Solo pretendo ser una pequeña baliza que titila cuando creo
que erramos el sendero por el cual prometimos caminar

Archive for the “El modelo económico – social” Category

En los últimos años, la influencia de la globalización no pasó por alto los informes estadísticos de los distintos países. El objetivo de crear un sistema común de comparación entre los estados determinó la necesidad de estandarizar los reportes, fundamentalmente en los aspectos económicos, demográficos, sociales y políticos.

Uno de estos informes es el conocido como “índice de población que vive por debajo de la línea de pobreza”. Sus datos proporcionan una indicación relativa de la distribución de ingresos de cada estado, señalando el porcentaje de población que se mantiene con una entrada inferior a un nivel considerado mínimo para vivir en tal o cual país (que nada tiene que ver con el salario mínimo), o que recibe un ingreso por debajo del importe que debe cubrir la canasta familiar estipulada. Ese monto mínimo es denominado internacionalmente “línea de pobreza”.

Desde el punto de vista cualitativo, cuanto menor es el porcentaje de población que figura por debajo del nivel de pobreza, más equitativa es la distribución de los ingresos, y ese país es considerado progresista. Por lo contrario, cuanto mayor es el porcentaje de población que figura debajo del nivel de pobreza, más desigual es la distribución de las entradas, y un estado en tal situación es considerado retrógrado o subdesarrollado.

En los últimos días, el Seguro Nacional de Israel (Bituaj Leumí) publicó su informe correspondiente al año 2006. No voy a detallar un sin fin de datos y números; me conformaré con señalar dos puntos determinantes:

1) Al final del 2006, 20% de las familias de Israel vivían por debajo del nivel de pobreza.

2) En ese mismo período, 24,5% de la población estaba por debajo del nivel de pobreza.

Ambos datos, comparados con los del año anterior, representan una reducción ínfima de esa situación.

En otras palabras, pese a que la economía israelí creció en los últimos tres años en porcentajes significativos, la cantidad de habitantes que viven por debajo del nivel de pobreza prácticamente no varió.

Esos datos tienen mayor relevancia aún si se toma en cuenta el aumento drástico del nivel de pobreza durante seis años consecutivos desde la gran crisis económica del 2000, con el estallido de la segunda Intifada, y los cuatro años en los cuales el entonces ministro de Finanzas, Bibi Netanyahu, implantó sus planes de reformas económicas.

Personalmente, considero importante compenetrarse en todos los asuntos a los que dicho informe hace referencia. En estas líneas quisiera resaltar sólo algunos puntos relacionados al tema.

1) Las estadísticas muestran que más del 50% de la población que vive debajo de los niveles de pobreza trabaja y recibe salario. De ahí que aquella demagógica frase de Netanyhau, “¡Haraganes, vayan a trabajar!” no consigue aportar una explicación seria a la relación directa trabajo-pobreza. En otras palabras: la pobreza es, antes que nada, el resultado de un problema estructural de la economía israelí.

2) Parecería que una vez más quedó demostrada la invalidez de la posición que determina la necesidad de incentivar a las grandes empresas con el argumento de que sólo ellas son capaces de invertir en nuevos emprendimientos para crear numerosos puestos de trabajo y mejorar los niveles de ingreso de las poblaciones marginales. Las empresas – que no tienen límites en sus ansias de obtener más utilidades – se apropian muy gentilmente de todo incentivo y son muy poco propensas a dar beneficios salariales, a menos que éstos les sean obligados por una condición netamente competitiva. Ello no vendría a ser una cuestión de tacañería personal de tal o cual empresario. Es algo intrínseco determinado por la competencia, el mercado y el sistema.

3) Si el considerable crecimiento económico de los últimos tres años prácticamente no restituye la situación previa a la crisis del año 2000, es de suponer que una próxima crisis – algo que normalmente suele ocurrir entre seis y ocho años en las economías capitalistas – incrementará nuevamente en forma notable la población catalogada debajo de la línea de pobreza.

4) Israel es considerada parte de una treintena de países más desarrollados del mundo. Dentro de ellos, tiene el dudoso honor de ocupar uno de los peores puestos en lo que se refiere a una desigualdad extrema en la distribución del ingreso nacional. Llama la atención como la tendencia de los últimos años es alejarse de las posiciones que caracterizan a los países desarrollados de Europa y América y acercarse cada vez mas a países con tradición de inequidad distributiva como sucede en América Latina y África.

