Convivir con un Irán atómico: Reuven Pedatzur

Durante los 65 años de existencia del Estado de Israel, hasta los más renombrados historiadores difícilmente puedan encontrar otra insólita similitud de posiciones entre la izquierda y derecha para criticar sin compasión las posiciones del Primer Ministro en una temática tan significativa como lo es el discurso de Netanyahu en la última Asamblea Anual de Naciones Unidas concentrado en el desarrollo de armas atómicas iraníes. Días atrás traduje y difundí una entrevista sobre el tema a Arie Eldad, ex parlamentario y fiel representante del núcleo dura de la derecha israelí. En esta oportunidad se trata de, Reuven Pedatzur, cuya visión se puede señalar como cercana a la izquierda. Ambas personalidades coinciden en calificar las amenazas de Netanyahu de atacar Irán como huecas y sin respaldo serio y tanto el mundo como Israel deben comenzar a acostumbrarse a la idea que será necesario convivir con un Irán atómico.

Daniel Kupervaser

Convivir con un Irán atómico: Reuven Pedatzur

Desde el momento en que Netanyahu detalló en las Naciones Unidas las medidas que Irán debe tomar para satisfacer las condiciones de Israel, el Primer Ministro israelí dio a entender, en la práctica, que un ataque militar israelí es inevitable. A esta conclusión se arriba debido a que no hay ninguna posibilidad que Irán responda positivamente a las cuatro exigencias que Netanyahu les presentó. Más aun, la probabilidad que el gobierno norteamericano demande de Irán el cumplimiento de tales imposiciones es casi nula. Netanyahu lo entiende muy bien. El sabe que al final se quedará solo frente a Irán con los requisitos que puso sobre la mesa.

De esta manera Netanyahu acorraló a Israel y se hizo cargo de un compromiso que dificilmente podrá cumplirlo. Está claro que podría haberse conformado con expresiones generales como por ejemplo: “de Irán esperamos hechos no discursos”, pero el eligió detallar. Según Netanyahu, las cuatro medidas que Irán se debe obligar a llevar a cabo son: terminar con el enriquecimiento de uranio, sacar fuera del país el uranio que ya fue enriquecido, desmantelar toda la infraestructura que permite acelerar el desarrollo nuclear, entre ellos las instalaciones subterráneas y las modernas centrifugas, y por último, paralizar los trabajos en el reactor de aguas pesadas de Arak, destinado a producir plutonio. Solamente por medio de estas disposiciones “el plan de desarrollo nuclear de Irán llegará a su fin y terminará con toda posibilidad de salir adelante”.

Es muy difícil entender los motivos por los cuales Netanyahu incorporó estas cuatro condiciones en su discurso, salvo que él personalmente, de verdad, tiene intenciones de conducir Israel a tomar la decisión de atacar.  Está claro que en los próximos meses, después de iniciadas las negociaciones entre EE.UU e Irán, va a saltar a la vista que los iraníes no tienen ninguna intención de cumplir las condiciones que le impuso Netanyahu, pero tampoco hay intención norteamericana alguna de imponérselas. Entonces la palabra de Netanyahu estará bajo la lupa y el fracaso asegurado.

Se debe prestar atención que el discurso de Netanyahu no incluyó ni una palabra a la opción de un ataque militar norteamericano. Es decir, Netanyahu entiende que no hay ni la posibilidad más remota de concretarla. Por lo tanto acentuó: “no hay lugar a malos entendidos. Israel no permitirá que Irán consiga armas atómicas, y si inclusive tiene que enfrentarlo solo, Israel lo hará”.

Cuando el Primer Ministro amenaza que Israel atacará Irán sin la ayuda de nadie, esto es una amenaza hueca. Israel no tiene una opción militar real. Netanyahu escucha esto permanentemente de todos los ámbitos profesionales que tendrían a su cargo el operativo. Un ataque israelí puede ciertamente causar ciertos daños a algunas instalaciones nucleares iraníes, pero en el mejor de los casos solo podrá postergar los planes del desarrollo de la bomba por un corto plazo. Está claro que Netanyahu no puede ordenar el ataque en tanto y en cuanto continúen las negociaciones con Irán. Esto puede perdurar mucho tiempo durante el cual se continuará desgastando la autenticidad de una amenaza militar israelí.

El elemento trágico en el discurso de Netanyahu en la Asamblea Anual de la ONU se manifestó cuando pidió a viva voz “sujétenme”, sobre todo cuando quedó claro  que en realidad nadie está interesado en “sujetarlo” y sus amenazas de bombardear Irán fueron interpretadas como un capricho de un líder histérico que trata de detener con fuerza militar un proceso histórico positivo. Netanyahu es visto como una persona problemática que podría, según lo dice un editorial de New York Times, sabotear las mejores posibilidades de renovar las relaciones entre EE.UU e Irán.

