Solo pretendo ser una pequeña baliza que titila cuando creo
que erramos el sendero por el cual prometimos caminar

Archive for October, 2008

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo

Todo Cambia, Interprete: Mercedes Sosa, Letra: Julio Numhauser

“Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.”¿Y ahora qué sucederá? ¡Bah! Tratativas pespunteadas de tiroteos inocuos, y, después, todo será igual pese a que todo habrá cambiado”.”…una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”.   El Gatopardo, de Giuseppe Tomaci Di Lampedusa (1896-1957)

El viernes pasado, 17 de septiembre 2008, se llevaron a cabo las elecciones internas del partido Kadima, agrupación que lidera la coalición gobernante en Israel. El partido Kadima fue constituido por el ex primer ministro Ariel Sharon en el año 2005. Esta nueva agrupación política surge de una escisión del partido Likud, contaminado de corrupción e intrigas internas que imposibilitaban, según Sharon, un gobierno democrático y limpio. Prometieron el gran cambio, un partido nuevo en donde no habrá lugar a las oscuras y conocidas jugarretas exponiendo solo un juego limpio y democrático. El elemento programático central sobre el que se constituye este partido y en el que se basó su campaña proselitista fue el programa de desconexión unilateral de Cisjordania.

El estado de salud traiciona a Sharon quien se ve obligado a retirarse de la vida política y es reemplazado por Ehud Olmert, quien toma las riendas de la nueva agrupación partidaria. Pese a que la ausencia de Sharon afectó severamente las posibilidades de Kadima, ante una falta de alternativas reales, el partido consigue los suficientes escaños para formar coalición con otros partidos y liderara el gobierno desde Mayo 2006.

Se puede decir que tan solo dos años fueron más que suficientes para poner de manifiesto el gran fiasco que significó el partido Kadima como innovación en la política israelí, que se trataba de una típica agrupación política, exactamente igual que las demás, de un cambio para no cambiar.

En un principio y a pocos meses de gobierno, renunciaron al punto central de su plataforma proselitista abandonando definitivamente el plan de desconexión, pues, según Olmert, debían dedicarse todo el tiempo a administrar el país. Los intentos de negociación con parte de los palestinos (El Fatah y Abu Mazen) fueron un claro y patético show lleno de contradicciones. Por un lado, declaraciones de grandes avances en las negociaciones sobre los puntos “claves y centrales del acuerdo de paz con los palestinos”, como ningún gobierno había avanzado hasta este punto. A las pocas horas, giraban la cabeza hacia la derecha y con un guiño trasmitían que no hay que preocuparse pues no se renunciará a nada. Ni que hablar que no se movieron de su lugar la gran cantidad de asentamientos ilegalmente constituidos en Cisjordania sobre tierras usurpadas.

De la honestidad y limpieza de manejo mejor no hablar. El primer ministro y parte de su equipo se ve en la obligación de renunciar por ser considerado por la fiscalía de estado serios sospechosos en cinco o seis casos penales abiertos por corrupción y malversación de fondos públicos. Estos simples hechos no son más que otras pruebas suficientes para demostrar que todo cambió para que nada cambie.  

Las actuales elecciones internas del partido Kadima nos ofrecen una serie de ejemplos típicos del cambio para no cambiar. Los cuatro candidatos no se cansaron de repetir que el partido Kadima es una brisa renovadora en el paisaje político israelí, un gran cambio que dicta nuevas normas de comportamiento partidario en Israel. A partir de ahora la limpieza y honradez formará parte inseparable del manejo político en Kadima. Pero nada más fuerte que la realidad y veremos como nada cambia en la política israelí, o mejor dicho, hay que prometer cambios para que nada cambie.  

La campaña electoral de los cuatro candidatos estuvo cargada de algunas expresiones ofensivas que muy bien rozaban elementos conflictivos entre grupos étnicos y mas vale olvidarse que recordarlas. Varios de los resultados son un claro ejemplo de la dicotomía entre centro y periferia, ciudades desarrolladas y ciudades en desarrollo, barrios o aldeas caracterizados por grupo étnico éste o aquél.

La movilización de electores y afiliados a Kadima puso nuevamente en evidencia la importancia cardinal de los operativos de los tan conocidos y despreciados “gestores de votos”. En vez de un registro personal evidenciando una intima predisposición a participar en un proceso democrático, otra vez se escuchó la aparición de cajones llenos de formularios de inscripción. Los resultados del escrutinio en ciertas localidades con más del 90% para un candidato, o la aparición de más del 5% de los afiliados registrados en el partido Kadima, también registrados en el opositor Likud, son una clara evidencia de este fenómeno.  

