La paradoja de la derecha israelí: lideres versus prosélitos

Abandonar la función de primer ministro debido a una coyuntura imprevista no es una de las circunstancias más agradables en la biografía de una persona. En Israel, la historia nos demuestra que en la mayoría de los casos los primeros ministros finalizaron su mandato dejando un profundo silencio y muchas conjeturas respecto de sus pensamientos.  En ciertas ocasiones hubo que esperar varios años hasta que una llamativa entrevista de lugar a que se rompa ese silencio. En otras, lamentablemente, todos esos pensamientos y posiciones se fueron a la tumba dejando al público con muchas dudas, presunciones y en manos de allegados, analistas e historiadores que no siempre son fieles a la verdad.  

 

Ehud Olmert, pese a su corta trayectoria como primer ministro, se embretó con escándalos judiciales de manera que no le quedó otra alternativa más que renunciar a su cargo. Fijando un infrecuente precedente, en días previos a las fiestas de Rosh Hashana, concedió una prolongada entrevista a periodistas del diario Yediot Aharonot en donde se explayó extensamente en un prolongado monologo de sus posiciones personales en lo que respecta a los puntos cardinales de la política israelí.

 

Sin entrar a analizar la extensa entrevista, me centraré en citar las principales revelaciones relacionadas al conflicto con los palestinos y las posibilidades de un acuerdo con Siria. Dice Olmert:

 

“Al final de todo, tenemos una posibilidad limitada en tiempo, muy poco tiempo, durante el cual, tal vez, podamos dar un paso histórico en nuestras relaciones con los palestinos y un paso histórico en las relaciones con Siria. En ambos casos se trata de decisiones que durante 40 años evitamos confrontar con ojos abiertos. Tenemos que llegar a un acuerdo con los palestinos cuyo significado es nuestra retirada de casi todos los territorios ocupados, sino de todos los territorios, incluyendo Jerusalén. Quien hable en serio que quiere seguridad en Jerusalén, y que quiere que tractores y topadoras no pisoteen las piernas de nuestros mejores amigos…. tiene necesariamente que renunciar a parte de Jerusalén. Quien desea dominar todo el territorio de la ciudad tendrá que encerrar 270 mil árabes detrás de alambrados en el marco de Israel soberana. Esto es imposible. Hay que tomar decisiones. Esta decisión es muy dura, terrible. Una decisión que contradice nuestros mas naturales instintos, que se contrapone al palpitar de nuestro corazón, en antagonismo total con nuestras memorias colectivas, es la antitesis del contenido de las plegarias de mas de dos mil años del pueblo de Israel. Yo reconozco que soy el primero que quisiera imponer la soberanía israelí sobre toda la ciudad”.

 

“Durante muchos tiempo pensábamos que una unidad de tanques sirios en las alturas del Golán podría fácilmente atacar a Israel y eso nos producía mucho temor. Hoy vivimos otra realidad. Disponemos de medios detener este tipo de ataque sin necesidad de conquistar un solo metro de tierra siria”.

 

“Me equivoqué. Yo no vengo a justificar retroactivamente lo que hice durante los últimos 35 años. Gran parte de este periodo no estaba dispuesto a contemplar la realidad en toda su profundidad”. (1)

 

Para todo analista político no es fácil interpretar un viraje ideológico de tal magnitud. Ningún ciudadano de Israel puede olvidarse del año 1996, en plena confrontación electoral entre Shimon Peres y Bibi Nataniahu por la sucesión del asesinado Rabin, Ehud Olmert, el entonces intendente de Jerusalén, orquesta y lidera la famosa campaña de difamación de Peres acusándolo de traición pues no declara públicamente que se propone dividir a Jerusalén dejando parte de ella bajo soberanía palestina.   

 

Ehud Olmert, en su drástico viraje ideológico, no es una excepción en el paisaje político de los líderes que crecieron en las filas de la derecha israelí. A Olmert lo antecedieron prestigiosos líderes que con sus posiciones y hechos lograron fijar precedentes históricos en las relaciones con los países en conflicto y cuya relación con sus bases ideológicas previas es muy endeble, por no decir nula.

