Los genocidios y la tabla de posiciones

El mes de Abril nos trae a la memoria los recuerdos de la espantosa tragedia y las atrocidades de la historia humana del siglo pasado con las imágenes y los relatos del holocausto judío en tierras europeas. Muy pocos, por no decir contados, recuerdan que en el mismo mes se conmemora otra masacre inhumana como lo fue el genocidio armenio durante la primera guerra mundial.

 

Este año, al menos, dos notables intelectuales argentinos fueron la excepción.  Jack Fuchs (1) y José Pablo Feinmann (2), cada uno por separado, pusieron claramente de manifiesto la importancia de rememorar las dos tragedias, e inclusive, vincularon entre la una y la otra.

 

Para Fuchs, la oposición del pueblo armenio a los ataques de las fuerzas turcas actúo como fuente de inspiración para la resistencia judía contra los nazis. De un ángulo distinto, para Feinmann, el genocidio del pueblo armenio sirvió a Hitler para convencer a sus subalternos de la necesidad de la “solución final”.

 

La memoria de los acontecimientos también es una temática común de ambos artículos. Para Fuchs, el pueblo armenio no temía de la muerte, sino del olvido, desenlace que la realidad histórica les da mucho la razón.  Para Feinmann, el genocidio armenio quedó en el olvido, “fue tapado por el Holocausto, por la Shoah”.

 

Sin ninguna duda el aporte de estos eruditos autores se merece un sincero elogio, aunque no se debe dejar pasar la circunstancia y señalar que ambos pecan por ignorar y desdeñar la problemática posición del Estado de Israel al respecto. Como muchos pensadores, tanto Fuchs como Feinmann se quedan a mitad de camino y a la hora de rendir cuenta intelectual de hechos y posiciones relacionadas con Israel, ignoran toda vinculación, evitan toda crítica de actos indignos o justifican lo condenable.

 

Llama la atención como destacados intelectuales luchadores por la vigencia de la libertad, igualdad y el respecto de los derechos humanos universales, en el momento que la temática se acerca a Israel, el orden de valoración y juicio se trastorna y altera.

 

Israel, con mucha razón, no permite que nadie se atreva a no reconocer la existencia de la Shoah y lucha denodadamente en contra de quienes la desmienten o deniegan. Hasta aquí una postura lógica y coherente. La posición problemática anteriormente mencionada surge de la práctica de esta concepción fundamentalmente por la influencia de políticas basadas en la arrogancia y el desden hacia el resto de los pueblos. Israel trasmite permanentemente la preponderancia por el sentimiento de la superioridad sobre todos los demás y toda crítica inmediatamente es calificada casi grosera y automáticamente de “antisemita”. Todo intento de comparación inmediatamente es procesado en un raro mecanismo cuyo resultado, tal como en competiciones, es generalmente una tabla de posiciones en donde Israel, sus logros y sufrimientos, están siempre a la cabeza.  

 

Lamentablemente hasta el día de hoy Israel no reconoció y rehúsa absolutamente reconocer el genocidio del pueblo armenio en manos del ejército turco. Las excusas en el marco del mecanismo raro no tienen límites. Creo que es suficiente citar nada menos que al actual presidente Shimón Peres que en el año 2001, como Ministro de Relaciones Exteriores, expresó que “el pueblo armenio sufrió una tragedia, pero no un genocidio”. Digamos, están en la mitad de la tabla, no pueden pretender que los tratemos como punteros.  

 

Paradójicamente en los campos en donde se compite entre naciones, como en deporte o comparaciones internacionales de niveles de estudio, los últimos años demostramos que somos unos patas y cabezas duras. En cambio, donde deberíamos pretender ser iguales a todos los pueblos, nuestra prepotencia y altanería nos demanda hacer el todo para sobresalir por encima de los demás.

 

En estos días el INADI discute un proyecto de ley con el propósito de penalizar a quienes desmientan por igual la existencia de la Shoa, el genocidio armenio y el terrorismo de Estado durante la dictadura militar en Argentina. Es de suponer que en estos mismos momentos las aplanadoras de las presiones diplomáticas israelíes estén calentando motores para actuar de la misma manera que lo hacen conocidos grupos judíos de presión en Estados Unidos contra toda iniciativa del gobierno y parlamento americanos para reconocer el genocidio armenio.

 

Israel también tuvo su Don Quijote. En el año 2000, el entonces Ministro de Educación, Yossi Sarid, incorporó el estudio del genocidio armenio a los planes de estudios secundarios. No por mucho tiempo. A los dos años, la entonces Ministra de Educación Limor Livnat, hoy Ministra de Cultura y Deportes de Israel, se preocupó por anular la orden previa de Sarid.

 

Por generaciones seguiremos enseñando a nuestros hijos que en términos de sufrimiento nuestro pueblo solo triunfa y no esta dispuesto, ni siquiera, a un empate.

 

Ojala me equivoque.

 

          

 

 

 

 

(1)   Jack Fuchs, “Memoria del Horror”, Diario Página 12, 19-4-09

(2)   José Pablo Feinmann, “Sobre el Genocidio Armenio”, Diario Página 12,  30-4-09     

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