Archive for the “Liderazgo” Category
Hasta junio del año 1967, el Estado de Israel se conformaba con que el mundo, y sobre todo los países árabes, lo reconozcan en el marco geográfico fijado en la guerra de la independencia y se pueda llegar a acuerdos de paz con todos los países colindantes. La guerra de los 6 días y la subsiguiente de Yom Kipur en 1973 produjeron un drástico cambio en sus concepciones políticas y sobre todo territoriales.
La desafortunada combinación de una súbita convicción de contar en las manos de una enorme fuerza y poderío de destrucción junto con un fundamentalismo legendario y religioso arrastró a la mayoría del país a una trágica aventura basada en la conquista territorial sin sopesar en ningún momento el enorme costo social y de imagen para todo el pueblo judío del mundo. Nadie puede olvidarse de la lamentable declaración de Moshe Dayan, Ministro de Defensa y quien fue responsable central en la conformación de esta visión: “Es preferible Sharem El Sheik sin paz, que la paz sin Sharem El Sheik (el punto sur de la península de Sinaí – Egipto)”.
La histórica concepción estratégica del ejército de transferir las batallas a terreno enemigo, fue transformada en la ideología de la incautación territorial que justifica apropiarse de la tierra hasta por el simple justificativo que un judío en la prehistoria deambuló por el lugar. El liderazgo israelí trasmitió y trasmite permanentemente un mensaje pacifista pero en la práctica demuestra impotencia e inoperancia de manera que es arrastrado por los grupos de presión que pregonan por el Gran Israel y por el desalojo de la población árabe local.
Por ese embaucador y retorcido camino, Jerusalén Oriental fue anexada a Israel en el año 1969 y en 1980 la Jerusalén Unificada fue declarada Capital de Israel. En el año 1981 se anexó las alturas del Golán a Israel y en estos meses quedó definitivamente claro que Israel seguirá poblando y construyendo en Cisjordania que pasó definitivamente a su poder. Las dos únicas excepciones fueron la devolución del Sinaí a Egipto y la retirada por la fuerza de Gaza, aunque respecto de ambas no se sabe por cuánto tiempo el gobierno podrá desentenderse de importantes sectores que reclaman ardorosamente el regreso.
El ideal de la Gran Israel no es una imagen abstracta y vaga. Esta muy bien definida en la tierra e incluye, aparte de Israel, todos los territorios de Gaza y Cisjordania, una importante parte del actual Egipto, gran parte de Arabia Saudita y de Siria, todo Jordania, todo Líbano y una pequeña parte de Turquía. ¿Dónde se puede visualizar un mapa? La respuesta es muy sencilla. Pilar Rahola, como Presidenta Honoraria y Gustavo Perednik como Director de la Fundación Hadar, en su página de Internet “El Rejunte Il”, nos sugieren con mucha sutileza la lectura de la página de Internet “Patria Judía” donde se expone el mapa de la Gran Israel, fuera de otras ideas y expresiones llenas de insultos, agravios, odio y crueldad hacia los árabes y todo quien no concuerde con ellos.

El mapa del Gran Israel que Pilar Rahola nos sugiere ver en silencio
Una vez que el Expreso Gran Israel comprobó la apropiación y control definitivo de Cisjordania, se escuchó el silbato de partida a la próxima estación: Damasco. ¿Quién lo hiso escuchar? El conductor de la locomotora Avigdor Liberman.
Ante el anuncio del Canciller sirio exigiendo la devolución de las alturas del Golán tomadas por la fuerza en el año 1967, el Canciller israelí declaró “Nuestro mensaje al Presidente sirio debe ser claro. En la próxima guerra no solo que serán derrotados, tú y tu familia perderán el gobierno. Ni tu ni tu familia volverán a controlar Siria”. El anuncio fue muy claro y preciso. No se aprecia si hay o no posibilidades de guerra. Para Liberman la guerra es un hecho y solo cuestión de tiempo. ¿Quién suplirá a Assad en el poder? Es de suponer que Liberman no renunciará a que sea un general israelí.
Como en el caso de Cisjordania, el mundo sabrá elevar un sórdido grito de protesta. De Obama no hay ningún temor después que Natanihau lo expuso ante el mundo como un pigmeo político que tirita cuando algún líder de Israel levanta el dedo. De los europeos se continuara escuchando estériles advertencias pues sus rodillas les tiemblan mucho cuando escuchan el nombre Tzahal.
El Expreso Gran Israel seguirá su lenta aunque persistente e incansable marcha por las vías de la conquista territorial. No hay barrera que lo detenga.
Ojala me equivoque
Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 8-2-2010
http://daniel.kupervaser.com/blog/
No Comments »
El operativo Plomo Fundido motivó un serio descontento y una airada protesta de parte de muchos países, inclusive de algunos que mantenían estrechas relaciones con Israel. El caso más significativo es el de Turquía que logró hacer tambalear una prolongada cooperación estratégica en materia de seguridad.
Días atrás, en el marco de una serie televisiva que trata básicamente problemas de la sociedad turca, se proyectó un capitulo con claros mensajes anti israelíes y antijudíos. Ante este hecho y una serie de declaraciones duramente críticas del Primer Ministro Erdogan en relación al comportamiento de Israel en el Líbano y Gaza, la Cancillería de Israel convocó al Embajador de Turquía a los efectos de presentarle la protesta y reprobación del gobierno ante actos y declaraciones que incitan al odio contra Israel.
Nadie puede poner en discusión el derecho de la Cancillería de Israel de interponer una queja ante cualquier embajador si es que el país se considera afectado por cualquier circunstancia. Lamentablemente, un conocido procedimiento diplomático con claros dictámenes protocolares que toda Cancillería digna de respeto los cumple al pie de la letra, inclusive en situaciones de tirantez, dio lugar a exponer el carácter arrogante y avasallador que singulariza la Cancillería de Israel en tiempos de Avigdor Liberman y el Vice Canciller Ayalon. .
El embajador turco fue llamado a presentarse en el despacho de Ayalón en el parlamento, en vez del Ministerio de Exteriores, como es habitual y, en contra de lo que establece el protocolo, se le hizo esperar en el pasillo. Una vez en el despacho, Ayalón se negó a dar un apretón de manos al diplomático, incluso cuando los periodistas gráficos allí presentes lo sugirieron. El embajador fue invitado a sentarse en un sofá considerablemente más bajo que las sillas de los representantes israelíes.
“Pongan atención a que está sentado en una silla más baja, que sólo hay bandera israelí en la mesa y que no nos sonreímos”, remarcó Ayalón a las cámaras de televisión visto por todo el país en un claro hebreo para imposibilitar que el embajador comprenda su significado. El personal de exteriores, además, pidió que se retirasen de allí los refrigerios que el personal del parlamento había preparado para la entrevista.
El mensaje de Ayalon deja en claro la nueva consigna del Estado Judío: el placer de humillar. Nosotros estamos arriba y los gentiles abajo pues somos el pueblo elegido, tenemos ese factor X de Pilar Rahola que nos hace un pueblo más inteligente y superior a los demás, los protocolos de la diplomacia internacional no son suficientes para defender el honor judío, hay que degradar y pisotear. Hay una necesidad de trasmitir permanentemente nuestra demanda que las normas internacionales no están escritas para delimitar nuestros derechos, sino el de los demás.
Cada vez que conmemoramos tragedias de nuestro pasado elevamos nuestra voz ante la falta de compasión y misericordia de otros pueblos, por ser un pueblo débil, sufrido y perseguido, pero no nos damos cuenta que hoy nos hemos convertido en un pueblo de matones y bribones que disfruta y goza haciendo sufrir al no judío. El camino más común para enfrentar un conflicto de toda naturaleza es por medio de uso de fuerza, imponiendo condiciones, humillando, bombardeando, destrozando. Buscar una solución basada en un dialogo abierto, en concesiones mutuas, inclusive en los estrados judiciales internacionales, están muy lejos de nuestro pensamiento. Ese es nuestro camino con los palestinos, lo es con Siria, y lo es ahora con Turquía.
Los judíos de la diáspora deberán tener en cuenta que si continúan con su apoyo incondicional a las posiciones de Israel ante un comportamiento tan sorprendente, el futuro los puede enfrentar con situaciones que pueden llegar a ser trágicas.
Ojala me equivoque
Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 12-1-2010
http://daniel.kupervaser.com/blog/
1 Comment »
Con profundo dolor y gran pena, el pueblo de Israel debe reconocer que el legendario y célebre partido Avodá (laborismo) dejó de existir y en estos días el cortejo lo conduce a su sepultura definitiva en el cementerio de la historia. El desenlace no fue repentino ni imprevisto, sino el resultado de arrastrar un prolongado estado enfermizo y el sufrimiento de una dolorosa agonía.
De nada le valieron los gloriosos años de heroicas epopeyas en la gestación y desarrollo de un Estado de Israel basado en la igualdad de oportunidades para toda su población y con una visión conciliatoria de igual a igual en el marco regional. Tampoco el marco ideológico le ayudó a protegerse con los necesarios anticuerpos ante los feroces ataques de las bacterias que causan simpatía a conquista territorial y hacen proliferar las ambiciones personales de sus líderes.
La preferencia de los mullidos sillones ministeriales por delante de los proclamados principios de una social democracia clásica no fueron más que actos de infamia de sus dos prominentes líderes de los recientes años: Shimon Peres y Ehud Barak. Durante los últimos 9 años el partido Avodá prefirió tirar por la borda todos sus principios políticos e ideológicos y se plegó a gobiernos de coalición liderados por el Likud o Kadima convirtiéndose en la práctica en careta y disfraz de proyectos totalmente ajenos a su plataforma. ¿Cuánto tiempo se puede mentir groseramente afirmando que es preferible influir dentro del gobierno que en la oposición?
