TRUMP PROTEGE A NETANYAHU CON POLÍTICAS DE OBAMA

Hoy ya se sabe que el champagne que derramó la extrema derecha israelí (colonos de Cisjordania, prosélitos de Bennet y sus camaradas ideológicos del Likud), por el triunfo de Trump fue un derroche de dinero y un festejo antes de tiempo.

Tres meses atrás esta columna afirmó: “Lo que el Primer Ministro israelí entiende, y probablemente la desesperación e impaciencia de los colonos les impide captar, es que la precipitada carrera por colonizar e imponer soberanía israelí en todo Cisjordania, con mucha seguridad, puede causar un efecto bumerang que de por el suelo con todas las aspiraciones y sueños históricos. Por más que pueda aparentar irrisorio, el principal desafío de Netanyahu con el nuevo gobierno de Trump es lograr encausarlo por el mismo sendero que Obama transitó. Que se comporte como tigre de papel que ruje, pero no da zarpazo a Israel, aunque cumple al pie de la letra su servilismo absoluto detrás de intereses del Estado Judío en sus aspectos estratégicos más importantes. Netanyahu debería inyectar formalina al proceso de paz con los palestinos para mantenerlo enfrascado con apariencia de vida, aunque todos saben que ya fue fusilado años atrás. Paralelamente, se debería ocupar en dosificar avances moderados en la colonización de Cisjordania que le permitan, por un lado, no exasperar demasiado el frente externo, y por el otro lado en el frente interno, mantener en lo posible tranquila y unida la coalición parlamentaria que lo sostiene en el poder y continúa con el sueño de la Gran Israel”[1].

Netanyahu, como muy pocos estadistas y políticos israelíes, tiene muy claro que las dos únicas alternativas contrapuestas de una “solución definitiva” del conflicto con los palestinos son prácticamente inalcanzables por un largo tiempo.

La institución de un Estado Palestino independiente, bajo cualquier entorno territorial mínimo aceptado por los palestinos, implica la cesión de tierras bajo dominio israelí que la gran mayoría de esta sociedad, con seguridad y ante cualquier constelación parlamentaria, no está dispuesta a apoyarla.

En el otro extremo, si se deja de lado la táctica del gobierno israelí de criticar toda toma de posición de ONU en contra de Israel, se debe tener en cuenta que la reciente resolución del Consejo de Seguridad de ONU le demostró a Netanyahu que todo intento de imponer soberanía israelí en territorio de Cisjordania, como lo exige la extrema derecha israelí, implica necesariamente ponerse de frente a todo el mundo. Por más que se pueda movilizar el apoyo de un personaje extravagante como Trump, estos tiempos no son los más oportunos para una batalla en todos los frentes.

No por casualidad, durante los 8 últimos años de cadencias continuas como Primer Ministro de Israel, Netanyahu no aportó la mínima iniciativa global para arribar a un acuerdo serio con los palestinos. Por el contrario, toda su estrategia se basó en consagrar, vanagloriar y eternizar el status quo.

Sin lugar a dudas, el próximo encuentro personal entre Trump y Netanyahu, programado para los próximos días en Washington, será fundamental para fijar el marco en el cual se desarrollarán las relaciones entre la administración estadounidense y Jerusalén.

La oposición a Bibi, que teóricamente debería ser el bastión que mueve cielo y tierra en pos de negociaciones que puedan arribar rápidamente a un acuerdo con los palestinos, está totalmente desintegrada, inerme y a duras penas logra sobrevivir.

Por el contrario, la extrema derecha no da descanso en sus ataques y jaquea permanentemente a Netanyahu. Tras su logro, a costa de la oposición de Netanyahu, de la promulgación de la ley racista conocida bajo la denominación de regulación de tierras en Cisjordania, movilizó en estos días todas sus fuerzas para tratar de arrinconar a Netanyahu con la exigencia de borrar del léxico de las negociaciones la expresión “estado palestino”.

Naftali Bennet, el líder del partido Religioso Nacional “Habait Hayhudi”, se encargó de trasmitir una amenaza inadmisible en boca de un ministro a su Primer Ministro. En su Facebook escribió Bennet: “Las dos palabras –estado palestino- son una tragedia histórica. Está prohibido mencionarlas. Este es nuestro desafío. Si en la declaración al finalizar el encuentro, retornan Trump y Netanyahu al compromiso a la creación de Palestina, o dos estados en una forma u otra, todos nosotros lo sentiremos en nuestra propia carne en los próximos años. La tierra temblará”[2].

