Obama: No es lluvia

El resultado de las últimas elecciones en Israel y el consiguiente proceso de formación de gobierno fueron acompañados por un coro atemorizado de voces entonando una melodía de amenazas y advertencias de las nefastas consecuencias de un gobierno de extrema derecha en Israel.

 

Los nebulosos planes de “paz económica” ideados por Natanihau, como principal promotor e impulso de un posible avance futuro de acuerdos políticos con los palestinos, quedaron rezagados y fueron cubiertos por un revestimiento de principios intransigentes y de extrema derecha dictados por la mayoría de los partidos participes de la coalición a quienes Nataniahu los considera “socios naturales”.

 

Natanihau, experimentado diplomático con excelentes relaciones en los fueros gubernamentales americanos, comprende perfectamente que su apoyo son condición elemental y minima para garantizar la estabilidad de un gobierno israelí. De ahí que, apenas conocidos los resultados de las elecciones, trató por todos los medios de mejorar la imagen y  dar un color rosa a las apariencias. El prolongado proceso de negociaciones para la formación de la coalición gubernamental le dio la oportunidad de dulcificar sus previas y confusas declaraciones, como así también, dar un paso decisivo en esa dirección anexando al laborismo a su gabinete.

 

Inmediatamente al acto de asunción de mando, el Presidente Obama telefoneó para congratular a Natanihau y reiterarle el compromiso irrefutable de los Estados Unidos por la seguridad y apoyo a Israel. La charla fue corta, en muy buen tono y coincidieron en programar una entrevista personal a muy corto plazo a los efectos de coordinar las políticas.

 

La atmosfera de sonrisas y entendimiento diplomático no perduró mucho tiempo en el ambiente. En cuestión de minutos y en el acto de toma de mando del nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, Ivet Liberman afirmó que el nuevo gobierno de Israel no esta comprometido con el proceso de Anápolis, ni con la solución de dos estados para dos pueblos, ni tampoco con la devolución de tierras del Golán a Siria. En la misma oportunidad, el nuevo ministro agregó que todo pueblo que se prepara para la paz necesariamente se debe preparar para la guerra.

 

El mensaje de Liberman no fue una declaración de una nueva política, y ni siquiera recibió un desmentido por parte de la oficina del nuevo primer ministro ni de su vapuleado socio Barak. Tampoco estaba dirigido al público en Israel. El destinatario principal era Barak Obama con copia a los países de la Comunidad Europea. Su contenido es claro. Ustedes pueden seguir hablando cuanto se les ocurra de la solución de dos países para dos pueblos, paz por tierras, etc., pero deben seguir garantizando bajo cualquier condición la seguridad y el apoyo a Israel, quien continuará con su política independiente de acuerdo a sus intereses.

 

No queda mucho tiempo para el juego. Las cartas están dadas. La mano la tiene Obama y tiene que poner inmediatamente las barajas sobre la mesa. O continúa con el apoyo incondicional a Israel sin importar sus actitudes agresivas y la negación de afrontar seriamente todo programa de paz propuesto (Anápolis, propuesta de Arabia Saudita adoptada por la gran mayoría de los países de la Liga Árabe), o decide cambiar drásticamente las reglas de juego imponiendo condiciones tajantes que obliguen a las partes a llegar a un acuerdo. Si Estados Unidos realmente se propone este último objetivo, con los países europeos y con el apoyo de la mayoría de los países árabes, dispondrá de los medios relevantes.

 

El repetido balbuceo de consignas sin contenido que se escucha hasta ahora no presagia nada nuevo y da la impresión que el pavor se apodera del poderoso gobierno americano como ha ocurrido con todos sus presidentes en las últimas décadas.

 

Temo que la influencia de los poderosos sectores que apoyan a Israel en América junto con la intención de humillación y vilipendio del mensaje de Liberman, lleven a confundir a Obama, hasta el grado de empecinarse en afirmar que se trata de lluvia cuando en realidad están intentando de escupirle en la cara.

 

Ojala me equivoque.

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