Todo lo dicho no implica que Netanyahu tiene razón en su evaluación que Irán no tiene ninguna intención seria de ceder a su opción atómica. Aun si Netanyahu dice la verdad, tiene que comprender la necesidad de “cambiar diskette” y comenzar a pensar seriamente como se convive con un Irán atómico.

Diario Haaretz, 7-10-2013

Traducción: Daniel Kupervaser

3 Comments on Convivir con un Irán atómico: Reuven Pedatzur

  1. Ángel Catena // October 8, 2013 at 6:58 pm // Reply

    El artículo está muy acertado. Interpreta muy bien el nuevo mapa de relaciones que se está dibujando en Oriente Medio.
    Gracias

  2. Daniel, lee este articulo de Pilar
    Judíos de seis brazos
    Por Pilar Rahola

    Lunes por la noche, en Barcelona. En el restaurante, un centenar de abogados y jueces. Se han reunido para oír mis opiniones sobre el conflicto de Oriente Medio. Saben que soy un barco heterodoxo, en el naufragio del pensamiento único que impera en mi país, sobre Israel. Quieren escucharme. Alguien razonable como yo, dicen, ¿por qué se arriesga a perder la credibilidad, defendiendo a los malos, a los culpables? Les digo que la verdad es un espejo roto, y que todos tenemos algún fragmento. Y provoco su reacción: “todos ustedes se creen expertos en política internacional, cuando hablan de Israel, pero en realidad no saben nada. ¿Se atreverían a hablar del conflicto de Ruanda, de Cachemira, de Chechenia?”. No. Son juristas: su terreno no es la geopolítica. Pero con Israel se atreven. Se atreve todo el mundo. ¿Por qué? Porqué Israel está bajo la permanente lupa mediática y su imagen distorsionada, contamina los cerebros del mundo. Y, porqué forma parte de lo políticamente correcto, porqué parece solidario, porqué sale gratis hablar contra Israel. Y así, personas cultas, cuando leen sobre Israel están dispuestas a creerse que los judíos tienen seis brazos, como en la Edad Media creían todo tipo de barbaridades. Sobre los judíos de antaño y los israelíes de hoy, todo vale.

    La primera pregunta, pues, es porqué tanta gente inteligente, cuando habla sobre Israel, se vuelve idiota. El problema que tenemos quienes no demonizamos a Israel, es que no existe el debate sobre el conflicto, existe la pancarta; no nos cruzamos ideas, nos pegamos con consignas; no gozamos de informaciones serias, sufrimos periodismo de hamburguesa, fast food, lleno de prejuicios, propaganda y simplismo. El pensamiento intelectual y el periodismo internacional, ha dimitido en Israel. No existe. Es por ello que cuando se intenta ir más allá del pensamiento único, pasa a ser sospechoso, insolidario y reaccionario, y es inmediatamente segregado. ¿Por qué?

    Hace años que intento responder a esta pregunta: ¿por qué? ¿Por qué de todos los conflictos del mundo, solo interesa éste? ¿Por qué se criminaliza un pequeño país, que lucha por su supervivencia? ¿Por qué triunfa la mentira y la manipulación informativa, con tanta facilidad? ¿Por qué todo, es reducido a una simple masa de imperialistas asesinos? ¿Por qué las razones de Israel nunca existen? ¿Por qué nunca existen culpas palestinas? ¿Por qué Arafat es un héroe, y Sharon un monstruo? En definitiva, ¿por qué, siendo el único país del mundo amenazado con la destrucción, es el único al que nadie considera víctima?

    No creo que exista una única respuesta a estas preguntas. Al igual que es imposible explicar completamente la maldad histórica del antisemitismo, tampoco resulta posible explicar la imbecilidad actual del antiisraelismo. Ambas beben de las fuentes de la intolerancia, la mentira y el prejuicio. Si, además, aceptamos que el antiisraelismo es la nueva forma de antisemitismo, concluimos que han cambiado las contingencias, pero se mantienen intactos los mitos más profundos, tanto del antisemitismo cristiano medieval, como del antisemitismo político moderno. Y esos mitos han desembocado en el relato sobre Israel. Por ejemplo, el judío medieval que mataba niños cristianos para beber su sangre, conecta directamente con el judío israelí que mata niños palestinos, para quedarse sus tierras. Siempre son niños inocentes y judíos oscuros. Por ejemplo, los banqueros judíos que querían dominar el mudo a través de la banca europea, según el mito de los Protocolos, conecta directamente con la idea de que los judíos de Wall Street dominan el mundo a través de la Casa Blanca. El dominio de la prensa, el dominio de las finanzas, la conspiración universal, todo aquello que configuró el odio histórico contra los judíos, desemboca hoy en el odio a los israelíes. En el subconsciente, pues, late el ADN antisemita occidental, que crea un eficaz caldo de cultivo. Pero, ¿qué late en el consciente? ¿Por qué hoy surge con tanta virulencia una renovada intolerancia, ahora centrada, no en el pueblo judío, sino en el estado judío? Desde mi punto de vista, ello tiene motivos históricos y geopolíticos, entre otros el cruento papel soviético durante décadas, los intereses árabes, el antiamericanismo europeo, la dependencia energética de Occidente y el creciente fenómeno islámico.

