Solo pretendo ser una pequeña baliza que titila cuando creo
que erramos el sendero por el cual prometimos caminar

Archive for November, 2007

Moti Shefer, Yediot Haharonot

 

Un pantallazo sobre Tzahal de hoy en día nos muestra un ejército claramente ofensivo. Nuestros aviones de primera línea estan destinados a cubrir objetivos de larga distancia dentro del límite de las posibilidades tecnológicas. Nuestras unidades blindadas fueron programadas como si planearíamos conquistar Stalingrado.

Por otra parte, nuestro equipamiento antiaereo y antitanques es antíguo y no tenemos nada de defensa antibalística.

 

Los rumores dicen que disponemos de capacidades atómicas-militares, que por definición, son ofensivas en forma ultimativa.

 

Si consultan a quienes se ocupan de diseñar la estructura armamentistica de Tzahal cuál es la lógica detras de esta concepción, simplemente le responderan que el objetivo es atemorizar nuestros enemigos de sus propósitos de destruirnos.

 

¿Esta buena intención consigue sus objetivos o nos esta preparando el camino al infierno?

 

Atemorizar o mantener el “equilibrio de espanto” significa prometer dar un golpe o ataque preventivo y/o golpe de venganza o revancha.  Un ataque preventivo no es realmente una opción para un pueblo moderado como nosotros, en tanto que el enemigo es parte orgánica de población civil. En contados casos en el pasado, en los cuales aparentemente se podría hablar de un ataque atómico preventivo, esta táctica no se aplicó. Es de suponer que también en el futuro permaneceremos moderados, de manera que nunca la llevaremos a la práctica. En otras palabras “mata primero a quien pretende matarte”, segun la biblia,  ya no es aplicable para nosotros.

 

Por otro lado, el efecto atemorizador de un ataque de venganza ya hace tiempo que quedo fuera de lugar ante la mentalidad inmoladora del enemigo. En un ambiente atómico eso solo sera una revancha de por sí, que vendrá en el medio de nuestra rápida y segura destrucción, y también pondrá en marcha una guerra mundial atómica.

 

¿Que nos brinda en realidad nuestra orientación ofensiva?

 

Qualquier persona con la cabeza sobre los hombros ya hace tiempo llegó a la conclusión que Israel es un país inherentemente agresor. Este es el punto de partida de la legitimación de la carrera de armamentismo atómico de todos nuestros enemigos de la zona.

 

Si no pensamos razonable y rapidamente, es probable que en un futuro mediano puede ocurrir que seamos parte de una tragedia griega del pueblo judio. Lo que puede ocurrir es que sobre la base de una imagen agresora que trasmitimos, nuestros enemigos no moderados adoptarán la norma biblica de “mata primero a quien pretende matarte”. Se debe tener en cuenta que parte de ellos no tienen ningun problema en exterminarnos, inclusive a ancianos, mujeres y niños.

 

Comenzar a pensar correctamente significa convertir y destinar toda nuestras fuerzas hacia la defensa. Hay que destruir todos los aviónes de ataque, fuera de algunos helicopteros  de combate y algun que otro avión de combate solo para patrullaje.

Se debe desarrollar un sistema de defensa en contra de aviónes y raquetas extendido por todo el territorio, móvil y compuesto por varias capas (a diferencia del sistema Hetz). Se debe convertir todos los tanques en “estacas de hierro” (lunfardo del ejército que en este caso significa chatarra. NT), fuera de algunos ejemplos para el museo de Latrún. Lo mismo con los cañones de largo alcance. Se debe desarrollar un sistema efectivo antiblindados y antiaereo compuesto por muchas capas y distribuido todo a lo largo de nuestras fronteras. Se deben destruir todos los submarinos y quedarse con algunas naves de patrulla como defensa de nuestro límite marítimo.

 

Hasta ahora fuimos aquí David frente a Goliat. De aquí en mas nos debemos atrincherar con fuerza e inteligencia y prepararse para un prolongado estado de sitio.

 

Las noticias buenas son que, como consecuencia del cambio hacia la defensa, se liberaran billones para presupuestos de educación, seguridad social y salúd y todos los demas temas que abandonamos los ultimos años.