“Los asentamientos son una parte inseparable del Estado de Israel” afirmó Barak, para agregar posteriormente:”Los bloques de asentamientos son una parte inseparable de Israel en todas las negociaciones futuras con los palestinos. El valle del Jordán y el Mar Muerto son regiones muy queridas por mi corazón” (2). Con estas declaraciones tan típicas del Likud y todos los grupos extremos que promueven la colonización creciente de los territorios conquistados en 1967, muy bien obra la historia haciendo desaparecer del mapa político al Partido Avodá. Tampoco representantes del partido en la diáspora estuvieron exentos de esta epidemia política. Recientemente se expresaron rechazando enérgica y totalmente el Informe Goldstone de la comisión de la ONU que investigó el último operativo Plomo Fundido liderado por el ministro de Defensa Ehud Barak. ¿Con qué derecho puede seguir existiendo el Partido Avodá con pretensiones de liderazgo de la izquierda israelí, cuando hay prominentes líderes, justamente de la derecha israelí, que reclaman que en ciertas acciones del ataque a Gaza hay sospechas de haberse cometido atrocidades y deben ser investigadas?
El darwinismo político se encargó de la extinción de esa especie que dispone de líderes que utilizan el mimetismo para anidarse en las sillas ministeriales en vez de luchar por la pureza, multiplicación y afinidad del grupo, incluso si le toca pasar largos y muy duros periodos invernales en la oposición.
Israel perdió, quien sabe por cuánto tiempo, el elemento básico de una democracia: el continuo conflicto entre la coalición y la oposición y la permanente existencia de una alternativa gubernamental. Ya no hay opciones. En Israel se escucha solo el unísono coro de Natanihau, Barak e increíblemente Tzipi Livni de Kadima que teóricamente está en la oposición de izquierda (Insólitamente declaró que el plan de congelamiento de la construcción de Natanihau es dañino para Israel por ser demasiado amplio). Ya no se habla de convivir pacíficamente, de concesiones mutuas, de conocimiento recíproco. Solo se escuchan amenazas de uso de la fuerza, la destrucción, la imposición, la conquista territorial, la discriminación, todos caminos que finalmente nos llevan al fracaso como fue la Segunda Guerra del Líbano, el operativo Plomo Fundido y también, aparentemente, la rendición ante la mayoría de las exigencias de Hammas para la liberación del soldado Shalit.
Muchos nos hemos quedado políticamente huérfanos, aunque pensando bien, es probable que sea preferible caminar desamparado por la vida política que bajo la protección de un padre desleal, violento y sometido a grupos extremos.
Pareciera que el unipartidismo reinará por muchos años en Israel.
Ojala me equivoque.
(1) Kadish: Plegaria judía que se pronuncia como parte del sepelio, generalmente de boca del hijo al lado de la tumba del fallecido padre o madre.
(2) Diario Aurora, 3-12-09
Daniel Kupervaser
Herzlya – Israel 7-12-09
http://daniel.kupervaser.com/blog/
No Comments »
Desde que asumió la función de Primer Ministro, Natanaihau no desaprovecha oportunidad para modificar su imagen de intransigente y exponer su apertura al diálogo sincero y predisposición a acuerdos de paz con los países árabes en conflicto con Israel. La firmeza de sus palabras y gestos es muy convincente. Todos estos esfuerzos podrían arribar a logros significativos hasta que una inoportuna entrevista nos permitió espiar dentro del pacífico palomar de Natanihau y comprobar que de él puede asomar un temible halcón que no teme en mostrar sus alarmantes garras.
Arie Shavit, reconocido periodista, nos ofreció la oportunidad de conocer la opinión del personaje más allegado al Primer Ministro y quien, en materia de seguridad y estrategia, es el que verdaderamente mueve los hilos detrás de las bambalinas. Se trata de Uzi Arad, Asesor de Alta Estrategia del Primer Ministro Natanihau y Director del Consejo Nacional de Seguridad (1)
Sus posiciones racistas y violentas las expone ya de un principio. Ante la provocativa pregunta si es partidario del uso de la fuerza responde: “¿Yo?, ¿partidario del uso de la fuerza?” y con una sonrisa continúa: “Pensé que, por el contrario, soy sensible. En temas nacionales e internacionales también la fuerza es idioma. No me gustan las confrontaciones entre judíos. Las energías que dispongo para el uso de la fuerza las prefiero dirigir en contra de los no judíos”.
Uzi Arad parece padecer de un serio problema de miopía y sordera pues ni siquiera hace referencia a hechos básicos y públicamente conocidos tales como los acuerdos de paz con Egipto y Jordania o el plan de paz de la Liga Árabe con apoyo masivo de la gran mayoría de sus miembros. Ante la pregunta si existe una chance para que finalice el conflicto responde con las siguientes palabras: “Lamentablemente no logramos convencer a los árabes de nuestro derecho de existencia en la región. No encontré ninguna personalidad árabe que es capaz de declarar pausada y claramente que acepta la existencia de Israel en su profundo concepto histórico y de conciencia”.
Su posición con respecto al posible acuerdo de paz con Siria y la problemática de las alturas del Golán muy bien puede ser considerada como un chiste de muy mal gusto. Pregunta: “¿Usted dice categóricamente: paz si, devolución del Golán no?”. Respuesta corta y precisa: “Correcto”. Pregunta: “¿También en tiempos de paz se debe exigir que el Golán permanezca en nuestras manos?”. “Si”. “¿Por qué?” “Por motivos estratégicos, militares, colonización, agua, paisaje y vino”.
Parte de la entrevista la dedica a detallar su extraña y hasta morbosa seducción por la temática del armamento nuclear. “Siempre me sentí atraído por lo importante, lo relevante……la revolución atómica. Recuerdo muy bien los hongos de la explosión de una bomba de 50 megatones en la atmosfera. En Estados Unidos había tensión nuclear, refugios atómicos, ejercicios preventivos de una guerra atómica, discusiones sobre armamento nuclear. Todo eso me cautivaba. Me atraía la imagen de Ophenhaimer, un judío que produjo la primera bomba atómica, pero por encima de todos me atraía Herman Kahn con quien trabajé en el Instituto Hudson. Kahn fue un gigante. Fue un faro para la inteligencia. El hablaba del Wargazm (orgasmo de la guerra), la excitación estremecedora de escuchar el trueno de los misiles partiendo con sus chorros de fuego”.
Su horripilante insensibilidad hacia lo humano sobresale notoriamente. Cuando se le interroga si se da cuenta que está hablando de tragedia responde: “En cierto momento usted se hace insensible. Como el empleado de banco que llega el momento en que no se conmueve por el hecho que sumas importantes de dinero pasan por su mano. Eso ya no le hace nada.
El futuro en las manos de Uzi Arad se nos presenta cargado de armamento pues “una situación que ambas partes están mutuamente equipadas de armamento es más segura que una situación de paz mutua”. Tampoco se altera en afirmar que “la seguridad de Israel en el futuro puede estar basada en la amenaza a los enemigos que le produzcamos una matanza civil general”.
Es penoso ser testigo de cómo la brutalidad, amenaza de causar tragedias y el uso de la fuerza son parte importante nuestros aportes significativos a la humanidad.
Ojala me equivoque.
(1) El Doctor, de Arie Shavit, Suplemento diario Haaretz, 10-7-09
2 Comments »
Bibi Natanihau regresó a su soñada función de Primer Ministro de Israel ataviado por dos cualidades fundamentales: por su renombrada reputación de ser muy versado en el manejo económico y por pretender estar dotado de una firmeza granítica y muy baja predisposición a ceder en las negociaciones. No en vano se presentó a las últimas elecciones exhibiendo su brillante curriculum como Ministro de Economía que años atrás salvó al país de caer en bancarrota encarrilándolo en la vía del crecimiento y progreso, según su concepción.
No importa el precio social ni cuantos cientos de miles de victimas se hundieron de camino en la pobreza, todos ciudadanos de Israel cuya única culpabilidad se centraba en que vivían en su mayoría solo del trabajo y no de oscuros juegos bursátiles. Como experto en medios de comunicación, Bibi sabe muy bien que en nuestros días la verdad es relegada a segundo plano y la imagen que se proyecta en los medios es lo más importante.
Tan característico de la personalidad de Natanihau, el cargo de Primer Ministro no le era suficiente, y para que quede claro quién es aquí el patrón, quién es el jerarca y quienes son los subalternos, se condecoró a si mismo con un título más: Súper Ministro de Estrategia Económica.
A pocos días de tomar funciones, y tan solo tres semanas atrás, Natanihau y su dependiente, Yuval Shtainitz, Ministro de Economía, se presentaron ante los medios en una conferencia de prensa donde anunciaron con bombos y platillos los puntos principales del plan económico del nuevo gobierno. En sus palabras y gestos, metaforizando un avión, a partir de ese momento la economía de Israel abandonaba su aterrizaje forzoso y comenzaba el despegue con el cielo y las estrellas como límite.
Como era de suponer de tan sobresalientes representantes de las concepciones económicas liberales, la exposición se centró en la necesidad del equilibrio presupuestario, la reducción de la carga impositiva, la promoción de la actividad privada, la liberación máxima del mercado del trabajo y la promesa, poco confiable, por la preocupación de las capas débiles de la población. En un monólogo, casi teatral, Natanihau repitió una y otra vez: “la población paga demasiados impuestos. Llegó la hora de reducirlos”.
Las ordenes e instrucciones adecuadas fueron trasmitidas a la Secretaria pertinente del Ministerio de Economía y tras ardua tarea de los expertos el anteproyecto de ley presupuestaria fue dado a publicidad una semana atrás. El mensaje que se trasmitía de la mayoría de los artículos era claro y tajante: drásticos y crueles recortes presupuestarios para la gran mayoría de los sectores, inclusive, para el sagrado e intocable presupuesto de seguridad. Vale la pena señalar una “excepción muy heroica y equitativa”: a los sectores con los ingresos millonarios se les reduciría la carga impositiva.
