Galos intentan acorralar a Bibi

La inexperiencia e ingenuidad de Obama se convirtieron en los principales promotores de un resonante fiasco que por 8 años le concedió a Netanyahu carta blanca para un control casi absoluto de los principales movimientos en la ensangrentada arena del conflicto con los palestinos. Con estos resultados, tanto el Primer Ministro israelí, así como las direcciones comunitarias judías de la diáspora, se aprovecharon fácilmente del servilismo para con intereses judíos e israelíes del líder con asiento en Washington. De ahora en más se convencieron que todo quien cumpla la función de policía número uno del mundo les podrá cubrir la espalda por generaciones para dar rienda suelta a la colonización y opresión de palestinos en Cisjordania. Los últimos discursos de Donald Trump e Hillary Clinton, reverenciándose ante Israel, son una clara demostración que internalizaron muy bien su histórica función.

Durante las dos cadencias del Presidente Obama, sus cancilleres, Hillary Clinton y John Kerry hicieron mucho aspaviento diplomático como si la solución está al alcance de la mano. No solo la diplomacia estadounidense intentó infructuosamente poner fin al trágico conflicto de la región. En el mismo periodo y con la misma candidez de la Casa Blanca lo intentaron repetidamente representantes de cancillerías de significativo peso internacional[1].

Todas estas iniciativas gozaban de un común denominador: el fin del conflicto se arribaría por un acuerdo entre las partes a través del diálogo bilateral, o máximo, en base a negociaciones directas con el apoyo de intermediarios. Así fue como, sin excepción, todos los intentos fracasaron.

La razón es muy simple. La abismal superioridad militar, económica y estratégica de Israel frente al pueblo palestino, unida a la borrachera de la fuerza que cimentó en la sociedad israelí la arrogancia y el derecho a la excepcionalidad de lo judío, alejaron toda posibilidad de arribar a un acuerdo que mínimamente se acerque a las demandas básicas palestinas que garanticen la creación y viabilidad de un Estado Palestino independiente. Todo tiempo que el liderazgo estadounidense se resigna a ser el sirviente de las ínfulas de conquista y opresión de Israel, el camino que podría finalmente llevar a un acuerdo basado en la negociación directa de las partes quedó y seguramente quedará bloqueado por generaciones.     

Fue justamente la Cancillería del país galo la primera en convencerse de esa realidad y buscar una alternativa que pueda esquivar este escollo. Todo intento de modificar el ya viejo e inamovible status quo de la región, ahora necesariamente debe pasar por la búsqueda de una solución por la vía de una imposición unilateral o multilateral de paz que logre romper la dependencia de Washington de los intereses de Jerusalén.

Jean-Marc Ayrault, flamante Canciller francés, convocó para fines del próximo mes de mayo a una reunión cumbre de sus homólogos de las potencias y países vinculados a una posible solución pacífica del conflicto. Con la intención de eliminar interferencias, la representación israelí y palestina fueron excluidas del coloquio. Una posterior Conferencia Internacional a reunirse a fines del verano europeo podría elaborar la versión definitiva del acuerdo.

En una serie de entrevistas, Ayrault opinó que “no hay otra solución a este conflicto más que el estado israelí y otro palestino convivan uno al lado del otro en paz y seguridad, con Jerusalén como capital común. Las dos partes están muy alejadas una de la otra. No soy ingenuo y llevo adelante mis planes con completa convicción. No hay otro camino”[2].

De ninguna manera se debe desechar dos aclaraciones de Canciller francés. El marco de la solución del conflicto se basará en la propuesta de la liga árabe de 2002 (o sus equivalentes como Los Parámetros de Clinton del año 2000). Esto significa el reconocimiento de las líneas del 4 de junio de 1967 como límites de Israel, con Jerusalén como capital de los dos estados. En contrapartida, no solo los palestinos sino todos los países de la liga árabe reconocerían a Israel y su derecho a convivir en paz y con fronteras seguras.

Así como meses atrás lo afirmó Rodolfo Nin Novoa, Canciller de Uruguay, también su par francés equipara y da el mismo carácter saboteador y delictivo a la violencia palestina como a la colonización judía en Cisjordania.

La Autoridad Palestina no solo respondió afirmativamente y de inmediato a esta iniciativa francesa. El gobierno a Abbas aceptó la solicitud del país organizador y congeló el proyecto de declaración en el Consejo de Seguridad de la ONU para condenar la colonización judía en Cisjordania por tratarse de un delito de guerra[3].

Israel, como de costumbre, junto con los saboteadores del proceso de paz. Sendos comunicados de Hamas, del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y de la Yihad Islámica Palestina, “rechazaron toda posibilidad de mantener diálogo con Israel pues dicen que las negociaciones con el régimen de Tel Aviv son una pérdida de tiempo”[4].

De su parte, la oficina del Primer Ministro Israelí informó su total rechazo a la iniciativa francesa aduciendo que aleja a los palestinos de la única vía posible: negociaciones directas entre las partes[5].

El futuro del innovador proyecto francés depende, como gran parte de los acontecimientos en la región, de la posición que adopten el Ejecutivo y el Congreso estadounidense. A juzgar por la experiencia pasada, estos líderes del país del norte tienden a preocuparse por intereses israelíes (vaya a saber por qué), curiosamente, más que los de su país.

Si Obama y/o su sucesor deciden continuar otorgando impunidad y protección al Estado Judío en su plan de largo plazo de mantener al pueblo palestino bajo conquista sin derechos civiles, tanto Francia como sus aliados del proyecto tendrán que sopesar seriamente el futuro. Si se agachan incondicionalmente, el futuro del pueblo palestino quedará sellado por generaciones bajo sus actuales condiciones.

Bajo esa constelación, difícilmente el mundo pueda ser testigo del desmantelamiento de colonias judías en Cisjordania. Esto no implica que, en un futuro de mediano plazo y muy probablemente, sí se lleve a cabo desmantelamiento de colonias judías en la diáspora, el eslabón débil de toda la cadena.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 28-4-2016   http://daniel.kupervaser.com/

[1] Entre otros la Cancillería de Nueva Zelandia: octubre 2015, Unión Europea: mayo 2015, Francia: junio 2011, España y Francia: octubre 2010.

[2] “Francia llama a Conferencia Internacional de Paz Israel-Palestina”, Walla, 21-4-16, “France to Call International Meeting to revive Israel-Palestinian Peace Talks”, Wall Street Journal, 21-4-16

[3] “Palestinos congelan propuesta ante la ONU”, Haaretz, 19-4-16

[4] “La resistencia palestina rechaza la iniciativa de paz francesa”, Hispan TV, 25-4-16

[5] “Israel rechaza la iniciativa francesa”, Walla, 28-4-16

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