LA MONARQUIA DE BIBI XIV

“Había perdido un poco la costumbre de interrogarme. Uno acaba por acostumbrarse a todo”

Palabras de Albert Mersault en “El extranjero” de Albert Camus.

Los últimos e insólitos escándalos de la vida privada y pública del Primer Ministro de Israel introdujeron un significativo signo de interrogación respecto del futuro político de Netanyahu. Por más dramática, inquietante y sorprendente que la cuestión se trate, a decir verdad, para el futuro de la sociedad israelí es totalmente irrelevante si Netanyahu se ve en la obligación de renunciar a su actual cargo o continúe en funciones por largo tiempo como tanto el mismo lo anticipa. Sin ningún tipo de vinculación con sus proyectos en el frente nacional o internacional (de los cuales hay mucho que opinar), la herencia institucional y conductual de Netanyahu es un hecho consumado que con seguridad condicionará las futuras generaciones de líderes de la sociedad israelí. El actual Primer Ministro de Israel dejó una vergonzosa e indeleble marca que cada día aleja más a Israel y el judaísmo de valores democráticos universales.

No es necesaria una complicada búsqueda de pruebas para arribar a la conclusión que el comportamiento de Netanyahu como responsable del timón de una nación rompió con todos los esquemas que se exigen de un líder demócrata. Él mismo se encarga de ofrecerlas a diario y públicamente.

La última semana fuimos testigos de una serie de acontecimientos que exponen con mucha claridad que en la cima de la escala de valores de Netanyahu en su posición de líder de Israel se encuentra su propósito de mantenerse eternamente en esa función.

La barrabasada de la ausencia de ministros en el sepelio de soldados victimas del último atentado terrorista fue seguida de un disparate mucho mayor y significativo en su intento de sobreponerse a la vergonzosa situación. Netanyahu dio la orden de crear una comisión que redacte el protocolo para esos casos, pues “no quiero ver ningún padre doliente por la muerte de su hijo soldado manifestándose en la calle”[1]. Digamos: al carajo con los padres de soldados asesinados, Lo más importante es que no salgan a la calle a manifestarse.

Sin lugar a dudas, la cumbre la constituyó la filtración de grabaciones que muestran a Netanyahu administrando cuestiones de estado para su beneficio personal en encuentros con millonarios influyentes que mucho se asemejan a un concilio de mafiosos que distribuyen su botín.

Como concilio de mafiosos

Como concilio de mafiosos

Lo inaudito del caso es que el propio Netanyahu se encargó de demostrar que su conducta en la dirección del país se guía principalmente por sus intereses personales. En su Facebook declaró que “Produje la caída de mi gobierno anterior y el consiguiente llamado a nuevas elecciones, entre otras, por la rebeldía dentro del gobierno de quienes promocionaban la ley”. En este caso hace referencia a aquella norma que tenía por objetivo prohibir la circulación del diario Israel Haiom, medio impreso distribuido gratuitamente y financiado por su amigo el millonario americano Adelson, con la imagen públicamente reconocida de servir principalmente como vocero de Netanyahu y adular su función.

Republica Bananera

Israel: Republica Bananera

Netanyahu reconoce que no adelantó las elecciones ante una decisión crucial para el destino de Israel. No un dilema existencial ni de seguridad, tampoco un cambio drástico en materia de política interna o social. Única y exclusivamente valió su interés particular de eternizarse en la función[2].

Ilana Dayan, prestigiosa periodista israelí de origen argentino puntualizó la personalidad de Netanyahu tal como se refleja en estos días una vez que se difundieron las famosas grabaciones y las sospechas de una vida personal con ostentación de opulencia y exuberancia como resultado de relaciones confusas con ciertos millonarios.

Dayan afirma que “por años estuve segura que Netanyahu no era corrupto. Lo que tiene Netanyahu son problemas de personalidad. Parte del problema es que está desde hace tanto, tal vez demasiado, en el poder, que empezó a identificar al Estado consigo mismo. Cree que lo que es bueno para el Estado es bueno para él y lo que es bueno para él es bueno para el Estado”[3]. Digamos, la imagen del Rey Bibi XIV de Israel.

Con su reconocida destreza política, Netanyahu logró instaurar una monarquía absolutista de facto en la única democracia de Medio Oriente que lleva a cabo elecciones libres y periódicas.

Todo ser racional seguramente se formula la siguiente pregunta: en un país que se rige básicamente, aunque no en todo aspecto, con normas democráticas, ¿Cómo es posible que se permita la eternización en el poder de un líder con tan claras demostraciones de corrupción e inclinación al absolutismo? ¿Dónde está la oposición? ¿El pueblo es tonto?

La respuesta se encuentra nuevamente en el marco de la sorprendente habilidad política y mediática de Netanyahu. Un prolongado, aunque certero juego de atemorizantes mensajes mezclados con virtuales proyectos con beneficios simbólicos, transformó el animal político de la sociedad israelí en un cordero que se deja guiar sin chistar por un pastor con pretensiones absolutistas. Grandes sectores de la sociedad israelí perdieron su sentido crítico para convertirse en masas maleables políticamente.

La oposición, elemento fundamental que puede asumir la función de barrera que evite ese desliz de la democracia plena, lamentablemente también cayó víctima de la predicación de Netanyahu.

Se puede afirmar, sin mayor riesgo de error, que Netanyahu logró inyectar a la oposición israelí de la última década la bacteria de la alienación política. Ese microbio que determina una actitud ciudadana de renuncia a sus derechos y obligaciones civiles para proyectar en toda la población ese desinterés por la actividad y participación política. Por el camino más fácil, prefieren continuar con sus proyectos de mimetización política buscando la oportunidad de plegarse a la coalición oficial para convertirse en una ficha más en manos de Netanyahu. Antes de luchar en contra de Netanyahu, buscan parecerse a él con la ingenua intención de captar adeptos del rival.

No en vano Netanyahu no se preocupa por la oposición y se concentra en atacar ferozmente a los medios informativos catalogándolos peyorativamente de izquierdistas destituyentes. Se trata, junto al poder judicial, también bajo amenaza, de los últimos baluartes que pueden evitar la conformación definitiva de la monarquía absolutista.

Se puede decir que tanto la sociedad israelí, como el pueblo judío, van perdiendo lentamente esa costumbre de interrogarse para acostumbrarse al nuevo rey, no importa su camino. Con o sin Bibi, probablemente la democracia israelí no logre recuperar su pasado.

Ojalá me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 18-1-17

http://daniel.kupervaser.com/

[1] “El escándalo de la inasistencia de ministros en el sepelio de soldados asesinados por el terror”, Walla, 10-1-17

[2] “Netanyahu: No active contra la ley Israel Haiom, hice caer el gobierno por la ley”, Walla, 16-1-17

[3] “Netanyahu llegó a creer que el estado es él”, Radio Jai, 11-1-17

3 Comments on LA MONARQUIA DE BIBI XIV

  1. Ojalá te equivoques!!

  2. Gabriel Patrich // January 19, 2017 at 2:29 am // Reply

    Para los que no vivimos en israel, este tema nos importa poco y nada, comparado con la mayoria de los gobiernos del mundo, el gobierno israeli es una joyita

  3. Alberto Mazor // January 19, 2017 at 10:34 am // Reply

    ¡Excelente nota! Especialmente la conclusión en el inicio: Con o sin Bibi, todo seguirá igual. Felicitaciones

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