A Israel le chorrean lágrimas de cocodrilo

La ilusoria calma que caracterizaba las negociaciones de los últimos meses sobre una posible renovación de los encuentros entre las partes del conflicto palestino israelí fue repentinamente conmovida por una sorpresiva aunque conocida iniciativa de los palestinos. Tras un sin fin de veladas estériles, promesas incumplidas y palabras huecas, el ambiente sufrió un sacudón cuando los palestinos desenvainaron la vieja idea de la proclamación unilateral de la independencia de su Estado dentro de los límites del 4 de junio de 1967, incluyendo Jerusalén Oriental como su capital. A diferencia de un similar y malogrado intento de años atrás, en esta oportunidad los palestinos estimaron que podrían beneficiarse de ese ansiado aunque escurridizo respaldo de Obama y los europeos. Los palestinos, la parte significativamente débil del conflicto, ponen en escena un acto de desesperación tratando de conmover la mayoría del mundo para que se apiade de ellos y abandone las posiciones pro israelíes que tan dócilmente adopta.  

A quien menos le causó gracia la idea es al gobierno de Israel.  El primer ministro Benjamín Netanyahu, advirtió a los palestinos que no declaren un Estado independiente de forma unilateral porque, en esa circunstancia, “también Israel tomará decisiones unilaterales”.”No hay alternativa a las negociaciones entre Israel y la Autoridad Palestina. Cualquier camino unilateral deshilvanará los acuerdos que hay entre nosotros y conducirá únicamente a que Israel también tome decisiones unilaterales”, dijo Netanyahu en una cena de gala con los participantes del Foro Sabán, en Jerusalén. Según el primer ministro, “la única forma de alcanzar la paz es mediante la resolución de los problemas alrededor de la mesa de negociaciones”(1)

No cabe duda que la iniciativa palestina está lejos de ser categorizada como diplomáticamente correcta, aunque para cualquier analista con visión y memoria de los acontecimientos de las últimas décadas en la región el proyecto palestino le puede resultar muy comprensible. De la misma manera es comprensible el desagrado por parte de los líderes de Israel. Lo que particularmente llama la atención es la desfachatez y la arrogancia en los argumentos de Israel.

Hace 61 años Israel declaró su independencia sin consultar a nadie y durante los últimos 42 años,  por medio de innumerables hechos unilaterales, les pisotea los derechos civiles a los palestinos y, repentinamente, derrama lágrimas de cocodrilo cuando ellos programan su declaración unilateral de independencia. Israel sigue exigiendo los derechos de un pueblo elegido y con título de nobleza internacional para continuar, sin consultar a nadie, usurpando y colonizando ilegalmente territorio conquistado en guerra.

Nataniahu continuó su discurso con declaraciones de alto contenido hipócrita. “Quiero aclarar que nosotros no ponemos condiciones a los palestinos para sentarnos a negociar….no hay ninguna razón para desperdiciar el tiempo”. Efectivamente, Natanihau no desperdicia el tiempo y bajo el lema “no imponer condiciones” la colonización civil judía de Cisjordania por medio de la construcción legal e ilegal prosigue a todo vapor.  Quien viaje por Cisjordania en estos días de un virtual congelamiento de la edificación, podrá comprobar el imponente operativo de construcción con un único objetivo: fijar unilateralmente el predominio judío sobre el territorio de Cisjordania hasta convertirla en Cisjudea.

Derramar lágrimas de cocodrilo es un mecanismo de defensa que caracteriza el discurso israelí en otro ángulo del conflicto regional. Desde el primer ministro hasta el último de sus funcionarios, en Israel no se cansan de exigir del mundo drásticas sanciones, inclusive operativos militares, contra Irán en su carrera en pos del poder nuclear. Por supuesto que muy pocos países del mundo son capaces de reprocharle a Israel que hasta el día de hoy se niega a firmar los tratados internacionales de no proliferación de armas nucleares y de destrucción masiva. De más esta decir que Israel no permitió en ninguna oportunidad que inspectores de las Naciones Unidas examinen en su interior ciertas plantas destinadas oficialmente a la investigación de la energía atómica en Dimona y otras localizaciones.

Si el mundo continúa apiadándose del llanto israelí sin ninguna otra consideración, se mantendrá en vigencia la política de Bush: los conflictos se administran y no se resuelven.

Ojala me equivoque.

(1) Aurora Digital, 16-11-09

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 16-11-09

http://daniel.kupervaser.com/blog/

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