Las batallas perdidas. Gaza y la opinión pública argentina

La repentina y violenta conflagración en el prolongado conflicto entre Israel y los palestinos se desató como consecuencia del masivo ataque de Israel a Gaza y demandó de la colectividad judía de Argentina enfrentarse con inesperados actos de protesta junto con multitudinarias y vociferantes manifestaciones de repudio ante la tragedia que se agudizaba día tras día.

 

Las voces de protesta se alzaron de todos los entornos de expresión posibles. Todos los medios de difusión tradicionales fueron válidos: diarios, radios, televisión y hasta los sitios de Internet se sintieron atiborrados de mensajes de desaprobación y crítica. Mas aun, la movilización callejera dio lugar al alistamiento de un gran numero de participantes con pancartas, panfletos y mensajes muy categóricos y hasta feroces. Las paredes no se quedaron fuera de juego y dieron lugar a la queja, desaprobación y también amenazas.

 

No cabe duda que parte de estas exteriorizaciones de condena ante los operativos llevados a cabo por el ejército de Israel en Gaza tenían un claro contenido antisemita. Amenazas a instituciones, intimidaciones a la integridad física de las personas e injurias con pruebas judicialmente admitidas como expresión racista o antisemita, deben ser condenadas y repudiadas y también tratadas con todo el rigor que la ley lo permite acusando y juzgando a los responsables.

 

La colectividad judía de Argentina no se dejó estar. De inmediato se organizó y se movilizó en pleno a los efectos de repeler la inesperada ofensiva en contra de Israel. Sin pensarlo mucho y repitiendo épocas pasadas, el ejecutivo de la colectividad judía movilizó rápidamente toda la artillería según la rutina de defensa institucional  y salió a la batalla a proteger las personas e instituciones e influenciar sobre la opinión pública argentina a favor de Israel.

 

En su primer movimiento, los directivos de la comunidad judía actuaron correctamente al exigir día a día de las autoridades locales la investigación de los hechos y la aplicación de todo el peso y severidad de la ley contra aquellos transgresores cuya culpabilidad sea probada, como así también, exigir protección física de las instituciones y personas judías amenazadas.

 

Los blancos elegidos como objetivos donde concentrar los contraataques, los oficiales de reserva movilizados como voceros, los disparos de argumentos y la munición esclarecedora utilizada en el resto de los flancos dejó mucho que desear y da la impresión que cometieron muchos desaciertos y torpezas con el resultado de un alto precio que será demandado de la colectividad judía de ahora en más. La inherente prescripción de alinearse automáticamente detrás de toda política o acto del gobierno de Israel sin el más mínimo regaño, censura o recriminación conlleva a la colectividad judía argentina a cometer serios equívocos con severas consecuencias que pueden llegar a ser lamentables a largo plazo.  

 

El primer error, y tal vez uno de los más graves, es considerar instantánea y mecánicamente como un acto antisemita a toda aireada repudia o increpación, inclusive grosera, ante todo judío por los actos del ejército de Israel en Gaza. Desde el momento que el actuar de Israel en Gaza goza de un monolítico, incondicional e indiscutible sustento de prácticamente todos los judíos de Israel (de la extrema izquierda a la extrema derecha) y de las diásporas, y muy explícitamente de la colectividad judía de Argentina, desde el momento en que ninguna institución judía significativa eleva ni siquiera una objeción a acciones con tan trágicas consecuencias, desde el momento en que famosos intelectuales judíos, tanto de la colectividad de Argentina  (Marcos Aguinis), como de Israel (A.B. Yoshua) expresan su incondicional apoyo al operativo, cuando otros conocidos intelectuales judíos (Amos Oz, David Grossman) tartamudearon exigiendo solo no prolongar los ataques, nadie se debe sentir sorprendido de, y no creo que automáticamente tenga que ser considerado un acto antisemita, el hecho que sectores que consideren una tragedia lo que hizo Israel y protesten aireadamente ante cualquier judío. La exageración ilimitada de la argumentación victimaria es un medio que finalmente suele actuar como bumerang, básicamente por el desperdicio de su excesivo uso y la consecuente ineficacia cuando realmente se lo requiere.

