Crónica de pulseada levantina.

Una gran euforia acompañó al Papa Francisco, al Rabino Skorka y al Imam Abboud cuando pocos días atrás oraron frente al Muro de los Lamentos y juntos pregonaron a viva voz “lo logramos”. Sus allegados aseguraron que se trata de un hito histórico de dimensiones incalculables, “una iniciativa que pretende traer un nuevo espíritu, un nuevo aire”[1], y cuyo resultado será la estrepitosa caída de todos los muros que separan a palestinos de israelíes[2].

La repentina y radical escalada de tensiones de la región, aun antes que el Papa pose sus pies en la escalinata del avión que lo trajo de regreso a Roma, demostró que el efusivo festejo de este triunvirato de jerarcas religiosos fue prematuro, totalmente desvinculado de la realidad y el evento en sí muy bien puede ser interpretado como una típica imagen del final de una hazaña de jóvenes inocentes.

Probablemente las plegarias de la histórica sesión interreligiosa programada en Roma por el Papa junto a los Presidentes Peres y Abbas terminaran girando por el espacio sin ser captadas por ninguna antena de los centros de poder de Medio Oriente.

Tal como muchos expertos lo preveían, las expectativas creadas por la reelección de Obama y el nuevo gobierno israelí de principios de 2014 se desvanecieron rápidamente, aun antes que se cumpla el cortísimo plazo de 9 meses que impuso el mediador Kerry.  La negativa israelí de cumplir con la condición acordada de liberar el cuarto y último contingente de 25 prisioneros palestinos acarreó la correspondiente violación del acuerdo por parte de los palestinos en forma de solicitudes de incorporación a instituciones internacionales.

La represalia de Israel no demoró en llegar. El gabinete de seguridad congeló las negociaciones e incluso desautorizó a Tzipi Livni, ministra encargada del tema, en su iniciativa de tratar personalmente con el Presidente Abbas en Londres.

Ante este callejón sin salida, el Presidente de la Autoridad Palestina logró romper el status quo cuando sorpresivamente llega a un histórico acuerdo con sus eternos rivales de adentro: el movimiento Hamas que controla la franja de Gaza. La base del acuerdo fue la creación de un gobierno interino de tecnócratas y el llamado a elecciones generales en término de 6 meses.

Para Netanyahu y su séquito este paso fue interpretado como casus belli lanzándose a una activa campaña para convencer a líderes del mundo de la necesidad de no reconocer ni tratar con este nuevo gobierno palestino. Sorprendentemente, diplomacias de los más importantes países del mundo, incluyendo a EE.UU, declararon su predisposición a negociar directamente con el nuevo gobierno palestino en base al compromiso de atenerse a las condiciones impuestas en su tiempo por el Cuarteto de Medio Oriente (EE.UU, Rusia, Comunidad Europea y ONU).

Ante tamaña afrenta y una cargada sensación de traición política, la furia del gobierno de Jerusalén no se pudo contener a tal  punto que el incondicional y conocido gran apoyo de ayer, la política norteamericana,  se convirtió en ingenua e hipócrita[3]. Pero palabras e insultos no son suficientes. El ejecutivo hebreo fija un plan de acuerdo a las típicas concepciones de la diplomacia israelí.

Públicamente se puso en práctica las conocidas acciones destinadas a crear una cortina de humo para desviar la atención: desacreditar a Hamas, ordenar la construcción de miles de nuevas viviendas a colonos judíos en Cisjordania, e inclusive, insinuar la existencia de un plan de anexión de parte de esta región a Israel. Netanyahu tiene muy claro que esta pulseada no es con los palestinos, sino con Obama. Su artillería principal la concentró en donde sabe que puede doblegar el brazo del presidente norteamericano: en los pasillos de la Casa Blanca y en el Capitolio.

Haciendo gala de su carácter de potencia supranacional, Israel no dudó en movilizar nuevamente a judíos con ciudadanía norteamericana para que actúen como sus agentes y con su descomunal poder de influencia (“no solo, pero también por el dinero”[4]) interfieran en la política norteamericana a favor de un tercer país: Israel. “Israel transfiere la confrontación con el gobierno norteamericano respecto del gobierno de coalición palestino a la opinión pública norteamericana y su Congreso, y para ello moviliza las organizaciones judías y pro israelíes de ese país”[5]. Demostrando la efectividad de estos emisarios israelíes, de inmediato se comenzaron a escuchar voces de congresales norteamericanos criticando severamente a su presidente

Hasta un judío norteamericano, Daniel Kurtzner, el ex embajador de ese país en Egipto e Israel lo reconoce: “Yo creo que durante los últimos años la intromisión israelí en asuntos internos de EE.UU arribó a un grado excepcional. Algo increíble”[6].

Esta pulseada entre el liderazgo norteamericano e israelí no admite empate ni que se eternice. Solo se permite un resultado y uno de los dos le deberá bajar el brazo a su contrincante. La larga experiencia del pasado, y probablemente también la de este caso, nos demuestra que es justamente el liderazgo norteamericano el primero en tirar la toalla con su consecuencia inmediata: la continua perpetuidad del problema palestino. Hacer factible la solución de la creación de un Estado Palestino independiente y viable requiere la ruptura de ese vinculo especial que tiene atado el Gobierno y Congreso Norteamericano al poder de influencia de los organismos judíos del país del norte. Ese es el manantial que alimenta constantemente el activismo de los halcones israelíes. Dejar fuera de acción a este sector, como a Hamas del lado palestino, es conditio sine qua non.  

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 9-6-2014  http://daniel.kupervaser.com/



[1]  “Un nuevo espíritu, un nuevo aire”, Fr. Pierbattista Pizzabala, el Custodio de Tierra Santa, Semanario Hebreo de Jerusalén, 7-6-2014  

[2] “Francisco derriba muros”, Rabino S. Bergman, Semanario Hebreo de Uruguay, 30-5-14

[3]  “Israel: Política de EE.UU hipócrita e ingenua”, Israel en Línea, 4-6-14.

[4]  “Amistad real y la borrachera de la fuerza”, Pagina Web de Yoav Karni, 10-3-12

[5]  “Reconocimiento norteamericano del gobierno de coalición: Netanyahu enfrenta a Obama en su casa”, Ynet, 3-6-14

[6]  “Embajador norteamericano: Relaciones EE.UU-Israel, las peores que se conocieron. Haaretz, 9-6-14

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