ISRAEL APUESTA POR EL CABALLO EQUIVOCADO

Aba Eban, considerado el padre de la diplomacia israelí, registró a su nombre un calificativo de la conducta de la cúpula palestina que se transformó en un reflejo del desprecio israelí generalizado hacia sus vecinos.  En cierta ocasión afirmó que “los palestinos nunca perdieron oportunidad de perder oportunidades”. En su pulido lenguaje diplomático, Aba Eben trató de caracterizar y difamar la errónea elección de una “persistente intransigencia” palestina hacia “generosas” propuestas de paz.

Hoy, en vista del resultado de las elecciones en EE. UU, da la impresión que el liderazgo político israelí se contagió de esa bacteria palestina que lo llevó a apostar por el caballo equivocado.

Las promesas preelectorales de Trump generaron enormes expectativas de color rosa en la coalición que gobierna Israel. Su elección como sucesor de Obama desató una gran euforia que, con su asunción y primeras decisiones, se transformó en un festín de proyectos con dos propósitos fundamentales: garantizar la conquista e imposición de soberanía israelí en todo Cisjordania y frenar despóticamente toda actividad opositora que pueda poner en tela de juicio el accionar oficial.

Por más dantescas y desatinadas que puedan ser sus decisiones, el magnate neoyorquino que habita la Casa Blanca es el nuevo Mesías del pueblo judío y la fuente de justicia universal. La Torah y el respeto por los derechos democráticos universales pueden juntar polvo encajonados por un largo tiempo. El gobierno del estado judío se propone abrazar y besuquear a un torturador humano confeso[1].

Esta alarmante inclinación de Jerusalén creó mucho malestar en diversos estratos del judaísmo del mundo. El toque de alarma más sonoro lo disparó Bernard-Henri Lévy, el reconocido filoso judío francés que difícilmente se lo pueda vituperar como “izquierdista”, u otros insultos por el estilo, tal como acostumbra el oficialismo extremista israelí y sus aduladores de todo el mundo. La respuesta automática cuando, aparentemente, se carece de argumentos serios.  

Para este distinguido intelectual, el error del liderazgo judío es función de una mala apreciación cuando se sopesa creencia, convencimiento y certidumbre. Todo se centra en la cuestión ¿Cumplirá o no cumplirá Trump con todas sus promesas hacia Israel? Lévy es muy categórico en su respuesta: “lo que es indudable es que Trump va a traicionar a Israel.          

Muy a su pesar, la valentía de su posición pierde totalmente su valor cuando desmenuza sus argumentos.  Levy asegura que “ Los judíos no deben olvidar que, por mucho que Trump multiplique las declaraciones de amor, siempre será un mal pastor que no respeta más que el poder, el dinero, los estucos y los oros de sus palacios. Y deben ser conscientes de que, en la atmósfera populista actual, en este momento en el que se ataca el pensamiento y las mentiras brotan con una arrogancia sin igual, en este mundo que está generalizándose y en el que, desde los plutócratas estadounidenses hasta los oligarcas rusos, los porqueros exhiben sin vergüenza su pedigrí en las fachadas de los palacios imperiales, la pequeña nación judía no tiene hueco. Aliarse con eso es traicionar su vocación”[2].

El discurso de Lévy conmueve a muy pocos en Israel. Lamentablemente, este famoso filósofo francés todavía no internalizó los procesos que caracterizan al liderazgo israelí. Esa ceguera, que también caracteriza a la mayoría de las diásporas judías, es la que no le permite ver el enviciamiento del judaísmo moderno, justamente como consecuencia del apego de la clase dirigente israelí “al poder, el dinero, los estucos y los oros de sus palacios”. Por más que no se quiera creer, la tendencia es que esos plutócratas estadounidenses, oligarcas rusos y los porqueros, lentamente se están convirtiendo en culo y calzón con la cúpula dirigente israelí.

Los plutócratas, oligarcas y el caballo

Para muestra solo basta tres significativos botones de estos días. La confesión y próximo encarcelamiento de Yona Metzger, ex Gran Rabino de Israel (más o menos el paralelo judío del Papa para los católicos) por recibir soborno de millones. El segundo, la investigación policial por los exquisitos puros cubanos junto con champagne rosado, dudosos regalos de conocidos magnates, que amenizan la agobiada vida de Netanyahu y su esposa en su palacete de Cesárea. Por último, la gigantesca jarana programada por el Likud, la likudiada, en un hotel de Eilat, justamente el día que se conmemora la Shoa en todo el mundo, solo para festejar la permanencia en el poder del partido de Netanyahu.

Pero la decisión de acoplarse a Trump no es solamente un grave error moral en la escala de valores humanos que pone en evidencia el peligroso proceso de degeneración del judaísmo.  Se trata de un grosero desacierto estratégico.