5) Cuando Bibi Netanyhau asumió el cargo de Ministro de Economía y puso en práctica su famoso plan económico, explicó a todo el país, textualmente, que “encontró una economía al borde del debacle, casi como en Argentina”. Las reformas aplicadas por él y los costos sociales evidentes, demuestran día a día que el mismo Netanyhau y su política nos están llevando, lenta pero seguramente, de regreso a Argentina. La tendencia del índice de pobreza así lo demuestra, aunque la discusión que se suscitó en Argentina respecto de la veracidad del último índice publicado allí me impide de presentar tal comparación.

Es interesante observar como los medios y los voceros oficiales israelíes informan a las comunidades judías en la diáspora de este nefasto informe. No hay que olvidarse que si la situación sigue así, es probable que a corto plazo, la colectividad judía de Argentina sea llamada a cooperar para solventar los innumerables comedores populares existentes, no en Buenos Aires, sino en Tel Aviv.

Ojalá me equivoque…

 

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El Honorable Jurado de la Fundación Príncipe de Asturias de España dio al mundo, una vez más, un ejemplo de veneración de valores universales de la cultura. En una cachetada de justicia histórica y una clara muestra de indiferencia hacia los extremistas, tuvieron el coraje de premiar en el año 2007 a dos renombrados representantes de Israel en la cultura universal:

 

Un par de meses atrás, el escritor Amós Oz fue galardonado con el Premio de las Letras por ser “…narrador, ensayista y periodista que ha contribuido a hacer de la lengua hebrea un brillante instrumento para el arte literario y para la revelación certera de las realidades más acuciantes y universales de nuestro tiempo, con especial atención tanto a la defensa de la paz entre los pueblos como a la denuncia de todas las expresiones de fanatismo”.

 

Tan solo hace unos días se anunció el otorgamiento del Premio a la Concordia al Museo del Holocausto Yad Vashem de Jerusalén por “trasmitir a las futuras generaciones la necesidad de preservar los derechos humanos y, de modo especial, el respeto a la vida”.

 

Gran parte de nuestros medios periodísticos en general, y en lengua española en particular, nos inundaron estos últimos años con acusaciones extremas de antisemitismo y pro islamismo hacia los europeos en general y los españoles en particular.

 

Lamentablemente esos críticos, en su gran mayoría, no supieron diferenciar entre ataques antisemitas de pequeños grupos marginales y duras críticas de amplios sectores institucionales hacia varias posiciones y operaciones en contra de normas internacionales llevadas a cabo por Israel.

 

La gran mayoría de los ciudadanos y las instituciones oficiales de la comunidad europea saben discernir muy bien entre actos de clara connotación defensiva y acciones de conquista de territorios y dominación de población civil de otros pueblos.

 

Lamentablemente, la visión estratégica de nuestros líderes nos llevó en las últimas cuatro décadas a alejarnos ideológicamente de las posiciones típicamente europeas para acercarnos al modelo impuesto por EE.UU. En vez de fomentar lo solidaridad social y la responsabilidad del poder central por el débil o el marginado, tal como lo vienen haciendo los regímenes social demócratas europeos, veneramos valores netamente americanos como la agresividad operativa, la conquista de logros a todo precio y la indiferencia por los que quedan en el camino.

 

Esta admiración por dicho modelo nos condujo a una ceguera política e ideológica conceptual, la cual nos produce un rechazo casi natural y automático a toda posición crítica que surge de elementos provenientes de Europa.

 

No se trata de volver a versiones antiguas de un socialismo utópico, ni a ideas comunistas que ya fueron enterradas por la historia. Hoy en día no hay otra  alternativa que plegarse a la globalización internacional. Todo intento de alejarse de ella, o evitar su infiltración en cualquier país, conlleva necesariamente al fracaso económico con un precio social muy duro.

 

El modelo europeo es muy claro en ese sentido. Por un lado es necesario integrarse a la globalización internacional; pero, paralelamente, el poder central se responsabiliza y compensa los precios sociales que tal proceso causa a sus habitantes.

 

En Israel, las políticas económicas aplicadas por Bibi Netanyahu y sus colaboradores sólo toman en cuenta el primer aspecto de la globalización. Ellos no se hacen responsables por los graves efectos en términos de desempleo, pobreza e inequidad en la distribución del ingreso.

 

Debemos volver lo antes posible al marco ideológico, político y económico de los europeos. A mi entender, es la única vía estratégica que puede asegurarnos un consenso social dentro de la población del país para que se puedan garantizar los intereses básicos de su existencia.

 

Todo intento de continuar y profundizar los modelos de eficiencia americanos nos llevará necesariamente a intensificar y profundizar el proceso de desmoronamiento social que ya ha comenzado.

 

De ser así, en muy poco tiempo ya no discutiremos si enviar – o no – al Festival de Eurovisión a quién hizo el servicio militar – o no. Muy probablemente comenzaremos a emplear mercenarios para que sean nuestros soldados.

 

Ojalá me equivoque…

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