ABUSO DE CONFIANZA Y AUTORIDAD

Promesas de directores ejecutivos que entran en funciones, o, por el contrario, confesiones de quienes finalizan cadencia en una organización social, suelen comenzar con declaraciones muy cargadas de mensajes emotivos, acogedores y muy genéricos.

El reciente cambio de autoridades en la Comunidad Judía de Chile (CJCh) es un buen ejemplo.

En su carta de despedida, Marcelo Isaacson, Director ejecutivo de CJCh durante los diez últimos años, confesó que durante su función “entregué lo mejor de mi vida a nuestra querida comunidad y tengo la satisfacción de poder decir que los resultados están a la vista”. Posteriormente agrego: “Creo que los logros han sido muchos y difícil de enumerarlos a todos. Creo haber aportado un grano de arena en hacer a nuestra comunidad más fuerte y participativa a nivel nacional”[1].

Su sucesor, Yonathan Nowogrodski, advirtió en su saludo de asunción “el enorme trabajo que nos espera de posicionar cada día más a nuestra kehilá (comunidad en hebreo) dentro del país, generando más y más lazos, que nos permitan ser no solo apreciados, sino también respetados por lo que somos, una comunidad que ha contribuido importantemente al desarrollo de Chile en estos 110 años de vida organizada”[2].

Sin embargo, si desmenuzamos estas prudentes y medidas confesiones y propuestas, muy bien se puede llegar a la conclusión que su contenido delata a sus autores con serias sospechas de vulneración de conductas institucionales en un país democrático.

Pormenorizando detalles de su actuación y planes, salta inmediatamente a la vista que el foco principal de actividades de esa institución, en el pasado y las propuestas para el futuro, se centran, principalmente, en convertirse en voceros, referentes y defensores de las políticas de Israel. Esta corriente se practica, no solo a nivel declarativo ante la sociedad chilena, sino por medio de incesantes esfuerzos de interferir e influenciar en los procesos de toma de decisiones del gobierno y parlamento chileno.

Isaacson reconoce que “durante 10 años se desplegó una intensa agenda de hasbará (política de difusión internacional de posiciones israelíes) con visitas de más de un centenar de líderes de opinión chilena a Israel”. Posteriormente confiesa que “se estableció una cercana y directa relación con autoridades del Ministerio de RREE de Israel e importantes personas de la vida y sociedad israelí que nos permitió diseñar un programa de muy alto nivel en cada visita que realizamos con líderes de opinión”. El ex líder comunitario chileno finaliza su despedida mencionando: “Todo lo anterior se realizó en medio de difíciles conflictos en Israel y Medio Oriente (Primera Guerra del Líbano, Operación Plomo Fundido, Operación Margen Protector y el bullado caso de la Flotilla de Gaza, etc.), los que enfrentamos decididamente con las Directivas y Presidentes de la época intentando realizar una vocería efectiva ante los medios de comunicación”[3].

Nowogrodski, el flamante Director Ejecutivo no se desvía del camino trazado por su antecesor. De principio declara que “uno de nuestros objetivos estará puesto en mejorar la injusta y desequilibrada percepción que muchas veces se tiene de Israel”. Para ello “al conflicto palestino-israelí lo manejaremos junto a un grupo de voceros expertos en hasbará que se está formando para cada segmento”. El programa de Nowogrodski se basa en una coordinación regional e internacional de instituciones similares. “En general vamos a mantener el contacto con el AJC (American Jewish Committee), en el marco del partnership que suscribimos en el año 2006. Con el World Jewish Congress, a través del Congreso Judío Latinoamericano también estamos coordinados.

Su intento de influenciar en la política interna de Chile lo manifiesta claramente cuando confiesa que “vamos a mantener las relaciones con el Grupo Interparlamentarios y TAMBIEN POTENCIAR A NUESTROS CANDIDATOS JUDIOS QUE QUIEREN TENER PRESENCIA EN LA SOCIEDAD CIVIL Y EN LA VIDA POLITICA”. Para finalizar la cabecera de CJCh declara que “hay que entender que la situación de Israel nos afecta a todos”, por lo tanto, debemos “posicionarnos activamente para frenar cualquier intento de boicot[4]”.

La difusión y defensa pública de intereses de un país en el territorio de otro es un derecho, inclusive una obligación, de la representación diplomática respectiva.  Los cánones de comportamientos de embajadas y cuerpos diplomáticos fijan las reglas y procedimientos por los cuales cada país puede promover temáticas de su interés en otros países donde está presente.

La preocupación de asociaciones de ciudadanos de un país identificados étnicamente con un país extranjero debe centrarse en sus asociados locales, aparte de invertir esfuerzos, junto o separado de sus embajadas, en promover y profundizar el intercambio cultural comercial, científico y todo campo en beneficio de ambas naciones. En casos de desastres naturales o inclusive guerras a estas instituciones les está permitido el aporte moral y material en su apoyo.

