Solo pretendo ser una pequeña baliza que titila cuando creo
que erramos el sendero por el cual prometimos caminar

Archive for December, 2007

“Si lo queréis, no será una leyenda”, dijo Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista moderno. Con esta expresión dio impulso a los grupos judíos de vanguardia al comienzo de la colonización, surgimiento, y desarrollo del Estado de Israel. Fuera de los religiosos ortodoxos, todos se embarcaron en esa heroica e histórica epopeya del pueblo judío. Las agrupaciones políticas e ideológicas fueron variadas; de ahí el origen de profundas disidencias y discusiones en los diferentes congresos sionistas. Pero, por sobre todo, reinaba el objetivo común: crear un Estado de Israel independiente.

En este hito histórico sobresalió un movimiento que fue líder y vanguardia. Se trata de Tnuat Avodá (el movimiento laborista) en sus diversas versiones a través de los años. Varias organizaciones participaron del esfuerzo, pero nunca tuvieron una magnitud y relevancia a nivel nacional comparable con los proyectos de Tnuat Avodá.

La historia reconoce y no olvida que Tnuat Avodá tomó la iniciativa en los procesos claves para sentar las bases de lo que finalmente se cristalizó como el Estado de Israel.

En principio, creó los marcos económicos, sociales y de seguridad que permitieron asentar a nuevos inmigrantes, poblando lenta pero persistentemente el territorio israelí de kibutzim, moshavim y ciudades en desarrollo. Posteriormente fué creando las instituciones básicas de la economía israelí por medio de empresas como Solel Boné, Tnuva, Hamashbir Hamerkazí y Bank Hapoalim, organizaciones de carácter social como la Histadrut, Kupat Jolim o el diario Davar y en materia de defensa la Haganá y el Palmaj.

Su indiscutible líder, David Ben Gurión, con sus afinados y pragmáticos sentidos políticos, entendió que la única solución posible del conflicto con los palestinos era la partición del territorio. Tras un intenso trabajo de convencimiento, logró obtener el apoyo de la mayoría de los sectores políticos y declaró la Independencia en 1948. Una vez superada la sangrienta Guerra de Liberación, Tnuat Avodá lideró los gobiernos que continuaron con la gran obra de absorción de enormes masas de nuevos inmigrantes, la construcción de viviendas, la creación de empleos, el mantenimiento de la seguridad en las fronteras y, por sobre todo, el establecimiento de una sociedad democrática basada en la solidaridad y en la máxima equidad posible.

Pese a todas las condiciones adversas, hacia fines de la década del ‘60, Israel, bajo el liderazgo permanente del movimiento laborista, se convirtió en una sociedad democrática, moderna y justa, que representó un modelo digno de admiración e imitación en todo el mundo.

Gran parte de las expresiones de apoyo y admiración por Israel que se propagan en el mundo hasta hoy, están basadas en esa imagen que se difundió hasta fines de los ‘70. Hoy, lamentablemente, gran parte de ella es más bien un componente de la nostalgia que de la realidad.

No cabe duda que la muerte de Levy Eshkol (1969) y su reemplazo por Golda Meir representa el ápice y el comienzo del desmoronamiento de Tnuat Avodá como factor dominante en la política israelí.

El movimiento perdió su marco ideológico básico basado en un compromiso con los palestinos y se embarcó en conquistas territoriales de la mano de varios de sus líderes (Golda Meir, Israel Galili, Igal Alón y nuestro actual presidente, Shimón Peres). Además, fue arrastrado por movimientos religiosos mesiánicos de colonización de clara tendencia política adversa como Gush Emunim.

La soberbia y embriaguez del poder de la fuerza, nacidos en la Guerra de los Seis Días, lo llevó a la catástrofe nacional de la Guerra de Yom Kipur en 1973, la cual, junto con varios escándalos de corrupción pública, terminó apartándolo del poder por muchos años, al perder las elecciones en 1977.

