La nueva cocina en Israel: "political fusion"

Ciudadanos de Israel, como del resto del mundo, fueron testigos el último tiempo del proceso en que los shows de “reality” coparon la programación de los distintos canales de televisión. Baile, canto, cocina, supervivencia, etc., cualquier actividad es motivo suficiente para crear un marco en donde sus actores compiten y se enfrentan entre ellos como si todo fuese real y el espectador queda prisionero de la pantalla.

 

El fenómeno es si es interesante y llama la atención de muchos investigadores de comportamiento y sociólogos de las distintas sociedades. Más interesante aun es prestar atención cuando acontece el proceso inverso en donde uno de estos programas de “reality show” es capaz de copar uno de los aspectos más importantes de la realidad cívica de una sociedad: elección del parlamento y gobierno nacional.

 

En Israel se programó para principios del mes de febrero del año 2009 el gran show  “Desafío Gourmet Político” (“La Batalla de los cuchillos políticos” en Israel). Tres de las más importantes redes de restaurantes competirán para que los ciudadanos de Israel elijan el chef que dirigirá el equipo que cocinará el orden social y político para los próximos cuatro años. La gran competencia en donde estos afamados cocineros intentaran convencernos en base a las recetas y sin ninguna degustación que el “guiso gubernamental” que cada uno es capaz de preparar es el más apetitoso y digerible.

 

La histórica y famosa, aunque últimamente vapuleada, red de casas de comida Avodá (laborismo) apuesta por su candidato, Ehud Marak (1), que se presenta tras una larga experiencia y un pecho lleno de condecoraciones en cocinas de campamentos militares. La veterana firma Likud, considerada con las mayores posibilidades de triunfar, compite con el súper cocinero Bamba (2) Natanihau, profundamente enamorado de todo lo que representa la cocina americana. La joven y destacada compañía Kadima se presenta con su nueva y prometedora estrella, Catziphi (3) Livni, con un pasado secreto y una muy corta experiencia en la preparación de sándwiches a sus colegas del exterior.

 

Tras la necesaria reunión de la capa de dirección ejecutiva de cada compañía, llama la atención como las tres arribaron a la misma conclusión respecto del menú preferido por la mayoría de la ciudadanía de Israel. Nada de originalidad, nada que sea autóctono, ninguna elaboración conjunta. Lo mejor es atenerse a los modernos movimientos del consumismo político: ofrecer un poco de todos los gustos, una rara mezcla de todas las tendencias, tratar de quedar bien con todos al mismo tiempo, un estilo culinario basado en la corriente denominada “political fusion”  

 

De acuerdo con el ritual de las ultimas tendencias de la cocina universal, estos versados cocineros, engalanados con los mejores trajes del oficio, agenda en mano con el menú detallado, salen a los “mercados” en busca de los “exóticos ingredientes” requeridos por tal exquisita gastronomía política. El único que decidió no salir de compras fue Ehud Marak debido a que últimamente se dio cuenta que le están robando los “ingredientes” de su ya despoblado depósito.

 

Para primer plato se ofrece una original mixtura de un salpicón de mejillones  con langostinos al mejor estilo aristocrático francés junto con una típica hamburguesa americana acompañada por una populachera Ingira, la pita original de los etíopes untada en un levantino Hummus con Tejina.

 

Para el plato principal basado en una ración de carne, el que determina gran parte de la preferencia del público, no hay mejor camino que mezclar una pacifica  paloma con un amenazante y temeroso halcón. Para quienes prefieren el pescado la mejor combinación es una amalgama de gefilte fish, típico de los judíos ashkenazim de Europa oriental, con una buena parte de Jraime al mejor estilo de los judíos sefaradim del África del norte. 

 

Para deleitarnos con el postre nos preparan una verdadera sorpresa. Un plato basado en una prominente Baklawa árabe cubierta de una deliciosa y sofisticada crema brulée.

 

El público de Israel se siente muy esperanzado en los resultados de esta próxima competición. Se nota la predominancia de una impaciencia para que finalmente se logre conseguir ese menú político que pueda brindar esa satisfacción tan típica de una buena comida y no los desengaños y los intolerables cólicos que tanto se acostumbraron a sufrir durante los últimos años.

 

Lamentablemente la búsqueda de esos tan afamados “nuevos y exóticos  ingredientes” así como el menú basado en “political fusion” no garantiza ningún cambio. Al contrario, es de suponer que  sigamos percibiendo el mismo y tan desagradable gusto a comida vieja y rancia. La introducción de todos estos “nuevos ingredientes exóticos y atractivos” tiene un solo objetivo: florear y adornar la carta del restaurante, pues, pese a todas sus bondades como “ingredientes individuales”, no son capaces de dejar ningún sabor propio en el “guiso” con el que alimentan a la población.

 

Quienes emiten el sufragio en esta competición tienen que tener claro que la cocina política no es lo mismo que la cocina común, la química o las matemáticas.

En la cocina política no hay lugar a un promedio, a un valor medio, a un “plato” nuevo que es el resultado de la fusión de los ingredientes. En ultima instancia en el plato político el sabor toma un solo sentido, el del ingrediente mas fuerte, y el resto de los ingredientes son solo espectadores o a lo sumo acompañantes.

 

La situación de Israel es muy clara. Tratándose de estas tres compañías y de estos tres cocineros, los fuertes y dominantes aromas y gustos de los ingredientes provenientes de las “huertas” de la región de Cisjordania, aunque aparentemente desapercibidos, están tan fuertemente impregnados en las “paredes, ollas y utensilios” que no permiten que prevalezca ningún otro que sea distinto. No se vislumbra por ningún lugar aquel nuevo ingrediente cuyo sabor sea capaz de sobreponerse, como así también, tampoco es posible encontrar personal de limpieza con la fuerza suficiente para eliminar esos sabores y olores adheridos en la cocina.

 

Ese guiso con el que están alimentando a la población de Israel durante los últimos 40 años, y que en un principio parecía tan delicioso, con el pasar del tiempo se vuelve cada vez mas amargo y rancio. No se perciben evidencias que algún nuevo ingrediente sea capaz de modificar el gusto.

 

Ojala me equivoque.

 

(1) Sopa en hebreo (2) Conocida golosina en Israel  (3) Cremita en hebreo

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