Retorcer la justicia y el discurso por la causa

Admiradores y simpatizantes de Israel elogian reiteradamente sus aspectos institucionales tildándola como la única democracia del medio oriente a la par que enaltecen la justicia israelí como ejemplo de ecuanimidad e imparcialidad. Para Marcos Aguinis, la justicia de Israel… “figura entre las más confiables del planeta”… y que “es un elemento axial de la vida comunitaria que los judíos aprendimos a valorar desde la antigüedad más remota”. (1)

 

Lamentablemente, la realidad es muy defraudadora y en “ciertos casos”  muy distanciada del sueño de hadas de Aguinis.

 

Hoy, domingo 7 de junio del año 2009, tras cuatro años de investigación, la Fiscalía del Estado de Israel acusa a 12 ciudadanos árabes de la ciudad de Shpharam de ser participes del linche de Eden Natan Zada. Este simple y rutinario trámite jurídico pasaría desapercibido en cualquier sistema judicial ordenado, salvo en Israel.

 

Con hechos vinculados al trasfondo del conflicto con los palestinos y con implicados árabes y judíos, en repetidas ocasiones el sistema suele retorcer la justicia y la semántica de información. Un ejercicio de refrescar la memoria puede exponer muy bien el comportamiento.

 

He aquí un caso típico. Una mujer se encuentra ante la necesidad de llevar a cabo un trámite o una visita lo cual le exige franquear un sitio donde se efectúa un control de seguridad, tanto por medios electrónicos como por medio de revisación e interrogatorio de los guardias. La necesidad de repetir periódicamente este trámite junto a las tensiones diarias exaspera sus nervios hasta que decide reaccionar violentamente. En el momento en que los centinelas se acercan a revisarla, desenvaina una botella de su cartera y esparce su contenido de ácido causando heridas a los guardias.

 

En realidad no se trata de un caso, sino de dos casos casi idénticos aunque diferenciados uno del otro, tanto por el tiempo: dos semanas, como por el entorno geográfico: unos pocos kilómetros. Así informaron los medios:

 

“Una terrorista derramó ácido en la cara de un soldado en un puesto de control”     

 

“Un soldado fue herido leve a medianamente debido a que una terrorista palestina derramó ácido sobre su cara en el puesto de control Jawara al lado de la ciudad de Nablus. La terrorista ingresó en la sección de paso humanitario destinado a mujeres, niños, mayores y casos urgentes y vació el contenido de acido sobre la cara del soldado a distancia de unos pocos metros. El soldado fue evacuado a un hospital para recibir tratamiento médico y la terrorista fue detenida por las fuerzas de seguridad. El ejército informó que se trata de la misma terrorista que dos semanas atrás trató de hacer el mismo acto terrorista en el mismo sitio, salvo que en esa oportunidad se escapó”. (2)

 

Dos semanas más tarde informa el mismo diario: “Una desempleada atacó guardias con ácido”

 

“Dos guardias y un funcionario del Servicio Ocupacional fueron heridos, uno de ellos gravemente, cuando una mujer desempleada que se dirigía a dicho Servicio en la ciudad de Haifa derramó ácido sobre ellos. Según el director del Servicio, la mujer llegó a las oficinas y desenvainó de su cartera una botella con ácido para vaciarla sobre un funcionario. Dos guardias trataron de evitarlo y fueron heridos. Uno de ellos esta internado en estado grave en el hospital Karmel. Esta desempleada ya en el pasado se comportó violentamente y por ese motivo los guardias la siguieron de cerca”. (3)

 

No se informó de los consecuentes procesos judiciales, pero no seria descabellado suponer que la “desempleada” de Haifa esté recibiendo tratamiento psiquiátrico o cumpliendo una leve pena de servicio a la comunidad. La “terrorista palestina” seguramente disfrutará de unos largos años de prisión militar. 

No es el único caso. He aquí uno más y un ejemplo de cómo la redacción informativa puede llegar a influir en la forma de actuar del poder central.