 

Durante los últimos 31 años, desde que Menahem Begin tomara el poder en las elecciones de mayo de 1977, el gobierno estuvo en manos de 6 líderes originarios de partidos derechistas por un periodo de 24 años. Menahem Begin, Ytzhak Shamir, Bibi Natanihau, Ariel Sharon, Ehud Olmert y ahora, probablemente, Tzipi Livni. Todos ellos proclamaban a todo viento su identificación por el gran Israel, declaraban que no estaban dispuestos a renunciar ni siquiera a un granito de arena de los terrenos conquistados en la guerra de 1967 y criticaban en forma despectiva las posiciones de la izquierda que bregaba por un acuerdo basado en el principio de devolución de tierras por paz. Nadie se puede olvidar de esa tan llevadera melodía acompañada por “Dos riveras tiene el Jordan. Esa es nuestra y la otra también”.

 

La mayoría de estos lideres de la derecha, en su camino a la cima del poder, o una vez que se establecieron en ella, pareciera que reconocieron la verdad de aquel dicho que lo que no se ve de abajo, se divisa claramente de arriba. En forma imprevista y en un dramático giro ideológico coincidieron que la devolución de territorios representa la condición necesaria para un cambio drástico en las posibilidades de enmarcar en una atmosfera pacifica las relaciones con los países o entidades en conflicto.

 

Vale la pena acentuar las diferentes concepciones que caracterizaron a algunos de ellos y hace a las diferencias entre ellos.  La orientación de Begin, Olmert y Livni coincide en que la devolución de territorios forma parte de un acuerdo integral de paz. En estos lideres se percata el claro convencimiento que un acuerdo de paz es la máxima aspiración y una mayor garantía de bienestar para la población que mantener vivo un conflicto por medio de la perpetuación de conquistas territoriales.

 

Por el contrario, la concepción de Sharon se basaba en fijar hechos en el terreno en forma unilateral. Durante 30 años promovió un extenso plan compulsivo con asentamientos en el Golán, Cisjordania y la franja de Gaza, cuyo objetivo básico fue atentar contra toda posibilidad de lograr un acuerdo pacifico basado en la retirada de Israel de territorios conquistados en la guerra. De la misma manera fue compulsivo con el plan de desconexión de la franja de Gaza. Ningún tipo de entendimiento con los palestinos, ni que hablar de un acuerdo mínimo. Solo acción de desmantelamiento, amenazas de represalia y un mensaje oculto expresando “confórmense con lo que le damos”.   

 

La excepción fue Ytzhak Shamir quien mantuvo en forma estricta sus posiciones, caracterizando su conducción por la negación absoluta de toda negociación posible, incluyendo el gran error histórico de negarse a aceptar el famoso acuerdo secreto de Londres concertado entre Shimón Peres, entonces ministro de relaciones exteriores, y el rey Hussein de Jordania a mediados del año 1987. La historia no perdona. Ytzhak Shamir rechaza el acuerdo que no otorgaba todas las aspiraciones territoriales de Israel pero si la favorecía con muchas ventajas. A los pocos meses, a fines de 1987 irrumpe espontáneamente la primer intifada.

 

Las posiciones de Bibi Natanihau durante su período como primer ministro merecen una aclaración. Si bien no cambió drásticamente su posición histórica, en su camino al poder aceptó los principios básicos de los acuerdos de Oslo que otorgaban a la autoridad palestina independiente soberanía sobre amplios territorios de Cisjordania. Para ser fieles a los hechos se debe señalar que en la implementación de los acuerdos expuso condiciones mucho más intransigentes y menos flexibles en la cesión de terrenos a los palestinos, como así también a los sirios.

 

Ante estos tan drásticos desvíos ideológicos es de suma importancia analizar sus consecuencias en los distintos ámbitos políticos. En la historia política de Israel se notó un claro y terminante dominio de las tendencias de izquierda desde la independencia hasta el año 1977. Con la toma del poder por parte del Likud, la población de Israel se fraccionó en dos polos opuestos con un peso casi igualitario para cada uno de ellos.

