OSLO: EL SALVAVIDAS DEL STATUS QUO

Benjamín Netanyahu, Primer Ministro de Israel, seguramente cuenta con una larga lista de cualidades positivas para poder posicionarse tan largo tiempo en la cúspide política de un país democrático. Esta lista no incluye la credibilidad.

En el corto periodo transcurrido desde las últimas elecciones, el premier israelí demostró su capacidad de decir para posteriormente desdecirse, proclamar declaraciones grandilocuentes para retractarse a los pocos días o confesar profundos sentimientos que se ve en la necesidad de rectificar casi de inmediato. Resultado: difícilmente se le puede creer tanto a su declaración original como a su rectificación.  

En el día de las elecciones de 2015 Netanyahu ofendió groseramente a ciudadanos árabes israelíes tratándolos de “una muchedumbre que marcha a las urnas traídos por la izquierda”. Ante representantes de partidos árabes israelíes, en termino de días, se sintió en la necesidad “corregir sus intenciones y lamentar su expresión”[1].

Una denuncia de violación de una joven judía llevó a Netanyahu a exigir una condena pública de todos los sectores políticos pues el hecho fue consumado por palestinos. Al otro día se vio en la necesidad de retractarse pues según la policía, no había pruebas para semejante acusación[2].

En el acto de conmemoración de los caídos en funciones del Ministerio de RR.EE de Israel, Netanyahu aseguró que tiempo atrás se sopesó un operativo militar en Egipto para liberar israelíes cercados y amenazados en la Embajada en El Cairo. Al otro día se desdijo[3].

Días atrás, el Primer Ministro israelí telefoneó a Charli Azaria, padre del soldado Elor Azaria, acusado y enjuiciado por rematar sin autorización de sus superiores a un terrorista palestino que yacía moribundo en la calle. En esa oportunidad Netanyahu le trasmitió su identificación con el sufrimiento de su familia que lo comparó con aquel de las familias de soldados caídos en la guerra. El clamor popular ante tan absurda equiparación obligó a una inmediata rectificación[4].

Por el contrario, las demoledoras críticas y campañas de instigación de Netanyahu en contra del acuerdo de Oslo de dos décadas atrás, como las llamativas adulaciones a Shimon Peres en el emotivo discurso que le dedicó durante su reciente sepelio, fueron la excepción.  Ambas gozan de un 100% de credibilidad. Ayer, Netanyahu tenía motivos para agraviar a Peres. Hoy tiene mucho que agradecerle.

Como se recordará, durante el año 1995 Netanyahu lideró la resistencia para aprobar la iniciativa de Peres y Rabin de un compromiso territorial temporario redactado en el acuerdo de Oslo entre Israel y los palestinos. Esta rivalidad de la política interna israelí arribó a su mayor grado de ebullición en dos vehementes manifestaciones (Plaza Tzión en Jerusalén y cruce Raanana) en donde hordas de enardecidos participantes incitaban a la muerte de Rabin y demás promotores de ese pacto con palestinos, ante una actitud complaciente del nuevo líder de la oposición, presente en esos actos. El resto, solo unos días con posterioridad, ya es historia.

Para sorpresa de todos los presentes en el sepelio de Shimon Peres, incluyendo delegaciones del más alto nivel político de 80 países, el léxico del panegírico fúnebre de Netanyahu se cargó de enternecedores y afectivos elogios hacia su veterano rival político. Las grotescas consignas de la campaña proselitista de 1996 contra el difunto como “Peres dividirá Jerusalén” o “Netanyahu es bueno para los judíos, Peres para los árabes” fueron reemplazadas por alabanzas, anécdotas conmovedoras y hasta declaraciones de afecto emocional.

Quien se especializa en sabotear iniciativas de paz con los palestinos no dudó en afirmar en su discurso que “nos es un secreto que Shimon y yo fuimos rivales políticos, pero con el pasar de los años nuestra relación se convirtió en amistad, inclusive amistad cercana”. Posteriormente confesó que “aprendió de Peres que el objetivo no es el poder, la fuerza es un medio. El objetivo es la existencia, la coexistencia, el progreso, el bienestar y la paz, para nosotros, los pueblos de la región y nuestros vecinos palestinos”. Su final estuvo colmado emocionalmente: “Querido Shimon, revelaste que una de las pocas ocasiones que lagrimas brotaron de tus ojos fue cuando te informaron de la caída de mi hermano Yoni en Entebbe. Entonces tu lloraste. Yo lloro hoy por ti. Te quería. Todos te queremos[5]”.

A diferencia de las confusiones y falta de autenticidad que surgen como consecuencia de muchas declaraciones de Netanyahu, tal como fueron expuestas en los ejemplos de principio de artículo, esta marcha atrás de aquellos improperios dirigidos a Peres tiene su sólida justificación.

Cuando Netanyahu comenzó su agresiva campaña en contra de los acuerdos de Oslo, con seguridad, no se pudo imaginar que transcurridos 22 años, ese infame documento se convertiría en la mejor póliza de seguros que le permita proyectarse al mundo como uno de los promotores de la solución de dos estados para dos pueblos, a la par que no cesa de ampliar la colonización judía en donde tendría que erigirse el Estado Palestino.

Pese a disponer de todo el poder en su mano, con una mayoría parlamentaria que lo apoya, Netanyahu se niega insistentemente a abolir los acuerdos de Oslo. Él tiene muy claro que la alternativa es mucho peor para mantener ese status quo que tanto consagra. Peres pensaba que Oslo se convertiría en su redención por la mea culpa del apoyo personal que ofreció a la colonización judía en Cisjordania en sus primeros pasos. Muy a su pesar, Oslo se convirtió en el salvavidas del status quo que garantiza la incesante construcción de nuevas viviendas judías en ese territorio[6].

No en vano, hasta los más representativos sectores del movimiento de colonización judía en Cisjordania también aportaron en esta ocasión sus halagos y satisfacción por el accionar político de Peres en ese territorio, incluyendo su compromiso previo a las elecciones de 1996, después del asesinato de Rabin, de no desmantelar asentamientos judíos de Cisjordania en el marco de un acuerdo final con los palestinos[7].   

Rogel Alpher lo describió de la siguiente manera: “Oslo no fue un error. Fue un experimento. El experimento de Oslo garantizó el control eterno de Israel sobre Cisjordania. ¿Cuál será el legado de Peres?  Cisjordania. El dio el puntapié inicial a las colonias judías, y en Oslo garantizó que nunca serán desmanteladas”[8].

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 6-10-2016

http://daniel.kupervaser.com/ 

[1] “Netanyahu lamenta su expresión”, Mako, 23-3-15.

[2] “Netanyahu se retractó”, Haaretz, 27-5-16

[3] “Netanyahu asegura que Israel amenazó a Egipto”, Megafon-news, 10-5-16

[4] “Netanyahu se retractó”, Ynet, 26-9-16

[5]Discurso de Netanyahu en el sepelio de Peres”, Walla, 30-9-16

[6] Durante la primera mitad de 2016 la construcción de nuevas viviendas en todo Israel se redujo en un 6,9% respecto del mismo periodo del año anterior, mientras que en Cisjordania el mismo dato señala un crecimiento del 16,7%. Informe de construcción de viviendas primera mitad de 2016, Oficina Central de Estadísticas, 20-9-16  

[7] “Colonos judíos agradecen la contribución de Peres a los asentamientos”, Diario Judío de México, 1-10-16, y, “Peres y los colonos”, Nadav Shragai, Israel Hayom, 30-9-16

[8] “Lavar la sangre de Oslo”, Rogel Alpher, Haaretz, 2-10-16

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