De los treinta años que transcurrieron hasta la fecha, sólo se puede decir que el corto período del segundo gobierno de Itzjak Rabín (1992-95) representó un serio intento de regreso a las raíces del movimiento laborista históricó. Fuera de esa excepción, Tnuat Avodá gobernó dos años con Barak como primer ministro sin mayores logros significativos, permaneció diez años en la oposición, y la mayoría del tiempo, catorce años, fue arrastrada como “socio” en gobiernos de coalición nacional o gobiernos liderados por partidos adversarios.

La táctica política del liderazgo del laborismo israelí resolvió las disyuntivas con una clara preferencia por la calidez y confortabilidad de los sillones gubernamentales y los automóviles ministeriales en lugar de la dureza y los desafíos de la lucha por principios o plataformas programáticas de cambio desde la oposición.

Con mucha firmeza de palabra nos convencieron una y otra vez que de nada vale luchar por presentar permanentemente alternativas de poder, incluso tras una ardua lucha desde la oposición, cuando a través de un prometedor acuerdo de coalición, nos aseguraban que era mucho más efectivo “influenciar de adentro”.

La realidad fue muy cruel y frustrante. La sociedad israelí fue conducida por el camino del capitalismo más salvaje, el cual consiguió desarmar, uno tras otro, todos los pilares de seguridad social y responsabilidad por el prójimo que tanto tiempo costó erigir y mantener. Los frágiles tartamudeos en materia de defensa y seguridad del laborismo israelí no lograron frenar la enorme ola de conquista territorial en Cisjordania y Gaza, ocupadas en la guerra de 1967.

Retrospectivamente, Tnuat Avodá es igualmente responsable de la constitución de una peligrosa y amenazante realidad que nadie tiene claro cómo, cuándo y a qué precio nos podremos liberar de ella. Su liderazgo fue considerado durante años como una máscara por parte de otros partidos y su influencia quedó marginada hasta que prácticamente hoy no se les tiene en cuenta. En la imagen de grandes grupos sociales, el Partido Avodá se parece más a un “esqueleto político” que a un movimiento que pretende presentar una alternativa de poder.

Cuanta tristeza causa ver como el movimiento que lideró una epopeya tan gloriosa agoniza día a día. Es lamentable observar como un renombrado líder como Ehud Barak tiene la necesidad de pedir limosna política a partidos como Meretz o a los Jubilados para intentar sobrevivir políticamente.

Así como la persistencia de fuertes agrupaciones políticas que representan las alternativas conservadoras y liberales son necesarias en el manejo del país, de la misma manera, la salud política de la democracia israelí requiere imperiosamente de la existencia de un laborismo fuerte y activo que represente permanentemente una alternativa de poder.

No sería extraño suponer que Tnuat Avodá persista en la permanencia de continuar pegada a los sillones gubernamentales a cualquier precio. De esa manera, seguramente, seremos testigos, no sólo de su agonía, sino también de su sepelio político.

Ojalá me equivoque…

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Días atrás, el columnista Israel Harel (1) publicó un artículo en el diario Haaretz títulado: “La víctima de la táctica del vecino”. Esa nota es una etapa más en las profundas polémicas que surgen y dividen a la sociedad israelí como consecuencia de la retensión por la fuerza y asentamiento de población civil en los territorios de Cisjordania.

¿Qué es la famosa “táctica del vecino”? La confrontación entre las fuerzas de seguridad de Israel y los distintos grupos armados palestinos se desarrolla generalmente en zonas densamente pobladas por población civil palestina. Cuando un prófugo buscado por Tzáhal es localizado en una casa en la cual permanece atrincherado, resulta muy peligroso para los soldados acercarse a dicha vivienda. En tal caso, y por orden del Ejército, los soldados eligen a un familiar del prófugo o a algún vecino casual para que golpee la puerta y exija que el reo se rinda.

Dicha norma comenzó a aplicarse en forma masiva a partir de 2002 con el recrudecimiento de la segunda Intifada. El incremento de las denuncias llevó a organismos de defensa de derechos humanos a plantear una demanda ante la Corte Suprema de Justicia para que anule tal procedimiento.