Hay un campo el cual les está prohibido extralimitarse de normas democráticas. Es totalmente inadmisible que una institución local de esa categoría, o sus líderes, declaren, tomen posición, asuman la función de voceros y defensores o intenten influenciar sobre el gobierno o parlamento del país que los acoge y da ciudadanía, ante conflictos internacionales que involucren intereses foráneos con los cuales se sienten identificados. Una transgresión de este tipo necesariamente trasmite, en el mejor de los casos, un claro mensaje de doble lealtad, y en el peor, hasta de deslealtad.

A los efectos de evitar crítica innecesaria, vale la pena recalcar que lo señalado respecto de instituciones judías en Chile tiene la misma o más relevancia respecto de instituciones que representan intereses palestinos en ese país. Como miembro del pueblo judío, sus problemáticas son el centro de interés del autor de este artículo. La problemática palestina les pertenece a miembros de ese pueblo.

Sin lugar a dudas la continuidad de esta conducta en manos de sucesivas direcciones institucionales judías de países de la diáspora le da el derecho a las respectivas sociedades civiles que los acogen de demandarlos bajo el cargo de abuso de confianza o de autoridad que les fue otorgado como asociaciones civiles que deben preocuparse únicamente del bienestar de sus integrantes. La experiencia nos demuestra que a las autoridades locales les tiemblan las rodillas ante instituciones judías y esquivan toda responsabilidad al respecto. No así la calle y la sociedad.

Este tipo de comportamiento (y otro tanto en otros países, especialmente EE. UU), coordinado internacionalmente, como lo asegura Nowogrodski, hace cada día más difícil refutar aquella vieja imputación antisemita que los judíos aspiran a un poder internacional.

Solamente personas que sufren de un profundo autismo político-social no prestan atención al creciente grado de desprecio y reprobación que en los últimos años el pueblo judío acumula en el mundo como consecuencia de las políticas de conquista y opresión que lleva a cabo Israel, como estado judío, y con el apoyo incondicional de las direcciones comunitarias judías de la diáspora.

Con posterioridad al operativo Margen Protector, Jack Terpins, Presidente del Congreso Judío Latinoamericano, afirmó que “la situación nunca ha sido tan mala para los judíos de nuestra región[5]. A esa afirmación agregué mi evaluación personal: “Efectivamente, este distinguido líder de la diáspora judía está en lo correcto. Lo que Terpins y el resto de las direcciones comunitarias judías del mundo no prestan atención es que, muy probablemente, lo peor está por venir[6].

Creo no haberme equivocado

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 15-7-2016 http://daniel.kupervaser.com/

 [1]Nota del ex Director Ejecutivo de la Comunidad Judía de Chile”, Página Anajnu, 13-7-16

[2] “Saludo a la comunidad del nuevo Director Ejecutivo de la CJCh”, Página Anajnu, 13,7,16

[3] Página Anajnu, Idem.

[4] “Entrevista a Jonathan Nowogrodski que asume la dirección de CJCh”, Página Anajnu, Idem

[5] Entrevista radiofónica en Radio Jai, 15-9-2014

[6] “Lo peor está por venir”, Daniel Kupervaser, Aurora, 23-9-14

1 Comment on ABUSO DE CONFIANZA Y AUTORIDAD

  1. Julio Kierszenson // August 7, 2016 at 8:17 pm // Reply

    En total desacuerdo. Muchos norteamericanos liberales pensaron como Ud. antes y en mio del Holocausto y no se hicieron escuchar.
    En una sociedad democrática de verdad, es perfectamente legítimo que asociaciones civiles que sientan afinidad por otras naciones, religiones o pueblos luchen por su bienestar.

    Y eso vale tanto para los judíos como para los palestinos. Esa preocupación no los convierte en la oscura prédica de un poder internacional oculto al estilo de la acusación nazi y de los Protocolos de los Sabios de Sion de fabricación zarista.
    Al contrario. Si se dicen las cosas abiertamente y sin temores no hay nada que ocultar y no hay deslealtad.
    Otra cosa es la discusión legítima de si las comunidades judías deben alinearse acriticamente con posiciones del gobierno israelí que no comparten.
    En otro artículo don Daniel criticaba a la DAIA por querer convertirse en un AIPAC. Eso es imposible en Argentina y su política tan sui generesis En Estados Unidos conviven el AIPAC con J Street. Uno cuya función es apóyar al Estado de Israel y el otro es una organización judía que es más bien crítica de sus actuales políticas.
    Si se hace y se declara abiertamente qué tiene de malo?
    Si me preocupa que don Daniel diga que todo esto fomenta antisemitismo.
    Los judíos sabemos y Jean Paul Sartre lo confirmó hace mucho que los antisemitas no necesitan razones para serlo.

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