SALVAR A ISRAEL DE HERIDAS AUTOINFLIGIDAS

Al igual que el renombrado escritor Mario Vargas Llosa, nadie se debe sorprender si Ronald Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial, pase a ser acusado de ser el principal judeófobo en idioma ingles junto a otros libelos por el estilo como difamador, zurdo, mentiroso, pro palestino, nazi, etc. Es el inventario de los típicos insultos de gran parte del judaísmo en contra de quien osa criticar en estos tiempos la política de colonización civil israelí en Cisjordania.

En pocas palabras de un artículo publicado semanas atrás, este reconocido líder mundial del judaísmo logró resumir muy claramente las nefastas disyuntivas de las perspectivas futuras del Estado Judío. Es sus palabras, “si las cosas continúan como hasta ahora, Israel tendrá que hacer una difícil elección: conceder plenos derechos a los palestinos y dejar de ser un estado exclusivamente judío o rescindírselos por completo y dejar de ser una democracia”[1]. Para quienes no dominan la jerga política israelí, con la expresión políticamente correcta “dejar de ser una democracia”, Lauder quiere significar que el estado judío, y por ende el judaísmo en general, se identificarán oficialmente con una escala de valores de carácter racista y discriminatorio al mantener permanentemente parte de la población bajo su soberanía sin derechos civiles básicos sobre una base étnica.

 

Cisjordania: el enjambre de colonias civiles judías

Sin embargo, todos los puntos a favor que Lauder acumuló con su certero diagnóstico, los perdió con la solución que sugiere. Repitiendo su propuesta: “Debemos cambiar de rumbo. Para evitar estas dos opciones inaceptables, la única forma de avanzar es apoyar la solución de dos estados”. Salvo que se trate una cortina de humo para continuar protegiendo a Netanyahu en su campaña de engatusar al mundo con un proyecto que no se tiene la mínima intención de materializarlo, el consejo de Lauder lo proyecta personalmente más bien como un principiante en el conflicto palestino-israelí.

Pese a que gran parte de palestinos e israelíes apoyan básicamente concesiones mutuas para llegar a un acuerdo de paz basado en el principio de dos estados, ningún avance en ese sentido será posible hasta que no se logre neutralizar y desmantelar totalmente el poder de influencia saboteadora de Hamas y otros grupos extremistas en el pueblo palestino y la del movimiento colonizador judío en Cisjordania y sus aduladores fundamentalistas en el pueblo judío. Estos poderosos sectores extremistas de ambos lados luchan por el todo y no permitirán la partición física del territorio, y en caso que se lo logre, entorpecerán por toda vía posible la convivencia pacifica de estos dos estados.

A sabiendas de los espectros políticos en la sociedad palestina e israelí, el nudo gordiano anteriormente mencionado se ha convertido en un obstáculo insalvable con perspectiva de una larga permanencia futura. Como consecuencia inevitable, la solución de dos estados no solo dejó de agonizar, sino que hace tiempo que murió quedando rotulada como subterfugio de una fantasía quimérica, o alternativamente, una apropiada evasiva para ganar tiempo.

Si la solución de dos estados es una ficción y, en palabras de Lauder, Israel continúa autoinfligiéndose heridas (continuidad de la colonización en Cisjordania), solo resta ser testigos de su coronación oficial como estado binacional o estado apartheid. No hay otra alternativa.

La colonización civil judía de Cisjordania se asemeja al lanzamiento allí de una bomba atómica. Borrará del mapa a palestinos y su estado, pero también destruirá a Israel.

Lo que la mayoría del componente judío de la sociedad israelí y del pueblo judío de la diáspora no quiere entender es que este proceso de degeneración del estado judío es inevitable. Para el caso en discusión, toda la arrogancia de fuerza y poder del liderazgo israelí, tal vez valedera en otros frentes, más la burla y ridiculización hacia líderes del otro bando (“Abbas es un pollito desplumado”), son actos capaces de satisfacer la perversidad del electorado judío difundiendo la sensación de ver sufrir al otro bando, pero totalmente estériles desde el punto de vista táctico frente a los palestinos.