 

Activista de extrema derecha disparó y asesinó 4 en un ómnibus”

 

“Eden Natan Zada, desertor del ejército, vestido de soldado, abrió fuego dentro del ómnibus 165 en un barrio de la aldea Shpharam (aldea árabe israelí). Como consecuencia de los disparos murieron cuatro personas y otros nueve quedaron heridos. En la zona del atentado estalló una revuelta con miles de personas que se concentraron arrojando piedras y botellas al ómnibus. Algunos manifestantes exaltados que lograron penetrar en el ómnibus llevaron a cabo un linche con el asesino. Solo después de cuatro horas la policía logró evacuar dentro de un jeep al cuerpo del asesino muerto”. (4) 

 

Tres años más tarde se informa: “Atentado de atropellamiento en Jerusalén: 17 personas heridas”.

 

“Un terrorista que conducía un vehículo atropelló transeúntes en la plaza Tzahal de la ciudad capital. Diecisiete personas, la mayoría soldados que estaban de paseo, resultaron heridos en el atentado. Un oficial del ejército que estaba con el grupo de soldados disparó y mató al terrorista que se había incrustado en una pared”. (5)

 

Cuántas coincidencias, cuánta proximidad, cuánta similitud en los hechos y cuán profundo el uso de estereotipos según el origen étnico de la victima o el promotor del crimen.  

 

Para la primera situación, lo que en Haifa es una aparentemente inofensiva  “mujer“, en el control Jawara dan a entender que se trata de una amenazante y peligrosa “palestina”  y para dar un sentido de la profesión, en Haifa se trató de una simple y vulgar “desempleada” en tanto que en Jawara ya la tildaron de osada e intrépida “terrorista“. Catalogar el acto es también motivo para adjudicar etiqueta: en Haifa trasmiten la impresión de un criticable y deshonesto “acto de comportamiento violento“, en tanto para Jawara la misma actitud recibe una connotación de aterrador y espantoso “acto terrorista“. 

 

Para la segunda situación, en Shpharam, actuó un “activista de extrema derecha” o “un desertor del ejército” mientras que Jerusalén fue testigo de hechos motivados por un “terrorista” palestino. Respecto de las personas que reaccionaron a los hechos se percibe un trato muy similar. En Shpharam, con 4 muertos, se los catalogó como “manifestantes exaltados” en tanto que en Jerusalén, con heridos solamente, recibió la etiqueta de “un oficial del ejercito“. Catalogar la reacción es realmente una obra maestra de información. Mientras que en Jerusalén el soldado “disparó y mató” al conductor que estaba dentro del auto incrustado en la pared, en Shpharam los manifestantes exaltados llevaron a cabo “un linche haciendo ilegalmente justicia por sus propias manos”.

 

En este caso el uso intencional de estereotipos y etiquetas trajo como consecuencia que las autoridades actúen en forma muy condicionada y totalmente distinta de un caso al otro. Para el caso de Shpharam, como se informó, la policía lleva a juicio criminal a un grupo de árabes con el cargo de ser participes de un linche y de haber hecho justicia por sus propias manos.

 

Por el contrario, el oficial israelí que disparó y mató al conductor dentro del vehiculo e incrustado en la pared fue condecorado y agasajado por los mandos del ejército y la opinión publica por el alto grado de valentía y liderazgo que tomó en momentos críticos.

 

El concepto de justicia hacia los verdaderos criminales de los hechos es una obra de arte de equidad judía. La sociedad israelí no es capaz de conformarse con la muerte del criminal conductor y demanda cobrar precio de venganza y represalia que lo debe soportar tanto su familia como su casa que el ministro de defensa tanto quiere demoler, así como ya demolieron la casa de otro conductor de tractor palestino que fue aniquilado cuando causó la muerte de inocentes transeúntes en Jerusalén. La casa de Eden Natan Zada sigue y seguirá intacta, al igual que la casa del Dr. Baruj Goldshtein que asesinó a 29 palestinos inocentes que estaban rezando en la mezquita de Hebron en el año 1994, o la casa de Ygael Amir que asesinó al primer ministro Rabín.      

 

 

 

(1) Marcos Aguinis: “El orgullo de ser judío” Conferencia en la Universidad de Tel

     Aviv 15-5-08.

(2) Diario Haaretz, 23-9-08  

(3) Diario Haaretz, 7-10-08

(4) Sitio Ynet del diario Yediot Haharonot: 4-8-05

(5) Sitio Ynet del diario Yediot Haharonot: 23-9-08

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