La indignación kosher

Una ola de inusitadas e imprevistas manifestaciones de protesta social sacude Israel las últimas semanas. Décadas de un profundo letargo junto a una apatía generalizada crearon las condiciones apropiadas de un  lucro político y económico para quienes poseían las riendas del poder en sus manos. “Finalmente nos despertamos” dice Roi Arad en el diario Haaretz de hoy.

Unos pocos jóvenes con su iniciativa de expresar en una sencilla página de Facebook su disconformidad con el exorbitante precio que las redes de supermercados fijaron al pote de queso cottage local, se transformó súbitamente en un movimiento general de protesta social por la extorsión económica de los grandes monopolios de la alimentación sobre la población trabajadora de Israel.  Este destape se convirtió en la mecha que encendió y reavivo otras protestas llegando a crear una situación aparentemente nueva en la obediente y silenciosa sociedad israelí. Al descontento del precio del queso cottage se le sumó una generalizada manifestación de jóvenes que se instalaron en ciudades centrales del país en campamentos de carpas como protesta por los elevados precios de alquiler y compra de vivienda. El sindicato de médicos, que mantiene vivo un viejo conflicto por sus salarios y condiciones de la medicina pública, aprovechó la circunstancia y agravó las medidas de fuerza.  

Para muchos analistas, estos acontecimientos son el indicativo que la sociedad israelí pasó a una nueva etapa en donde el activismo de los distintos grupos sociales condicionará la gestión del poder central en el futuro. La coincidencia con movimientos de rebelión político-social que se suceden paralelamente en los países árabes de la región bajo la denominación “primavera árabe” incentiva la imaginación de los distintos expertos que no dudan en ubicar a Israel en un proceso similar. La indignación kosher aterrizó a Israel.

“Seis meses después que la plaza Tajrir  (liberación) de El Cairo se convirtió en sinónimo de cambio regional, manifestaciones de protestas alentadas por páginas de Facebook llegan a otra ciudad de medio oriente: Tel Aviv” (New York Times). Para el Guardian inglés, “los acontecimientos en Tel Aviv no son más que el eco de la táctica de manifestaciones pro democráticas de la región” (1)

Es de suponer que la realidad israelí se encargará de demostrar en poco tiempo que estas apreciaciones fueron pronósticos redactados apresuradamente, pecan por su simpleza, y sobre todo, por el desconocimiento del carácter especial de la sociedad israelí, la sociedad del estado judío.

No se necesita ser un gran especialista en la materia. Basta citar a un prominente líder del partido Likud. “Estas protestas no tienen la mínima influencia real sobre la popularidad de Netanyhau, de los ministros del gobierno o del partido Likud. ¿Quién se acordó en las últimas elecciones de la protesta de los enfermos de cáncer que conmovió al país unos meses antes? Nadie se vengó del partido Kadima o de cualquier otro partido, por aquella protesta pública, pese a que los valientes enfermos de cáncer recibieron un amplio apoyo popular debido al corte drástico del presupuesto de la canasta oficial de medicinas esenciales para evitar su muerte segura. La protesta de las carpas de hoy es mucho menos significativa. (2)

No cabe duda que en Israel no debe haber líderes más duchos en el manejo político que los del Likud y de sus camaradas del lado derecho del mapa político israelí. Ellos sabrán manipular los sentimientos del pueblo judío y la opinión pública para orientar la ira popular en contra de los partidos de izquierda como responsables de la situación pese a que lideres originarios del Likud estuvieron al frente de 26 años de gobierno de Israel de los últimos 34 años.

Un gobierno como el de Netanyhau, cuyos objetivos primordiales es la defensa de los intereses económicos de los pocos magnates que controlan la economía del país (ver: “Mientras tecnócratas ordeñan al pueblo, unos pocos magnates beben la leche”  http://daniel.kupervaser.com/blog/?p=456 ) y el mantenimiento del status quo en Cisjordania que permita la ampliación permanente de la colonización judía, no va a admitir ninguna rebelión social o política que frene sus programas. Con mucha probabilidad la sociedad continuará siendo sumisa al poder central y el activismo social profundamente adormecido por una potente inyección de anestesia política. La indignación kosher no tiene posibilidades de grandes cambios en el comportamiento social y político de la población de Israel. Máximo, por un corto periodo dará oportunidad de buenos titulares en los periódicos

Ojala me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel  http://daniel.kupervaser.com/blog/

(1) “El mundo se fija en el Boulevard Rothschild y piensa en la plaza Tajrir”, Ynet, 21-7-2011. En Boulevard Rothschild de Tel Aviv se instaló el campamento de carpas de protesta más grande del país.

(2) “Prominente líder del partido Likud: La protesta de las carpas va a ser olvidada como la lucha de los enfermos de cáncer” Haaretz, 20-7-2011

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