Si el rabino da la orden, el gobierno y el general se agachan

Repetidamente esta columna insiste en las trágicas consecuencias del nefasto fenómeno de transferencia de poder del gobierno de Israel y su ejército a manos de rabinos fanáticos y líderes de la colonización judía en Cisjudea. Las exteriorizaciones son casi diarias, aunque, corrientemente, pasan desapercibidas tanto por los medios de difusión amplia y masiva como por el público en general.  La cómoda y generalizada credulidad de la población, la confianza ilimitada e inapelable de la versión oficial y la profunda convicción en la existencia de valores humanistas en el Estado Judío trajo aparejado un acentuado convencimiento que Israel es lo más parecido a un paraíso democrático. Cuánta ingenuidad, o mejor dicho cuánta ignorancia. Esta última semana fuimos testigos de dos significativos arquetipos de tan aciaga situación.

El domingo 8 de noviembre 2009 la Comisión Ministerial de Leyes otorgó el pleno apoyo gubernamental al proyecto de ley que otorga indulto a jóvenes judíos que fueron procesados por transgresiones cuando se manifestaron violentamente en contra de la desconexión de Gaza y el Norte de Cisjordania en el año 2005. Para quienes presentaron la iniciativa el año anterior, entre ellos el presente Primer Ministro Benjamin Natanihau, el acto de misericordia del gobierno toma en cuenta que se trata de “una transgresión sobre un hecho histórico transcendental y no se trata de delincuentes en su esencia”.  Si la demanda de indulto proviene de líderes de estos jóvenes procesados, destacados rabinos y personalidades que viven o apoyan la colonización en Cisjudea, no hay procedimiento que el gobierno se pueda oponer.

De nada vale exponer comparaciones que ponen de manifiesto una clara visión discriminatoria y segregacionista cuando la exigencia proviene de quienes tienen el poder en sus manos en Cisjudea.

Todas las semanas se llevan a cabo manifestaciones de palestinos e israelíes (los medios vulgarmente los denominan “anarquistas”) en contra de la valla de separación que dificulta el trabajo de campesinos palestinos. Pese a tratarse de manifestaciones de un nivel de violencia mucho menor, la represión es dura y ya tiene acumulada en su haber muertos y heridos. Toda propuesta de indulto a los procesados por estos disturbios sería considerada un acto de traición.

En el mes de Octubre del año 2000, ciudadanos árabes israelíes llevaron a cabo violentas manifestaciones callejeras en lo que consideraban “el peligro de las mezquitas de Jerusalén” como consecuencia de la provocativa visita de Ariel Sharon a sus explanadas.  La represión fue trágica y sanguinaria. Más de una decena de árabes, ciudadanos de Israel, terminaron asesinados por francotiradores de la policía, decenas de heridos y otros tantos detenidos que fueron procesados por disturbios. Pese a que una comisión a cargo de un juez de la Corte Suprema de Justicia determinó la existencia de claras evidencias de crímenes que deben ser investigados por la fiscalía, sorpresivamente se cerraron todas las causas por imposibilidad de encontrar culpables. El sistema de informaciones israelí que es capaz de encontrar una aguja en un pajar palestino, misteriosamente siente impotencia de identificar una montaña en su patio judío.

Tanto el Ministro de Defensa Barak, como el Comandante en Jefe del Ejercito Teniente General Ashkenazi, no se cansan de repetir que el ejército de Israel, como autoridad máxima de territorio conquistado en guerra, cumple con todas las normas internacionales en lo que respecta al control de Cisjordania. En palabras de Barak, no hay en el mundo un ejército que tiene en cuenta como Tzahal los derechos humanos de los habitantes de la región. El Mayor retirado Adrian Agassi se encargó de demostrar que esas afirmaciones de los dos condecorados generales no son credulidad o ingenuidad sino más bien un intento de camuflar la realidad.

Durante los últimos 15 años y en su cargo militar, el Mayor Agassi fue cabecera de la máxima  instancia judicial de apelaciones de los palestinos en Cisjordania en todos los conflictos de tierras. El nombramiento fue un trámite en el marco militar, pero su función fue la de representar los intereses de quienes lo enviaron – los rabinos y lideres cuyo único propósito es la conquista territorial de Cisjudea y el desalojo de la mayor cantidad posible de palestinos de la región.

En una reciente entrevista el Mayor Agassi confiesa claramente su accionar en una versión totalmente contradictoria con las de Barak y Ashkenazi. (1) “Hay tres elementos imposibles de separar: el pueblo de Israel, la tierra de Israel y la Tora de Israel. Cuando están unidos, tenemos la promesa de Dios que nos cuidará. Nosotros somos un pueblo que vivirá solo y no tendremos en cuenta los no judíos” Ante la pregunta si es posible que los palestinos continúen sin derechos políticos responde: “Sí, no veo ninguna solución política. Es un proceso anti natural”.

Según sus afirmaciones, su principal cometido en su trono de juez imparcial fue la de convertir unas 100 mil hectáreas de Cisjordania (casi un 20% de todo el territorio) en tierras públicas. El proceso incluyó su confiscación de palestinos, los propietarios originales, para poder ser transferidas a colonizadores judíos. Para sus oscuros propósitos de conquista territorial, Agassi, adicto creyente judío residente de una de esas colonizaciones judías en Cisjudea, no tuvo ningún prejuicio en tirar por la borda los humanistas valores de la religión y el Estado judío para basarse en una ley que los turcos impusieron en la región en el año 1858. Según dicha norma, dueño de tierra que no la trabaja pierde el derecho de propiedad hacia aquel que la trabajó durante cierto tiempo. A Agassi mucho no le importó que los palestinos estuvieran imposibilitados de trabajar sus tierras por limitaciones de los colonizadores judíos o el mismo ejercito israelí (2)

Los condecorados generales, tanto Barak como Ministro de Defensa, y Ashkenazi como Comandante en Jefe del Ejercito, saben muy bien que en sus altos cargos están subordinados y operan solo como engranajes de una gran maquinaria de conquista territorial encabezada por rabinos fanáticos y líderes de la colonización judía de Cisjudea quienes se preocupan para que asignen a sus agentes en los puntos neurálgicos de las decisiones. Barak y Ashkenazi tienen la plena libertad de hacer declaraciones. Los hechos los fijan oficiales tales como Agassi u otros como él.

Ojala me equivoque

(1) “Una charla con un juez en la monarquía de la conquista”, Miron Rapoport,  Haoketz 29-10-2009

(2) “Oficializando la usurpación de tierras” Asociación de defensa de los derechos humanos de Israel 1-12-08     

 

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 9-11-09

http://daniel.kupervaser.com/blog/

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