Licitación de sillón ministerial

Cumplido el plazo de presentación de listas para las próximas elecciones en Israel, el panorama y pronóstico, salvo hecatombe o guerra imprevistas, quedaron más o menos enmarcados dentro de límites muy estrechos. Según la mayoría de sondeos de opinión, se vaticina que el bloque de derecha que compone la actual coalición gobernante liderada por el Likud con Netanyahu a la cabeza logre repetir la hazaña de las elecciones anteriores con mayoría que le permita formar nuevamente gobierno.

Si bien esta previsto que Netanyahu felizmente se enfrente con una holgada situación post electoral, es de suponer, muy probablemente, que no cometa el error de volver a formar gobierno con la misma coalición que finalizó su segunda cadencia como Primer Ministro. Delante de Netanyahu dos grandes retos que debe enfrentar sin ninguna dilación.

El primero y más urgente es la imperiosa necesidad de un inmediato recorte presupuestario por un gigantesco importe que oscila entre 4 a 5 mil millones de dólares. Con seguridad no se borró de su memoria el fallido intento meses atrás con el mismo objetivo y con la misma coalición lo que necesariamente  determinó la necesidad de adelantar las elecciones.

Atento a su táctica de colonización con avances moderados tratando de evitar confrontaciones con potencias amigas, el segundo desafío que enfrenta Netanyahu es tratar de corregir la problemática imagen de Israel como consecuencia de la limpieza ideológica de su partido que se convirtió en un nido de extremistas intransigentes y promotores de una colonización desenfrenada de Cisjordania.

Pese a que los adversarios más relevantes de Netanyahu proclaman como disyuntivas reales – “o Bibi o Tzipi”. “o Bibi o Sheli” – , es prácticamente improbable que alguno o alguna de ellos o ellas pueda llegar a poner en peligro las grandes posibilidades de Netanyahu. Se trata de consignas y dilemas virtuales que salen al aire en el marco del proselitismo pre electoral.

No sería muy equivocado suponer que a las pocas horas de conocidos los resultados de las elecciones, Netanyahu proclame una licitación secreta a los partidos denominados del centro con el codiciado precio de otorgar un mullido sillón ministerial. Esa recompensa será propuesta al partido que ofrezca, en primer lugar, el más ferviente apoyo a una drástica reducción presupuestaria con millones de damnificados, especialmente en las clases débiles. La segunda condición incluye el aporte de la mejor pantalla con imagen pacifista, transigente y democrática a un gobierno plagado de extremistas desaforados a los que Netanyahu trata de sujetar para que no le quiten los pocos derechos que disponen o destierren de inmediato a la mayoría de los palestinos de Cisjordania.

Un claro ejemplo de esta conducta servil nos ofreció Ehud Barak durante los últimos 4 años tanto a la cabeza del partido Avoda como de su escisión Hatzmaut. Ante todo el mundo proclamaba la predisposición a negociar con los palestinos, pero en casa solo balbuceaba cuando Netanyahu sepultó por años el proceso.

Nadie se debe sorprender si los asistentes de Tzipi Livni del partido Tnua, Shaul Mofaz de Kadima, Sheli Yejimovich de Avoda o Yair Lapid de Yesh Atid salen corriendo al mismo tiempo en búsqueda del pliego de la licitación.  Cada uno de estos candidatos, con seguridad, está convencido que el futuro les depara únicamente dos posibilidades: o se pliega a la coalición de Netanyahu como socio minoritario con insignificantes o muy pocas posibilidades de influenciar dentro del gobierno o permanece en el triste y solitario desierto de la oposición. No en vano ninguno de ellos hasta el día de hoy se quiso comprometer claramente a no plegarse bajo ninguna condición a la coalición liderada por Netanyahu. El poder de atracción de un sillón ministerial es capaz de inducir a dejar lejos en un sótano perdido todos los principios de su plataforma política. Los argumentos suelen ser una obra de arte lingüística.  

La traición a promesas electorales de un partido para plegarse a coalición liderada por el adversario político apenas conocidos los resultados de elecciones bajo el pretexto que solo se puede influir en las decisiones cuando se es parte del gobierno fue patentado por dos prestigiosos personajes en Israel: Shimon Peres y Ehud Barak, ambos del partido Avoda. No en vano este partido dejó de ser mayoritario y casi desaparece del mapa político de Israel.

Daniel Kupervaser  

Herzlya – Israel  8-12-2012

http://daniel.kupervaser.com/

 

3 Comments on Licitación de sillón ministerial

  1. lidia ostrovsky // December 8, 2012 at 10:44 pm // Reply

    DANIEL, muy bueno el articulo, !!!excelente!!!

  2. Gracias Daniel,coincido en lo exelente de tu nota problemática elección,un abrazo, Inés

  3. Muy bueno el articulo!
    Danny, como vos siempre decis, “Ojala te equivoques”. Lamentablemente, no creo que te vas a equivocar. Ya deben andar esos politiqueritos como abejas alrededor de la flor(Bibi).

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