Un general que no aprendió la lección

Durante los últimos años en Israel se desarrolló y profundizó la tradición de altos funcionarios gubernamental y militares de ofrecer extensas entrevistas a los medios de difusión, preferentemente escritos, en las proximidades de fechas festivas. Pesaj, el día de la independencia, los festejos del año nuevo y día del perdón son las ocasiones mas preferidas. La razón parecería ser el extenso tiempo libre que disponen los ciudadanos y de ahí la predisposición a la lectura de los suplementos festivos.

                                                                       

El diario Yediot Aharonot publicó el viernes 3 de octubre una larga entrevista con el General Gadi Aizenkot, jefe del comando norte y miembro del comando en jefe del ejército de Israel. Coincidentemente, en la misma fecha se publicó una entrevista que el diario Haaretz llevo a cabo con el general Gadi Shamni, jefe del comando centro y también miembro del comando en jefe del ejercito de Israel.

 

En tanto que el general Shamni fue muy reservado y cauteloso en sus apreciaciones y análisis de la situación en su ámbito, de por si muy conflictiva, el general Aizenkot hizo gala de lo que podría considerarse soberbia y desentendimiento por todas las severas criticas que cayeron sobre el ejército de Israel por su modo de actuar en ultima guerra del Líbano siendo el general Aizenkot parte de su comando en jefe. 

 

Ante la pregunta de los interlocutores respecto de cual sería la respuesta del ejército en caso que se renueve el conflicto con Hesbollah en el norte el general Aizenkot respondió: “Yo denomino a esto doctrina Dájia. Lo que ocurrió en 2006 en Dájia, barrio de Beirut (Israel prácticamente lo demolió con bombardeos aéreos durante la segunda guerra del Líbano. DK), ocurrirá en toda aldea desde la cual disparen sobre Israel. Volcaremos sobre esa aldea una fuerza desproporcionada produciendo enormes daños y destrucción. De nuestro punto de vista no se trata de aldeas civiles sino de bases militares. Esto no es una sugerencia. Es un plan aprobado“.

 

Los periodistas, al parecer sorprendidos por esas expresiones, atinan a observarle moderadamente que ya en operativos militares anteriores, y en cierta medida en la última guerra del Líbano, se aplicó este tipo de táctica sin mayores resultados. Gadi Aizenkot responde: “La táctica en esos operativos fue totalmente distinta. No se bombardeaba masivamente dentro de la aldea sino en sus alrededores para ahuyentar a la población. Durante la segunda guerra del Líbano bombardeamos masivamente. ¿Por qué motivo se destruyeron 120,000 casas?

 

A esta respuesta los periodistas le replican: pero la experiencia demostró que pese a todos esos masivos bombardeos y práctica demolición del barrio Dájia, Hesbollah siguió tirando misiles sobre Israel con la misma o mayor intensidad que desde el principio. A esto Aizenkot dio una respuesta evasiva diciendo: “la posibilidad de victimas civiles es el principal freno sobre Nasralla y el motivo del silencio de los dos últimos años“.

 

Ante la pregunta ¿Cuáles fueron los errores de la segunda guerra del Líbano? El general Aizenkot, entonces jefe del área planificación del comando en jefe del ejército, responde: “Desde nuestro punto de vista hubo dos errores centrales: el primero, no logramos acortar el periodo de combates, el segundo, permitimos durante 33 días un permanente ataque de misiles a Israel en magnitud desconocida desde la guerra de la independencia”.

 

Pareciera que para el general Aizenkot durante la segunda guerra del Líbano un oficial israelí, en algún puesto de mando, se olvidó de apretar a tiempo algún botón o que en el comando en jefe del ejército no había almanaque. Ni siquiera pensar que combatían contra un enemigo compuesto por unos pocos miles de guerrilleros que no pudieron doblegarlo durante 33 días y se vieron en la obligación de aceptar un discutido cese de fuego.

 

Yo me refriego los ojos y no puedo creer lo que leo. Es difícil entender tanto desden departe del general Aizenkot cuando todavía no se pudo secar la tinta con la cual el juez Vinograd escribió el famoso informe sobre la segunda guerra del Líbano en donde la palabra fracaso fue escrita decenas de veces.

 

Da la impresión que todos los estudios de alta estrategia en el estado mayor del ejército de Israel solo se ocupan de destrucción, amenazas y el uso masivo de la fuerza. Los operativos sofisticados con mucha astucia y originalidad pasaron a ser parte del folklore, historia y legado de todos aquellos héroes del pasado. El general Aizenkot trasmite una imagen que más se parece al gerente general de una empresa de demoliciones que evalúa la cantidad de pólvora necesaria para hacer volar un determinado número de casas que a uno de los jerarcas militares más altos del tan afamado ejército de  Israel.

 

De acuerdo a la experiencia acumulada durante la última guerra y en los enfrentamientos con los palestinos, da la impresión que las amenazas del general Aizenkot atemorizan a ciudadanos de Israel más que a cualquier ciudadano libanés y en absoluto a los líderes de Hesbollah.  De todas maneras, su apreciación que toda aldea del sur del Líbano es considerada una base militar, y por lo tanto será arrasada por bombardeos, no es mas que una autorización a Hesbollah a bombardear sin limitación ciudades como Haifa o Tel Aviv, si solo pudiese, por el simple hecho que en sus jurisdicciones hay bases militares.

 

Es muy preocupante ser testigo de una clara demostración de arrogancia y petulancia por parte de un alto oficial en quien toda la ciudadanía de Israel tiene la esperanza que le brinde la máxima protección y seguridad. Los ciudadanos de Israel pretenden oficiales un poco más humildes y reservados y no quieren escuchar amenazas al pueblo libanés. Ellos quieren saber que su ejército hace todos los esfuerzos posibles para otorgar la sensación de confianza y protección y que a sus hijos, los soldados de ese ejército, se los cubre con el máximo resguardo posible. El pueblo pretende que su ejército tenga la originalidad de pensamiento, sagacidad y artimaña para evitar confrontaciones y no para incitarlas.

 

El prestigioso escritor judío argentino Dr. Marcos Aguinis disertó en la Universidad de Tel Aviv como parte de la conmemoración del 60 aniversario de la independencia del Estado de Israel. En el marco de la conferencia muy aplaudida por el público y titulada “El orgullo de ser judío” enumeró los valores que enorgullecen al pueblo judío y entre ellos mencionó:

 

El antisemitismo es la expresión de odio más tenaz, antigua y firmemente arraigada en el mundo. Sin embargo, ese sufrimiento no nos ha transformado en una cultura que ame la venganza. Es frecuente reclamar justicia, pero nunca venganza. El honor no pasa por el daño al otro, sino en la superación de la ofensa. Los judíos estamos acostumbrados a sacrificarnos para construir. Es una conducta opuesta a otras culturas, donde la gente también se sacrifica, y mucho, pero para destruir. Basta con echar una ojeada a lo que sucede en esta región. Mientras los israelíes vienen construyendo desde muchas décadas antes de la independencia nacional, los palestinos vienen destruyendo hasta lo que podría ser tomado como botín de Guerra“.

 

Realmente se está ante una seria disyuntiva. Será que el general Aizenkot no conoce los valores históricos del pueblo judío, que esos valores no se inculcan en el marco del ejército de Israel, o será que el Dr. Marcos Aguines desconoce que en Israel su población se educa y actúa en forma totalmente desconectada de valores básicos que enorgullecen a todo judío.

 

Me temo que seguiremos contando el cuento de Aguinis en tanto que aplicaremos la doctrina del general Aizenkot.

 

Ojala me equivoque.

        

 

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