La respuesta no demandó mucho tiempo. Los sectores afectados levantaron inmediatamente su voz de protesta y reclamaron la cancelación de medidas que acarrearían, en su interpretación, nefastos resultados económicos y sociales.
Hasta aquí el corso presupuestario anual, de un contenido e intensidad típicos de un sistema de poder basado en una coalición parlamentaria. Lo llamativo, y de alguna manera fuera de lo común, es la sorpresiva respuesta de Bibi Natanihau ante estos ataques. Repentinamente, y por arte de magia, desaparecen del escenario su ideología, su reputación y fundamentalmente, su tan renombrada aspereza y severidad en las negociaciones. De inmediato comienza la función de la gran farsa o mejor dicho la gran tragedia de poder en Israel.
A Ofer Eini, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Israel, no le fue necesario ni siquiera amenazar con 5 minutos de huelga para que Natanihau dé un paso atrás en prácticamente todas las medidas programadas que afectaban a los trabajadores vinculados a esa central obrera. Ehud Barak, el vapuleado y debilitado Ministro de Defensa, tampoco se esforzó demasiado ni fue necesario que levante la voz. Una reunión con Natanihau de un par de horas bastó para que este último se retracte de todos los recortes previstos en el monstruoso y dilapidador presupuesto de defensa. La facilidad con que se rinde Natanihau fue interpretada rápidamente por otros ministros quienes también logran anular las drásticas medidas en sus fondos.
Ante el asombro del los medios y del público en general, en un gesto de desprecio por el orden institucional y la responsabilidad natural de un líder, el mismo Natanihau no encuentra otro chivo emisario de su serio fracaso de liderazgo mas que culpar públicamente a los altos funcionarios de la Secretaria de Presupuestos del Ministerio de Economía, y por ende, a su colega de partido, el Ministro de Economía Yuval Shtainitz.
Pero el sainete continúa y esta lejos de bajar el telón. De acuerdo a la ley, se reúne el pleno del gobierno para aprobar finalmente la ley de presupuesto nacional. El libreto preparado por Natanihau para esta oportunidad ofrecía una nueva versión de un drama gubernamental. En una patética reunión de gabinete los ministros discuten los distintos puntos, aunque de principio queda muy claro que las decisiones importantes del la ley de presupuestos no se tomaran en ese forum, sino en otro que estaba reunido a la misma hora dos pisos mas arriba. Ofer Eini, de la central obrera y Shraga Brosh en representación de los empresarios, junto a un asesor de Natanihau, discutieron y fijaron el marco presupuestario básico que en ultima instancia los propios ministros se vieron en la obligación de aprobar. La máxima instancia del orden institucional de Israel quedó subordinada a una troica de interesantes extra gubernamentales.
En los aspectos económicos, en relación a las pomposas declaraciones previas, el resultado es penoso y lamentable. El déficit presupuestario se duplica, se incrementan viejos impuestos y se decretan nuevos. Natanihau solo queda fiel al artículo que más lo identifica en su concepción de la equidad y justicia distributiva: se reducirá la carga impositiva a las familias millonarias del país.
Desde el punto de vista del orden gubernamental y estatutario, las consecuencias se pueden considerar calamitosas. Natanihau, mas allá de sus posiciones ideológicas, evidenció ser un fracaso como líder, incapaz de conducir un gobierno que fija sus políticas, y lo que es peor, produjo un serio daño en los equilibrios institucionales. A nivel personal Natanihau demostró que su tan afamada valentía y coraje los tira muy fácilmente por la borda en un acto de rendición sin condiciones. Lejos de imaginarnos un superman todopoderoso, se nos aparece más bien como un tigre de papel.
En esas condiciones, no sé si Israel puede estar seguro de tener el líder apropiado para desafíos con caracteres más peligrosos y complicados que el económico.
Ojala me equivoque.
No Comments »
Las dificultosas y amenazantes condiciones de seguridad reinantes durante todo el proceso de constitución del Estado de Israel y en sus primeros 60 años de vida independiente determinaron una interacción constante e intensa entre los sectores civiles y los militares del país. Esta interrelación se plasmó y configuró en caracteres y estructuras de liderazgo muy especiales y peculiares de la sociedad israelí que la diferencian significativamente de otras.
Sin penetrar dentro de un profundo análisis sociológico, trataremos de acentuar solo algunos aspectos de estas características y modelos de conducción tan especiales, particularmente, las grandes diferencias que se perciben en ciertos matices sociales importantes a través de las etapas que transcurrió Israel desde su independencia hasta cumplir sus primeros 60 años.
La proclamación de la independencia, la guerra que se desata de inmediato conjuntamente con escasa población, configuraron el profundo arraigo de la consigna “todo el pueblo es el ejército y el ejército es todo el pueblo”. La sociedad en su totalidad se moviliza en el esfuerzo militar y tan solo unos pocos cientos de predicadores religiosos ortodoxos fueron liberados por el líder Ben Gurión según expreso pedido de altos rabinos. Un glorioso pasado militar combativo, las historias de participación en audaces operativos y el periódico llamado a reserva pasaron a ser unos de los símbolos mas importantes del status social sobresaliente de todo ciudadano.
El ejército, fuera de cumplir la sagrada misión de ofrecer el máximo de seguridad a la población civil, trataba por todos los medios de apoyar los esfuerzos de desarrollo de esta nueva sociedad en crecimiento. Como ejemplo no se puede dejar de lado su enorme aporte a la creación artística autóctona nacida de los conjuntos de teatro, sátira y música que originalmente se reclutaron para entretenimiento de lo soldados pero que con el tiempo se convirtieron en verdaderos pilares de esa inmensa y admirable creación que es la nueva cultura israelí. Otro aspecto digno de mención es la participación activa del ejército en el esfuerzo nacional apoyado por todos los sectores políticos dirigido a la ampliación y desarrollo de la colonización civil, sobre todo en zonas limítrofes, con el complementario objetivo de incrementar la capacidad de defensa. Los aspectos educativos tampoco fueron extraños a este proceso donde se destacó claramente el enorme esfuerzo de arraigar el idioma hebreo en esta nueva sociedad compuesta principalmente por inmigrantes con decenas de lenguas diferentes.
Curiosamente, y a diferencia de la mayoría de sociedades en condiciones homologas de surgimiento, el aspecto político de esta intensa interrelación entre los estratos civiles y militares de la sociedad en sus primeros pasos dio como resultado una situación muy peculiar y sin semejanza. El pasado y la experiencia militar y de seguridad no brindaron ninguna prerrogativa ni representó ningún tipo de ventaja para aquellos que pretendían aprovechar esas cualidades en pos de una posición política preferencial. Las evidencias son claras. Durante los primeros 7 años posteriores a la independencia ningún general retirado del ejército fue elegido como miembro del parlamento o nombrado como ministro en el gobierno israelí. El fenómeno es idéntico para el caso de jerarcas retirados de los distintos servicios de seguridad de Israel. Las estrategias y políticas de seguridad fueron fijadas únicamente por autoridades civiles sin ninguna curtida o prolongada experiencia militar o en los servicios secretos.
Tampoco los militares activos tuvieron muchas oportunidades de codearse en los marcos políticos de alta jerarquía en los momentos de toma de decisiones. Como consecuencia de la firme posición de quien lideró el proceso, David Ben Gurión, se estableció como principio básico de institucionalidad democrática la clara diferenciación entre los estratos políticos elegidos en elecciones generales y los estratos técnico – profesionales designados por los niveles políticos. La interpretación de este principio fue muy precisa. En las reuniones de gobierno solo participaban ministros y los informes militares o de la policía se traían a la mesa del gabinete por boca de los ministros correspondientes quienes mantenían los contactos por separado con los comandos y unidades de seguridad subordinados a su autoridad.
Este idilio democrático y social entre los estratos civiles, el ejército, los servicios de seguridad y el poder político no disponía de las suficientes fuerzas como para resistir durante mucho tiempo y en pocos años entró en un lento pero persistente proceso de desgaste. No seria exagerado afirmar, sin temor a equivocarse, que la imagen que proyecta Israel en los aspectos analizados cambió radicalmente en término de pocas décadas, o más bien se pasó de un polo al otro.
Los sectores religiosos ortodoxos (no los religiosos denominados nacionales) aprovecharon coyunturas electorales favorables y negociaron apoyos a coaliciones gubernamentales a cambio de liberar a todos sus jóvenes del alistamiento al ejército para permitirles su “sagrado estudio de la Torá”.
El proceso de globalización y privatización que abarcó todo el mundo, también dejó sus marcas en la sociedad israelí. La combinación del desentendimiento de las instituciones gubernamentales de toda responsabilidad de apoyo social a grupos débiles o necesitados junto con una ideología fomentada por el gobierno de un marcado predominio del interés personal al general, provocó la intensificación de los esfuerzos de muchos jóvenes por escabullirse por cualquier medio posible del alistamiento al ejército. De nada valieron ruidosas campañas de fomento a la movilización o las amenazas de posibles penalizaciones.
Las estadísticas de los últimos años son muy claras y reflejan cuan distanciada en el tiempo quedó aquella expresión “todo el pueblo ejercito”. En el año 2008 se informó que el 34% de jóvenes judíos no se alista por diversos motivos (jóvenes árabes están exentos por ley de presentarse al ejército). El segundo dato que refleja aun con mayor intensidad este distanciamiento es que solo un 4,5% de la población en edad apropiada participa de la movilización de la reserva en el ejército.
El ejército, de su parte, también abandonó prácticamente toda actividad que representaba un aporte significativo a la sociedad civil, tal como lo fue en su tiempo los aspectos artísticos y culturales como los educacionales y de colonización de zonas desérticas o fronterizas.