La decisión del Tribunal fue clara y precisa: En Octubre de 2005 prohibió el uso de dicho método por contradecir totalmente las leyes internacionales. El Estado Mayor del Ejército declaró que respetaría la decisión judicial, no sin antes demostrar su clara disconformidad con la misma.

Pese a dicha aceptación de los altos mandos militares, muchos informes reclutados por diversas organizaciones alertaban que en varias oportunidades se continuaba aplicando tal procedimiento. Cualquier intento de recibir explicaciones por parte de los voceros de Tzáhal recibían la típica respuesta: “El Ejército actúa de acuerdo a las normas establecidas”.

Todo transcurrió en ese mismo orden hasta que un testigo logró fotografiar una clara situación en que se aplicaba la “táctica del vecino”. Eso ocurrió apenas unas semanas atrás y la reacción del vocero del Ejército fue que se estaba investigando el caso. Ante tan claras evidencias, Tzáhal se vio en la necesidad de reconocer la falta y penalizó al General Yair Golán, comandante de la unidad que operaba en la región, retrasando su ascenso previsto para un futuro próximo.

El columnista Israel Harel intentó demostrar que la verdadera víctima de este procedimiento es el mismísimo General Yair Golán y no los palestinos. Harel no es el único que critica la decisión de la Corte Suprema. Esta posición es aceptada en todos los grupos políticos identificados con la derecha israelí: Likud, Israel Beiteinu, los partidos religiosos, etc. Quien más se destacó fue el diputado del partido religioso nacional Mafda, Efi Eitan. El parlamentario presentó un proyecto de ley para permitir aplicar dicho método en Cisjordania. Lo absurdo es que su propuesta está basada en artimañas pseudo legales para tratar de esquivar la futura intervención del Tribunal Supremo.

No cabe duda que la “táctica del vecino” conlleva necesariamente a grandes y serias polémicas, no solamente desde el punto de vista legal – ya sea aquí en Israel o en el marco de la comunidad internacional -, sino también desde el punto de vista ético.

Defender de la mejor manera posible la integridad física de los soldados de Tzáhal es una de nuestras mayores preocupaciones, pero no se puede confundir ese objetivo con el uso indiscriminado de civiles inocentes como escudos humanos.

¿Con qué derecho podemos criticar duramente a los palestinos y a Hesbollah que acostumbran a mimetizarse dentro de población civil para defenderse, cuando en la práctica estamos usando métodos similares? ¿Acaso nos olvidamos que fuera de la “táctica del vecino” también operan comandos israelíes disfrazados de árabes; otro método de usar población civil para esconderse?

Imagínense si en una de las frecuentes confrontaciones con bandas mafiosas israelíes, la policía se viera en la necesidad de detener a un prófugo que se atrincheró armado en una casa de cualquier barrio de Tel Aviv, y ordenara – a caño de pistola – a un familiar de alguno de los inventores de esta “táctica del vecino”, que por el solo hecho de vivir en la casa de al lado, vaya a convencer al reo para que se entregue. Es de suponer que en ese caso las protestas llegarían al cielo y el ministro de Seguridad Interna debería renunciar inmediatamente.

No me sorprendería si en algún momento circunstancial, el Parlamento apruebe la ley que autorice el uso de la “táctica del vecino”. A partir de entonces tendremos los vecinos de aquí y los vecinos de allá.

Ojalá me equivoque…

(1) Israel Harel es columnista del diario Haaretz. Fue Secretario General del Consejo de Municipalidades Judías de Judea, Samaria y Gaza. Reside en Ofrá, uno de los asentamientos judíos en Cisjordania.

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El conductor del mundo, el Gran Maestro George W. Bush tiene programado retirarse de la conducción activa en el término de un año. A los efectos de dejar un broche de oro para el público de Medio Oriente que tanto lo aclamó en sus obras, organizó un concierto de gala en el Auditorio de Annápolis.

