NETANYAHU TITUBEA CON TRUMP

Un gran agujero negro de incomprensión mediática se conformó en los análisis y proyecciones de los más renombrados expertos respecto a las perspectivas del desarrollo de las relaciones entre el liderazgo de Israel y la nueva administración electa últimamente en EE.UU.  El sorpresivo triunfo de Trump dio lugar a un aluvión de interpretaciones que muy poco agregaron a la comprensión de esa nueva y circunscripta realidad. Más bien se trató de un masivo reciclado de ideas y conceptos según la línea de pensamiento de cada autor.

Básicamente, las opiniones expuestas por los expertos en la materia en diferentes medios se las puede agrupar en dos grandes categorías.

Los hay quienes adjudican a Trump y Netanyahu visiones ideológicas y políticas muy similares, y, por lo tanto, una íntima y prolongada relación abrazaría conjuntamente el destino de Israel y EE.UU.  Para Carlos Pagni, “a partir de enero de 2017 se recuperará la alianza que hay entre Estados Unidos e Israel para manejarse en Medio Oriente. Netanyahu sintió que Obama se había desentendido de las problemáticas israelíes cuando firmó el acurdo nuclear con Irán. Con Trump Irán vuelve a ser el enemigo fundamental”[1].  

Para Sean Savage, la victoria de Trump sobre Clinton fija el comienzo de una nueva era en las relaciones entre EE. UU e Israel. “Durante la campaña el presidente electo Trump dejó claro que iba a reparar las deshilachadas relaciones con Israel, romper el acuerdo nuclear con Irán y trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén”[2].

Otros analistas se inclinan por una postura más cautelosa y llena de interrogantes sobre asuntos de Medio oriente. El general israelí retirado Amos Yadlin, conocido experto en estrategia, sostiene que “a diferencia de gobiernos anteriores, que tenían una agenda clara antes de ser electos, Israel se enfrenta con una administración con una política indefinida”[3].

Para Federico Gaon, especialista en Medio Oriente, “es sabido que Trump tiene buena relación con Netanyahu”. Pero, “nadie está plenamente circunstanciado con la posición de Trump en materia internacional, simplemente porque ni siquiera él tiene un plan concreto”. Por lo tanto, “habrá que ver que deparará el futuro. En rigor, habrá que esperar para analizar el grado de diferencia entre la nueva agenda exterior y la de Obama, para entonces hacer un verdadero contraste”[4].

Llama la atención que, en toda esta puesta en escena de pronósticos políticos, ninguno de estos expertos le haya dedicado la mínima atención y analizado profundamente la conducta de Netanyahu al respecto desde el mismo día que se conoció el triunfo de Trump. El asombro es mayúsculo, justamente por un comportamiento del primer mandatario israelí  que claramente pone duda o contradice lo que podría interpretarse como cierto descuido en la urgencia por preocuparse por los intereses de Israel ante un nuevo gobierno en formación en EE.UU.

Como se sabe, apenas difundidos los resultados de la consulta electoral en el país del norte, Netanyahu cumplió inmediatamente con la norma protocolar y felicitó telefónicamente a Trump. A partir de ese momento, y probablemente hasta el acto de asunción del nuevo presidente estadounidense, da la impresión que Netanyahu asumió un voto de silencio en todo lo que respecta a las relaciones con la nueva administración del país del norte.

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La elección de Trump como presidente de EE.UU. también sorprendió a Netanyahu. Su renombrada astucia política le determinó que la cautela deberá convertirse en su guía primordial. Así fue que en su primera reunión de gabinete, con posterioridad a la gran sorpresa, sermoneó a sus ministros y parlamentarios aconsejándoles silencio mediático al respecto[5].

La impaciencia de ministros extremistas como Bennet y Uri Ariel los condujo a contravenir esta solicitud, lo que determinó una decisión mucho más contundente de parte del Primer Ministro israelí: se prohibió todo contacto de ministros y parlamentarios israelíes con miembros de la nueva administración de Trump[6].

No solo eso, Netanyahu rechazó elegante y diplomáticamente una invitación de Trump a un encuentro personal aun antes de su próxima asunción en enero de 2017[7].

Entonces, ¿A qué se debe tanta precaución y prudencia ante un nuevo presidente que todos coinciden que es un traje a medida para Netanyahu? ¿Cuál es el motivo que frena al Primer Ministro israelí? 

Netanyahu no es un principiante y comprende muy bien que tiene su buena razón.

La alianza estratégica entre Israel y EE. UU comenzó a tomar la forma que hoy conocemos hacia principios de la década del 70 del siglo pasado. Básicamente, no nació por afinidad de sus líderes, sistemas gubernamentales, intereses estratégicos o escala de valores comunes. Todos estos gastados argumentos fueron parte de repetidas peroratas a título de maquillaje mediático, pero bastante alejadas de la realidad.

A decir verdad, Israel más bien fue y es para EE.UU. una espina en el trasero que molesta mucho pero no se la pueden sacar. El Estado Judío no solo aporta muy poco a los intereses estratégicos internacionales del país del norte, sino que, por el contrario en muchos casos, es una enorme carga.

La identificación prácticamente incondicional de las administraciones de EE. UU con los intereses y caprichos de los sucesivos gobiernos israelíes, las serias limitaciones en imponerle conductas contradictorias con sus proyectos, fueron y son el resultado, primordialmente, del desmesurado poder económico que el liderazgo judío de ese país acumuló a partir de la década de los 60 y 70 del siglo pasado. Azuzados por gobiernos israelíes, los grupos de presión judíos lo supieron convertir en una enorme capacidad de injerencia política que configuró finalmente una clara dependencia de todas las administraciones norteamericanas a las políticas de Jerusalén.   