Para un observador externo da la impresión que la motivación principal de este proceso no emerge primordialmente del profundo sentido de responsabilidad de aquellos afiliados del partido preocupados por el destino del país. La imagen más cierta y basada en una larga experiencia de elecciones internas partidarias pareciera ser que en su mayoría se trata del interés personal directo de algunos gestores de votos vinculados a un candidato que esta dispuesto a retribuir sus esfuerzos en monedas de un futuro puesto en el área de su administración, acceso a una licitación importante u otra recompensa cuya unidad de medida es difícil de identificar en estos momentos.

El punto cardinal en el análisis de los resultados de las elecciones internas de Kadima se centra en detectar y preveer las perspectivas políticas futuras en base al programa que su triunfadora, Tzipi Livni, se encargó de propagar.

Tzipi Livni, al igual que Ariel Sharon, mutaron su cuero ideológico y de ser acérrimos halcones apoyando la gran Israel del Jordan al Mediterráneo, se pasaron al bando opuesto, ahora promoviendo un acuerdo con los palestinos basado en la partición de la vieja Palestina. En las asambleas proselitistas previas a estas elecciones internas de Kadima, Livni prometió una nueva y esperanzadora alborada política, el gran cambio, en donde la rectitud y desinterés serán el guía del manejo gubernamental y el programa político se basará en un compromiso de concesiones con los palestinos de acuerdo al conocido programa de dos estados para dos pueblos.

El registro histórico de comportamiento de manejo de Livni es ejemplar y digno de admiración. No existe ningún motivo para no creer en su honradez y serias intenciones y promesas en su futuro y probable gobierno. Por el contrario, sus promesas y expectativas de programa político carecen de toda base de credibilidad y un análisis político serio más bien llega a la conclusión que se trata de promesas falsas y alejadas totalmente de toda posibilidad de concretarse.

En el mejor de los casos, aunque Livni lograse mayoría parlamentaria en apoyo de su programa y en la práctica pudiese llegar a un acuerdo con los palestinos, la amenaza de oposición violenta por parte de los pobladores judíos de Cisjordania va a impedir toda materialización de un pacto con los palestinos. Lamentablemente no se vislumbra ninguna posibilidad que la situación llegue a cambiar. Los acontecimientos del último tiempo son una clara demostración que el ejército y la policía están subyugados a los intereses de estos pobladores y más bien las fuerzas del orden dan a entender, constante y claramente, su tremendo pavor a enfrentarlos y aplicar la ley como corresponde.

En la práctica, este temor supeditará las posiciones de Livni en sus conversaciones con los palestinos y finalmente la llevará a demandar  cláusulas de condiciones y compromisos como “estamos de acuerdo con la partición pero…… queremos quedarnos con esto, esto y esto….” Este tipo de demandas son inaceptables por los palestinos. Los antecedentes, la realidad y las circunstancias internacionales fijaron las únicas condiciones aceptables en un acuerdo posible en materia de límites territoriales: vuelta a las líneas de antes de junio de 1967, salvo mutuo convenio de un intercambio muy limitado de tierras sobre la base de una relación uno a uno.  

Es de suponer que las explicaciones y justificativos que nos abrumen después del fracaso de las negociaciones con los palestinos volverán a los slogan conocidos: “no hay con quien hablar”, “no hay partner”, “hasta que no sean una sociedad democrática no se puede negociar”, “primero que se pongan de acuerdo entre ellos y después que negocien”, “si no dan, no recibirán, etc.   

Mientras tanto, no sería erróneo estimar que el proceso de usurpación de tierras y ampliación de la colonización civil judía en Cisjordania continuará sin control del gobierno, permanente y constantemente. Una nueva casa, un nuevo barrio, otro asentamiento legal o ilegal – que importa, no hay diferencia. En esta inercia política, más bien propia de un pueblo suicida, Israel continuará su camino a la constitución futura de un solo país para dos pueblos, con los consecuentes, nefastos y calamitosos pronósticos previstos para el caso.

Vale la pena mencionar que este trágico guión es válido tanto para el caso que Livni logre formar gobierno en base al actual parlamento, como así también, para el caso de llamado a nuevas elecciones general a corto plazo. Tanto en una nueva victoria de Kadima, como una imprevista victoria del laborismo, ambos partidos tendrán que enfrentarse ante el mismo dilema: o desafían, doblegan y vencen la oposición de los pobladores de Cisjordania que no dudan en usar la violencia en defensa de sus ideas, o renuncian a todos los ilusionados planes como ocurrió hasta ahora. Obviamente, un triunfo del Likud de Natanihau y sus satélites, debido a sus conocidas políticas expansionistas, profundizará y acelerará aun más este proceso.

