Generales patean el tablero de Bibi

 

La historia de las últimas décadas nos demuestra que el nivel de violencia del conflicto palestino-israelí obedece a un comportamiento cíclico, casi inalterable. De una prolongada y latente rebeldía, interpretada erróneamente como infortunada resignación al destino de pueblo oprimido, repentinamente estalla una gran ola de violencia palestina que, por su originalidad, toma por sorpresa al liderazgo israelí.

Así, la sociedad israelí se vio obligada a enfrentar ataques armados de células terroristas organizadas durante los primeros años de la ocupación en la década de los ’70. Posteriormente la primera Intifada, o «guerra de las piedras», en 1988, frente a masivas y violentas manifestaciones populares. Acto seguido, a principios de este siglo, la segunda Intifada con la aparición de las bombas suicidas de palestinos que se inmolaban en transportes públicos, restaurantes o centros comerciales. Los operativos contra Hamás en Gaza también sorprendieron a Israel. Durante la operación «Plomo Fundido», en enero de 2009, con el uso masivo por primera vez de los misiles Qassam y en la ofensiva «Margen Protector», de 2014, con los túneles de ataque.

La última sorpresa la constituye la denominada «Intifada de lobos solitarios». Una superpotencia militar como Israel es incapaz, momentáneamente, de encontrar solución a ataques diarios de adolecentes, mujeres y jóvenes palestinos que un buen día deciden tomar cualquier herramienta al alcance de sus manos y salir uno a uno con el objetivo de asesinar judíos. Sin pertenecer a ningún grupo terrorista, recurren a un arma casera a sabiendas que sus posibilidades de éxito son mínimas y difícilmente retornen de su aventura con vida.

Ante el desconcierto inicial, como es costumbre, el liderazgo israelí opta por castigos colectivos de dudosa validez jurídica o moral. Como es de suponer, estas sanciones no resuelven el problema. A lo sumo lo posponen hasta la próxima ola de violencia palestina. Los castigos colectivos están destinados a satisfacer los oscuros instintos de venganza y no de justicia que la capa dirigente hebrea enraíza en el judaísmo.

Es de suponer que esta penalización popular, junto al descomunal poderío militar de Israel en relación al de los palestinos, también en esta ocasión termine por aplacar la reciente ola de violencia.

Por más que líderes israelíes quieran alardear y distribuirse condecoraciones y medallas de oro ante otra capitulación palestina, vale la pena tener claro que se trata solo de una victoria pírrica más. En tanto y en cuanto Israel continúe manteniendo bajo autoridad militar a una población civil sin derechos civiles básicos, el terrorismo palestino será criticado, pero el desprestigio y denigración del Estado judío y el judaísmo recibirá un nuevo e importante impulso en las sociedades del mundo, en tanto que la causa palestina seguramente seguirá sumando millones de adeptos.

Del lado israelí, este desarrollo casi automático de los ciclos de violencia con los palestinos sufrió en estos días un repentino e insólito cimbronazo. Los generales del Estado Mayor y altos miembros de los servicios de seguridad patearon el tablero de la derecha dirigida por Netanyahu. El Ejército israelí se le volcó a la «izquierda».

Todo comenzó semanas atrás, cuando el general Hertzi Halevy, jefe de la Unidad de Informaciones, participó del plenario del Ejecutivol que trató justamente esta nueva conflagración. A diferencia de Bibi, que sostiene que se trata de adolescentes instigados cuya única intención es borrar a Israel del mapa, Halevy evaluó que se trata de «muchos jóvenes palestinos que salieron a consumar actos terroristas pues están desesperados y frustrados por la situación y sienten que no tienen lo que perder» [1].      

Más aún, el Estado Mayor aconsejó al Gabinete de seguridad tomar una serie de medidas en sentido totalmente contrario a los efectos de crear un clima de tranquilidad y control de la situación en colaboración con la Autoridad Palestina (AP). A tal efecto sugirieron permitir a las fuerzas del orden palestinas su  reequipamiento con armas livianas, liberar reclusos palestinos, aumentar lpermisos de trabajo en Israel, liberar las exportaciones palestinas e incrementar significativamente permisos de construcción en ciertas áreas limitadas de Cisjordania [2].

Con seguridad, estos altos oficiales perciben con su desarrollado olfato una próxima orden del Gobierno que les obligará a movilizar sus unidades de elite a allanar todos los edificios de Cisjordania para requisar cuchillos de cocinas y restaurantes, tijeras de costureras y destornilladores de talleres.

Difícilmente en el mundo se pueda encontrar personas que, aunque censuren sus actos terroristas, no se sientan identificados plenamente con la lucha tras las aspiraciones de liberación nacional palestina. No en vano Israel sufre derrota tras derrota en los frentes mediáticos.

Pese a las advertencias de los generales, el Ejecutivo de Bibi sigue adelante con el soporte de una mayoría israelí fanática y expansionista, con la ayuda de direcciones comunitarias de la diáspora, ambas borrachas de la fuerza que le brinda el poder militar de Israel y el dinero judío de Estados Unidos

Como todo borracho, en su camino, en algún momento, terminarán trastabillando y cayéndose.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 30/11/2015 http://daniel.kupervaser.com/

[1] «Jefe de Informaciones a ministros: Uno de los motivos de la ola de violencia: frustración y desesperación»; Haaretz, 3.11.15.

[2] «Abismo entre ministros y oficiales del Ejército»; Amós Harel; Haaretz; 26.11.15.

 

1 Comment on Generales patean el tablero de Bibi

  1. Inés Olarra // December 1, 2015 at 12:17 am // Reply

    LASTIMA QUE MUCHOS BORRACHOS TERMINAN LEVANTANDOSE NO SE COMO,SUERTE DANIEL,INES

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