El pastor con fusil y el rebaño

La colectividad judía y la Municipalidad de Buenos Aires juntaron esfuerzos y organizaron un festival en conmemoración del 61 aniversario de la independencia del Estado de Israel. La celebración se llevó a cabo en la Avenida de Mayo y los acontecimientos imprevistos que se sucedieron durante las actuaciones son dignos de un análisis detallado.

 

En plena fiesta y de forma repentina, irrumpió el ámbito un grupo organizado de 20 personas que tuvo la osadía y la insolencia de enfrentar un acto de masiva participación pública organizado por la comunidad judía, seguramente muy bien custodiado. Mas allá de una nítida protesta contra lo que representa el sionismo e Israel, el propósito verdadero era sembrar el pánico y espanto en la colectividad judía por medio de una clara manifestación violenta y amenazante. Los resultados fueron lamentables: La policía se vio obligada a resguardar al Embajador de Israel en un edificio vecino y entre los participantes hubo algunos heridos, inclusive dos con serios traumatismos. La mayoría de los atacantes huyeron y la policía solo consiguió detener a cinco.

 

Los dos días siguientes fueron una nueva demostración de audacia por parte de representantes del grupo agresor. Sin ningún tipo de temor ni sobresalto, se movilizaron cerca de doscientas personas que manifestaron a viva voz frente a los juzgados donde investigaban a sus compañeros detenidos, como así también, y en forma descarada, frente al edificio de la Embajada de Israel. Más aun, ni siquiera se prohibieron de manifestar claramente sus agresivas intenciones por medio de su exhibición pública con rostros encapuchados y armados con palos y armas de arte marcial.

 

Sin otorgar ningún tipo de justificativo a un acto vandálico y en cierta medida criminal, donde se ataca un público que pacíficamente festeja un acontecimiento, para la colectividad judía de Argentina, vale la pena recapacitar respecto de los acontecimientos, sus motivos, el carácter y contenido que se le da a los repudios y replicas y, sobre todo, reflexionar si en ultima instancia no se actúa como catalizador de estas salvajes reacciones.

 

Durante el operativo Plomo Fundido, contra los combatientes de Hammas, Israel ocasionó una tragedia humana de enorme magnitud a la población civil de Gaza en un ataque claramente superfluo que no obtuvo prácticamente ningún objetivo militar digno de consideración.  Entre civiles inocentes y no identificados hasta el mismo ejército de Israel reconoce que murieron más de 500 personas, incluyendo muchas mujeres y niños. El mundo entero se reveló y protestó contra Israel. También en Argentina, amplios sectores se manifestaron por diversos medios en contra del operativo, entre ellos diversas figuras de reconocida trayectoria democrática y con un amplio curriculum de defensa de los derechos humanos.

 

La colectividad judía de Argentina, por medio de sus directivos o por medio de distinguidos intelectuales judíos movilizados, respondió con un masivo e irrefutable apoyo a Israel, sin la más minima objeción, y lo que es peor aun, calificó casi a toda persona que se atreva a criticar a Israel como antisemita.

 

La respuesta a este accionar se pone de manifiesto claramente hoy. ¿Quién condena o censura este último acto de agresión a judíos? La Embajada de Israel, las instituciones judías, algún que otro funcionario que se lo exige el protocolo diplomático y algunos candidatos a las próximas elecciones, judío o no judío que quiere quedar bien con el electorado de la colectividad. Todos aquellos intelectuales que representan la línea central del pensamiento democrático de Argentina desaparecieron del escenario que quedó casi exclusivamente en manos de los extremistas antisionistas y antijudíos. Estos últimos, siendo una clara minoría numérica, se encuentran con la cancha libre para operar sin que ningún sector les reprima y les demuestre que son un aspecto marginal de una sociedad que no tolera acciones violentas y extremistas. De nada vale depender solo de la represión policial. Sin la defensa de los amplios sectores democráticos de la ciudadanía de Argentina, como en cualquier otra sociedad democrática, la comunidad judía se encontrará en permanente riesgo de sufrir ataques, probablemente más audaces y violentos.

 

Los directivos de la comunidad judía de Argentina deben abrir bien los ojos y no dejarse llevar como un rebaño detrás de un pastor que en vez de flauta en sus manos sostiene un fusil y ante cualquier contratiempo solo sabe aniquilar. Su misión suprema les exige defender los intereses de la comunidad en Argentina demandando de todos, inclusive de Israel, el cumplimiento de valores humanos universales, y si la situación exige, no deben dudar en criticar actos del gobierno israelí. El problema no se centra en los grupos extremistas antisionistas o antisemitas. Estos siempre existirán y tratarán de hacerse notar con o sin relación con el actuar de Israel. En punto clave esta en mantener el apoyo de la gran masa democrática de la población que el último tiempo esta demostrando cansancio de los cuentos y falsedades israelíes y comienza a dar la espalda.

 

El mejor ejemplo de desubicado político ante los últimos eventos lo exhibió el Embajador de Israel. Para el, al grupo que cometió el ataque “hay que tomarlo en serio y extinguirlo antes que amenace a la democracia argentina” (Crítica Digital 18-5-09). Con la soberbia y arrogancia que emana de la mayoría de los mensajes provenientes de Israel, el embajador da la impresión que esta llamando al comando de la fuerza aérea israelí para que envíe un F-15 de fabricación americana y con proyectil inteligente liquide puntualmente a los detenidos en una demostración de la típica concepción de la justicia israelí que ejecuta sospechosos sin juicio previo. Como es de suponer, el impacto producirá necesariamente la muerte de varios civiles inocentes. Todos se lamentaran mucho, pero debe quedar claro que tal operativo no afecta en absoluto el hecho que al ejército de israelí se lo siga catalogando como el de mayor valor moral del mundo.  

 

El conciso comentario de un lector a un artículo en el diario al respecto (Crítica, 18-5-09) expresa en forma muy clara la tendencia que cada día se aferra más a la sociedad argentina en su relación con la comunidad judía:

 

marcelito40 40 años   

“La verdad, el repudio general es de 5, 6, 10 personas, nada mas, al resto es un tema que no interesa. Para que vamos hacer una causa nacional defendiendo gente que no se lo merece y que son o descienden de un país que es tan asesino como fueron los nazis”

 

El arrogante y prepotente modelo israelí de enfrentar conflictos imponiendo condiciones por la fuerza, fracasará en Argentina como esta claro que fracasa en medio oriente. El liderazgo de la comunidad judía debe comprender que solo una honesta y sincera cooperación e integración en la sociedad argentina, sin manifestaciones de soberbia y superioridad, crearan el ambiente de un desarrollo apaciguado y como consecuencia será protegida de todo vandalismo y violencia de sectores marginales.        

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