La persistencia y profundización de esta tendencia conllevará necesariamente al inicio de la programación de un futuro ejército profesional basado en la movilización fomentada por la recompensa económica y no en el alistamiento de todo ciudadano en función del compromiso social con la seguridad del estado.
Paradójicamente, se visualizó un notable y drástico incremento en lo que respecta a la participación en el parlamento y gobierno de las capas de militares en retiro y altos funcionarios egresados de los distintos servicios de seguridad.
Sin lugar a dudas, la guerra de los seis días del año 1967 y su influencia en la imagen de la capa de militares ante el público determinó un punto de inflexión de una tendencia que se vigorizó con los años hasta arribar a un record con el parlamento y gobierno que finalizan su mandato en estos días.
En los cuarenta años que distancian la guerra de los seis días del último parlamento, el número de sus miembros con grado de generales y jerarcas de los servicios de seguridad retirados pasó de 4 a 14. En el gobierno, en el mismo período, su participación creció de 3 a 10. Vale la pena mencionar que si bien los cambios en ambas campos de acción fueron similares en magnitud, en lo que respecta al peso específico hay una gran diferencia. Mientras que en el parlamento en su punto máximo (2006-2008) solo arribaron a representar no más del 12%, en el gobierno, el marco de las decisiones más importantes, su peso específico arribó a casi el 40% en el mismo período.
Otra demostración que pone en evidencia la creciente tendencia en Israel de retirarse del ejército y continuar en la carrera política surge del análisis del comportamiento de los comandantes en jefe del ejército desde la creación del estado a estos días. De los 18 comandantes del ejército que se retiraron desde la creación del estado a la fecha, 11 (61%) se dedicaron a la política con su retiro. Solo 2 de ellos hasta el año 1973 y el resto con posterioridad.
Otro aspecto, y tal vez de mayor significado, surge con la creciente participación de los distintos representantes activos del ejército y de los servicios de seguridad en las reuniones de gabinete. A diferencia de la etapa de Ben Gurión como primer ministro, el último gobierno, como ejemplo de la tendencia de todos los últimos gabinetes de por si compuestos por una amplia capa de militares retirados, fomentó una creciente participación de militares activos y jerarcas en funciones de los distintos servicios de seguridad. De esta forma se pudo visualizar ciertas reuniones de gabinete con la participación del Comandante en Jefe del Ejército, Jefe de Operaciones, Jefe de Informaciones, Comandante de la Aviación y de la Marina, esporádicamente algún comandante de las distintas regiones del ejército (norte, centro o sur), Jefe de los servicios secretos, Jefe del Mossad y Jefe de la Policía. No es necesario hacer conjeturas para llegar a la conclusión que en este tipo de reuniones participaban más militares, entre activos y retirados, que civiles.
Una participación masiva del ejército y de los distintos servicios de seguridad no solo se percibe en las estadísticas de miembros del parlamento, ministros y militares activos que están presentes en los foros de las altas decisiones, sino que su influencia penetró en los aspectos mas importantes de la cultura de liderazgo del país. La situación llegó a tal medida que prácticamente es imposible concebir cualquier decisión de gobierno o del primer ministro sobre todo tema que tenga cierta relación con seguridad que no se de a conocer públicamente el apoyo de las instancias militares y de seguridad. La prolongada intervención de los estratos militares en las decisiones cruciales de los gobiernos inculcó el predominio de la solución de problemas por medio de la fuerza. No en vano, ante situaciones conflictivas cuya solución aparenta ser problemática, amplios sectores de la población suelen hacen escuchar una consigna bastante significativa y discutible: “Dejen vencer a Tzahal”
El desarrollo de los hechos y los números son una clara evidencia. En 60 años de independencia se pasó de una sociedad altamente militarizada pero dirigida por civiles a una sociedad prácticamente desvinculada del ejército, pero con una conducción altamente condicionada y orientada por concepciones de militares activos y de reserva.
Da la impresión que la experiencia de los últimos años, con operativos militares que mayormente finalizaron en notables fracasos o en victorias pirricas, nos está alertando claramente que es probable que hayamos elegido un modelo de liderazgo erróneo.
Ojala me equivoque.
Generales del ejército (1) y jerarcas de los servicios de seguridad, en retiro, en funciones de miembros del parlamento israelí
|
Índice numérico de parlamento
|
Año de constitución
|
Generales del ejército
|
Jerarcas del los servicios de seguridad
|
Total
|
|
1
|
1949
|
0
|
0
|
0
|
|
2
|
1951
|
0
|
0
|
0
|
|
3
|
1955
|
2
|
0
|
2
|
|
4
|
1959
|
3
|
0
|
3
|
|
5
|
1961
|
3
|
0
|
3
|
|
6
|
1965
|
4
|
0
|
4
|
|
7
|
1969
|
3
|
1
|
4
|
|
8
|
1973
|
7
|
0
|
7
|
|
9
|
1977
|
10
|
0
|
10
|
|
10
|
1981
|
7
|
0
|
7
|
|
11
|
1984
|
8
|
0
|
8
|
|
12
|
1988
|
9
|
0
|
9
|
|
13
|
1992
|
9
|
0
|
9
|
|
14
|
1996
|
9
|
1
|
10
|
|
15
|
1999
|
8
|
1
|
9
|
|
16
|
2003
|
9
|
2
|
11
|
|
17
|
2006
|
10
|
4
|
14
|
|
18
|
2009
|
8
|
3
|
11
|
Fuente: Propia en base a Sitio Internet de Kenesset Israel (Parlamento
Israelí)
(1) No incluye coroneles y oficiales de grado inferior
Generales del ejército (1) y jerarcas de los servicios de seguridad, en retiro, en funciones de ministros en el gobierno de Israel (2)
|
Orden numérico de los gobiernos
|
Año de constitución
|
Ministros
|
|
Transitorio
|
1948
|
0
|
|
1
|
1949
|
0
|
|
2
|
1950
|
0
|
|
3
|
1951
|
0
|
|
4
|
1952
|
0
|
|
5
|
1954
|
0
|
|
6
|
1955
|
0
|
|
7
|
1955
|
1
|
|
8
|
1958
|
1
|
|
9
|
1959
|
1
|
|
10
|
1961
|
2
|
|
11
|
1963
|
2
|
|
12
|
1964
|
2
|
|
13
|
1966
|
3
|
|
14
|
1969
|
3
|
|
15
|
1969
|
4
|
|
16
|
1974
|
5
|
|
17
|
1974
|
4
|
|
18
|
1977
|
6
|
|
19
|
1981
|
2
|
|
20
|
1983
|
2
|
|
21
|
1984
|
5
|
|
22
|
1986
|
5
|
|
23
|
1988
|
5
|
|
24
|
1990
|
3
|
|
25
|
1992
|
5
|
|
26
|
1995
|
4
|
|
27
|
1996
|
4
|
|
28
|
1999
|
6
|
|
29
|
2001
|
8
|
|
30
|
2003
|
6
|
|
31
|
2006
|
10
|
|
32
|
2009
|
?
|
Fuente: Propia en base a Sitio Internet de Kenesset Israel
(Parlamento israelí).
(1) No incluye coroneles y oficiales de grado inferior
(2) Dentro del mismo gobierno no todos en funciones al mismo
tiempo.
No Comments »
En términos de un par de semanas los ciudadanos de Israel están convocados a elecciones generales anticipadas para elegir un nuevo parlamento (Knéset). El carácter de anticipadas se debe a que la última coalición en el poder no fue capaz de formar un nuevo gobierno después de la forzada renuncia de Olmert tras tan solo menos de tres años en funciones en una cadencia que tendría que haber llegado a los cuatro años y medio. Este será el parlamento numero 18 en sus 60 años de existencia demostrando una seria inestabilidad parlamentaria con un promedio de un poco más de tres años de vida por parlamento.
Pese a que la democracia israelí renguea en muchos aspectos, no caben dudas que las elecciones generales libres son una de sus mayores expresiones y tal vez el momento en que cada ciudadano se debe sentir con la fuerza del poder en sus manos. El proselitismo y la necesidad de singularizarse y sobresalir de los distintos partidos son los motivos por los cuales se crea una situación de tensión, nerviosismo e incertidumbre típica de los momentos de decisiones cruciales. La realidad política israelí de los últimos años nos demostró, en repetidas oportunidades, que esas decisiones trascendentales generalmente no traen acarreados cambios dramáticos sino que son parte de un proceso de meandros en un mismo círculo cerrado que se repite periódicamente.
Estas próximas elecciones se presentan, en el aspecto central y decisivo de la realidad política israelí, como la gran disyuntiva entre aquellos que prometen una idílica paz como resultado de negociaciones con los palestinos y los sirios basadas en supuestas “profundas y dolorosas” concesiones territoriales de parte de Israel, en tanto que los sectores opuestos insisten en la necesidad de una posición combativa e intransigente, sin ningún tipo de concesión territorial, culpando a los primeros como traidores por dividir el país y principalmente la ciudad de Jerusalén.
La propaganda política, el proselitismo y las declaraciones de los distintos líderes tratan permanentemente de agudizar las diferencias y de atemorizar al público ante los peligros o el derroche que significa dar confianza a partidos adversarios. El lenguaje es categórico y profundamente fatalista. Nos dicen: “La decisión en esta oportunidad es la más crítica en la historia del país”. Y repiten: “Estamos delante de una de las disyuntivas cardinales del destino de Israel”.
En los próximos párrafos tratare de demostrar que esta confrontación es más bien imaginaria y en la realidad no importa quién triunfe en las elecciones, el resultado en la práctica será el mismo.
Estas elecciones, así como las anteriores, no son más que una versión más dentro de una función de cine continuado, tal como la vivimos en nuestra niñez. La misma película se repite una y otra vez continuadamente.
