LA SOLUCIÓN DEL CIMBRONAZO POLÍTICO-SOCIAL

Un conocido refrán del folklore lingüístico israelí nos permite reflejar una llamativa semejanza entre las inclemencias del clima inglés y el conflicto palestino-israelí. En ambos casos todos opinan y sugieren, pero nada cambia sustancialmente. Los preparativos y discursos de la última Asamblea Anual de ONU se constituyeron en el escenario más adecuado para presenciar maniobras y tramas diplomáticas de las partes interesadas con un único objetivo encubierto: continuar indefinidamente con el status quo que el próximo año cumplirá su primer medio siglo de vida. Ese extraño punto de equilibrio que no es más que una bomba de tiempo con su inequívoco estallido en un futuro.  

El prolongado proceso de negociaciones entre Israel y palestinos que comenzó en 1993 en Oslo y se prolongó, con significativos altibajos, hasta los últimos y fallidos intentos de Kerry, hoy arribó a un callejón sin salida. La versión y proyecto de ambas partes, tales como fueron expuestas en la ONU, son de público conocimiento y no es necesario desarrollarlos. Esta nota se propone desmenuzar las motivaciones y fundamentos de esas posiciones que impiden destrabar ese taponamiento diplomático y frenan todo avance, y, por último, conjeturar sobre posibles desenlaces a mediano y largo plazo.    

El liderazgo palestino tiene muy claro que en esta contienda ellos representan a David frente a Goliat. Sobre esa base, la vía bélica quedó fuera de juego pues los arrastraría nuevamente, tal como ocurrió hasta el presente, a estruendosos fracasos y a un freno del desgaste de la imagen israelí en el mundo, el argumento más efectivo hoy en manos de palestinos. Esa es su experiencia hasta el presente. De la misma manera, aferrarse a la posibilidad de un drástico cambio de rumbo político en el componente central del liderazgo israelí es más bien una fantasía imaginaria.

Bajo estas condiciones, se consideraría un suicidio político del lado palestino aceptar que el componente territorial de un posible acuerdo de paz sea parte de las negociaciones. La corrección política y la aparente inocencia táctica del llamado de Netanyahu a negociaciones de la implementación de la solución de dos estados para dos pueblos sin condiciones previas es un anzuelo con cebo que los palestinos, con toda la razón de su parte, se niegan a tragar.

Esta posición palestina tiene sus serios respaldos. Los parámetros de Clinton del año 2000, la posición del Presidente Obama y de la Unión Europea, hasta el día de hoy, remarcan claramente las bases del factor geográfico del acuerdo en referencia a los límites de 1967 con posible intercambio de territorio bajo acuerdo mutuo sobre una relación de 1 a 1.

También los precedentes de la conducta israelí del pasado dan un espaldarazo a la posición palestina. Begin firmó el acuerdo de paz con Saadat retirándose hasta el último milímetro de la conquista de Sinaí en 1967 demoliendo todo rastro de colonización israelí. Sharon se retiró de la Franja de Gaza en el año 2005 hasta la frontera de 1967, también sin dejar vestigios de asentamientos judíos. Las sucesivas negociaciones de Rabin, Netanyahu y Ehud Barak con el Presidente Sirio Assad se basaron en una retirada israelí total de las alturas del Golán, solo que no se concretó en acuerdos debido a discordias de solamente 50 a 400 metros en la demarcación de la línea fronteriza definitiva[1].

De aquí que la Autoridad Palestina trata de concentrar su batalla por la liberación nacional en cuatro frentes: Apoyarse en organismos internacionales para presionar al gobierno de Jerusalén, embarrar la imagen de Israel como sociedad racista, mantener las reacciones violentas de sus miembros a niveles mínimos y movilizar las potencias para financiar su burocracia y proyectos civiles. Todo ello en una larga espera del futuro estallido de la bomba demográfica como resultado de la eternización del dominio y colonización judía de Cisjordania.

El componente judío de la sociedad israelí (hoy ya menos del 75%), mayormente creyente, continúa convencido que aquello que sucedió en 1948, dadas ciertas circunstancias, puede volver a hacerse posible en un futuro cercano respecto de Cisjordania: los palestinos huyen y/o son desterrados quedando todo el territorio mayormente limpio en manos judías y sin que el mundo levante seriamente la voz.

Da la impresión que las posiciones expuestas por Netanyahu no son caprichos personales que el Primer Ministro logró enraizar en el corazón de la mayoría judía. La táctica de declarar la identificación con la solución de dos estados para los dos pueblos al mismo tiempo que se aferra al status quo a todo precio, es la materialización de las aspiraciones mayoritarias de judíos israelíes. En esta categoría se puede incluir tanto sectores allegados a partidos oficialistas como a gran parte de la población identificada políticamente con la oposición

Respecto del enfoque de ciudadanos judíos israelíes a la solución del conflicto con los palestinos, no debe haber mejor descripción que aquel refrán que dice “no se puede estar en misa y repicando”.

Datos recolectados en sondeos de opinión del prestigioso Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) dirigido por el General retirado Amos Yadlin, “nos muestran claramente que el público de Israel, en su gran mayoría, quiere separarse de los palestinos. “Un 69% de la población judía de Israel apoya la solución de dos estados para dos pueblos, y un 59% a la iniciativa de creación de un Estado Palestino”[2]. Estos resultados fueron reconfirmados por varios sondeos posteriores.