 

Traducción: Daniel Kupervaser

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Quienes vivimos la realidad israelí de los últimos 30 años seguimos disfrutando con gran entusiasmo cada vez que escuchamos al trío satírico Hagashash Hajiver (El rastreador pálido). Sus excelentes libretistas, junto a Gabri, Poli – quien recientemente falleció – y Shaike como intérpretes, nos pusieron en pantalla la realidad israelí a través de un humor tan sano como perspicaz. Uno de sus mejores exponentes, sin duda, es el sketch denominado “Isra-bluf” (el engaño israelí) en donde un empleado del estrato más bajo logra que los directivos de un banco saquen a la luz todas las artimañas y trucos del sistema salarial a los efectos de evitar el pago de impuestos. Todo el sistema funciona cuidando las apariencias, “como si fuese….” (”Kehilu” en hebreo).

 

En muchos aspectos, la forma en que operan el Gobierno de Israel y Tzáhal en Cisjordania es un verdadero Isra–bluf y recuerdan mucho al famoso trío. Pero no se confundan, en este caso se trata de algo que se parece más a una tragedia que a una sátira.

 

Desde la Guerra de los Seis Días, Israel mantiene el control de Cisjordania y evitó declarar públicamente su intención de anexar esos territorios debido a que tal decisión obligaría necesariamente a otorgar ciudadanía israelí a los habitantes palestinos. Ante tal situación, según las leyes internacionales, la autoridad soberana en la región es el comandante militar. La función básica de éste es brindar seguridad a la población del lugar, permitir las actividades normales y evitar todo cambio drástico en la composición de la población. Le esta prohibido deportar o introducir población ajena.

 

Con el uso de artimañas legales dudosas, un escondido guiño de aprobación por parte de los americanos y una oposición débil por parte de otras naciones, Israel promovió el asentamiento de población israelí en Cisjordania hasta llegar a un total de más 250.000 habitantes.

 

La presencia masiva de población judía, que demanda vivir bajo la ley israelí en un territorio donde dicha ley no puede ni debe regir, fue la base de un sin fin de conflictos legales cuya definición no consigue ser aclarada hasta el día de hoy. La solución comúnmente adoptada por los diferentes gobiernos de turno – a lo largo de los últimos 40 años de dominio en Cisjordania – se basó básicamente en el uso masivo de argumentos de seguridad como elementos que justifican la presencia y desarrollo de la población civil judía en dicho lugar.   

 

Sin entrar en detalles de todas las actividades de Tzáhal con el objetivo de promover el incremento y bienestar de la población judía en los territorios, me concentraré tan solo en dos ejemplos que reflejan lo trágico de tales artimañas legales en uso.

 

El ministerio de Comunicaciones y la Segunda Red Nacional de Radiodifusión decidieron llamar a concurso para instalar una radio regional judía en Cisjordania, de la misma manera como se instaló e instala en otras regiones de Israel.

¿Qué podrían hacer si la ley no les permite llevar adelantes sus planes? ¿Qué se podría hacer para que una radio regional judía funcione en Cisjordania y difunda sus mensajes sin transgredir las leyes internacionales?

 

Muy sencillo. El sistema Isra–bluf soluciona el problema movilizando al Ejército de Israel.

 

El General de División, Gadi Shamni, comandante de la región centro de Tzáhal, reunió a su plana mayor y tras un debate de alto grado estratégico y por razones de seguridad, dio la orden al ministro de Comunicaciones para que de ahora en adelante la ley de la Segunda Red Nacional de Radiodifusión se aplique también en Cisjordania. Claro, sólo para judíos. 

 

El segundo ejemplo se refiere a los prolongados esfuerzos del Centro de Altos Estudios de la ciudad de Ariel – ciudad de israelíes localizada en el centro de Cisjordania – de ser reconocida como universidad. Este proceso se prolonga ya varios años y en forma persistente el Consejo Nacional de Universidades de Israel, la organización responsable de definir universidades como tales y controlar los niveles académicos de las diversas instituciones, se negó en todas las ocasiones a otorgar tal autorización.

 

¿Qué se hace en ese caso? Si los habitantes judíos de Cisjordania quieren una institución académica con grado de universidad, es necesario encontrarle la vuelta; no importa el camino. ¿Cómo? Muy sencillo. Otra vez se recurre al Isra–bluf y se moviliza al ejército.