El sistema de poder en Israel está basado en el modelo parlamentario inglés. Los parlamentarios son elegidos en elecciones nacionales por representación proporcional de listas cerradas de partidos políticos. El parlamento es unicameral y está compuesto por 120 miembros. Una vez conocidos los resultados de la elección, el presidente llama a consulta a los representantes de todos los partidos con presencia parlamentaria y otorga el mandato de formar el próximo gobierno, y por ende la función de primer ministro, al representante del partido con mayores posibilidades de obtener la confianza de mas del 50% de los congresales.
El excesivo fraccionamiento partidario impide que algún partido logre obtener más del 50% de los votos y por ende de los parlamentarios. Ante esta situación, es necesaria la constitución de una coalición gubernamental basada en acuerdos entre partidos que al menos refleje un programa de gobierno que tendría que ser común, aunque en general es un compromiso que obedece al conocido dicho “quedar bien con dios y con el diablo” con el objetivo de esconder contradicciones insuperables entre los socios de la coalición gubernamental con tal de recibir el derecho a un mullido sillón ministerial.
Este proceso de constitución de una posible coalición gubernamental es muy peculiar de Israel y la exhibe claramente en aspectos poco halagadores. Las plataformas políticas de las distintas agrupaciones hacen hincapié en todos los aspectos de la vida social, política y económica del país, aunque, sin lugar a dudas, la posición de los partidos respecto al conflicto con los palestinos y los países árabes es el elemento primordial para catalogar a los distintos partidos en su tendencia a agruparse en “bloques” de componentes más o menos afines u homólogos.
Así se habla del “bloque de derecha”, caracterizados por ser intransigentes y combativos y está compuesto por el Likud (Unidad) bajo el liderazgo de Bibi Netanyahu como candidato a primer ministro, Shas (religiosos ortodoxos sefardíes), Agudat Israel (religiosos ortodoxos asquenazíes), Israel Beitenu (inmigrantes rusos y derecha secular), Bait Yehudi (Casa Judía, religiosos nacionalistas), Haijud Haleumi (Unidad Nacional – colonos de Cisjordania). A estos partidos se le podría agregar otras agrupaciones pequeñas, generalmente de extrema derecha, aunque es difícil vaticinar si es que conseguirán el mínimo requerido para lograr, al menos, un parlamentario.
El “bloque de izquierda”, caracterizado por su predisposición, según sus declaraciones, a un acuerdo basado en un compromiso territorial con los palestinos y Siria, está compuesto por Kadima (Adelante) liderado por Tzipi Livni como candidata a primer ministro; Avodá (Laborismo) liderado por Barak, también postulado como jefe de Gobierno; Meretz (Energía, lista unida de la nueva izquierda); Hadash (Frente democrático por la paz e igualdad); Balad (Alianza nacional democrática); Raam-Tal (Lista árabe unida). Estos tres últimos partidos son erróneamente denominados “partidos árabes” debido al amplio apoyo que reciben de la población árabe, aunque se debe aclarar que el partido Hadash incluye candidatos y muchos partidarios judíos. Por otra parte es importante señalar que según las estadísticas de los últimos años se demuestra que un 40% de la población árabe de Israel da su voto a partidos considerados vulgarmente como “sionistas”, inclusive a algunos de los partidos religiosos judíos que no son siempre realmente “sionistas”.
A estos dos bloques se le debe agregar otros dos pequeños partidos particulares y sectoriales como es el caso de los Verdes o la Lista Ecologista y el partido de los Jubilados. Estos partidos están dispuestos a apoyar cualquiera de los dos bloques en caso que le respondan positivamente a parte o todas sus demandas sectoriales.
El aspecto más interesante de la realidad política de Israel es comprender el manipuleo que se le da a los resultados de las elecciones. Más allá de importar el resultado absoluto de un partido, es de mucho mayor importancia, y tal vez la única garantía de participar en un futuro gobierno, el resultado que lograron todos los partidos componentes del bloque afín con respecto a los partidos del bloque adversario en conjunto.
En este juego numérico salta a la luz uno de los más desagradables aspectos discriminatorios y segregantes de la sociedad israelí respecto de parte de sus legítimos ciudadanos. Los denominados “partidos árabes” son considerados como elemento positivo por parte del “bloque de izquierda” si junto con ellos logra contabilizar 60 o más parlamentarios. En esta situación el líder del bloque puede lograr recibir el mandato del Presidente para constituir una coalición gubernamental, o por lo menos, impedir que lo reciba el partido mayoritario del “bloque de derecha”. A partir de este momento los “partidos árabes” pasan a ser “mercadería de segunda categoría” pues su participación en un gobierno de “partidos sionistas” puede llegar a ser considerado una seria traición por la población judía. Al menos la historia ha demostrado que esto jamás ocurrió y es muy difícil de suponer que ocurra en un futuro próximo. Por el contrario, todos los miembros del “bloque de derecha” son “puros” y con derecho a participar en la coalición gubernamental si los números se lo permiten.
El segundo aspecto interesante en esta situación cronológica de la formación de la coalición gubernamental y gobierno se sucede en el momento que un bloque logra “en los papeles” la mayoría necesaria para bloquear al otro o directamente para formar gobierno. En esta situación, no hay que sorprenderse si algún partido del bloque minoritario, en este caso, decide repentinamente cruzar las líneas y pasarse al bloque mayoritario. Eso si, siempre se trata de un “patriótico llamado del destino del país que demanda el sacrificio, en beneficio de los intereses del país y no los partidarios y/o particulares”, etc. etc.
De acuerdo a los sondeos previos a las próximas elecciones, el “bloque de derecha” liderado por el Likud con Bibi Netanyahu tiene previsto el triunfo logrando todos los partidos del bloque entre 64 a 66 escaños versus 56 a 54 del “bloque de izquierda” (incluyendo los denominados “partidos árabes”).
Las excelentes perspectivas de Netanyahu en liderar la formación del próximo gobierno también son validas incluso en caso que el bloque de izquierda logre 60 escaños o unos pocos mas (prácticamente no mas de uno o dos) pues tanto Livni como Barak, para no ser expuestos como “sionistas traidores” no pueden basarse para formar gobierno en los votos de los “partidos árabes” (aproximadamente 10 escaños). Es exactamente la misma situación que se vivió el pasado verano de 2008 con la renuncia de Olmert. Ante la misión encomendada por el presidente Shimón Peres de formar gobierno, Livni se vio imposibilitada de cumplir el objetivo, y por tal motivo, se debió llamar a nuevas elecciones.
Amplios sectores tanto de Israel como del exterior, así como muchos de los medios de difusión, trasmiten permanentemente un serio temor de las temibles consecuencias que puede arrastrar la constitución de un gobierno liderado por Netanyahu apoyado por el “bloque de derecha”, tan unificado y consolidado en sus políticas expansionistas, en su intransigencia y su belicosidad en todo lo referente a las relaciones con los palestinos y Siria.
No es comprometedor asegurar que aunque el riesgo existe, no hay motivos de una seria preocupación. Los políticos de Israel, como en todo el mundo, están guiados por sus ideologías, pero por encima de todo, por el irresistible instinto de supervivencia en los altos escalones gubernamentales, en especial, la indomable atracción del cuero de los sillones ministeriales.
Netanyahu tiene muy claro que si forma un gobierno solo con el apoyo del “bloque de derecha” basado en una plataforma expansionista e intransigente, es de esperar que en forma casi automática le cancelen la “visa política” de entrada en Estados Unidos de América. Barak Obama no se puede dar el lujo de comenzar su mandato dando apoyo a un gobierno que le pueda embadurnar su imagen democrática y liberal, aunque será necesario aguardar un tiempo para demostrar que sus medidas concretas en la zona lleguen a diferir mucho del gobierno de Bush.
De parte de Netanyahu, sería demasiado cándido suponer una actitud tan suicida de un experimentado político israelí, especialmente en los pasillos del Congreso estadounidense y la Casa Blanca.
Por lo tanto, a los pocos minutos que se anuncien los primeros resultados de las elecciones ya se podrán escuchar las primeras propuestas de un “gobierno de unidad nacional” que incluya todas las fuerzas centrales de los partidos sionistas.
“Los desafíos ante los críticos problemas del destino del país exigen dejar de lado intereses sectoriales y unificarse detrás de los objetivos comunes a todo el pueblo”, repetirán una y otra vez los candidatos de los partidos que hasta horas antes vociferaban por alternativas políticas opuestas totalmente una de otra.
La base primordial de esta nueva coalición estará constituida por el Likud y Kadima o Avodá aunque nadie se podrá sorprender de una posible coalición compuesta por los tres partidos juntos. Sobre una de estas bases se acoplaran otros partidos del “bloque de derecha” No debería dejarse de lado la posibilidad teorética de una coalición casi de pared a pared de casi todos los partidos sionistas dejando de lado solo a Meretz y los “partidos árabes”. En este caso la coalición gubernamental gozaría de una mayoría, claramente antidemocrática, del 85% al 90% de los congresales. El monolítico apoyo de la población judía al último y sangriento operativo en Gaza no es más que un claro y muy cercano indicio.
La plataforma política de este nuevo gobierno, tal como ocurrió con la mayoría de los gobiernos de los últimos tiempos, será una obra de arte lingüística que dará cabida a aspiraciones de partidos con plataformas totalmente opuestas. En ese sentido, la experiencia política israelí nos demuestra que más que una “coalición de unidad nacional” se trata de una “coalición de parálisis nacional”. Los sectores contenciosos se neutralizan entre sí y el gobierno es incapaz de promover ningún plan serio. No en vano los últimos gobiernos se caracterizaron por una carencia total de planes y estrategias a largo plazo, a lo sumo, se conformaron con improvisaciones o respuestas a planes formulados por terceras partes.