 

El segundo y craso error lo cometió el presidente de la DAIA, Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, Aldo Donzis, quien llevó su planteo al embajador de los Estados Unidos en Argentina, Earl Wayne, según el cual en el país “se vive una campaña antisemita como nunca antes desde el retorno a la democracia, en 1983”. Este simple hecho, tal vez con las mejores de las intenciones por parte del presidente de la DAIA, en la práctica demostró la veracidad de aquellas pancartas de las demostraciones antijudías que muestran el lema ISRAEL= IMPERIALISMO basado en el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos, de Bush en particular, brindando un amplio e ilimitado sustento a Israel y protegiendo su completa impunidad ante claras transgresiones de normas internacionales. 

 

El tercer y grave error fue concentrar prácticamente todas las fuerzas movilizadas en contra del flanco representado por los grupos considerados realmente antisemitas. Se trata de agrupaciones minoritarias y, en general, carentes de apoyo popular y masivo en la sociedad argentina. Es correcto evaluar que son capaces de causar daños y crear una atmosfera conflictiva. En ese sentido es más importante exigir incondicionalmente el actuar de las fuerzas del orden y las instancias judiciales. Al concentrar todos los esfuerzos en contra de estos sectores marginales, la colectividad dejó al descubierto los amplios sectores de la ciudadanía argentina, especialmente aquellos definidos como las fuerzas centrales y democráticas más importantes. Dentro de estos sectores también se escucharon duras críticas y repudios a la tragedia que Israel ocasionó al pueblo palestino en Gaza, incluyendo un alto número de mujeres y niños como victimas inocentes.

 

Nadie puede acusar a Adolfo Pérez Esquivel, o a Mario Bunge o Natalio Botana y otros como acérrimos antisemitas cuyo único objetivo es la destrucción del Estado de Israel. Seria una falta total de responsabilidad intelectual catalogar a estos distinguidos intelectuales como incitadores de ese tsunami antisemita de que tanto se hace referencia. Al contrario, sus escritos son claros y reclaman el reconocimiento incondicional de Israel y el otorgamiento de garantías que permitan su desarrollo en paz y seguridad. ¿Qué explicaciones recibieron estos renombrados personajes e intelectuales de la sociedad argentina que elevaron legitimas conjeturas e interrogantes ante un sangriento operativo? La explicación más comúnmente difundida por la comunidad surge de las posiciones de Marcos Aguines, tanto escritas como televisadas, quien actúa como defensor de Israel con razonamientos muy poco convincentes, con pruebas de dificultosa veracidad, y cuya argumentación se parece a la de aquel abogado que protege a un pedófilo sosteniendo que hay que entenderlo pues a su madre la violaron cuando ella era joven, o en el mundo hay victimarios mucho mas sanguinarios que nadie les puso la mano encima.

 

Sorprende la incapacidad de Marcos Aguinis de responder a la simple pregunta de Ernesto Tenembaum (Palabras mas, palabras menos, TN, 3-2-09) ¿Cómo una persona normal puede repudiar las acciones de Israel en Gaza sin que esa simple actitud sea considerada un acto antisemita? La conclusión esperada de todo espectador neutral es clara. A Israel se le debe permitir el todo y cualquier reproche inmediatamente se interpreta como la orquestación de una nueva campaña antisemita.

 

Ya catalogué la operación en Gaza, intencionalmente dirigida a proteger la población del sur de Israel contra los ataques de Hammas, como un serio traspié y un fracaso militar total en el logro de los objetivos originales, salvo ese extraño sentimiento de satisfacción de inferir un terrible sufrimiento a la población palestina. Ahora se tiene por delante la segunda batalla, no menos importante, ante la opinión publica. Si la dirección de la comunidad judía en Argentina continúa con su alineamiento automático detrás de las versiones oficiales de Israel, cerrando los ojos ante una dolorosa tragedia causada por Israel y ante la dura y problemática realidad de la sociedad israelí, el único objetivo que logrará será perder definitivamente el apoyo de esas fuerzas centrales de la sociedad argentina que tanto las necesita para su integración.

