Las elecciones en Kadima: el gatopardismo israelí

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Todo Cambia, Interprete: Mercedes Sosa, Letra: Julio Numhauser

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.”¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”.”…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.   El Gatopardo, de Giuseppe Tomaci Di Lampedusa (1896-1957)

El viernes pasado, 17 de septiembre 2008, se llevaron a cabo las elecciones internas del partido Kadima, agrupación que lidera la coalición gobernante en Israel. El partido Kadima fue constituido por el ex primer ministro Ariel Sharon en el año 2005. Esta nueva agrupación política surge de una escisión del partido Likud, contaminado de corrupción e intrigas internas que imposibilitaban, según Sharon, un gobierno democrático y limpio. Prometieron el gran cambio, un partido nuevo en donde no habrá lugar a las oscuras y conocidas jugarretas exponiendo solo un juego limpio y democrático. El elemento programático central sobre el que se constituye este partido y en el que se basó su campaña proselitista fue el programa de desconexión unilateral de Cisjordania.

El estado de salud traiciona a Sharon quien se ve obligado a retirarse de la vida política y es reemplazado por Ehud Olmert, quien toma las riendas de la nueva agrupación partidaria. Pese a que la ausencia de Sharon afectó severamente las posibilidades de Kadima, ante una falta de alternativas reales, el partido consigue los suficientes escaños para formar coalición con otros partidos y liderara el gobierno desde Mayo 2006.

Se puede decir que tan solo dos años fueron más que suficientes para poner de manifiesto el gran fiasco que significó el partido Kadima como innovación en la política israelí, que se trataba de una típica agrupación política, exactamente igual que las demás, de un cambio para no cambiar.

En un principio y a pocos meses de gobierno, renunciaron al punto central de su plataforma proselitista abandonando definitivamente el plan de desconexión, pues, según Olmert, debían dedicarse todo el tiempo a administrar el país. Los intentos de negociación con parte de los palestinos (El Fatah y Abu Mazen) fueron un claro y patético show lleno de contradicciones. Por un lado, declaraciones de grandes avances en las negociaciones sobre los puntos “claves y centrales del acuerdo de paz con los palestinos”, como ningún gobierno había avanzado hasta este punto. A las pocas horas, giraban la cabeza hacia la derecha y con un guiño trasmitían que no hay que preocuparse pues no se renunciará a nada. Ni que hablar que no se movieron de su lugar la gran cantidad de asentamientos ilegalmente constituidos en Cisjordania sobre tierras usurpadas.

De la honestidad y limpieza de manejo mejor no hablar. El primer ministro y parte de su equipo se ve en la obligación de renunciar por ser considerado por la fiscalía de estado serios sospechosos en cinco o seis casos penales abiertos por corrupción y malversación de fondos públicos. Estos simples hechos no son más que otras pruebas suficientes para demostrar que todo cambió para que nada cambie.  

Las actuales elecciones internas del partido Kadima nos ofrecen una serie de ejemplos típicos del cambio para no cambiar. Los cuatro candidatos no se cansaron de repetir que el partido Kadima es una brisa renovadora en el paisaje político israelí, un gran cambio que dicta nuevas normas de comportamiento partidario en Israel. A partir de ahora la limpieza y honradez formará parte inseparable del manejo político en Kadima. Pero nada más fuerte que la realidad y veremos como nada cambia en la política israelí, o mejor dicho, hay que prometer cambios para que nada cambie.  

La campaña electoral de los cuatro candidatos estuvo cargada de algunas expresiones ofensivas que muy bien rozaban elementos conflictivos entre grupos étnicos y mas vale olvidarse que recordarlas. Varios de los resultados son un claro ejemplo de la dicotomía entre centro y periferia, ciudades desarrolladas y ciudades en desarrollo, barrios o aldeas caracterizados por grupo étnico éste o aquél.

La movilización de electores y afiliados a Kadima puso nuevamente en evidencia la importancia cardinal de los operativos de los tan conocidos y despreciados “gestores de votos”. En vez de un registro personal evidenciando una intima predisposición a participar en un proceso democrático, otra vez se escuchó la aparición de cajones llenos de formularios de inscripción. Los resultados del escrutinio en ciertas localidades con más del 90% para un candidato, o la aparición de más del 5% de los afiliados registrados en el partido Kadima, también registrados en el opositor Likud, son una clara evidencia de este fenómeno.  

Para un observador externo da la impresión que la motivación principal de este proceso no emerge primordialmente del profundo sentido de responsabilidad de aquellos afiliados del partido preocupados por el destino del país. La imagen más cierta y basada en una larga experiencia de elecciones internas partidarias pareciera ser que en su mayoría se trata del interés personal directo de algunos gestores de votos vinculados a un candidato que esta dispuesto a retribuir sus esfuerzos en monedas de un futuro puesto en el área de su administración, acceso a una licitación importante u otra recompensa cuya unidad de medida es difícil de identificar en estos momentos.

