El nacionalismo religioso israelí: de la blanca paloma al lobo feroz

Tras la exigencia egipcia a Naciones Unidas de retirar de forma casi inmediata sus fuerzas de interposición en el Sinaí, el despliegue de fuerzas egipcias en la frontera y el bloqueo de los estrechos de Tiran, el ejército israelí, temiendo una inminente embestida conjunta de Siria y Egipto, programó en mayo de 1967 un ataque preventivo y solicitó la debida autorización del gobierno. Unánimemente y convencidos del triunfo en los campos de batalla, todos los generales del Comando en Jefe del Ejército, liderados por Ytzhak Rabin, presionaron insistentemente en pos de la orden y se vieron en la necesidad de confrontarse con ministros que abiertamente demandaban la toma de una posición moderada y de contención.

Yzhak Rabín, en su libro “Agenda de Servicios”, detalla los momentos vividos cuando el ministro líder de esta postura lo increpó: “¿Cómo te atreves? ¡Ben Gurión no tuvo esa osadía! ¡Esta guerra pondrá en peligro la existencia de Israel! Explícame: ¿tú realmente crees que el equipo Eshkol-Rabin tiene que ser más audaz, más valiente que el equipo Ben Gurion-Dayan? ¿Por qué? Hasta 1956 los estrechos permanecieron cerrados: ¿Esto puso en peligro la seguridad de Israel? Absolutamente No. Yo entiendo que si nos atacan debemos luchar por nuestras vidas, pero ¿tomar la iniciativa de una guerra? ¿Por nuestras propias manos asestarnos esta maldición? ¿Ustedes quieren ser los responsables de hacer peligrar a Israel?” (1)

Estas ardientes exigencias de prudencia, tolerancia y anti belicismo no salieron de boca de un ministro del Laborismo conciliador, tampoco del grupo de Liberales Independientes y ni siquiera de algún ministro del partido Mapam, de declarada tendencia de izquierda. Quien es responsable es nada menos que Moshe Haim Shapira, el máximo líder del partido Religioso Nacional Mafdal.

Esta actitud no fue sorpresa para nadie. Durante las escaramuzas y hostilidades que precedieron por meses la guerra de los 6 días, el Ministro del Interior Shapira exigió evitar la toma de posiciones provocativas, abstenerse de represalias automáticas por medio de la fuerza aérea, inclusive cuando aldeas israelíes sean bombardeadas, apoyó el fortalecimiento de medios defensivos en las fronteras y se opuso a una movilización exagerada de reservas para no despertar una sensación de guerra en la población.

La guerra de los 6 días, y sobre todo sus resultados, son un punto de inflexión en el desarrollo del Estado de Israel y los acontecimientos que se sucedieron en la dirección del Partido Religioso Nacional reflejan ese drástico giro de las posturas políticas y estratégicas tradicionales. La tradicional concepción de Ben Gurión que lo más importante para la autodeterminación del pueblo judío es disponer de un territorio libre, no importa si es del tamaño de un pañuelo, es reemplazada por la aspiración fundamentalista del gran Israel. La consigna que venerar la vida predomina a la devoción por la tierra es suplantada por la conquista territorial a todo precio, inclusive discriminando y pisoteando derechos básicos de población nativa palestina.

A partir de ese momento el Partido Religioso Nacional se convirtió en un prolifero caldo de cultivo donde se reprodujeron los promotores de las iniciativas más trágicas y nefastas de la historia moderna de Israel. El grupo de colonización Gush Emunim bajo la incitación y apoyo de Ariel Sharon se lanza a una grandiosa campaña de cubrir de asentamientos civiles judíos los territorios conquistados en la guerra usurpando tierras palestinas bajo la protección del ejército y embaucando instancias oficiales y judiciales.

Insatisfechos del accionar de las autoridades competentes, distintos grupos e individuos allegados o fuertemente identificados con grupos religiosos nacionales y colonos judíos decidieron hacer justicia por sus propias manos y en distintas oportunidades llevaron a cabo ataques terroristas causando muertos y heridos en la población palestina.

Dirigentes, rabinos y  prosélitos del Partido Religioso Nacional consideraron una traición los acuerdos con los palestinos firmados en Oslo en el año 1993 por Ytzhak Rabin. Esos discursos fueron suficientes para crear el ambiente adecuado para que un allegado se armara de un revolver y asesine al Primer Ministro de Israel.

Destacados rabinos, todos ellos simpatizantes de los marcos del nacionalismo religioso, dieron a conocer declaraciones, publicaron libros o arengaron a soldados, todas acciones en donde brotaba el odio hacia los árabes, la justificación de víctimas civiles en enfrentamientos militares, e inclusive, incitaban al asesinato de niños del enemigo aduciendo que en el futuro pueden convertirse en serios adversarios.

Ante contadas y vacilantes acciones de represión del ejército para desalojar colonos que construyen asentamientos ilegales sobre terrenos usurpados de sus legítimos propietarios palestinos, estos colonos no dudan en llevar a cabo cobardes acciones de represalia contra inocentes palestinos, inclusive el incendio de una mezquita, en actos catalogados como “cobro de precio de etiqueta”.

Últimamente quedo demostrado en varias oportunidades que los jóvenes soldados de este sector no tienen el mas mínimo temor en rebelarse públicamente ante los mandos legales del ejercito aduciendo que las ordenes de los rabinos preceden.

Este darse vuelta político y estratégico de los sectores religiosos nacionales fue acompañado de un fenómeno muy paradójico. Como fuerza electoral, el Partido Religioso nacional fue perdiendo paulatinamente posiciones y de 12 miembros del parlamento vestidos de blanca paloma en la década del 60, en las últimas elecciones conquistaron tan solo 3 miembros con imagen de un lobo feroz.  Por el contrario, desde el punto de vista político lograron exitosamente que la mayoría de la población judía de Israel y del mundo se identifique plenamente con sus convicciones de manera que hoy en día son parte casi inseparable de lo que se denomina el consenso nacional.

La farsa política de Natanihau comprometiéndose ante Obama por la solución de dos estados para dos pueblos y un pseudo congelamiento de la construcción mientras que en la práctica la edificación en Jerusalén Oriental y en Cisjordania continúa a todo vapor, son una clara demostración que pese a las airadas protestas, la concepción básica del nacionalismo religiosa es el motor que mueve la sociedad israelí en el conflicto con los palestinos. Lamentablemente no se vislumbra ninguna alternativa real en un futuro cercano.

Ojala me equivoque

(1) Ami Gluska, “Eshkol, da la orden” Editorial Ministerio de Defensa de Israel 2004

     Tom Segev, “1967, y el país cambió de fisonomía” Editorial Keter, 2005

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 10-1-2010

http://daniel.kupervaser.com/blog/

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