El poder y alianzas de "las familias" en Israel

Toda sociedad es una compleja trama en donde se entrelazan un sinnúmero de componentes que operan al mismo tiempo y de este modo dificultan la comprensión de su funcionamiento. Ocasionalmente se producen situaciones peculiares en donde se concreta una rara coincidencia y el azar nos regala un pantallazo fugaz que nos permite captar esa complicada realidad. Los análisis mas frecuentes de las sociedades se basan en detectar el comportamiento y las relaciones entre sus diferentes clases sociales. Da la impresión que la sociedad  israelí puede ser muy bien comprendida en su comportamiento tan solo prestando atención a un concepto vulgar y cotidiano de los medios de información locales como lo es el de “las familias”. 

 

Algunos acontecimientos que se sucedieron en estas dos últimas semanas nos brindan la posibilidad de ser testigos de una serie de hechos que ponen de manifiesto el carácter especial de la sociedad israelí y “las familias” que lideran los procesos más importantes.

 

En estos días salió a la venta el nuevo libro de Mijal Zamir, “Aparatos y atracciones” Editorial Hargol. Se trata de una novela común que relata la relación amorosa entre Gabi Haik, un agente inmobiliario, y  Hilili Gabrieli, una decoradora de interiores en un lujoso barrio de los suburbios de Tel Aviv. Fuera de sus cualidades literarias, esta novela pasaría prácticamente desapercibida salvo que el barrio en consideración no es otro que el prestigioso Tzahala (el nombre en honor del ejército de Israel, Tzahal) y que Mijal es, nada más y nada menos, la hija de Tzvi Zamir, ex residente de dicho barrio, legendario general retirado de Tzahal, posteriormente jefe del Mosad y también gerente general de la Empresa Nacional de Destilación de Combustibles.

 

Sin entrar en detalles, la novela es un reflejo de la profunda pesadumbre y amargura de Mijal por el proceso de recambio y desaparición de la tradicional capa que lideró el país desde su creación. Se trata de las “familias de generales, almirantes y brigadieres” que el estado le otorgó a principios de los años 50 un predio preferencial para la construcción de sus viviendas. Este barrio, por sus características y su cercanía a Tel Aviv, se convirtió, en la última década, en una mina de oro inmobiliaria y sus tradicionales habitantes no pudieron resistir la tentación seductora del poder del dinero que se derramaba de los bolsillos de las “familias de los nuevos multimillonarios“, producto de la globalización y privatización de los años recientes. El cambio de familias residentes del barrio Tzahala no es más que una imagen del proceso social, que como un espejo, refleja las modificaciones más significativas de los sectores o familias dominantes de la sociedad israelí.

 

Durante las ultimas semanas algunas ciudades de Israel, y Natania en especial, fueron testigos de una serie de operativos de “cierre de cuentas” entre grupos de delincuentes y mafiosos en los cuales se derramó mucha sangre tanto de aquellos pertenecientes a los distintos grupos, como así también, de muchos inocentes que circunstancialmente transitaban el lugar. Estos grupos de delincuentes, comúnmente conocidos en los medios como las “familias del crimen” defienden sus intereses e imponen sus condiciones a la sombra del caño de la pistola, bombas, y otros medios bélicos de cuyo uso se jactan los más modernos ejércitos. En principio sus actividades se reducían solamente al ambiente de los juegos de azar pero con el correr de los años su presencia comienza a ser visible en muchos sectores económicos y últimamente se detectan sus primeros pasos hacia una conquista de bases en el poder central. Dotados de los más sofisticados medios, renombrados abogados y una disciplinada organización, exponen a la policía y a la fiscalía como instituciones obsoletas, ineficaces e incompetentes y convierten a las calles de Israel en zonas más peligrosas que las fronteras conflictivas.