La experiencia de los últimos años volverá a las pantallas, de la misma manera que una sesión de cine continuado. Otra vez sincronizaremos los planes para promover la paz con los estadounidenses. Otra vez comenzaremos el diálogo con los sectores pragmáticos de los palestinos y tal vez con Siria con la promesa que estamos dispuestos a concesiones muy serias y dolorosas para el pueblo de Israel (por supuesto sin dar ninguna señal concreta). Otra vez seremos testigos de un sinfín de encuentros, reuniones acompañadas de besuqueos y fastuosas recepciones pero con un contenido totalmente estéril. Otra vez seremos testigos como el primer indicio de una posible concesión territorial enardecerá a la población de Cisjordania que “demostrará” su predisposición a la oposición violenta que por supuesto será tratada con guantes de seda por las autoridades de seguridad y no como a los traidores que protestaron pacíficamente contra la guerra de Gaza.
Otra vez los políticos israelíes demostrarán su “conocida valentía” en una clara impotencia de enfrentarse con esos tremendos peligros a la democracia israelí. Así, otra vez prometeremos a los estadounidenses y a todo el mundo el desmantelamiento de asentamientos judíos en Cisjordania sobre tierras usurpadas y lo único que observaremos serán nuevas casas, nuevos barrios, nuevos asentamientos. Otra vez veremos como los americanos y los europeos hacen vista gorda de claras transgresiones de leyes internacionales.
Al final, veremos como tras no más de un año y medio a dos años comenzarán nuevamente las pugnas internas de la coalición hasta que esta se desmorone y de esta manera se da la señal al proyector de la sala de poner nuevamente el primer rollo de la misma y repetida película de este continuado político que no ve su final feliz.
Este guión tiene una sola posibilidad de un drástico cambio. Este emanará únicamente si el nuevo presidente de Estados Unidos, Barak Obama, decide seriamente tomar el toro por las astas y romper definitivamente con la indiscutible relación entre el compromiso de Estados Unidos de velar por la seguridad de Israel y la impunidad con la que se le permite transgredir normas internacionales y actuar violenta y unilateralmente.
De nos ser así, lo único que se puede vislumbrar en nuestro lento, persistente pero seguro andar es la clara dirección hacia el abandono del programa de dos países para dos pueblos y la obligada adopción del programa un país para dos pueblos con las trágicas y conocidas consecuencias para el pueblo judío.
Ojalá me equivoque.
No Comments »
Ciudadanos de Israel, como del resto del mundo, fueron testigos el último tiempo del proceso en que los shows de “reality” coparon la programación de los distintos canales de televisión. Baile, canto, cocina, supervivencia, etc., cualquier actividad es motivo suficiente para crear un marco en donde sus actores compiten y se enfrentan entre ellos como si todo fuese real y el espectador queda prisionero de la pantalla.
El fenómeno es si es interesante y llama la atención de muchos investigadores de comportamiento y sociólogos de las distintas sociedades. Más interesante aun es prestar atención cuando acontece el proceso inverso en donde uno de estos programas de “reality show” es capaz de copar uno de los aspectos más importantes de la realidad cívica de una sociedad: elección del parlamento y gobierno nacional.
En Israel se programó para principios del mes de febrero del año 2009 el gran show ”Desafío Gourmet Político” (”La Batalla de los cuchillos políticos” en Israel). Tres de las más importantes redes de restaurantes competirán para que los ciudadanos de Israel elijan el chef que dirigirá el equipo que cocinará el orden social y político para los próximos cuatro años. La gran competencia en donde estos afamados cocineros intentaran convencernos en base a las recetas y sin ninguna degustación que el “guiso gubernamental” que cada uno es capaz de preparar es el más apetitoso y digerible.
La histórica y famosa, aunque últimamente vapuleada, red de casas de comida Avodá (laborismo) apuesta por su candidato, Ehud Marak (1), que se presenta tras una larga experiencia y un pecho lleno de condecoraciones en cocinas de campamentos militares. La veterana firma Likud, considerada con las mayores posibilidades de triunfar, compite con el súper cocinero Bamba (2) Natanihau, profundamente enamorado de todo lo que representa la cocina americana. La joven y destacada compañía Kadima se presenta con su nueva y prometedora estrella, Catziphi (3) Livni, con un pasado secreto y una muy corta experiencia en la preparación de sándwiches a sus colegas del exterior.
Tras la necesaria reunión de la capa de dirección ejecutiva de cada compañía, llama la atención como las tres arribaron a la misma conclusión respecto del menú preferido por la mayoría de la ciudadanía de Israel. Nada de originalidad, nada que sea autóctono, ninguna elaboración conjunta. Lo mejor es atenerse a los modernos movimientos del consumismo político: ofrecer un poco de todos los gustos, una rara mezcla de todas las tendencias, tratar de quedar bien con todos al mismo tiempo, un estilo culinario basado en la corriente denominada “political fusion”
De acuerdo con el ritual de las ultimas tendencias de la cocina universal, estos versados cocineros, engalanados con los mejores trajes del oficio, agenda en mano con el menú detallado, salen a los “mercados” en busca de los “exóticos ingredientes” requeridos por tal exquisita gastronomía política. El único que decidió no salir de compras fue Ehud Marak debido a que últimamente se dio cuenta que le están robando los “ingredientes” de su ya despoblado depósito.
Para primer plato se ofrece una original mixtura de un salpicón de mejillones con langostinos al mejor estilo aristocrático francés junto con una típica hamburguesa americana acompañada por una populachera Ingira, la pita original de los etíopes untada en un levantino Hummus con Tejina.
Para el plato principal basado en una ración de carne, el que determina gran parte de la preferencia del público, no hay mejor camino que mezclar una pacifica paloma con un amenazante y temeroso halcón. Para quienes prefieren el pescado la mejor combinación es una amalgama de gefilte fish, típico de los judíos ashkenazim de Europa oriental, con una buena parte de Jraime al mejor estilo de los judíos sefaradim del África del norte.
Para deleitarnos con el postre nos preparan una verdadera sorpresa. Un plato basado en una prominente Baklawa árabe cubierta de una deliciosa y sofisticada crema brulée.
El público de Israel se siente muy esperanzado en los resultados de esta próxima competición. Se nota la predominancia de una impaciencia para que finalmente se logre conseguir ese menú político que pueda brindar esa satisfacción tan típica de una buena comida y no los desengaños y los intolerables cólicos que tanto se acostumbraron a sufrir durante los últimos años.
Lamentablemente la búsqueda de esos tan afamados “nuevos y exóticos ingredientes” así como el menú basado en “political fusion” no garantiza ningún cambio. Al contrario, es de suponer que sigamos percibiendo el mismo y tan desagradable gusto a comida vieja y rancia. La introducción de todos estos “nuevos ingredientes exóticos y atractivos” tiene un solo objetivo: florear y adornar la carta del restaurante, pues, pese a todas sus bondades como “ingredientes individuales”, no son capaces de dejar ningún sabor propio en el “guiso” con el que alimentan a la población.
Quienes emiten el sufragio en esta competición tienen que tener claro que la cocina política no es lo mismo que la cocina común, la química o las matemáticas.
En la cocina política no hay lugar a un promedio, a un valor medio, a un “plato” nuevo que es el resultado de la fusión de los ingredientes. En ultima instancia en el plato político el sabor toma un solo sentido, el del ingrediente mas fuerte, y el resto de los ingredientes son solo espectadores o a lo sumo acompañantes.
La situación de Israel es muy clara. Tratándose de estas tres compañías y de estos tres cocineros, los fuertes y dominantes aromas y gustos de los ingredientes provenientes de las “huertas” de la región de Cisjordania, aunque aparentemente desapercibidos, están tan fuertemente impregnados en las “paredes, ollas y utensilios” que no permiten que prevalezca ningún otro que sea distinto. No se vislumbra por ningún lugar aquel nuevo ingrediente cuyo sabor sea capaz de sobreponerse, como así también, tampoco es posible encontrar personal de limpieza con la fuerza suficiente para eliminar esos sabores y olores adheridos en la cocina.
Ese guiso con el que están alimentando a la población de Israel durante los últimos 40 años, y que en un principio parecía tan delicioso, con el pasar del tiempo se vuelve cada vez mas amargo y rancio. No se perciben evidencias que algún nuevo ingrediente sea capaz de modificar el gusto.
Ojala me equivoque.
(1) Sopa en hebreo (2) Conocida golosina en Israel (3) Cremita en hebreo
1 Comment »
Abandonar la función de primer ministro debido a una coyuntura imprevista no es una de las circunstancias más agradables en la biografía de una persona. En Israel, la historia nos demuestra que en la mayoría de los casos los primeros ministros finalizaron su mandato dejando un profundo silencio y muchas conjeturas respecto de sus pensamientos. En ciertas ocasiones hubo que esperar varios años hasta que una llamativa entrevista de lugar a que se rompa ese silencio. En otras, lamentablemente, todos esos pensamientos y posiciones se fueron a la tumba dejando al público con muchas dudas, presunciones y en manos de allegados, analistas e historiadores que no siempre son fieles a la verdad.
Ehud Olmert, pese a su corta trayectoria como primer ministro, se embretó con escándalos judiciales de manera que no le quedó otra alternativa más que renunciar a su cargo. Fijando un infrecuente precedente, en días previos a las fiestas de Rosh Hashana, concedió una prolongada entrevista a periodistas del diario Yediot Aharonot en donde se explayó extensamente en un prolongado monologo de sus posiciones personales en lo que respecta a los puntos cardinales de la política israelí.
