Sobre dioses, soldados y conquistas

En su último artículo (1), Moshe Rozen, nos introduce en la problemática que emana de la creciente influencia de los sectores religiosos en el quehacer del ejército israelí. La temática es conocida en su magnitud cuantitativa, aunque generalmente carece de referencias cualitativas en artículos de actualidad. El motivo obviamente surge de su alta susceptibilidad, propia de la sociedad israelí, y el consecuente riesgo de furiosas respuestas por parte de ciertos sectores políticos. En ese sentido, la publicación de Rozen es digna de admiración.

 

Lamentablemente, no puedo adjudicarle tan significativa calificación a su contenido. En vez de informar, la nota expone circunstancias que no corresponden con la realidad y, fundamentalmente, confunde a amplios sectores de habla hispana sin acceso corriente a la información detallada de los procesos en Israel.

Ya en su primera frase Rozen nos guía el pensamiento pues “para entender la creciente incidencia del sector religioso ortodoxo en el Ejército de Defensa de Israel (Tzahal) debemos comprender previamente la centralidad -en el discurso político hegemónico en Israel -de la preocupación por la existencia y la seguridad del país

Para los inexpertos en las agrupaciones sociales, políticas y religiosas de Israel, vale la pena señalar que la expresión “sector religioso ortodoxo” en este contexto hace referencia al sector conocido bajo la denominación “religiosos nacionales” y no a los sectores religiosos ortodoxos tradicionales en Israel reconocidos bajo la denominación “Jaredim”  En esta oportunidad no se debe dejar de lado el extraño fenómeno de la política israelí, esta vez si referido a los sectores religiosos ortodoxos (Jaredim) que conjuntamente representan casi el 15% en el parlamento. Tanto los de origen sefardí, como asquenazí, apoyan e incitan fervientemente acciones bélicas contra los árabes, expresan posiciones intransigentes en todo lo referente a posibles acuerdos de paz, aunque, paralelamente, por medio de acuerdos políticos internos, impiden que la mayoría de sus hijos sean movilizados al ejército. Son rápidos para apoyar la declaración de guerra, pero que la vida se la jueguen los otros.

 

Afirmar que la creciente incidencia de los sectores religiosos en el ejército nace de la preocupación por la existencia y la seguridad del país es una seria confusión analítica y un grave error de percepción de la realidad. Para demostrarlo es suficiente con referirme a un ejemplo relativamente reciente. Cuando el gobierno de Sharon toma democráticamente la decisión de la desconexión de Gaza, ordena al ejército el desalojo de toda la población israelí de la zona. En esta ocasión, renombrados personajes y rabinos de los sectores religiosos nacionales no se cuestionaron ni dudaron en impulsar la oposición también por medio de instigar a soldados y oficiales a desobedecer ordenes, lo que en cualquier país, democrático o no, es un llamado a la rebelión y al desmoronamiento institucional que no tiene nada que ver con preocupación por la existencia y seguridad.         

 

Para Rozen, en la conciencia de los sectores religiosos de Israel, “el ejército dejó de ser solamente un elemento funcional para la defensa:…. Tzahal se convirtió en un valor en sí mismo“. Seria demasiado crédulo suponer que un grupo político con tantas aspiraciones de dejar un sello en el desarrollo histórico de Israel se conforme con una referencia a Tzahal como un valor en si mismo y nada más. Los mismos líderes y rabinos se encargan de hacer resaltar la función histórica que ellos le adjudican a Tzahal: promover y garantizar las máximas conquistas territoriales, y de ser posible, llegar a la “gran Israel”. Su preeminencia e  influencias son evidentes y afloran diariamente. El ejército no escatima todo esfuerzo de ampliar y profundizar la colonización civil judía de Cisjordania, objetivo totalmente desvinculado del esfuerzo de defensa de Israel, y prácticamente se convirtió en un factor subyugado a los colonos judíos.

 

Sectores políticos pragmáticos de Israel dispuestos a concesiones territoriales con los palestinos, como es el caso del laborismo de Barak o Kadima de Olmert y Livni, aun con mayorías parlamentarias se sienten impotentes e imposibilitados de adelantar un paso concreto más allá de declaraciones vacías ante el serio temor que esos sectores religiosos impongan su predominio a los mandos del ejército y lideren una rebelión violenta con la población judía de Cisjordania. Las amenazas se hacen escuchar ya hace tiempo.

Rozen finaliza su nota con la seria amenaza de encontrarnos en puerta de una nueva campaña de peligrosas cruzadas religiosas. “Salvando las abismales diferencias entre los regímenes teocráticos islámicos, como el Hamás en Gaza, y la  democracia de Israel, pareciera que el conflicto árabe-israelí  asume con creciente intensidad, una modalidad religiosa que desplaza a un cono de sombra al foco primario del enfrentamiento: la lucha entre colectivos nacionales que se disputan una misma parcela”.

La creciente preponderancia de los sectores religiosos de ambos lados del conflicto no debe dar lugar a confusiones. Tanto para los palestinos como para los israelíes, la intransigencia de los sectores extremistas que no están dispuestos a ningún acuerdo basado en concesiones, se apoya en argumentos del fanatismo religioso, pero el objetivo es el dominio territorial y el desalojo del otro.

 

El panorama que nos pinta la influencia de dios de los dos lados de la frontera  es de tono desolador.

 

Ojala me equivoque. 

  

 

 

(1) Moshe Rozen, “Sobre dioses y soldados”, Revista Horizonte, 7-4-09.

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