 

El comandante de la región centro de Tzáhal reunió nuevamente a sus oficiales inmediatos y luego de otro debate estratégico y por razones de seguridad, dio la orden de crear un Consejo de Universidades de Cisjordania, totalmente independiente de su paralelo en Israel, pero con la autoridad de dar grado de universidad. Claro, sólo a instituciones académicas judías.

 

Teniendo en cuenta que la situación legal de tales procesos no es del todo clara y que ya se interpusieron demandas ante la Corte Suprema de Justicia, es de suponer que estas dos decisiones demanden mucho tiempo, dedicación y grandes esfuerzos por parte de las autoridades militares correspondientes.    

 

Para quienes no captaron las verdaderas implicancias de estas decisiones, vale la pena detallarlas en forma clara.

 

  1. Tzáhal, el Ejército de Defensa de Israel, se ve en la necesidad de tomar parte en confrontaciones de tipo ideológico–político, proceso que de por sí es muy nocivo y perjudicial para cualquier ejército.
  2. Se produce una clara alteración del orden institucional, donde los marcos militares dan órdenes a los marcos políticos.
  3. Nos seguimos mintiendo a nosotros mismos y creemos que el mundo se cree esas mentiras. Tarde o temprano tendremos que rendir cuentas de la trasgresión permanente de leyes internacionales, y de seguir así, el costo podría llegar a ser muy alto.
  4. Pese a que los voceros de Tzáhal intentan permanentemente desmentirlo, muchas de estas acciones tienen un fuerte viso y propagan un desagradabe olor a apartheid.
  5. Si los problemas de seguridad y peligro existencial atañen en la misma medida a los habitantes judíos de Cisjordania como a los de todo Israel, no se entiende el motivo por el cual el ejército decidió intervenir en materia de radiodifusión y universidades tan solo en Cisjordania y no en todo el Estado. 
  6. Cabería suponer que el Ejército de Israel se está ocupando de varios casos similares a los anteriormente detallados, y su cúpula, envuelta hasta la coronilla con problemas de administración civil, se despreocupa de su función primordial: la defensa del Estado de Israel. 

 

Con estas funciones asignadas, nadie se debe sentir sorprendido cuando se escuchan evaluaciones que dicen: “Tzáhal no está preparado”, así como lo vimos y sentimos en la última confrontación en el Líbano.

 

Si las principales funciones de los altos oficiales del ejército en Cisjordania se concentran en encontrar soluciones a las aspiraciones políticas de ciertos sectores de la sociedad israelí, cuyo objetivo es la conquista de territorios en clara contradicción con leyes internacionales, debemos sentirnos muy preocupados.

 

Ojalá me equivoque…

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Debo reconocer que el pasado mes de julio, las dubitaciones no me permitieron ser lo suficientemente libre como para dar rienda suelta a toda intención de expresar lo que siento ante la realidad.

Dejar que pasen trece años sin que se encuentren a los culpables del atentado de AMIA y se los someta a juicio, es razón más que suficiente para gritar a los cuatro vientos la injusticia y sensación de desamparo que sufre la ciudadanía argentina, judíos y no judíos.

Como argentino, percibo a las autoridades e instituciones argentinas obrando en el marco de la ley, aunque no con la fuerza, la predisposición y el ímpetu propios de los esfuerzos que requieren el esclarecimiento de un crimen de tanta magnitud social y política.

De todas maneras, luego de trece años, el caso sigue abierto esperando averiguar los hechos, y sobre todo, tratando de sobreponerse a las dificultades que antepone el gobierno iraní, cuyos representantes son los principales sospechosos.

Como argentino no tuve dudas. Éstas surgieron como judío e israelí…

El pasado mes de julio dudé, pero apenas comenzó octubre, me fue imposible ser indiferente sin recordar los trágicos hechos ocurridos en Israel en ese mismo mes el año 2000.

¿A qué me refiero? Veamos: Tras el fracaso de las negociaciones de Camp David entre el Gobierno de Israel y la Autoridad Palestina, durante el mes de julio de ese año, y la publicitada visita de Ariel Sharón (entonces en la oposición) a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén – a fines de septiembre -, se creó una situación de disconformidad general dentro de la población árabe, ciudadanos de Israel.