 

El sábado 13 de septiembre un cruel terrorista palestino penetró dentro del asentamiento judío Itzar y cometió un brutal atentado en contra de población civil inocente causando graves daños a una residencia y provocando sanguinarias heridas cortantes a un niño. El atacante consigue huir sin ser detenido. Los habitantes de Itzar, pertenecientes a las “familias de pobladores de asentamientos en Cisjordania”, muy conocidos por su falta de tolerancia y serenidad, consideraron inoportuno molestar a las fuerzas del orden y decidieron hacer justicia por sus propias manos. Varias decenas de ellos, como enjambre enfurecido, atacan sin discreción a palestinos, inocentes pobladores de la vecina aldea Ashira el Kabilia. En una demostración de salvajismo desenfrenado estas huestes enardecidas causaron serios daños materiales, dispararon con pistolas, hirieron a varios habitantes de la aldea y sembraron la barbarie por donde pisaron. Gracias al arma infernal de los palestinos, la filmadora, pudimos ser testigos de lo acontecido.

 

Soldados del ejército de Israel, presentes en el lugar, se desentendieron de los hechos y actuaron como espectadores en un combate de lucha libre. Ante los brutales ataques de lo que eran testigos directos, soldados del ejército de Israel prefieren evitar toda complicación futura con colonos judíos de Cisjordania, desprotegen a la población local, y por supuesto, no detienen a ningún atacante. Es trágico y lamentable escuchar las excusas discriminatorias del comando del ejército, máxima autoridad en la zona: “transgresiones a la ley de parte de los pobladores de asentamientos judíos los trata la policía”, lo que implica, necesariamente, que el ejército solo se ocupa de “transgresiones” de los palestinos.

 

El miércoles 17 de septiembre se llevaron a cabo las elecciones internas dentro del partido Kadima. Estas elecciones son el resultado de la renuncia del actual primer ministro Ehud Olmert, representante del partido mayoritario Kadima, como consecuencia de una serie de acusaciones penales pendientes. De acuerdo al orden institucional israelí, estas elecciones internas pueden llegar a investir a Tzipi Livni, triunfadora del evento, como próximo primer ministro. Se trata del juego democrático de Israel donde las “familias de los políticos” tratan de lograr mayorías para instituir el poder central a los efectos de liderar los procesos políticos, sociales y económicos más importantes del país.

 

Apenas lograda la independencia, Israel comienza a dar sus primeros pasos institucionales con la formación de un gobierno provisional y posteriormente con su primer gobierno elegido. Se adopta el régimen gubernamental parlamentario según el modelo británico en donde los representantes de “las familias de los políticos” son elegidos al parlamento del cual se forma el gobierno. Las condiciones de precaria seguridad respecto de las amenazas de los países vecinos, las urgentes necesidades de erigir una nueva infraestructura física y económica y la inexistencia de una amplia y enriquecida  burguesía, determinaron la necesidad de una masiva intervención estatal. Bajo estas condiciones se crea una fuerte alianza entre la “familia de los políticos” y “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.

 

Las reglas de juego democrático al estilo ingles determinaron que el gobierno se ocupaba de fijar la política y estrategias en tanto que los militares se ocupaban de la defensa y en su baja pasaban a formar parte del staff directivo de las mayores empresas y organismos, en su mayoría estatales o cuasi-estatales. Con el correr de los años puestos directivos de altos organismos ya no satisfacían y se abrieron las puertas al mismísimo gobierno. De esta forma se allanó el camino para que muchos miembros de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” pasen de categoría, esta vez para formar parte de “las familias de los políticos”.

 

Debe reconocerse que las reglas de juego que condicionaban el actuar de ambas familias fueron determinadas básicamente por concepciones ideológicas, tanto por parte de los denominados sectores de izquierda como aquellos de derecha, según la época en que lograron instaurarse como gobierno. Todos los sectores asumieron la norma que los intereses generales predominaban sobre los intereses personales y en los contados casos de corrupción que se descubrieron el motivo del delito se basaba en favorecer el partido, o un sector y no el interés del inculpado en forma personal. El interés general se sobrepone al interés personal, inclusive en acciones ilegales o corruptas.

 

Rememorar este período trae añoranzas y es lo que se conoce vulgarmente como la época del Israel lindo. No cabe duda que la imagen positiva, la epopeya de convertir el desierto en un paraíso verde, inclusive bajo condiciones conflictivas, es el resultado de esta alianza que lamentablemente hoy es parte de los libros de historia. Para muchos es un motivo de tristeza y congoja, tal como lo manifiesta Mijal Zamir en su libro.