Sin embargo, cuando al mismo público le detallan el costo territorial de ese idílico proyecto, pareciera que optan por girar 180 grados. “La mayoría de la población judía de Israel, un 52%, se opone a toda retirada de Cisjordania, mientras que otro 36% está de acuerdo con retirarse parcialmente, solo de zonas carentes de colonización judía masiva”[3] . En otras palabras, un 88% de la población judía israelí se presenta como una valla firme que impide toda materialización de esa solución que tanto apoya el 59% de la misma población.

La política de Netanyahu de obstinarse con el status quo, y la consecuente profundización del Apartheid en Cisjordania, tiene otra clara sustentación en una mayoría de judíos israelíes. En el Índice de Paz del mismo Instituto de enero de este año, un 52,8% de la población judía israelí consultada respondió afirmativamente a la pregunta si Israel aplica discriminatoriamente las leyes entre judíos y palestinos en Cisjordania. Lo más repulsivo surgió de dos preguntas posteriores.

Interrogados si justifican esa discriminación legal entre judíos y palestinos en Cisjordania, el 50,1% respondió afirmativamente frente a un 39,7% que lo considera injustificable. Reafirmando la concepción judía de la excepcionalidad que el mundo les debe reconocer, esa discriminación en nombre del judaísmo de ninguna manera puede impedir que Israel sea considerado como la única democracia de Medio Oriente. Cuando se les pregunta si ese control militar continuado y discriminatorio de población palestina en Cisjordania contradice el carácter democrático de Israel, un 66,3% de esa población judía lo niega[4].

Esta descripción de posiciones políticas de la mayoría de la población judía de Israel no da lugar a dudas que todas las peroratas de líderes judíos, del gobierno, oposición y la diáspora, en favor de la solución de dos estados para los dos pueblos no son más que promesas huecas. Pese a que la retirada judía de Cisjordania es interés supremo para la supervivencia futura de Israel con mayoría judía, con mucha seguridad, el pueblo judío de estas generaciones no lo permitirá.

Paralelamente, Netanyahu dio a entender en la ONU que no admitirá ningún tipo de solución impuesta por ese organismo. El avasallamiento del Ejecutivo y Congreso estadounidense al poderío económico y político de instituciones judías da suficientes garantías para que el Primer Ministro Israelí duerma tranquilamente.

Ante este pronóstico tan pesimista no se puede dejar de barajar las remotas posibilidades de dos eventos que en ciertas circunstancias podrían llevar a la ruptura de ese círculo vicioso aun antes que el fantasma demográfico materialice su amenaza a la estabilidad de Israel. Ambos disponen de la suficiencia capaz de producir un fuerte cimbronazo político con la aptitud de conmover y hacer temblar las bases que sostienen la sociedad israelí.

El primero de ellos, y tal vez el de menor probabilidad, es un repentino y drástico viraje del ejecutivo estadounidense de manera que rompa esas cadenas que lo atan a intereses judíos e israelíes. El retiro de su apoyo automático a Israel en organismos internacionales, mucho más que cancelar su multimillonaria ayuda económica, sin lugar a dudas inducirá a una revisión general de la estrategia israelí.

El segundo evento, y tal vez el más probable y efectivo desde el punto de vista palestino, puede ser el resultado de su decisión de dejar sin efecto los acuerdos de Oslo, disolución de todas las instituciones de la Autoridad Palestina, incluyendo las fuerzas del orden que hasta hoy colaboran con alto grado de eficiencia con sus pares israelíes. Ante una previsible toma de poder por parte de Hamas, tal como ocurrió en Gaza, Israel se verá en la obligación de hacerse del control militar de toda la región, y como fuerza ocupante, con la consecuente responsabilidad de poner en funcionamiento todas las instituciones que garanticen una vida civil normal de toda la población de Cisjordania.

Fuera de un incremento presupuestario multimillonario que saldrá de los bolsillos de cada ciudadano israelí, en la práctica se está hablando de la instauración de facto del estado binacional con 6,3 millones de judíos y 5,7 millones no judíos, de los cuales 3,5 palestinos que carecen de ciudadanía y derechos civiles básicos.

Bajo esta nueva constelación, probablemente mucho de aquellos judíos que hasta hoy piensan en la posibilidad de “estar en misa y repicar campanas” sientan la necesidad de cambiar de opinión que podría llevar a la cúpula dirigente a modificar drásticamente su dirección política.

Aferrarse a mantener el status quo, ahora con control total y presencia militar israelí en todo Cisjordania, acelerará significativamente el sentimiento de desprecio hacia el judaísmo en todo el mundo, a grados mucho mayores de los ya problemáticos que se conoce hoy en día.

Ojalá me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 28-9-2016

http://daniel.kupervaser.com/ 

[1] “Historia de las negociaciones entre Israel y Siria”, Ynet, 21/5/08 y “Netanyahu propuso retirada total del Golán”, Walla, 13-4-01 

[2]Separación de los palestinos. Opinión pública israelí”, Yehuda Ben Meir y Gilad Sher, INSS, enero 14.  

[3] “Índice de Paz”, la mayoría de la población israelí se opone a la retirada de Cisjordania”, NRG, 5/7/16

[4] “Índice de Paz”, Instituto israelí de la Democracia, 28/1/16

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