Al respecto vale la pena mencionar que, según un informe difundido por la Universidad de Haifa, pese a que los judíos representan solo el 2% de la población del país del norte, el 50% de las donaciones que financiaron la candidata presidencial demócrata se originaron en donantes judíos, mientras que para Trump esta fuente representó el 25%[8].

El verdadero temor de Netanyahu es que, pese a declaraciones muy sugestivas del nuevo presidente, dadas ciertas condiciones que se perfilan en el horizonte político, se deshilvane definitivamente esa ligazón que tiene atado al congreso y ejecutivo estadounidense. Bajo esas circunstancias Netanyahu podría quedar prácticamente desnudo políticamente frente a Trump con una posición parecida a la de un líder de cualquier país europeo medianamente desarrollado.

Dos escenarios pueden ser relevantes al respecto. Bajo el lema de “América nuevamente fuerte”, el ataque contra “la elite corrupta” que debilitó al país que la nueva administración se propone con su equipo de asesores con fuertes antecedentes xenófobos, racistas y hasta antisemitas, puede muy bien escaparse de las manos y también propagarse en contra del “poder de los judíos”

La segunda posibilidad es que los mismos centros de poder judío decidan dar un paso al costado evitando todo contacto, colaboración o intervención con un gobierno que impone normas persecutorias sobre una base étnica. Durante décadas se guiaron bajo la consigna “ojos que no ven, corazón que no siente” cerrando la vista y tapándose los oídos con la discriminación y apartheid que Israel impuso en Cisjordania. Hoy se escandalizan cuando un fenómeno parecido puede darse en su barrio.

Los titulares de los diarios son un fiel reflejo de este complicado, trascendental aunque incierto futuro que la colectividad judía estadounidense deberá enfrentar a partir del próximo 20 de enero. Para Uri Kashti de Haaretz, “Para la extrema derecha de EE.UU, Trump es el comienzo de la redención”. Tal Shalev de Walla lo titula: “Para la mayoría de los judíos estadounidenses, la elección de Trump equivale a la Destrucción del Templo. Peter Beinart, conocido comentarista político judío, afirma dramáticamente que “Nunca me sentí más judío y menos americano. Nunca sentí algo que trasmita tanto miedo”.

Netanyahu tendrá que evaluar muy bien sus futuros pasos.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 6-12-2016

http://daniel.kupervaser.com/

[1] “Por qué Trump podría ser la mayor amenaza contra Cristina Kirchner”, La Nación, 22-11-16

[2] “Nuevas era en las relaciones entre EE.UU. e Israel”, Sean Savage, Jewish New Service, 9-11-16

[3] “Una ventana de oportunidad para las relaciones entre Israel y EE.UU.”, Amos Yadlin, Ynet, 15-11-16 

[4]  “Donald Trump y Medio Oriente”, Federico Gaon, Infobae, 18-11-16

[5] “Netanyahu solicitó de sus ministros y parlamentarios no dar opinión respecto de la elección de Trump”, Radio 10, 13-11-16

[6] “Netanyahu ordenó a sus ministros no contactarse con miembros de la administración de Trump”, Maariv, 21-11-16

[7] Netanyahu rehusó a la propuesta de Trump de encontrarse antes de su jura”, Walla, 16-11-16

[8] “El voto judío. Identidad y poder político en las elecciones en EE.UU. Gil Troy, Universidad de Haifa – Instituto Ruderman, citado en “El voto judío. Así se convirtieron los judíos en factor influyente en la elección presidencial”, Ynet, 5-11-16

3 Comments on NETANYAHU TITUBEA CON TRUMP

  1. daniel Gelbert // December 6, 2016 at 7:01 pm // Reply

    Me gustaria saber si leiste el articulo “Trump sucumbe ante Goldman-Sachs,Holywood y los financieros de Netanyahu de Jalife=Rahme y que aportaras datos al argumento de que es poco lo que Israel contribuye a la seguridad estrategica de EEUU ya que he leido articulos que avalan la opinion contraria.Uno en Aurora afirmaba que la capacidad de la Fuerza Aerea Israeli de bombardear la flota sovietica implicaba que USA evitara desplegar un portaviones nuclear como en Nimnitz en el Mediterraneo con el consiguiente ahorro y otro en Haaretz afirmaba que para evaluar distancias a recorrer en Irak,los americanos evaluaron la de los soldados israelies caidos en Libano.

  2. Cito Corsunsky // December 6, 2016 at 8:39 pm // Reply

    Gracias Daniel: un muy bueno y objetivo análisis!
    Ojalá Netanyahu bajara de su pedestal egocéntrico y soberbio.
    Sé que es político hasta los huesos y posee una voluntad de hierro y estoy seguro que no es ajeno a la realidad de su entorno y que tiene una visión concreta de la realidad política internacional, pero tiene objetivos políticos e ideológicos que no torcerá, de ningún modo. No estoy de acuerdo con sus políticas ni con sus métodos, pero acepto un principio de realidad. Hacen falta interlocutores tan lúcidos como él para oponerse y darle un giro positivo a la situación. Ojo con los últimos coletazos de la gestión Obama, pero especialmente con Kerry, aunque ya en la praxis no tendrán trascendencia!

  3. muchas gracias por este análisis esclarecedor.

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