 

Dos hechos históricos llevan a conmover este modelo de armonía de la alianza entre “las familias de los políticos” y “las familias de los generales, almirantes y brigadieres“. El primero tiene su punto de arranque en junio de 1967 con la guerra de los seis días, aunque se concretiza y fundamentalmente toma volumen a principios de los años 70 con un movimiento creciente de colonización civil de los territorios conquistados en dicha guerra. Al segundo hecho histórico se le puede fijar fecha de inicio en el año 1985, con la aplicación del programa de estabilización económica, concretizándose y tomando vigor durante los años 90 y principios del siglo 21, con la inserción de Israel en el marco globalizado de la economía mundial y las masivas privatizaciones de los focos de poder económico.

 

Pese a tratarse de hechos completamente independientes uno del otro, pese a que se inician en periodos diferentes, pese a que no se modifica absolutamente en nada los poderes del gobierno central, la consecuencias de dichos hechos a largo plazo fue un proceso continuo y persistente de debilitamiento de fuerza por parte del poder central, y por ende, de “las familias de los políticos” y sus aliados, “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.

 

Como consecuencia de los brillantes resultados de las batallas de la guerra de los 6 días, “las familias de los políticos” se enceguecieron y embriagaron de las promesas de “las familias de los generales, almirantes y brigadieres” y asimilaron la concepción que Israel es invencible, que el tiempo obra a favor de Israel y que los árabes, con el tiempo, se adaptaran y aceptaran en silencio las imposiciones de Israel.

 

Las primeras objeciones surgen del momento en que se comienzan a constituir los grupos de pioneros que graban en su conciencia el objetivo de repoblar con judíos los territorios conquistados en la guerra de los 6 días. La falta de apoyo oficial en un principio llevó a estos grupos a actuar en forma independiente, e inclusive, provocativamente en contra de decisiones explicitas del poder central. La indecisión y la falta de una política clara respecto del destino de los territorios conquistados conllevan a los gobiernos a aceptar imposiciones de estos pobladores, inclusive cuando se trata de transgresiones de leyes internacionales como es el caso de fomentar el asentamiento de población civil en Cisjordania.  La toma del poder por parte del Likud en el año 1977, con el nombramiento de Ariel Sharon como Ministro de Agricultura y encargado de los asentamientos en los territorios ocupados, inicia la etapa de la población masiva y la constitución de las nuevas “familias de pobladores de asentamientos en los territorios ocupados“.

 

Los acuerdos con Egipto en el año 1982 y el plan de desconexión de la franja de Gaza del año 2005 fueron hitos históricos que enseñaron a esta nueva familia que por las vías pacificas no pueden imponer sus pretensiones. El poder central, pese a una oposición callejera y masiva de las “familias de pobladores de asentamientos en los territorios ocupados” logra imponer su autoridad desalojando a los pobladores y retirándose de esos territorios.

 

De aquí surge un cambio del nombre de las familias, pero principalmente, un cambio radical de la táctica operativa. Ahora solo quedan “las familias de pobladores de Cisjordania” pero bajo una clara concepción que quien se interponga en sus planes de ampliar la colonización en Cisjordania o pretenda desalojar parte de ella, se encontrara con una resistencia masiva y violenta.

 

Ante tales objetivos no existe ninguna ley, no existe ninguna autoridad, inclusive del ejército, no se reconoce ninguna autoridad que no concuerde con sus planes. Y he aquí que ante una actitud violenta, tanto el ejército como el gobierno muestran su clara debilidad. El ejército se siente día a día avasallado y hasta da la impresión que se rinde de rodillas ante las actitudes violentas de estos pobladores. Desde el momento en que la realidad trasmite una imagen que el director de un consejo regional en Cisjordania es mas importante que el general del cuerpo regional del ejercito, miembro del comando en jefe del ejercito, nadie se debe sorprender que el prestigio de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” sufrió un serio deterioro en la escala social y que su lugar hoy lo ocupan, en parte, “las familias de los pobladores de Cisjordania“.

