La ruta como corpiño de la doncella

La autopista numero 1 de Israel une de oeste a este los dos puntos geográficos más importantes del país: Tel Aviv y Jerusalén. Ya a principios de la década de los 80 del siglo pasado el rápido crecimiento del parque automotor la convirtió en insuficiente para captar el persistente incremento en el transito. La solución fue rápida y sencilla. Construir una nueva autopista, paralela a la primera, aunque sobre un trayecto que atraviesa en parte los territorios de Cisjordania. Sin demora se dio la orden de confiscar las parcelas correspondientes. Palestinos dueños de las tierras confiscadas apelaron ante la Corte Suprema pero su recurso de amparo fue rechazado a raíz de la declaración del comandante militar de la región quien aseguró que la ruta se construía, entre otros motivos, también en beneficio de todos los palestinos pobladores de las aldeas en toda su extensión. Así se construyó la ruta 443 que une Tel Aviv con Jerusalén, en un recorrido que cruza territorio palestino.

A principios de la década del 2000, con el estallido de la Intifida palestina, esta ruta fue sitio donde se cometieron varios atentados con víctimas mortales israelíes. La respuesta de los mandos militares fue drástica y terminante con los palestinos. Se les prohibió el tránsito en dicha vía cerrando físicamente el acceso a un gran número de aldeas a lo largo de su recorrido. La carretera se convirtió en una autopista solo para judíos.

Como ya fue demostrado en varias oportunidades, no es que entre judíos no hay terroristas capaces de cometer crímenes. Tampoco se puso en práctica el compromiso esencial de todo ejército que domina militarmente un territorio bajo conflicto y regido por leyes internacionales (como es el caso de Cisjordania): permitir el normal desenvolvimiento de las actividades de los habitantes de la región, inclusive bajo un régimen de control de seguridad estricto y común hacia todos por igual. Para el ejército israelí, en Cisjordania hay un patrón a quien se asiste en todo lo posible: los colonos judíos, y hay un subordinado quien es el último que se tiene en cuenta: los palestinos.

La Sociedad Israelí de Defensa de los Derechos Humanos, junto con pobladores de seis aldeas árabes palestinas de la región, presentaron una nueva demanda ante la Corte Suprema exigiendo el libre tránsito por la ruta 443. En un histórico y significativo fallo los jueces del alto tribunal israelí determinaron que el ejército transgredió leyes internacionales al implementar medidas tan discriminatorias hacia la población palestina de la región ordenando su apertura a todos en un período de seis meses.

El juez Fogelman dictaminó: “Con estas limitaciones la ruta 443 se convierte, en la práctica, en un camino destinado al uso exclusivo de vehículos israelíes cuyo destino principal es el tramo Tel Aviv – Jerusalén y de regreso, es decir, para satisfacer solamente necesidades internas israelíes”. Posteriormente agregó: “No se trata de un camino destinado a servir la población local sino a beneficiar al Estado que domina. Este tipo de ordenamiento está totalmente por encima de la autoridad del comandante militar de la zona y transgrede normas legales internacionales con referencia al dominio militar de una región en conflicto”.

Las respuestas inmediatas ponen de manifiesto las desviaciones conceptuales de normas básicas de igualdad ante la ley por parte del ejército y los sectores allegados a los colonos judíos de Cisjordania. Sin darse a conocer, sectores allegados al ejército hicieron trascender su total desacuerdo con el fallo que permitirá, según su visión futura, el acercamiento de los terroristas palestinos de manera que podrán penetrar fácilmente a Israel a los efectos de llevar a cabo actos terroristas y escaparse en minutos. Los sectores políticos que circundan a los colonos israelíes ya proyectan leyes que permitan la segregación racial en los caminos de Cisjordania o directamente proponen modificar el número de jueces de la Corte Suprema a los efectos de obtener fallos en su favor.

Lamentablemente no es la primera vez que el ejército o los servicios de seguridad israelíes pisotean normas básicas de igualdad aduciendo su sagrada misión de garantizar seguridad, especialmente en todo lo relacionado con transporte. Aparte de fijar otras rutas solo para transito de judíos, un par de años atrás los servicios de seguridad mostraron la hilacha racista cuando prohibieron el vuelo de árabes ciudadanos de Israel de Kiriat Shmona por un desperfecto temporario del detector de metales del aeropuerto. Por supuesto que los judíos continuaron volando normalmente, a pesar de que las evidencias históricas demuestran que estos últimos acumularon suficientes medallas en la liga del terrorismo.

El fallo pone de manifiesto nuevamente que muy bien actúan todos aquellos que dudan de la veracidad de las declaraciones de los generales y el ministro de defensa cuando insisten en catalogarse como el ejército más moral del mundo. Nadie limita a los responsables de la seguridad en imponer cualquier medida en Cisjordania, siempre y cuando responda a las leyes internacionales y las órdenes sean igualitarias para todos los habitantes. Si un judío de Tel Aviv quiere viajar a Jerusalén por la ruta 443, pues que esté dispuesto a que lo detengan siete veces en los puestos de control militar y le revisen hasta los calzoncillos, como se hace a los palestinos. Y si no le gusta, que viaje por cualquier otra ruta que no pase por Cisjordania.

El ejército se comporta en las rutas de Cisjordania como una atractiva doncella y su corpiño. Le encanta relucir su pecho “con” pero se quiere sentir “sin”. El ejército quiere aparecer muy reluciente y esplendoroso ante la población judía y colonos con un poder sin límites en sus manos, pero no quiere sentir la responsabilidad hacia la población nativa de palestinos. Lamentablemente la realidad nos demuestra día a día algo que los generales de Israel se empecinan en no comprender: no hay conquistas de lujo.

Si bien el fallo del alto tribunal israelí declaró ilegal el orden impuesto por el ejército en la ruta 443 ordenando su cancelación, esto no implica necesariamente su cumplimiento. La experiencia del pasado con decisiones parecidas nos enseña que la combinación de intereses entre el ejército y los colonos judíos puede dar lugar a excusas, postergaciones e invenciones muy originales que en la práctica dejen sin efecto la decisión de los distinguidos jueces.

Ojala me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 5-1-2010

http://daniel.kupervaser.com/blog/

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