YORAM YOVELL – LA BANALIDAD DEL MAL

LA BANALIDAD DEL MAL

Prof. Yoram Yovell, Ynet, 2/3/18

Es mucho más fácil buscar la maldad humana en Polonia y Alemania. Ella está realmente allí. Pero también está dentro de nosotros

Mi abuelo, el renombrado profesor y filósofo Yeshayahu Leibowitz, comparó una vez la conducta de Israel en los territorios ocupados con la ideología nazi. En mi opinión, se trata de una comparación incorrecta que causó un gran daño. Por ese motivo la mayoría de la sociedad israelí no estuvo dispuesta a escuchar su certera y profética advertencia de lo que va a pasar con nuestra sociedad si se continúa dominando varios millones de residentes de Judea, Samaria y Gaza.

Lo traje a discusión a raíz del conflicto entre Israel y Polonia sobre la memoria del Holocausto, tema que continúa en titulares de los medios. Una delegación del gobierno polaco llegó a Israel esta semana para una ronda de conversaciones sobre la conocida “ley polaca”. Además, en unas pocas semanas, miles de jóvenes israelíes visitarán los campos de exterminio en Polonia.

¿Qué tenemos que buscar allí? Como ya me lo mencionó Noam Lifshitz, un educador que acompañó un viaje así, el mal que generó el Holocausto no se encuentra en los pabellones y alambre de púas de Auschwitz, tampoco en las vías del ferrocarril ni en los crematorios. Este monstruoso mal se encuentra en un solo lugar: dentro de los corazones de aquellos que planificaron y llevaron a cabo la “solución final”. Allí y solo allí debería buscarse, en el corazón del hombre. Para eso no es necesario un viaje vivencial a Polonia.

En mi opinión, el viaje anual a Polonia sirve a otro propósito psicológico, al que muchos de nosotros no somos conscientes de ello en absoluto: este viaje nos permite colocar la maldad humana fuera de nosotros, y no dentro de nosotros. La verdad es que gente totalmente común, incluidos nosotros mismos, pueden relacionarse en forma horrenda hacia personas que se perciben como diferentes de ellos – por el color de piel, nacionalidad o religión.

Prof. Yoram Yovell

Cuando nosotros enviamos los jóvenes a Polonia, o nos conmovemos por la legislación polaca, básicamente estamos diciendo: “Somos víctimas del mal, y por lo tanto el mal no es parte nuestra. Ellos son los malos y nosotros los buenos”. Esto es, por supuesto, una fantasía, y muy peligrosa, especialmente para nosotros

En mi opinión, el primer ministro, el ministro de educación y la ministra de justicia, tres políticos cuyo judaísmo es el centro de su vida (aunque dos de ellos no son observantes religiosos), hacen un uso sistemático e inteligente de la memoria del Holocausto para desviar la atención de su y nuestra maldad en el presente. En otras palabras: las batallas por el recuerdo del Holocausto, y los viajes a Polonia, nos sirven también como “quitamanchas nacional”. Este quitamanchas funciona muy bien, demasiado bien.

La verdad impactante es que muy fácilmente se puede lograr que gente buena haga cosas malas. En un experimento psicológico de Stanley Milgram (1962) que examinó memoria, se les dijo a los participantes que deben comportarse como “maestros” que castigan a su “estudiante” con una picana eléctrica cada vez que este comete un error. La potencia de la descarga eléctrica aumentaría gradualmente hasta 450 voltios, un voltaje que se les dijo era peligroso y mortal. El estudiante se retorcía con todo contacto de la picana pidiendo que se detuviera, pero el director del experimento dijo el maestro: “usted debe continuar, ese es el experimento. Tú no eres el responsable de lo que suceda aquí – Yo soy el responsable. Continúa”.

En realidad, no fueron picanas eléctricas, y el estudiante fue un actor. Pero lo importante es que más del 60% de los partícipes (hombres y mujeres) arribaron a la potencia máxima de 450 voltios sin rechazar órdenes. Es decir, la mayoría de las personas pueden matar a otra persona con tormentos, simplemente porque alguien con autoridad les dice que lo hagan. Desde entonces, han repetido este experimento en muchas variaciones con resultados similares.