 

El proceso de retroceso en la condición de grupo líder de las coyunturas sociales y económicas por parte de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” es también el resultado de sus propias fantasías e idealizaciones. Ya antes del inicio de las batallas en junio de 1967 prometieron que los pobladores palestinos se “esfumarían” y en forma similar a lo ocurrido en 1948 se podría dominar el territorio que quedaría casi limpio de población nativa. Durante los 40 años posteriores a la guerra los distintos generales, almirantes y brigadieres prometieron que con el equipamiento militar mas sofisticado impondrían condiciones tales que los políticos podrían concretar sus planes con  comodidad. La realidad fue muy cruel con ellos. De nada valió el uso de la fuerza cuando la población nativa, a diferencia del 48, permaneció en el lugar y da apoyo permanente a las fuerzas de resistencia, organizada en bandas de guerrilleros. Los operativos fracasados y los fiscos se fueron sumando y de esta manera se agrego un elemento más de desgaste de la posición de “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.  El último golpe en el mismo sentido los sintieron estas familias desde el momento que la aplicación de los planes económicos de privatización e inserción en la economía global impusieron la primacía de los intereses personales a los intereses generales. Este cambio de valores es crítico y muy perjudicial en las posibilidades de operar de un ejército que se basa exclusivamente en la movilización obligatoria.    

 

“Las familias de los políticos” tampoco pudieron liberarse de este proceso donde “las familias de pobladores de Cisjordania” carcomen permanentemente sobre todos los símbolos de autoridad y poder de quienes gobiernan el país. Gran parte de los partidos políticos que representan una clara mayoría de la población tienen señalado muy claramente la necesidad de llegar a un acuerdo de paz con todos los países en litigio. Los líderes de estos partidos tienen muy bien claro que la única posibilidad de arribar a un acuerdo con posibilidades de concretarse y ser aceptado por ambas partes implica, entre otras cláusulas, una retirada de Israel a los límites del año 1967. Estos principios son parte de sus declaraciones y plataformas preelectorales, inclusive, llegan a ser parte de acuerdos de coaliciones gubernamentales y declaraciones previas a encuentros de negociaciones de paz. El problema se suscita en el momento en que se requiere llegar a compromisos que claramente implican una retirada territorial. “Las familias de los políticos” son muy consecuentes con la primacía del interés de perdurar en el gobierno y ante el temor de una confrontación tremendamente extenuante y tal vez trágica con “las familias de los pobladores de Cisjordania” y sus amenazas, prefieren interponer condiciones que son inaceptables para la otra parte (por ejemplo quedarse con parte del territorio, no permitir soberanía palestina en Jerusalén oriental, etc.) y de esta manera posponer permanentemente toda posibilidad de llegar a un acuerdo de paz. Los pretextos son un repertorio muy viejo y conocido. No hay con quien hablar, primero tienen que llegar a la democracia, etc., etc.

 

Las situación esta definida muy claramente. Toda posibilidad de formalizar y sobre todo de concretizar un acuerdo de paz tiene una condición previa que no se puede pasar por alto. Dicha condición es que “las familias de los políticos” tienen necesariamente que doblegar a “las familias de los pobladores de Cisjordania”  e impedir por todo medio legal posible que lleguen a actuar violentamente e intimidar a quienes se proponen llegar a un acuerdo de paz. Posiciones de benevolencia, tolerancia y comprensión como las que caracterizaron las declaraciones de la mayoría de los lideres hasta el momento ya no son suficiente.  Si se quiere llegar a acuerdos de paz, se necesita actuar y con determinación y firmeza.

 

Da la impresión que nuestros lideres prefieren continuar el camino de quedar bien con Dios y con el diablo, evitar todo enfrentamiento que les exija fijar posiciones claras, postergar toda decisión y de esa manera favorecer claramente y confirmar que el poder en Israel esta en mano de  “las familias de los pobladores de Cisjordania

 

Ojala me equivoque.         

 

 

 

 

 

 

 

 

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