    Pero también surge de un conjunto de derrotas que sufrimos como sociedades libres y que desemboca en un fuerte relativismo ético.

    Derrota moral de la izquierda. Durante décadas, la izquierda levantó la bandera de la libertad, allí donde existía la injusticia, y fue la depositaria de las esperanzas utópicas de la sociedad. Fue la gran constructora de futuro. A pesar de que la maldad asesina del estalinismo hundió esas utopías y dejó a la izquierda como el rey desnudo, despojada de atuendos, ha conservado intacta su aureola de de lucha, y aún marca las pautas de los buenos y los malos del mundo. Incluso aquellos que nunca votarían posiciones de izquierdas, otorgan un gran prestigio a los intelectuales de izquierdas, y permiten que sean ellos los que monopolicen el concepto de solidaridad.

    También hoy, como ayer, esa izquierda perdona ideologías totalitarias, se enamora de dictadores y, en su ofensiva contra Israel, ignora la destrucción de derechos fundamentales. Odia a los rabinos, pero se enamora de los imanes; grita contra elTzahal (ejército israelí), pero aplaude a los terroristas de Hamás; llora por las víctimas palestinas, pero desprecia a las víctimas judías; y cuando se conmueve por los niños palestinos, solo lo hace si puede culpar a los israelíes. Nunca denunciará la cultura del odio, o su preparación para la muerte, o la esclavitud que sufren sus madres. Y mientras alza la bandera de Palestina, quema la bandera de Israel. Hace un año, en el Congreso de AIPAC en Washington, hice las siguientes preguntas: “¿Qué patologías profundas alejan a la izquierda de su compromiso moral? ¿Por qué no vemos manifestaciones en París, o en Barcelona en contra de las dictaduras islámicas? ¿Por qué no hay manifestaciones, en contra de la esclavitud de millones de mujeres musulmanas? ¿Por qué no se manifiestan en contra del uso de niños bombas, en los conflictos donde el Islam está implicado? … Porqué la izquierda que soñó utopías ha dejado de soñar, quebrada en el Muro de Berlín de su propio fracaso. Ya no tiene ideas, sino consignas. Ya no defiende derechos, sino prejuicios. Y el mayor prejuicio de todos es el que tiene contra Israel. Acuso, pues, de forma clara: la principal responsabilidad del nuevo odio antisemita, disfrazado de antiisraelismo, proviene de aquellos que tendrían que defender la libertad, la solidaridad y el progreso. Lejos de ello, defienden a déspotas, olvidan a sus víctimas y callan ante las ideologías medievales que quieren destruir la civilización. La traición de la izquierda es una auténtica traición a la modernidad.

    Derrota del periodismo. Tenemos un mundo más informado que nunca, pero no tenemos un mundo mejor informado. Al contrario, las autopistas de la información nos conectan con cualquier punto del planeta, pero no nos conectan ni con la verdad, ni con los hechos. Los periodistas actuales no necesitan mapas, porqué tienen Google Earth, no necesitan saber historia, porqué tienen Wikipedia. Los históricos periodistas que conocían las raíces de un conflicto, aún existen, pero son una especie en vías de extinción, devorados por este periodismo de hamburguesa que ofrece noticias fast-food, a lectores que desean información fast-food. Israel es el lugar del mundo más vigilado y, sin embargo, el lugar del mundo menos comprendido. Por supuesto, también influye la presión de los grandes lobbys del petrodólar, cuya influencia en el periodismo es sutil pero profunda. Cualquier mas media sabe que si habla contra Israel, no tendrá problemas. Pero ¿qué ocurrirá si critica a un país islámico? Sin duda, entonces, se complicará la vida. No nos confundamos. Parte de la prensa que escribe contra Israel, se vería reflejada en una aguda frase de Goethe: “nadie es más esclavo que el que se tiene por libre, sin serlo”. O también en otra, más cínica de Mark Twain: “Conoce primero los hechos y luego distorsiónalos cuanto quieras”.