 

Bush, junto a su maestro de ceremonias, la Sra. Condollezza Rice, programaron el concierto con tiempo y lujo de detalles. Como solistas e invitados especiales llamaron a Ehud Olmert de Israel y Mahmud Abbás de Palestina. Junto a ellos, se invitó a más de cuarenta de músicos de primera línea de los más destacados países del mundo para integrar la orquesta sinfónica que brinde el acompañamiento en tonos, color y ritmos adecuados. De antemano se les envió a los solistas una “Hoja de partitura” y se les impuso encontrarse periódicamente para ensayar en conjunto. El objetivo básico era que lleguen al evento bien preparados para interpretar juntos – acompañados por la orquesta sinfónica – la obra “Sueños de una noche de verano” de Mendelssohn, más conocida como “La marcha nupcial”.

 

El gran espectáculo fue programado para el pasado 27 de Noviembre. En su apertura apreció el Gran Maestro Bush con la batuta en mano. Iniciando el primer acto – en un claro y vigoroso mensaje a toda la humanidad – dirigió la interpretación musical de la ópera “La guerra y la paz” de Prokofiev, finalizando con una especial ejecución de la música de Ennio Morricone de la película “El bueno, el malo y el feo”.

 

Seguidamente invitó al solista Mahmud Abbás quien trató de interpretar la tercera sinfonía de Beehetoven, “La heroica”. Pero, lamentablemente, sus acompañantes no conocían la partitura de la  obra y se tuvo que conformar con ejecutarar la sexta sinfonía de Tchaikovsky, “La patética”.

 

Acto seguido subió al escenario el solista israelí Ehud Olmert. Desbordado de optimismo, nos guió por los campos de la ilusión y la esperanza. Comenzando por la “Primavera” de Vivaldi, pasando por la sexta sinfonía de Beehetoven, “La pastoral”, y finalizando – a pedido expreso del Presidente de Israel, Shimón Peres – con la interpretación de la sinfonía “El nuevo mundo” de Dvorak.

El Gran Maestro Bush, convencido de que los ensayos de los solistas de Israel y Palestina no fueron suficientes, decidió continuar el recital a puertas cerradas sin público ni cámaras de televisión con la intención de lograr la interpretación de la tan esperada “Marcha nupcial”.

 

Inmediatamente surgió un pequeño altercado en donde Bush se vio obligado a ceder y permitir al solista de Siria que interprete la composición de un autor autóctono titulada “Las Alturas del Golán”. El músico sirio se vio en la necesidad de tocar un “solo” debido a que los restantes miembros de la orquesta se negaron a acompañarlo.

 

Mientras tanto Bush siguió tratando de encontrar armonia entre Olmert y Abbás para que interpreten conjuntamente la “Marcha nupcial”. Lamentablemente sólo se escucharon gritos y disonancias. Por lo tanto, decidieron ejecutar la séptima sinfonía de Schubert, “La inconclusa”, en cuya interpretación los solistas tienen una prolongada experiencia.

 

Los eximios músicos abandonaron el Auditorio de Annápolis no sin antes prometer al Gran Maestro Bush que en un plazo máximo de un año esperan estar en condiciones de interpretar conjuntamente “La marcha nupcial”.

  

Quienes desarrollaron a través de los años muy finas cualidades auditivas, saben muy bien que estas disonancias y cacofonías de los miembros de la orquesta de los países de Medio Oriente son difícil que se plasmen en una armónica y romántica obra de Mendelssohn. Por lo general, terminan como la ”Obertura 1812″ de Tchaicovsky, a cañonazos. 

 

Debemos bregar para que todos los amantes de “la buena música y la paz en el mundo” sepan presionar a estos intérpretes de Medio Oriente para que en un futuro próximo dejen de lado sus demandas extremas y puedan interpretar conjuntamente la tan admirada “Marcha nupcial”. Si estos esfuerzos llegan a un fracaso es probable que a nuestros oídos lleguen los tristes sonidos de la “Danza macabra” de Camilo Saint-Saëns.

 

Ojalá me equivoque…

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