Por más que Israel proyecte y demuestre su descomunal y sofisticado poder de destrucción, por más que el representante del servilismo estadounidense, el embajador Friedman, amenace con el enojo del presidente Trump ante el desplante frente a su llamado a reanudar las negociaciones, el poder del liderazgo palestino se equipara estratégicamente al de estas dos super potencias solo con la palabra NO. Simplemente sin moverse del lugar son capaces de clavar una enorme espina en la garganta del pueblo judío que no es capaz de tragarla ni escupirla, y con el correr de los años, puede terminar por asfixiarlo. El siglo XXI no es el año 1948. Hoy no se puede exterminar ni deportar población nativa.

Esta simple actitud pacifica, y no los disparatados y criminales intentos de terrorismo, es el arma infernal de los palestinos. Con ella dan por tierra con uno de las principales consignas que rigieron históricamente la campaña de independencia y fortalecimiento de los primeros años de Israel: la vinculación entre colonización y seguridad.

En esos tiempos (1920 -1967) la colonización judía se convirtió en un aporte esencial y pieza inseparable de la gran estructura de seguridad. A partir de la guerra de los 6 días el ejército israelí se convirtió en un agente y sirviente de colonos judíos para promover la apropiación de tierras, el destierro de palestinos y la colonización civil de territorios que quedaron bajo dominio de Israel como potencia ocupante. A los efectos de adueñarse de tierras palestinas, altos oficiales del ejército no dudaron de atestiguar en su momento ante jueces de Israel la importancia estratégica de colonias civiles judías en territorios ocupados para la seguridad del país[2]. Está claro que al poco tiempo quedó demostrado todo lo contrario, que fue toda una mentira orquestada. Las colonias se convirtieron en una carga para la seguridad.

Kiriat Arba. El general del ejército confisca tierras palestinas para colonizar judíos

Pero la colonización civil no solo pasó a ser una carga, sino que, en las circunstancias especiales del equilibrio político interno de Israel, se convirtió en una poderosa bomba de tiempo que el mismo movimiento que la lidera se encargó de instalar en la sociedad israelí. Mirando al horizonte muy bien se puede llegar a la conclusión que llegado el momento esta bomba puede estallar en la cara a todos los judíos del mundo.

Esta prognosis no la proclama un opositor vende patria de izquierda. Sale de boca de Ronald Lauder, uno de los máximos líderes del judaísmo, auto declarado “estadounidense, conservador, republicano y simpatizante del Likud desde la década del 80 del siglo pasado”. Como dice el dicho, “más vale tarde que nunca”, recién ahora le cae la ficha.

Si el estado binacional, estado apartheid, o la solución de dos estados llevan a Israel necesariamente a un callejón sin salida, ¿esto significa que no hay alternativa para salvar a Israel de heridas autoinfligidas? Si la hay. Pero, para el caso, Israel tiene que tomar una decisión histórica. Si la colonización y dominio de territorios de Cisjordania, total o parcial, es el objetivo principal, el destino ya lo describió Lauder. Si lo que prima es la seguridad de Israel, la alternativa es abandonar la colonización civil de territorios conquistados en 1967 y preocuparse por la seguidad.

Si la seguridad de Israel esta garantizada hoy, no hay ningún motivo para pensar que no lo sea en el futuro sin colonización civil. En tanto y en cuanto las condiciones lo exijan, ante la falta de avales palestinos válidos y suficientes, el ejército y las fuerzas de seguridad de Israel se establecerán, como hoy, en territorio que lo consideren necesario. Esto incluye Cisjordania. Eso sí, cumpliendo estrictamente las normas de convenciones internacionales que protegen la vida normal de población civil bajo ocupación militar. Su retirada estará condicionada a garantías de seguridad satisfactorias.

La desconexión de Gaza de 2005 con el desmantelamiento de las colonias y repliegue del ejército israelí, fue un ejemplo que estas fuerzas militares estaban emplazadas en esa franja en defensa únicamente de los colonos y no de Israel. De otra manera no se hubiesen retirado.

El contenido de esta nota no aporta una solución al conflicto, sino una salida imprescindible para salvar a Israel. Es de suponer que, por este camino, también se abrirá una vía mucho más factible sobre un futuro y posible acuerdo de paz.

Daniel Kupervaser

Herzlya – Israel 5-6-2018

http://daniel.kupervaser.com/

kupervaser.daniel@gmail.com

@KupervaserD

[1] “Las heridas autoinfligidas de Israel”, Ronald Lauder, El País, 4-4-2018

[2] Véase los distintos testimonios en: “Lord of the Land. The Settlers and the State of Israel 1967-2004”, Idith Zertal an Akiva Eldar, Kineret, Zamora Bitan, 2004 

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