El pasado demostró que el factor de mayor importancia en el poder de influencia judío en la toma de decisiones del ejecutivo y congreso estadounidense se consolidó a mediados de la década del 70 del siglo pasado, principalmente en función de un creciente poder económico de ciertos componentes de la colectividad judía del país. La posibilidad de participar y ayudar activamente en la financiación o en la movilización de fondos de campañas electorales de candidatos convirtió a la convención anual de AIPAC, el lobby judío que promueve los intereses de Israel en EE. UU, en un acontecimiento que ningun postulante serio podría no estar presente[3].

Instituciones judías internacionales y estadounidenses comenzaron, paulatinamente, a tomar la función primordial de la diplomacia israelí con el objetivo de aprovechar ese enorme poder de influencia para movilizar los sucesivos gobiernos y congresos del país del norte en favor de intereses israelíes, hasta, se puede decir, convertirlos en sus incondicionales sirvientes como lo fueron durante la última década.

Pero las posibilidades de injerencia de instituciones judías en los centros de poder de EE.UU. también fue aprovechada en otro horizonte de necesidades israelíes. El permanente déficit de apoyo internacional en sus planes de conquistar tierras palestinas demandó esfuerzos especiales para movilizar el auxilio de cuanto país sea posible.

La globalización de los mercados internacionales permitió a instituciones judías interferir ante el gobierno estadounidense a los efectos de favorecer la firma de tratados de libre comercio con ciertos países que demostraron apoyo a Israel en sus demandas internacionales. El hecho de disponer de las llaves de los pasillos gubernamentales en el país del norte convirtió a instituciones judías en objetivos de galanteo de gobiernos del mundo con el consabido precio de apoyo a Israel[4].

Ambos artilugios, ayuda en la movilización de fondos de candidatos electorales en EE. UU, o la promoción de intereses de otros países en el mercado estadounidense, se desmoronaron como factores de influencia con la elección de Trump.

Como ya lo afirmó públicamente, el nuevo presidente no necesita del dinero judío, y probablemente su autoritarismo haga que tampoco sea lo suficientemente útil en las elecciones de congresales. Como quedó claramente demostrado desde el segundo día en funciones, con Trump en el gobierno no tiene ningún sentido hablar de franquicias preferenciales de otros países en el mercado estadounidense.

La conclusión es muy clara. Solo en base a insinuaciones de apoyo frente a los palestinos, Israel puso todas sus fichas de su posicionamiento internacional en la cabeza de un presidente extravagante, imprevisible, carente de respaldo político o ideológico formal y que solo se guía por intuiciones o intereses personales. En vez de una decisión estratégica coherente, la coalición de Netanyahu prefiere apostar todo el destino de Israel en un caballo que mañana, sin ninguna explicación, puede salir corriendo en sentido inverso.

Ojalá me equivoque.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel – 27-1-2017

http://daniel.kupervaser.com/  

[1] “Trump asegura que la tortura funciona en los interrogatorios”, CNN en español, 26-1-17

[2] “Trump, Diocleciano y el porquero”, Bernard-Henri Lévy, El País, 22-1-17

[3] “Amistad real y la borrachera de la fuerza”, Pág. Web de Yoav Karny, 10-3-12, en “Israel se emborrachó y no de vino”, Daniel Kupervaser, pág. 95, Editorial Dunken, Buenos Aires abril 2014.

[4] “Israel se emborrachó y no de vino”, Daniel Kupervaser, pág. 365, Editorial Dunken, Buenos Aires abril 2014.

4 Comments on ISRAEL APUESTA POR EL CABALLO EQUIVOCADO

  1. En un texto que publico en mi blog menciono que Israel parece hoy el rinoceronte de Ionesco, sin duda tu y yo debemos lamentar no poder incluirnos en esa metamorfosis
    https://yossimay1949.wordpress.com/2017/01/27/israel-palestina-2017/

  2. Daniel Gelbert // January 27, 2017 at 9:03 pm // Reply

    Yo creo que en el tema Jerusalem va a cumplir.Habra mas manifestaciones y atentados,pero Va a tener una magnifica excusa para hacer convenios jugosos con el Mundo Arabe e Iran.Nadie se atreveria a acusarlo de antiisraeli luego de trasladar la embajada.

  3. Gabriel Patrich // January 28, 2017 at 7:45 am // Reply

    Todos los presidentes Norte Americanos prometieron que iban a mudar la embajada a Jerusalén en sus campañas electorales, ninguno, hasta ahora se atrevió, por miedo a la reacción Árabe. Trump es un excéntrico personaje que poco le importa lo que el mundo piense de él, por lo que esta vez hay grandes posibilidades que cumpla, ¡si lo hace, el gobierno Israel aposto al caballo ganador!

  4. Alberto Mazor // January 28, 2017 at 2:16 pm // Reply

    1. Abba Eban llamó definió las fronteras de 1967 como “Fronteras de Auschwitz”
    2. Bernard-Henri Lévy es de izquierda.

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