    Derrota del pensamiento crítico. A todo ello, cabe sumar el relativismo ético que define el momento actual, y que se basa, no en la negación de los valores de la civilización, sino en su banalización. ¿Qué es la modernidad? Personalmente lo explico con este pequeño relato: si me perdiera en una isla desierta, y quisiera volver a fundar una sociedad democrática, solo necesitaría tres libros: las Tablas de la Ley, que establecieron el primer código de la modernidad. “El no matarás, no robarás,…” fundó la civilización moderna. El código penal romano. Y la Carta de Derechos Humanos. Y con estos tres textos, volveríamos a empezar. Estos principios, que nos avalan como sociedad, son relativizados, incluso por aquellos que dicen defenderlos. “No matarás”…, depende de quién sea el objetivo…, piensan aquellos que, por ejemplo en Barcelona, se manifestaron con gritos a favor de Hamás. “Vivan los derechos humanos”…, depende de a quien se aplican, y por ello no preocupan millones de mujeres esclavas. “No mentirás”…, depende de si la información es un arma de guerra a favor de una causa. La masa crítica social se ha adelgazado y, al mismo tiempo, ha engordado el dogmatismo ideológico. En ese doble viraje, los valores fuertes de la modernidad han sido substituidos por un pensamiento débil, vulnerable a la manipulación y al maniqueísmo.

    Derrota de la ONU. Y con ella, una rotunda derrota de los organismos internacionales que deben velar por los derechos humanos, y que se han convertido en muñecos rotos en manos de déspotas. La ONU solo sirve para que islamofascistas como Ahmadineyad, tengan un altavoz planetario desde donde escupir su odio. Y, por supuesto, para atacar sistemáticamente a Israel. También contra Israel, la ONU vive mejor.

    Finalmente, derrota del Islam. El Islam de las luces sufre hoy el violento ataque de un virus totalitario que intenta frenar su desarrollo ético. Este virus usa el nombre de Dios para perpetrar los horrores más inimaginables: lapidar mujeres, esclavizarlas, usar embarazadas y jóvenes con retraso mental como bombas humanas, adiestrar en el odio, y declarar la guerra a la libertad. No olvidemos, por ejemplo, que nos matan con móviles vía satélite conectados… con la Edad Media…

    Si el estalinismo destruyó a la izquierda, y el nazismo destruyó a Europa, el fundamentalismo islámico está destruyendo al Islam. Y también tiene, como las otras ideologías totalitarias, un ADN antisemita. Quizás el antisemitismo islámico es el fenómeno intolerante más serio de la actualidad, no en vano afecta a más de 1.300 millones de personas educadas, masivamente, en el odio al judío.

    En la encrucijada de estas derrotas, se encuentra Israel. Huérfano de una izquierda razonable, huérfano de un periodismo serio y de una ONU digna, y huérfano de un Islam tolerante, Israel sufre el violento paradigma del siglo XXI: la falta de compromiso sólido con los valores de la libertad. Nada resulta extraño. La cultura judía encarna, como ninguna, la metáfora de un concepto de civilización que hoy sufre ataques por todos los flancos. Ustedes son el termómetro de la salud del mundo. Siempre que el mundo ha tenido fiebre totalitaria, ustedes han sufrido. En la Edad Media española, en las persecuciones cristianas, en los progroms rusos, en el fascismo europeo, en el fundamentalismo islámico. Siempre, el primer enemigo del totalitarismo ha sido el judío. Y en estos tiempos de dependencia energética y desconcierto social, Israel encarna, en propia carne, al judío de siempre.

    Una nación paria entre las naciones, para un pueblo paria entre los pueblos. Es por ello que el antisemitismo del siglo XXI se ha vestido con el eficaz disfraz del antiisraelismo. ¿Toda la crítica contra Israel es antisemita? No. Pero, todo el antisemitismo actual se ha volcado en el prejuicio y la demonización contra el Estado judío. Un nuevo vestido para un viejo odio.

    Dijo Benjamin Franklin: “donde mora la libertad, allí está mi patria”. Y añadió Albert Einstein: “la vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Este es el doble compromiso aquí y hoy: no sentarse nunca a ver pasar el mal y defender siempre las patrias de la libertad.

    Gracias.

  3. Pilar Rahola se olvida, tal vez por el auditorio al que se dirigía, que no sólo desde la izquierda se critica a Israel que siendo como ella dice, un país tan pequeñito, y luchando por su subsistencia, tiene también unos potentes intereses y una mayoría silenciosa en la que el miedo instigado por sus dirigentes hace suficiente mella como para que se olvide de su pasado de lucha y su modelo de justicia social y siga votando en las elecciones a gente que no les conducen precisamente hacia un acuerdo de paz.
    Se olvida también que siendo tan pequeñito, ha sido siempre utilizado en el juego de las estrategias internacionales como escudo y avanzadilla de dirigentes cuya única inspiración es la defensa de sus intereses económicos y de poder, despreciando el sufrimiento de los pueblos, judíos, árabes o sus mismos compatriotas, que para ellos, no representan más que mera carne de cañón.
    Y ahí coincido en la frase que cita de Einstein.

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