derecho soberano, inclusive tiene la obligación, de construir una valla de separación si los altos mandos lo consideran como el medio apropiado para evitar la infiltración de terroristas palestinos. Este indiscutible derecho solo es posible si la valla se construye sobre su límite territorial. El intento de cubrir con necesidades de seguridad las ocultas intenciones de apropiarse de tierras palestinas es injustificable e inaceptable.

 

Para quien tiene claro las alternativas del desarrollo futuro del conflicto en nuestra zona sabe que el destino de la valla de separación que pasa por tierras palestinas es desaparecer. Simplemente caer.

 

Si se lleva a la práctica el plan de dos países para dos pueblos, ello significará que la línea verde (limites del 4 de junio de 1967) será el limite de Israel y el único lugar posible donde podrá construirse la valla.

 

Si el plan anterior fracasa, la única alternativa posible será el de una sola nación para los dos pueblos. Pese a que en un principio la fuerza militar le permitirá a Israel controlar la situación, a la larga, la cuestión demográfica determinará la desaparición total de Israel como país democrático y judío. En este caso toda la valla no tendrá su sentido de existencia y desaparecerá.  

 

Lamentablemente, la relación actual de fuerzas en Israel la mueven permanente e incesantemente en esta última dirección.

 

Ojala me equivoque.

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