Los mismos correligionarios del partido Likud de Netanyahu no lo dejan en paz. En una solicitada publicada en los diarios de hoy expresan “su oposición a la creación de un estado enemigo en el corazón de nuestras tierras, exigen acelerar la construcción de colonias judías en Cisjordania y la imposición de la ley israelí en gran parte de ese territorio”[3].

Solicitada: El Likud a la derecha “extrema” de Netanyahu

Consiente de la significativa falta de respaldo político que pueda garantizar su muy ansiada y prolongada permanencia en función de Primer Ministro (siempre y cuando no le falle alguna de sus ridículas coartadas en las acusaciones por corrupción), no sería descabellado suponer que fue justamente Netanyahu quien recurrió a la ayuda del nuevo presidente estadounidense. De otra manera seria difícil suponer que justamente el conflicto palestino israelí fue elegido como la primera temática donde Trump decidió dar una elegante y prácticamente total marcha atrás en relación a sus declaraciones en la campaña proselitista tan solo tres semanas después de asumir sus funciones.

En su primera entrevista a un medio informativo israelí desde que entró en funciones, Trump se encargó de trasmitir un claro mensaje que básicamente tira por la borda gran parte de aquellas declaraciones pre electorales que tanto entusiasmaron a la extrema derecha israelí[4]. Sin temor a recurrir a un error de interpretación, se puede decir que Trump en su largo reportaje retorna básicamente a las posiciones tradicionales que caracterizaron a todos sus predecesores de décadas atrás.  

El nuevo inquilino de la Casa Blanca manifestó su profundo deseo de arribar a un acuerdo definitivo en el conflicto palestino-israelí, acentuó clara y ampliamente el motivo por el cual considera que los asentamientos no ayudan a este tipo de arreglo, y, por lo tanto, también Israel tiene que comportarse con mucho raciocinio en este proceso.

Significativa fue su respuesta ante la promesa preelectoral de trasladar su embajada a Jerusalén para lo cual incluso el intendente de esa ciudad se movilizó en la búsqueda de predio para su construcción. Ante la insistencia del periodista de fijar fecha Trump respondió en forma tajante: “Yo pienso al respecto. Yo analizo el tema y veremos que ocurre. No es una decisión fácil. Ya se habló de ella durante años. Nadie quiso tomar esa decisión y yo pienso seriamente sobre el tema. Veremos qué pasa”. Traducción al idioma diplomático: olvídense del tema.

Probablemente, el excelente analista Barak Ravid ya redactó el resumen informativo del encuentro entre ambos líderes programado para el próximo miércoles. “La charla entre Netanyahu y Trump se desarrollará en una atmosfera muy buena, con muchos abrazos y besos. Pero al fin de cuentas, se tratará de una charla muy parecida a aquellas entre Netanyahu y Obama. El Primer Ministro de Israel hablara sobre Irán, y otra vez Irán, pero Trump, como Obama, va a querer escuchar que es lo que Netanyahu está dispuesto a hacer para promover el proceso de paz”[5].

Nuevamente quedó demostrado que no hay político israelí que se pueda equiparar a Netanyahu en su habilidad para orientarse en un mar de fuertes corrientes en direcciones contradictorias. Si bien es cierto que desbarató, por el momento, el nefasto intento de anexar Cisjordania a Israel, en esta oportunidad logró movilizar al nuevo presidente de EE. UU para que, con la ayuda de las políticas de Obama, asegure su permanencia como Primer Ministro de Israel, no importa si el precio es eternizar el conflicto con los palestinos.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 12-2-2017

http://daniel.kupervaser.com/      

[1] “Bibi no canta Gloria”, Daniel Kupervaser, 12-6-2016

[2] “Si Trump y Netanyahu retornan a la expresión -estado palestino-, la tierra temblará”, Haaretz, 12-2-17

[3] “Netanyahu, el Likud a tu derecha”, solicitada en el diario Haaretz, 12-2-17  

[4] “Entrevista a Trump”, Diario Israel Hayom, 12-2-17

[5] “La derecha israelí votó Trump, pero recibió Obama”, Barak Ravid, Haaretz, 12-2-17

1 Comment on TRUMP PROTEGE A NETANYAHU CON POLÍTICAS DE OBAMA

  1. lidia ostrovsky // February 14, 2017 at 11:29 pm // Reply

    mirar el problema desde varios angulos, y decidir , es difícil.
    1)Si son dos estados,el árabe en menos que canta un gallo entran a tallar los islamistas,cuyo único fin es eliminar a ISRAEL. Final del cuento,una guerra que no sabemos hasta donde ni hasta cuando.-EL peor enemigo en la puerta de ISRAEL,el que no se quedara corto,morira GENTE como moscas porque al islam lo que menos le importa es LA GENTE.-

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