Con esta escenografía, y bajo el lema “¡Las Mezquitas de Jerusalén están en peligro!”, muchos árabes israelíes organizaron violentas protestas callejeras durante los primeros días de octubre.

La violencia de estos manifestantes árabes, como en casos similares anteriores o posteriores – el desalojo de colonos israelíes de la ciudad de Yamit en el marco del acuerdo de paz con Egipto en 1982, o el desalojo de colonos israelíes de Gaza en 2005 -, se caracterizó por barricadas, corte de rutas, lanzamiento de piedras u otros objetos, y en algunos casos hasta bombas molotov, aunque de ninguna manera se incluyó el uso de armas de fuego.

La gran diferencia surge de la comparación del grado de represión que aplicaron las fuerzas del orden en todos estos casos. Mientras que en Yamit y en Gaza se movilizaron muchas unidades y se aplicó el método de “guantes de seda” que concluyó con contados heridos de menor grado, en la represión de las manifestaciones de octubre 2000 se utilizaron armas de fuego que causaron la muerte de 13 ciudadanos árabes israelíes.

Ante la gravedad de los hechos y bajo una fuerte presión por parte de la opinión publica, el Gobierno nombró una Comisión Investigadora Oficial presidida por el entonces juez de la Corte Suprema, Theodor Or.

Tras prolongadas sesiones y miles de hojas de protocolo, la Comisión Or se expidió con un extenso informe en septiembre del 2003, cuando el Gobierno ya estaba en manos de Ariel Sharón.

Según dicho informe, la muerte de varios de los manifestantes fue causada por el empleo indebido de francotiradores con munición metálica – sin aviso previo por parte de la policía -, o por el uso de balas de goma contra los manifestantes desde distancias más cercanas a las autorizadas.

La Comisión Or expuso duras críticas sobre el modo de proceder del Gobierno, especialmente del entonces primer ministro, Ehud Barak y del ministro de Seguridad Interior, Shlomó Ben Amí, por no prevenir los hechos. De la misma manera, criticó duramente a la policía, a su alto mando y a los jefes de la división norte, por no planificar medios adecuados para restablecer el orden y por el uso indiscriminado de fuerza. La comisión criticó también a la dirigencia de la población árabe por no actuar con el necesario ímpetu a efectos de apaciguar los acontecimientos.

En el capítulo de sugerencias organizativas, la comisión propuso una serie de medidas en materia de seguridad interna y equipamientos necesarios para mantener el orden público, como así también en el apoyo presupuestario para el desarrollo de los sectores árabes de la población.

Con respecto a las responsabilidades penales, como consecuencia de las muertes causadas por medio del uso de armas de fuego, la comisión determinó la necesidad de abrir inmediatamente investigaciones penales. Éstas fueron llevadas a cabo por el Departamento de Investigaciones a la Policía en el marco del ministerio de Justicia.

Al recibir las concluciones de este departamento, el ministerio de Justicia anunció, en septiembre del 2005, que todos los procesos iniciados por iniciativa de la Comisión Or se daban por cerrados, debido a las dificultades existentes en identificar a los policías que dispararon y mataron a las víctimas. El tan famoso y desarrollado sistema de investigaciones e informaciones de Israel no fue capaz de determinar ni un solo culpable de la muerte directa de algún manifestante en manos de francotiradores policiales.

¿A qué conclusiones puede arribar cualquier persona sensata cuando compara este brutal comportamiento con el método de “guantes de seda”?

Huele feo y suena raro ¿No?

Estimados lectores; ustedes pueden comprender ahora mis dudas del mes de julio pasado. Me da la impresión que nos gusta “perseguir la justicia” sólo en lugares determinados; no en todos.

Ojalá me equivoque…

PD: Hace tiempo que este articulo descansaba en mi escritorio y por el momento no tenia programado publicarlo. Los hechos ocurridos en estos días en la aldea drusa de Pekiín, en la Galilea, me convencieron que es urgente editarlo. Esta vez, ante el hecho de destruir antenas de teléfonos celulares, fuimos testigos nuevamente un amplio operativo policial que incluyó disparos de armas de fuego cuando se trata de una población no judía.

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