Sin entrar a analizar la extensa entrevista, me centraré en citar las principales revelaciones relacionadas al conflicto con los palestinos y las posibilidades de un acuerdo con Siria. Dice Olmert:
“Al final de todo, tenemos una posibilidad limitada en tiempo, muy poco tiempo, durante el cual, tal vez, podamos dar un paso histórico en nuestras relaciones con los palestinos y un paso histórico en las relaciones con Siria. En ambos casos se trata de decisiones que durante 40 años evitamos confrontar con ojos abiertos. Tenemos que llegar a un acuerdo con los palestinos cuyo significado es nuestra retirada de casi todos los territorios ocupados, sino de todos los territorios, incluyendo Jerusalén. Quien hable en serio que quiere seguridad en Jerusalén, y que quiere que tractores y topadoras no pisoteen las piernas de nuestros mejores amigos…. tiene necesariamente que renunciar a parte de Jerusalén. Quien desea dominar todo el territorio de la ciudad tendrá que encerrar 270 mil árabes detrás de alambrados en el marco de Israel soberana. Esto es imposible. Hay que tomar decisiones. Esta decisión es muy dura, terrible. Una decisión que contradice nuestros mas naturales instintos, que se contrapone al palpitar de nuestro corazón, en antagonismo total con nuestras memorias colectivas, es la antitesis del contenido de las plegarias de mas de dos mil años del pueblo de Israel. Yo reconozco que soy el primero que quisiera imponer la soberanía israelí sobre toda la ciudad”.
“Durante muchos tiempo pensábamos que una unidad de tanques sirios en las alturas del Golán podría fácilmente atacar a Israel y eso nos producía mucho temor. Hoy vivimos otra realidad. Disponemos de medios detener este tipo de ataque sin necesidad de conquistar un solo metro de tierra siria”.
“Me equivoqué. Yo no vengo a justificar retroactivamente lo que hice durante los últimos 35 años. Gran parte de este periodo no estaba dispuesto a contemplar la realidad en toda su profundidad”. (1)
Para todo analista político no es fácil interpretar un viraje ideológico de tal magnitud. Ningún ciudadano de Israel puede olvidarse del año 1996, en plena confrontación electoral entre Shimon Peres y Bibi Nataniahu por la sucesión del asesinado Rabin, Ehud Olmert, el entonces intendente de Jerusalén, orquesta y lidera la famosa campaña de difamación de Peres acusándolo de traición pues no declara públicamente que se propone dividir a Jerusalén dejando parte de ella bajo soberanía palestina.
Ehud Olmert, en su drástico viraje ideológico, no es una excepción en el paisaje político de los líderes que crecieron en las filas de la derecha israelí. A Olmert lo antecedieron prestigiosos líderes que con sus posiciones y hechos lograron fijar precedentes históricos en las relaciones con los países en conflicto y cuya relación con sus bases ideológicas previas es muy endeble, por no decir nula.
Durante los últimos 31 años, desde que Menahem Begin tomara el poder en las elecciones de mayo de 1977, el gobierno estuvo en manos de 6 líderes originarios de partidos derechistas por un periodo de 24 años. Menahem Begin, Ytzhak Shamir, Bibi Natanihau, Ariel Sharon, Ehud Olmert y ahora, probablemente, Tzipi Livni. Todos ellos proclamaban a todo viento su identificación por el gran Israel, declaraban que no estaban dispuestos a renunciar ni siquiera a un granito de arena de los terrenos conquistados en la guerra de 1967 y criticaban en forma despectiva las posiciones de la izquierda que bregaba por un acuerdo basado en el principio de devolución de tierras por paz. Nadie se puede olvidar de esa tan llevadera melodía acompañada por “Dos riveras tiene el Jordan. Esa es nuestra y la otra también”.
La mayoría de estos lideres de la derecha, en su camino a la cima del poder, o una vez que se establecieron en ella, pareciera que reconocieron la verdad de aquel dicho que lo que no se ve de abajo, se divisa claramente de arriba. En forma imprevista y en un dramático giro ideológico coincidieron que la devolución de territorios representa la condición necesaria para un cambio drástico en las posibilidades de enmarcar en una atmosfera pacifica las relaciones con los países o entidades en conflicto.
Vale la pena acentuar las diferentes concepciones que caracterizaron a algunos de ellos y hace a las diferencias entre ellos. La orientación de Begin, Olmert y Livni coincide en que la devolución de territorios forma parte de un acuerdo integral de paz. En estos lideres se percata el claro convencimiento que un acuerdo de paz es la máxima aspiración y una mayor garantía de bienestar para la población que mantener vivo un conflicto por medio de la perpetuación de conquistas territoriales.
Por el contrario, la concepción de Sharon se basaba en fijar hechos en el terreno en forma unilateral. Durante 30 años promovió un extenso plan compulsivo con asentamientos en el Golán, Cisjordania y la franja de Gaza, cuyo objetivo básico fue atentar contra toda posibilidad de lograr un acuerdo pacifico basado en la retirada de Israel de territorios conquistados en la guerra. De la misma manera fue compulsivo con el plan de desconexión de la franja de Gaza. Ningún tipo de entendimiento con los palestinos, ni que hablar de un acuerdo mínimo. Solo acción de desmantelamiento, amenazas de represalia y un mensaje oculto expresando “confórmense con lo que le damos”.
La excepción fue Ytzhak Shamir quien mantuvo en forma estricta sus posiciones, caracterizando su conducción por la negación absoluta de toda negociación posible, incluyendo el gran error histórico de negarse a aceptar el famoso acuerdo secreto de Londres concertado entre Shimón Peres, entonces ministro de relaciones exteriores, y el rey Hussein de Jordania a mediados del año 1987. La historia no perdona. Ytzhak Shamir rechaza el acuerdo que no otorgaba todas las aspiraciones territoriales de Israel pero si la favorecía con muchas ventajas. A los pocos meses, a fines de 1987 irrumpe espontáneamente la primer intifada.
Las posiciones de Bibi Natanihau durante su período como primer ministro merecen una aclaración. Si bien no cambió drásticamente su posición histórica, en su camino al poder aceptó los principios básicos de los acuerdos de Oslo que otorgaban a la autoridad palestina independiente soberanía sobre amplios territorios de Cisjordania. Para ser fieles a los hechos se debe señalar que en la implementación de los acuerdos expuso condiciones mucho más intransigentes y menos flexibles en la cesión de terrenos a los palestinos, como así también a los sirios.
Ante estos tan drásticos desvíos ideológicos es de suma importancia analizar sus consecuencias en los distintos ámbitos políticos. En la historia política de Israel se notó un claro y terminante dominio de las tendencias de izquierda desde la independencia hasta el año 1977. Con la toma del poder por parte del Likud, la población de Israel se fraccionó en dos polos opuestos con un peso casi igualitario para cada uno de ellos.
Los cambios radicales en las posiciones de los líderes de derecha solo consiguieron arrastrar a una pequeña parte de los niveles medios de liderazgo de su partido y no lograron modificar las concepciones ideológicas basicas de gran parte de sus masas partidarias. Tanto Begin en el acuerdo con Saadat, como Sharon con su plan de desconexión de Gaza, para recibir el apoyo del parlamento a sus planes, necesitaron imperiosamente del aporte masivo de votos de los miembros de los partidos de izquierda. De no ser así, es probable que hoy relatáramos una historia totalmente distinta.
La conclusión de Sharon fue clara, precisa e inmediata. Formó un nuevo partido político, Kadima, donde trató de aglomerar los sectores más liberales de su partido original, Likud. Lamentablemente su trágico y repentino alejamiento de la vida política activa impidió verificar su real efecto. También Begin se vio en la necesidad de abandonar la vida política al poco tiempo de finalizar la implementación del acuerdo de paz con Egipto y es muy difícil de evaluar su posible posición ante los eventos que se desarrollaron posteriormente en el ámbito palestino.
Las mínimas concesiones que Bibi Natanihau concedió a los palestinos en el marco de los acuerdos de Oslo le costaron el apoyo de los sectores de extrema derecha que terminaron por darle un voto de desconfianza que lo llevó a llamar a elecciones anticipadas donde fue derrotado por Ehud Barak del laborismo.
Los profundos cambios en la orientación ideológica de algunos prominentes líderes de la derecha pareciera que fueron carentes de toda influencia y no lograron mayores efectos en sus seguidores y en el electorado en general. Por el contrario, el cambio de camino de parte de estos líderes enardeció aun mas a gran parte de sus veteranos aliados impulsándolos a posiciones mas extremas de derecha. La experiencia de los últimos años nos demuestra un llamativo fortalecimiento de los partidos religiosos donde pasó a predominar una clara intransigencia política en todo lo referente al dominio de los territorios de Cisjordania y la negación a todo acuerdo con los palestinos basados en cesión territorial cualquiera. De la misma manera se observa un claro fortalecimiento de las mismas concepciones en el partido que agrupa a los nuevos inmigrantes de procedencia rusa.
La tendencia general, tanto en derecha como en izquierda, fue el fraccionamiento y la reagrupación que en definitiva no cambió básicamente la situación de simetría dicotómica El equilibrio entre la tendencia liberal de izquierda (tierras por paz) y la tendencia intransigente de derecha (paz por paz con devolución mínima de territorios conquistados en 1967) se convirtió en un empate ideológico, permanente e intrínseco del sistema político israelí, hecho que impidió de todo gobierno completar, al menos, un periodo institucional de tan solo 4 años. La falta de un adhesivo ideológico llevó a que las coaliciones gubernamentales duraran poco tiempo y se creó una necesidad temprana de ida a las urnas.
Vale la pena señalar que todo este análisis se basa en los comportamientos que se perciben de las actitudes de los representantes de los distintos partidos políticos y del público en general ante los procesos actuales en donde solo se habla de programas, negociaciones y/o posibles acuerdos. Esta percepción es el resultado de las últimas elecciones, de las declaraciones de los distintos miembros del parlamento y de sondeos de opinión del público. Hasta el momento el público de Israel no fue puesto claramente en la disyuntiva de tomar una decisión concreta, inmediata e irreversible entre llegar a un acuerdo basado en el principio de paz por territorios o continuar bajo la situación de dominio de otro pueblo como lo fue durante los últimos 40 años. Las campañas proselitistas se caracterizan por el uso de lemas y slogans muy accesibles y seductores pero en nada clarifican las alternativas electorales
La realidad nos impone solo conjeturar o estimar comportamientos. Lamentablemente las condiciones reales sobre las que transcurren las negociaciones sobre un posible tratado de paz con palestinos y Siria crean un oscuro pesimismo. Pese a la certera apreciación de Olmert que disponemos de muy poco tiempo, da la impresión que cada vez nos alejamos mas de la decisión dramática de la que habla.
