Dilución étnica

En su discurso ante la comunidad de etíopes judíos en Israel con motivo de sus festividades de Sigad, el Primer Ministro Netanyahu se dirigió a los presentes en los siguientes términos: “Yo sé que el camino a Israel y su inserción en ella no siempre fueron fáciles, pero vuestra integración en muchos rincones de la sociedad es digna de admiración. Ya transcurrieron casi 30 años desde que comenzó vuestro retorno a Israel. Junto a  Primeros Ministros como Begin y Shamir, me siento muy orgulloso por el derecho que se me otorgó de conducir esta comunidad a Israel, preocuparme por su bienestar, integración y convertirlos en parte de la sociedad israelí.”[1]

No cabe duda que los energéticos funcionarios gubernamentales y de instituciones judías internacionales a cargo de esta misión ya de tiempo atrás tienen muy en claro y se preocupan por cumplir al pie de la letra ese propósito de convertirlos en parte de la sociedad israelí. En ese marco, aparentemente, un aspecto muy específico centralizó la atención especial de los representantes del establishment oficial. Da la impresión que el patronazgo hacia grupos débiles, tan característico de la sociedad israelí, no les permitía admitir la presencia y reproducción de un grupo étnico con una marcada tradición de natalidad prolífica en familias cuya característica sobresaliente es su tez oscura. Esta peligrosa combinación podría desequilibrar en el futuro la armonía cromática del paisaje semi occidental de Israel.

La periodista Gal Gabai proyectó en el Canal de la TV Educacional un informe documental donde pone al descubierto “la aplicación de una norma repulsiva por parte de la organización American Jewish Joint que instó a mujeres judías en el campamento transitorio en Etiopia, antes de emigrar a Israel, a recibir la inyección Depo Provera cada 3 meses  para evitar embarazos. El tratamiento continúa en Israel, solo para etíopes, en un orden que se asemeja a una limpieza étnica, solo sin sangre ni cuerpos muertos”[2]

El anticonceptivo Depo Provera es un producto muy discutido por sus serios efectos colaterales muy dañinos para la mujer, y su uso, en general y más por motivos prácticos, quedó restringido únicamente a mujeres discapacitadas o carentes de control de sí mismas en sus relaciones sexuales, siempre bajo autorización de sus apoderados.

En este caso no estamos frente a casos aislados de mujeres que entran bajo esa categoría, sino que, sin un esclarecimiento adecuado se aplicó una norma a toda una colectividad étnica durante años, tanto en Etiopia como posteriormente en Israel.

El relato de las atrocidades cometidas es espeluznante. “la mayoría de las mujeres procede de aldeas alejadas de toda civilización moderna, sin saber escribir ni leer y de esa manera fueron convencidas o amenazadas para recibir la inyección, con la consiguiente consecuencia que hoy tienen mucho temor de hablar sobre el tema”.[3]

Una de las entrevistadas en Israel atestigua: “nos dijeron que si no recibíamos la inyección no nos permitirían emigrar a Israel, no recibiríamos más ayuda ni tratamiento médico de esa oficina. No entendíamos, esas son normas de otro país. No teníamos alternativa más que recibir la inyección de Depo Provera”[4].

Rajel Mangoli, encargada de la sucursal Wizo – organización de ayuda a mujeres en Israel – de la ciudad de Pardes Katz, se enfrentó con una realidad horrorosa. Con 57 familias etíopes jóvenes bajo su trato, con una tradición de elevada natalidad, durante 3 años fue testigo del nacimiento de solo una niña.

Ante un acto que muchos consideran un claro delito de “racismo bajo el apadrinamiento del estado judío”[5], como es de costumbre en esos casos en Israel, las instituciones vinculadas al tema, American Jewish Joint, Agencia Judía y el Ministerio de Salud de Israel, se tiran la responsabilidad una a la otra. Muy probablemente todo quede en la impunidad.

Estamos frente a un modelo de acción que no se puede interpretar de otra manera más que un desesperado intento de revertir una peligrosa tendencia al oscurecimiento de la piel judía por medio de una dilución étnica forzada. A diferencia del periodismo israelí que se preocupó en denunciar esta hazaña, llama la atención el silencio de los medios de información judíos de la diáspora ante una noticia tan incómoda pero de inmenso significado para comprender las tendencias del judaísmo moderno. Es muy triste comprobar que estos medios aduladores de Israel continúan en estos días gozando de su típica masturbación política con críticas a la otra parte del conflicto difundiendo la noticia de un nuevo perfume con nombre de misil que Hamas lanzó sobre Tel Aviv[6], cuando sus antiparras ideológicas no le permiten ver una sociedad judía que cada día se degenera más, justamente en la antidiscriminación, uno de aquellos valores que significaron el faro de su renacimiento moderno.

Ojala me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 15-12-2012  http://daniel.kupervaser.com/

 

 



[1]  “Netanyahu: Incrementaremos nuestros esfuerzos en la integración de los inmigrantes etíopes”, Arutz 7, 23-11-2011

[2]  “Dilución de la natalidad de los etíopes: una rama de la teoría del racismo”, Ynet, 6-12-2012

[3]  Ynet, 6-12-2012, Idem

[4]  “Mujeres emigrantes de Etiopia: nos amenazaron”, Haaretz, 9-12-2012

[5]  Ynet, 6-12-2012, Idem

[6]  “Sales soar of Gaza perfume named for missiles shot at Tel Aviv by Hamas”, Pág. Web Pilar Rahola, 13-12-2012.

2 Comments on Dilución étnica

  1. tal vez se trate de que algunos funcionarios asumen el derecho de modelar el pais hacia el futuro segun su criterio, con el autoritarismo disfrazado que en general los caracteriza. No van a llamar a referendum, no? Siempre pagan los mas debiles

  2. LLama la atención eso de modelar a su criterio ¿criterio? ¿cual? ¿se llamará criterio o sólo horror?, un abrazo,Inés

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