La pulseada que puede derivar en descalabro

Las estrechas y complejas relaciones entre el gobierno de Estados Unidos y de Israel fueron testigo durante los años de profundos altibajos, amenazas, acuerdos, desacuerdos, alabanzas y duras críticas. Vale la pena mencionar ciertos hitos históricos como la terminante orden de Eisenhower que Israel se repliegue del Sinai en la guerra del año 1956, la masiva e inmediata ayuda militar durante la guerra de Yom Kipur en el año 1973, los acuerdos de cooperación estratégica de los últimos años, la orden de Bush a Shamir de participar en la convención de paz de Madrid de 1992 so pena de cancelar la ayuda económica, etc.

 

Por lo general, todos estos acontecimientos fueron el resultado de prolongadas y fatigosas negociaciones en marcos muy discretos y cubiertas de un grueso manto de secreto. El año 2009 irrumpió con nuevo gobierno americano con Obama como presidente, y a los pocos meses se instituyó el nuevo gobierno israelí bajo la dirección de Bibi Natanihau.

 

En su primer encuentro en Washington ambos mandatarios se informaron de sus antagónicas visiones del proceso de paz en medio oriente, aunque públicamente ocultaron sus entredichos tras amplias sonrisas y diplomáticos desmentidos.

 

Fue Obama quien en su discurso en la Universidad de El Cairo decidió hacer público sus planes concretos de remodelar las relaciones de Estados Unidos con los países árabes y musulmanes y su programa de paz para el conflicto palestino – israelí. Para este último punto explicitó claramente que se imponen dos condiciones: la institución de dos Estados Independientes, Israel y Palestina, y en segundo lugar, el congelamiento inmediato y total de toda construcción en asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental.

 

Ante estas nuevas reglas de juego, Nataniahu se vio en la necesidad de responder también públicamente en un discurso donde aceptó a regañadientes y bajo una larga lista de difíciles limitaciones la existencia de un Estado Palestino Independiente, pero condicionó este consentimiento a continuar construyendo viviendas para satisfacer lo que denomina “el crecimiento natural de la población judía de Cisjordania”.

 

Muy rápidamente, y con ayuda de declaraciones públicas y provocativas del canciller Liberman, la temática del congelamiento total de la construcción en los asentamientos israelíes se constituyó en el centro de una pública y áspera discusión entre los más destacados y prominentes representantes de ambos gobiernos.

 

Se puede decir que apenas se posaron en sus tronos y en la primera mano de esta pulseada diplomática, tanto Natanihau como Obama apostaron públicamente al todo o nada en una presentación de exigencias y condiciones tajantes y terminantes. Obama: congelar inmediata y totalmente toda construcción israelí en Cisjordania. Natanihau: Nuevos asentamientos no, pero se seguirá construyendo en los existentes, inclusive en los ilegales, para dar cobertura al crecimiento natural de estos pobladores.

 

Todo acuerdo posible basado en un compromiso que incluya cierta medida de flexibilidad en la construcción, inclusive mínima, será interpretado como un gran triunfo israelí pues la experiencia demostró en repetidas oportunidades que estas ocasiones son muy bien aprovechadas por los israelíes para una construcción masiva. De ahí la rigidez e intransigencia de la posición americana.  

 

Si Obama cede ante las exigencias de Natanihau, o no adopta sanciones ante la negación de congelar la construcción en Cisjordania, esto le significará un duro revés que se traducirá inmediatamente en una serie de reacciones en cadena que limitara drásticamente sus posibilidades de influencia en otros campos de la política exterior. Sin lugar a dudas la posición de Estados Unidos como potencia reguladora de un equilibrio internacional será claramente puesta en duda.

 

Doblegar a Obama representará un brillante triunfo para Natanihau y Liberman, aunque a largo plazo, seguramente será catalogado como victoria pírrica. Continuar poblando Cisjordania con moradores judíos aniquilará las posibilidades de la solución de dos Estados y esto a la larga puede significar el fin del Estado de Israel. A nivel internacional quedará demostrado a plena luz que la conjunción de intereses de Israel y del poder judío en el mundo domina al gobierno de Estados Unidos. Esto necesariamente acarreara nefastas consecuencias a las colectividades judías de muchos países.

 

Natanihau estará en una seria disyuntiva en caso que Obama no ceda. Si acepta el congelamiento de la construcción se quedará inmediatamente sin gobierno y deberá renunciar. Es de suponer que el apoyo de Kadima de Livni junto con Avoda de Barak e inclusive el partido Meretz de izquierda, no lleguen a mayoría parlamentaria debido al abandono masivo de parlamentarios de su partido Likud.

Alternativamente puede decidir enfrentar las sanciones americanas con su patriótico gobierno, aunque en este caso es probable que grandes masas populares no estén dispuestas a esta nueva situación de aislamiento internacional y demanden elecciones generales inmediatas.

 

El panorama futuro se nos presenta bastante desolador y con serias posibilidades del desarrollo de un descalabro en las relaciones internacionales o internas en Israel.   

 

Ojala me equivoque

 

Israel 25-6-09

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