 

Los cambios radicales en las posiciones de los líderes de derecha solo consiguieron arrastrar a una pequeña parte de los niveles medios de liderazgo de su partido y no lograron modificar las concepciones ideológicas basicas de gran parte de sus masas partidarias. Tanto Begin en el acuerdo con Saadat, como Sharon con su plan de desconexión de Gaza, para recibir el apoyo del parlamento a sus planes,  necesitaron imperiosamente del aporte masivo de votos de los miembros de los partidos de izquierda. De no ser así, es probable que hoy relatáramos una historia totalmente distinta.

 

La conclusión de Sharon fue clara, precisa e inmediata. Formó un nuevo partido político, Kadima, donde trató de aglomerar los sectores más liberales de su partido original, Likud.  Lamentablemente su trágico y repentino alejamiento de la vida política activa impidió verificar su real efecto. También Begin se vio en la necesidad de abandonar la vida política al poco tiempo de finalizar la implementación del acuerdo de paz con Egipto y es muy difícil de evaluar su posible posición ante los eventos que se desarrollaron posteriormente en el ámbito palestino.  

 

Las mínimas concesiones que Bibi Natanihau concedió a los palestinos en el marco de los acuerdos de Oslo le costaron el apoyo de los sectores de extrema derecha que terminaron por darle un voto de desconfianza que lo llevó a llamar a elecciones anticipadas donde fue derrotado por Ehud Barak del laborismo.

 

Los profundos cambios en la orientación ideológica de algunos prominentes líderes de la derecha pareciera que fueron carentes de toda influencia y no lograron mayores efectos en sus seguidores y en el electorado en general. Por el contrario, el cambio de camino de parte de estos líderes enardeció aun mas a gran parte de sus veteranos aliados impulsándolos a posiciones mas extremas de derecha. La experiencia de los últimos años nos demuestra un llamativo fortalecimiento de los partidos religiosos donde pasó a predominar una clara intransigencia política en todo lo referente al dominio de los territorios de Cisjordania y la negación a todo acuerdo con los palestinos basados en cesión territorial cualquiera. De la misma manera se observa un claro fortalecimiento de las mismas concepciones en el partido que agrupa a los nuevos inmigrantes de procedencia rusa.  

 

La tendencia general, tanto en derecha como en izquierda, fue el fraccionamiento y la reagrupación que en definitiva no cambió básicamente la situación de simetría dicotómica El equilibrio entre la tendencia liberal de izquierda (tierras por paz) y la tendencia intransigente de derecha (paz por paz con devolución mínima de territorios conquistados en 1967) se convirtió en un empate ideológico, permanente e intrínseco del sistema político israelí, hecho que impidió de todo gobierno completar, al menos, un periodo institucional de tan solo 4 años. La falta de un adhesivo ideológico llevó a que las coaliciones gubernamentales duraran poco tiempo y se creó una necesidad temprana de ida a las urnas.

 

Vale la pena señalar que todo este análisis se basa en los comportamientos que se perciben de las actitudes de los representantes de los distintos partidos políticos y del público en general ante los procesos actuales en donde solo se habla de programas, negociaciones y/o posibles acuerdos. Esta percepción es el resultado de las últimas elecciones, de las declaraciones de los distintos miembros del parlamento y de sondeos de opinión del público.  Hasta el momento el público de Israel no fue puesto claramente en la disyuntiva de tomar una decisión concreta, inmediata e irreversible entre llegar a un acuerdo basado en el principio de paz por territorios o continuar bajo la situación de dominio de otro pueblo como lo fue durante los últimos 40 años. Las campañas proselitistas se caracterizan por el uso de lemas y slogans muy accesibles y seductores pero en nada clarifican las alternativas electorales

 

La realidad nos impone solo conjeturar o estimar comportamientos. Lamentablemente las condiciones reales sobre las que transcurren las negociaciones sobre un posible tratado de paz con palestinos y Siria crean un oscuro pesimismo. Pese a la certera apreciación de Olmert que disponemos de muy poco tiempo, da la impresión que cada vez nos alejamos mas de la decisión dramática de la que habla.

 

Ojala me equivoque.

 

 

 

(1)  Diario Yediot Aharonot, Suplemento de Rosh Hashana, 29-9-2008

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