El punto cardinal en el análisis de los resultados de las elecciones internas de Kadima se centra en detectar y preveer las perspectivas políticas futuras en base al programa que su triunfadora, Tzipi Livni, se encargó de propagar.

Tzipi Livni, al igual que Ariel Sharon, mutaron su cuero ideológico y de ser acérrimos halcones apoyando la gran Israel del Jordan al Mediterráneo, se pasaron al bando opuesto, ahora promoviendo un acuerdo con los palestinos basado en la partición de la vieja Palestina. En las asambleas proselitistas previas a estas elecciones internas de Kadima, Livni prometió una nueva y esperanzadora alborada política, el gran cambio, en donde la rectitud y desinterés serán el guía del manejo gubernamental y el programa político se basará en un compromiso de concesiones con los palestinos de acuerdo al conocido programa de dos estados para dos pueblos.

El registro histórico de comportamiento de manejo de Livni es ejemplar y digno de admiración. No existe ningún motivo para no creer en su honradez y serias intenciones y promesas en su futuro y probable gobierno. Por el contrario, sus promesas y expectativas de programa político carecen de toda base de credibilidad y un análisis político serio más bien llega a la conclusión que se trata de promesas falsas y alejadas totalmente de toda posibilidad de concretarse.

En el mejor de los casos, aunque Livni lograse mayoría parlamentaria en apoyo de su programa y en la práctica pudiese llegar a un acuerdo con los palestinos, la amenaza de oposición violenta por parte de los pobladores judíos de Cisjordania va a impedir toda materialización de un pacto con los palestinos. Lamentablemente no se vislumbra ninguna posibilidad que la situación llegue a cambiar. Los acontecimientos del último tiempo son una clara demostración que el ejército y la policía están subyugados a los intereses de estos pobladores y más bien las fuerzas del orden dan a entender, constante y claramente, su tremendo pavor a enfrentarlos y aplicar la ley como corresponde.

En la práctica, este temor supeditará las posiciones de Livni en sus conversaciones con los palestinos y finalmente la llevará a demandar  cláusulas de condiciones y compromisos como “estamos de acuerdo con la partición pero…… queremos quedarnos con esto, esto y esto….” Este tipo de demandas son inaceptables por los palestinos. Los antecedentes, la realidad y las circunstancias internacionales fijaron las únicas condiciones aceptables en un acuerdo posible en materia de límites territoriales: vuelta a las líneas de antes de junio de 1967, salvo mutuo convenio de un intercambio muy limitado de tierras sobre la base de una relación uno a uno.  

Es de suponer que las explicaciones y justificativos que nos abrumen después del fracaso de las negociaciones con los palestinos volverán a los slogan conocidos: “no hay con quien hablar”, “no hay partner”, “hasta que no sean una sociedad democrática no se puede negociar”, “primero que se pongan de acuerdo entre ellos y después que negocien”, “si no dan, no recibirán, etc.   

Mientras tanto, no sería erróneo estimar que el proceso de usurpación de tierras y ampliación de la colonización civil judía en Cisjordania continuará sin control del gobierno, permanente y constantemente. Una nueva casa, un nuevo barrio, otro asentamiento legal o ilegal – que importa, no hay diferencia. En esta inercia política, más bien propia de un pueblo suicida, Israel continuará su camino a la constitución futura de un solo país para dos pueblos, con los consecuentes, nefastos y calamitosos pronósticos previstos para el caso.

Vale la pena mencionar que este trágico guión es válido tanto para el caso que Livni logre formar gobierno en base al actual parlamento, como así también, para el caso de llamado a nuevas elecciones general a corto plazo. Tanto en una nueva victoria de Kadima, como una imprevista victoria del laborismo, ambos partidos tendrán que enfrentarse ante el mismo dilema: o desafían, doblegan y vencen la oposición de los pobladores de Cisjordania que no dudan en usar la violencia en defensa de sus ideas, o renuncian a todos los ilusionados planes como ocurrió hasta ahora. Obviamente, un triunfo del Likud de Natanihau y sus satélites, debido a sus conocidas políticas expansionistas, profundizará y acelerará aun más este proceso.

Ciudadanos de Israel, ansiosos de arribar finalmente a un acuerdo de paz con los palestinos, actúan como espectadores pasivos de esta función y ven sorprendidos la confrontación entre las placenteras armonías y promesas que trasmite la Negra Sosa en su canción con las preocupantes aseveraciones de Tomaci Di Lampedusa. Da la impresión que el italiano lleva fácilmente las de ganar.

Ojala me equivoque.

Leave a comment

Your email address will not be published.


*