Ojala me equivoque.
(1) Diario Yediot Aharonot, Suplemento de Rosh Hashana, 29-9-2008
No Comments »
Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Todo Cambia, Interprete: Mercedes Sosa, Letra: Julio Numhauser
“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.”¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”.”…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”. El Gatopardo, de Giuseppe Tomaci Di Lampedusa (1896-1957)
El viernes pasado, 17 de septiembre 2008, se llevaron a cabo las elecciones internas del partido Kadima, agrupación que lidera la coalición gobernante en Israel. El partido Kadima fue constituido por el ex primer ministro Ariel Sharon en el año 2005. Esta nueva agrupación política surge de una escisión del partido Likud, contaminado de corrupción e intrigas internas que imposibilitaban, según Sharon, un gobierno democrático y limpio. Prometieron el gran cambio, un partido nuevo en donde no habrá lugar a las oscuras y conocidas jugarretas exponiendo solo un juego limpio y democrático. El elemento programático central sobre el que se constituye este partido y en el que se basó su campaña proselitista fue el programa de desconexión unilateral de Cisjordania.
El estado de salud traiciona a Sharon quien se ve obligado a retirarse de la vida política y es reemplazado por Ehud Olmert, quien toma las riendas de la nueva agrupación partidaria. Pese a que la ausencia de Sharon afectó severamente las posibilidades de Kadima, ante una falta de alternativas reales, el partido consigue los suficientes escaños para formar coalición con otros partidos y liderara el gobierno desde Mayo 2006.
Se puede decir que tan solo dos años fueron más que suficientes para poner de manifiesto el gran fiasco que significó el partido Kadima como innovación en la política israelí, que se trataba de una típica agrupación política, exactamente igual que las demás, de un cambio para no cambiar.
En un principio y a pocos meses de gobierno, renunciaron al punto central de su plataforma proselitista abandonando definitivamente el plan de desconexión, pues, según Olmert, debían dedicarse todo el tiempo a administrar el país. Los intentos de negociación con parte de los palestinos (El Fatah y Abu Mazen) fueron un claro y patético show lleno de contradicciones. Por un lado, declaraciones de grandes avances en las negociaciones sobre los puntos “claves y centrales del acuerdo de paz con los palestinos”, como ningún gobierno había avanzado hasta este punto. A las pocas horas, giraban la cabeza hacia la derecha y con un guiño trasmitían que no hay que preocuparse pues no se renunciará a nada. Ni que hablar que no se movieron de su lugar la gran cantidad de asentamientos ilegalmente constituidos en Cisjordania sobre tierras usurpadas.
De la honestidad y limpieza de manejo mejor no hablar. El primer ministro y parte de su equipo se ve en la obligación de renunciar por ser considerado por la fiscalía de estado serios sospechosos en cinco o seis casos penales abiertos por corrupción y malversación de fondos públicos. Estos simples hechos no son más que otras pruebas suficientes para demostrar que todo cambió para que nada cambie.
Las actuales elecciones internas del partido Kadima nos ofrecen una serie de ejemplos típicos del cambio para no cambiar. Los cuatro candidatos no se cansaron de repetir que el partido Kadima es una brisa renovadora en el paisaje político israelí, un gran cambio que dicta nuevas normas de comportamiento partidario en Israel. A partir de ahora la limpieza y honradez formará parte inseparable del manejo político en Kadima. Pero nada más fuerte que la realidad y veremos como nada cambia en la política israelí, o mejor dicho, hay que prometer cambios para que nada cambie.
La campaña electoral de los cuatro candidatos estuvo cargada de algunas expresiones ofensivas que muy bien rozaban elementos conflictivos entre grupos étnicos y mas vale olvidarse que recordarlas. Varios de los resultados son un claro ejemplo de la dicotomía entre centro y periferia, ciudades desarrolladas y ciudades en desarrollo, barrios o aldeas caracterizados por grupo étnico éste o aquél.
La movilización de electores y afiliados a Kadima puso nuevamente en evidencia la importancia cardinal de los operativos de los tan conocidos y despreciados “gestores de votos”. En vez de un registro personal evidenciando una intima predisposición a participar en un proceso democrático, otra vez se escuchó la aparición de cajones llenos de formularios de inscripción. Los resultados del escrutinio en ciertas localidades con más del 90% para un candidato, o la aparición de más del 5% de los afiliados registrados en el partido Kadima, también registrados en el opositor Likud, son una clara evidencia de este fenómeno.
Para un observador externo da la impresión que la motivación principal de este proceso no emerge primordialmente del profundo sentido de responsabilidad de aquellos afiliados del partido preocupados por el destino del país. La imagen más cierta y basada en una larga experiencia de elecciones internas partidarias pareciera ser que en su mayoría se trata del interés personal directo de algunos gestores de votos vinculados a un candidato que esta dispuesto a retribuir sus esfuerzos en monedas de un futuro puesto en el área de su administración, acceso a una licitación importante u otra recompensa cuya unidad de medida es difícil de identificar en estos momentos.
El punto cardinal en el análisis de los resultados de las elecciones internas de Kadima se centra en detectar y preveer las perspectivas políticas futuras en base al programa que su triunfadora, Tzipi Livni, se encargó de propagar.
Tzipi Livni, al igual que Ariel Sharon, mutaron su cuero ideológico y de ser acérrimos halcones apoyando la gran Israel del Jordan al Mediterráneo, se pasaron al bando opuesto, ahora promoviendo un acuerdo con los palestinos basado en la partición de la vieja Palestina. En las asambleas proselitistas previas a estas elecciones internas de Kadima, Livni prometió una nueva y esperanzadora alborada política, el gran cambio, en donde la rectitud y desinterés serán el guía del manejo gubernamental y el programa político se basará en un compromiso de concesiones con los palestinos de acuerdo al conocido programa de dos estados para dos pueblos.
El registro histórico de comportamiento de manejo de Livni es ejemplar y digno de admiración. No existe ningún motivo para no creer en su honradez y serias intenciones y promesas en su futuro y probable gobierno. Por el contrario, sus promesas y expectativas de programa político carecen de toda base de credibilidad y un análisis político serio más bien llega a la conclusión que se trata de promesas falsas y alejadas totalmente de toda posibilidad de concretarse.
En el mejor de los casos, aunque Livni lograse mayoría parlamentaria en apoyo de su programa y en la práctica pudiese llegar a un acuerdo con los palestinos, la amenaza de oposición violenta por parte de los pobladores judíos de Cisjordania va a impedir toda materialización de un pacto con los palestinos. Lamentablemente no se vislumbra ninguna posibilidad que la situación llegue a cambiar. Los acontecimientos del último tiempo son una clara demostración que el ejército y la policía están subyugados a los intereses de estos pobladores y más bien las fuerzas del orden dan a entender, constante y claramente, su tremendo pavor a enfrentarlos y aplicar la ley como corresponde.
En la práctica, este temor supeditará las posiciones de Livni en sus conversaciones con los palestinos y finalmente la llevará a demandar cláusulas de condiciones y compromisos como “estamos de acuerdo con la partición pero…… queremos quedarnos con esto, esto y esto….” Este tipo de demandas son inaceptables por los palestinos. Los antecedentes, la realidad y las circunstancias internacionales fijaron las únicas condiciones aceptables en un acuerdo posible en materia de límites territoriales: vuelta a las líneas de antes de junio de 1967, salvo mutuo convenio de un intercambio muy limitado de tierras sobre la base de una relación uno a uno.
Es de suponer que las explicaciones y justificativos que nos abrumen después del fracaso de las negociaciones con los palestinos volverán a los slogan conocidos: “no hay con quien hablar”, “no hay partner”, “hasta que no sean una sociedad democrática no se puede negociar”, “primero que se pongan de acuerdo entre ellos y después que negocien”, “si no dan, no recibirán, etc.
Mientras tanto, no sería erróneo estimar que el proceso de usurpación de tierras y ampliación de la colonización civil judía en Cisjordania continuará sin control del gobierno, permanente y constantemente. Una nueva casa, un nuevo barrio, otro asentamiento legal o ilegal – que importa, no hay diferencia. En esta inercia política, más bien propia de un pueblo suicida, Israel continuará su camino a la constitución futura de un solo país para dos pueblos, con los consecuentes, nefastos y calamitosos pronósticos previstos para el caso.
Vale la pena mencionar que este trágico guión es válido tanto para el caso que Livni logre formar gobierno en base al actual parlamento, como así también, para el caso de llamado a nuevas elecciones general a corto plazo. Tanto en una nueva victoria de Kadima, como una imprevista victoria del laborismo, ambos partidos tendrán que enfrentarse ante el mismo dilema: o desafían, doblegan y vencen la oposición de los pobladores de Cisjordania que no dudan en usar la violencia en defensa de sus ideas, o renuncian a todos los ilusionados planes como ocurrió hasta ahora. Obviamente, un triunfo del Likud de Natanihau y sus satélites, debido a sus conocidas políticas expansionistas, profundizará y acelerará aun más este proceso.
Ciudadanos de Israel, ansiosos de arribar finalmente a un acuerdo de paz con los palestinos, actúan como espectadores pasivos de esta función y ven sorprendidos la confrontación entre las placenteras armonías y promesas que trasmite la Negra Sosa en su canción con las preocupantes aseveraciones de Tomaci Di Lampedusa. Da la impresión que el italiano lleva fácilmente las de ganar.
Ojala me equivoque.
No Comments »
|