 

¿Cómo se puede pensar en la ingenuidad, la inocencia o la falta de información de los distinguidos analistas mencionados? Tan solo un par de párrafos del artículo de Pérez Esquivel son suficientes para demostrarnos que hasta las oscuras vísceras de nuestra enferma y racista sociedad israelí están expuestas a la vista de todo el mundo, salvo para la dirección comunitaria judía de Argentina.

 

Los ejemplos son cuantiosos, pero me conformaré con citar solo algunos, y tal vez los menos graves.

 

¿Con que derecho moral se puede exigir de las autoridades competentes el procesamiento penal por acciones antisemitas de los responsables de de la aparición de panfletos que llaman al boicot de negocios judíos cuando solo se escucha silencio en Israel y Argentina ante declaraciones publicas de conocidos rabinos de Israel demandando de sus fieles el boicot de comercio de árabes ciudadanos de Israel y la negación de alquilar departamentos a legítimos ciudadanos árabes israelíes?

 

¿Cómo puede se puede escuchar en la entrevista televisada a Aguinis, afamado escritor y seguro amante de los libros, del nivel cultural desarrollado de Israel cuando autoridades municipales de una ciudad en Israel quemaron públicamente cientos de libros del nuevo testamento distribuidos por judíos mesiánicos y nadie en Israel o Argentina es capaz de iniciar un proceso judicial o abrir la boca?

 

¿De que ejemplo de democracia del medio oriente habla Aguinis cuando un ex ministro, líder de la tercera fuerza política de Israel y probable eje del próximo gobierno, amenaza a legítimos parlamentarios árabes, ciudadanos de Israel en tratarlos como a los lideres del Hammas (cuya interpretación comúnmente aceptada no es otra más que muerte)?

 

¿Cómo las autoridades de la colectividad judía de Argentina pueden permanecer neutrales e indiferentes cuando se usa la investidura sagrada de la religión judía y honorables rabinos arengan a los soldados antes del operativo en Gaza  con expresiones como:”A veces es necesaria la crueldad” o “En esta guerra no hay inocentes, y por lo tanto, se  puede disparar sobre civiles”?

 

¿Sabrán los directivos de la comunidad judía argentina lo afortunado que es el estado de Israel por el hecho que la directora del INADI solo tiene jurisdicción en Argentina y no en Israel? En caso afirmativo, se verían en la triste situación de tener que defender a Israel ante la justificada acusación penal del INADI por no reconocer hasta el día de hoy el genocidio armenio.

 

No se puede pretender que el mundo entienda declaraciones que se devolvió Gaza a los palestinos ya hace 3 años cuando en la práctica se la convirtió en una gran cárcel limitando totalmente el libre movimiento de la población de y hacia Gaza, se impidió el funcionamiento de transporte marítimo y aéreo, se lleva a cabo casi a diario actos de piratería marítima, se impide toda exportación de la producción local y se limita el abastecimiento básico a niveles humanitarios mínimos. De nada vale argumentar el cautiverio del soldado israelí Gilad Shalit cuando Israel mantiene cautivos más de dos mil prisioneros de Hammas de un total de más de diez mil palestinos.   

 

Como judíos y sionistas se debe luchar por la defensa de Israel, pero sin descuidar en ningún momento el cumplimiento de normas internacionalmente reconocidas, velar arduamente por la vigencia de los valores humanos universales y la democracia interna para todos los ciudadanos y habitantes, preservar por todos los medios posibles la coexistencia pacifica, y por sobre todo, ser fiel a la verdad. La única posibilidad de mantener el apoyo permanente de la mayoría de las fuerzas democráticas en cualquier lugar del mundo es continuar y denunciar todo acto de contenido racista, toda discriminación, todo abuso de la fuerza, toda tragedia, no importa quien la hizo, donde y el motivo original.

 

Nos debemos guiar por el complejo sendero iluminado por la memorable antorcha de los valores humanos universales que nos heredó el prestigioso poeta Jorge Luis Borges: “El hecho de que se mande gente a morir es menos condenable del hecho de que se los envíe a matar” (Dialogos, Nestor Montenegro. Pag. 27. Nemont Ediciones. 1983.  

 

 

 

  

   

 

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