¿Pueden personas “normales” asesinar, solo porque alguien les dice que lo hagan? En una palabra: sí. Los peores horrores de la historia no se llevaron a cabo por psicópatas, sino por grupos de hombres normativos uniformados que recibieron órdenes. ¿Y qué hay de los nazis? ¿Ellos también eran simplemente gente común? El historiador estadounidense Christopher Browning cree que sí. Yo no lo creo. Pero esa no es la pregunta importante.

La pregunta importante para nosotros es si los judíos pueden asesinar inocentes, simplemente porque alguien les dice que lo hagan. Y la fría respuesta a esta pregunta la recibió el Estado de Israel en una tarde de otoño, en los campos cercanos a cruce Kassem. El evento se dio a conocer con el nombre de matanza de Kafar Kassem y se produjo en fecha 29.10.56, cuando estalló la crisis del Canal de Suez.

En ese día, oficiales y soldados de un batallón de la gendarmería recibieron orden de imponer toque de queda a partir de la hora 17:00 en aldeas árabes de la región de Sharon. El comandante del batallón ordenó disparar a matar a todo quien se encuentre fuera de su casa a partir de este momento. Uno de sus oficiales preguntó qué hacer con residentes de esas aldeas que regresan del trabajo en Kfar Saba y Petah Tikva, o de sus campos donde trabajan, y ni siquiera han escuchado la declaración del toque de queda. El comandante del batallón respondió: “Que Allah tenga piedad”- “Dios tendrá misericordia de ellos”. El resultado – 43 personas, entre ellas mujeres y niños, todos ciudadanos de Israel, fueron parados al lado de la carretera y asesinados a sangre fría. Heridos de la primera andanada fueron rematados en el lugar.

Años más tarde, uno de los participantes de la masacre atestiguó frente a la periodista Dalia Karpel: “Nos comportamos como los alemanes. Ellos detuvieron camiones, bajaron a los judíos y les dispararon. Hicimos lo mismo, no hay diferencia. Acatamos las ordenes como un soldado alemán acató ordenes durante la guerra, cuando se le ordenó matar a judíos”. Entonces, ¿mi abuelo estaba en lo cierto? ¿Somos judeo-nazis? En mi opinión, no.

Monumento por matanza de Kafar Kassem

En el regimiento alemán de reservistas que investigó Browning, unidad que asesinó decenas de miles de niños, mujeres y hombres judíos frente a sus fosas de muerte, sólo había un oficial que se negó a participar en el asesinato. No fue castigado y no le iniciaron procedimientos judiciales en su contra. Los otros cien soldados del batallón se convirtieron en ávidos y convencidos asesinos.

En el batallón de gendarmería que recibió la orden de asesinar en 1956 había ocho oficiales. Siete de ellos se negaron a cumplir la orden recibida. De los 300 soldados del batallón, todos los cuales recibieron la orden de matar, sólo 11 participaron en el asesinato. Los asesinos fueron juzgados, y en su defensa argumentaron el cumplimiento de órdenes. En su fallo, el juez Dr. Benjamin Halevy, escribió las brillantes palabras “Fue una orden manifiestamente ilegal”. Desde entonces estas palabras acompañan y están presentes frente a todas las unidades del ejército de Israel y frente a la sociedad israelí. Esa es la diferencia.

Cada año Kafar Kassem rememora la masacre. En los 60 años transcurridos desde entonces, ninguno de los presidentes del estado, incluido Shimon Peres, se ha molestado en asistir. Nadie – hasta Reuven Rivlin. El presidente dijo valientemente en la ceremonia: “Debemos mirar directamente a lo que ha sucedido, debemos enseñar este capítulo difícil y sus lecciones”.

Concluyendo: es mucho más fácil buscar la maldad humana en Polonia y Alemania. Ella está realmente allí. Pero también está dentro de nosotros. Ser seres humanos y no nazis no es un regalo de Dios sino un objetivo para toda la vida. Si no nos preocupamos por él, arribaremos a situaciones terribles. Y también esta lección debemos enseñar a nuestros jóvenes, aquí en Israel, tal como piensa el presidente Rivlin.

Traducción: Daniel Kupervaser

1 Comment on YORAM YOVELL – LA BANALIDAD DEL MAL

  1. excelente nota, debe llegar a muchos la reproduciere en todos lados

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