El “judaísmo democrático de Jerusalén” exhala tufo de discriminación

Los vaivenes de las discusiones previas a una posible negociación de un acuerdo de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina dieron lugar a que el Primer Ministro de Israel Biniamin Natanihau imponga el reconocimiento de Israel como el Estado Judío a modo de condición previa indiscutible. En una clara muestra de exaltación de la capacidad machista de doblegar al enemigo y un dudoso orgullo nacional, esta demanda gozó de un amplio apoyo popular aunque  muy pocos prestaron la suficiente atención de las riesgosas consecuencias que tal imposición podría traer aparejado en el futuro.

Los últimos acontecimientos en Jerusalén a raíz de las violentas manifestaciones de árabes ciudadanos de Israel y aquellos árabes que habitan Jerusalén Oriental (apátridas con categoría de residentes permanentemente en territorio anexado y declarado israelí, pero no son ciudadanos israelíes) son un buen ejemplo de la  discriminación del Estado guiado en su accionar, según su propia convicción, por los valores del judaísmo.

Agrupaciones de árabes musulmanes adjudicaron serias intenciones de profanación de lugares santos a los sucesivos proyectos de grupos extremistas judíos de rezar en las explanadas de las sagradas mezquitas de Jerusalén y a los esfuerzos secretos de excavaciones debajo de barrios y lugares sagrados árabes (1). El Movimiento Islámico del Norte de Israel, liderado por el conocido Jeque Raad Salaj organizó manifestaciones de protesta que finalizaron en violentas colisiones con las fuerzas del orden.

La respuesta casi automática de los diferentes componentes del gobierno no se hizo esperar. En sus ojos, la mayoría de la población árabe ciudadanos de Israel, no es más que una quinta columna traicionera que obedece a los oscuros intereses de los enemigos de país cuyo único objetivo es borrarla del mapa. Una simple manifestación, inclusive violenta pero no más de aquellas que saben organizar los colonos judíos de Cisjudea o aquellos que se opusieron a la desconexión en Gaza, justifica argumentar que no se puede convivir pacíficamente y en un orden democrático normal con ciudadanos que permanentemente programan actos de provocación y sedición saboteando la soberanía y la existencia de Israel.

El Vice Primer Ministro Silvan Shalom reclamó declarar ilegal al Movimiento Islámico a la par de la detención de sus líderes, principalmente el Jeque Raad Salaj. Para este tan alto funcionario israelí, los hechos justifican que “las instancias judiciales deben actuar enérgicamente contra cada uno que instigue en detrimento del Estado. El conflicto trata de la soberanía sobre Jerusalén y sus lugares santos. El tema debe recibir un trato drástico para eliminarlo de raíz y para siempre.” Como es habitual los conflictos se resuelven con la mejor fórmula israelí: eliminaciones y ejecuciones drásticas y definitivas. Por supuesto que el Jeque Raad Salaj fue detenido por la policía, aunque ante la falta de pruebas serias se vieron en la obligación de liberarlo, eso sí, bajo la condición que se aleje de Jerusalén.  

La temática es conocida y se repite con periodicidad casi fija todos los años. En ese sentido no tendría sentido invertir valioso tiempo en el esfuerzo del autor de estas líneas ni del interesado lector. Justamente para ese lector, y con el trasfondo de la demanda impuesta por Natanihau, vale la pena poner sobre el papel la forma claramente discriminatoria y segregacionista que caracteriza el accionar del Estado de Israel respecto otros grupos que operan, no solo en protesta de ciertas actitudes del Estado, sino en contra de la existencia misma del Estado de Israel.

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Manifestación pro palestina de Naturei Karta

El grupo denominado Naturi Karta (Guardianes de la Ciudad) y otros parecidos, son asociaciones de judíos religiosos ortodoxos que parte de ellos habita Israel pero rechazan cualquier forma de sionismo y se oponen clara y públicamente a la existencia del Estado de Israel. Sin entrar a discutir su motivación ideológica o política, su accionar no se conforma solo con pasividad respecto de toda participación en la vida activa del Estado, sino que toman el liderazgo en actos de protesta contra la misma existencia de Israel y hasta llegan a escenas que muy bien podrían recibir la categoría de traición al no solo entrar en contacto, sino colaborar con agrupaciones o Estados que Israel los considera sus enemigos.

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Naturei Karta queman públicamente la bandera de Israel

En las festividades del día de la independencia el grupo se preocupa por sabotear todo acto conmemorativo posible, inclusive ni se detienen cuando todo el país se paraliza durante un minuto de silencio en recuerdo de los soldados muertos en su defensa. Sus actos son mucho más provocativos de aquellas graves protestas de los sectores árabes israelíes. En varias oportunidades llegaron a quemar públicamente la bandera de Israel.

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El Ministro Hirsh con el Presidente Arafat

Uno de los actos más llamativos en contra de Israel fue la nominación del Rabino Hirsh como Ministro de Asuntos Judíos de la Autoridad Nacional Palestina durante la presidencia de Yaaser Arafat.

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Delegación de Naturei Karta con  Hanyia, líder de Hammas en Gaza

Últimamente la agrupación volvió a un acto extremo cuando aceptaron la invitación y participaron activamente en el congreso organizado por Ajmedinajad para desmentir la existencia de la Shoa.

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Delegación de Naturei Karta con  Ajmedinajad en Irán

Pese a estas claras transgresiones de leyes básicas del orden y seguridad nacional, hasta el día de hoy prácticamente no se inicio ningún proceso judicial en contra de alguno de los representantes de este sector. Las autoridades israelíes trasmiten permanentemente el pretexto que se trata de un tipo de curioso, cuando en realidad no se actúa por el único motivo que los transgresores son judíos. A ciudadanos árabes, miembros del parlamento israelí que tuvieron la osadía de visitar, en el marco de lo que ellos mismos denominan “sus funciones”, países como Líbano o Siria, la fiscalía le inició procesos penales por el solo hecho de la visita ya que no hay pruebas de cualquier otra transgresión.

No hay duda que el Estado que pretende ser reconocido como “judío” demuestra en demasiadas oportunidades que le agrada desprenderse de valores universales y actuar en forma discriminatoria cuando igualitariamente puede afectar a judíos.

Ojala me equivoque

(1) Según el artículo de Akiva Eldar “Pese al temor de desmoronamiento, en la ciudad de David continuamos excavando debajo de la casa de árabes”, la revelación de grabaciones secretas demuestra que los temores de los árabes  tienen su fundamento y ellos tienen muy buenas razones para estar preocupados. Diario Haaretz, 8-10-09

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel  9-10-09

http://daniel.kupervaser.com/blog/

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