Ciudadanos de Israel, ansiosos de arribar finalmente a un acuerdo de paz con los palestinos, actúan como espectadores pasivos de esta función y ven sorprendidos la confrontación entre las placenteras armonías y promesas que trasmite la Negra Sosa en su canción con las preocupantes aseveraciones de Tomaci Di Lampedusa. Da la impresión que el italiano lleva fácilmente las de ganar.

Ojala me equivoque.

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Toda sociedad es una compleja trama en donde se entrelazan un sinnúmero de componentes que operan al mismo tiempo y de este modo dificultan la comprensión de su funcionamiento. Ocasionalmente se producen situaciones peculiares en donde se concreta una rara coincidencia y el azar nos regala un pantallazo fugaz que nos permite captar esa complicada realidad. Los análisis mas frecuentes de las sociedades se basan en detectar el comportamiento y las relaciones entre sus diferentes clases sociales. Da la impresión que la sociedad  israelí puede ser muy bien comprendida en su comportamiento tan solo prestando atención a un concepto vulgar y cotidiano de los medios de información locales como lo es el de “las familias”. 

 

Algunos acontecimientos que se sucedieron en estas dos últimas semanas nos brindan la posibilidad de ser testigos de una serie de hechos que ponen de manifiesto el carácter especial de la sociedad israelí y “las familias” que lideran los procesos más importantes.

 

En estos días salió a la venta el nuevo libro de Mijal Zamir, “Aparatos y atracciones” Editorial Hargol. Se trata de una novela común que relata la relación amorosa entre Gabi Haik, un agente inmobiliario, y  Hilili Gabrieli, una decoradora de interiores en un lujoso barrio de los suburbios de Tel Aviv. Fuera de sus cualidades literarias, esta novela pasaría prácticamente desapercibida salvo que el barrio en consideración no es otro que el prestigioso Tzahala (el nombre en honor del ejército de Israel, Tzahal) y que Mijal es, nada más y nada menos, la hija de Tzvi Zamir, ex residente de dicho barrio, legendario general retirado de Tzahal, posteriormente jefe del Mosad y también gerente general de la Empresa Nacional de Destilación de Combustibles.

 

Sin entrar en detalles, la novela es un reflejo de la profunda pesadumbre y amargura de Mijal por el proceso de recambio y desaparición de la tradicional capa que lideró el país desde su creación. Se trata de las “familias de generales, almirantes y brigadieres” que el estado le otorgó a principios de los años 50 un predio preferencial para la construcción de sus viviendas. Este barrio, por sus características y su cercanía a Tel Aviv, se convirtió, en la última década, en una mina de oro inmobiliaria y sus tradicionales habitantes no pudieron resistir la tentación seductora del poder del dinero que se derramaba de los bolsillos de las “familias de los nuevos multimillonarios“, producto de la globalización y privatización de los años recientes. El cambio de familias residentes del barrio Tzahala no es más que una imagen del proceso social, que como un espejo, refleja las modificaciones más significativas de los sectores o familias dominantes de la sociedad israelí.

 

Durante las ultimas semanas algunas ciudades de Israel, y Natania en especial, fueron testigos de una serie de operativos de “cierre de cuentas” entre grupos de delincuentes y mafiosos en los cuales se derramó mucha sangre tanto de aquellos pertenecientes a los distintos grupos, como así también, de muchos inocentes que circunstancialmente transitaban el lugar. Estos grupos de delincuentes, comúnmente conocidos en los medios como las “familias del crimen” defienden sus intereses e imponen sus condiciones a la sombra del caño de la pistola, bombas, y otros medios bélicos de cuyo uso se jactan los más modernos ejércitos. En principio sus actividades se reducían solamente al ambiente de los juegos de azar pero con el correr de los años su presencia comienza a ser visible en muchos sectores económicos y últimamente se detectan sus primeros pasos hacia una conquista de bases en el poder central. Dotados de los más sofisticados medios, renombrados abogados y una disciplinada organización, exponen a la policía y a la fiscalía como instituciones obsoletas, ineficaces e incompetentes y convierten a las calles de Israel en zonas más peligrosas que las fronteras conflictivas.

 

El sábado 13 de septiembre un cruel terrorista palestino penetró dentro del asentamiento judío Itzar y cometió un brutal atentado en contra de población civil inocente causando graves daños a una residencia y provocando sanguinarias heridas cortantes a un niño. El atacante consigue huir sin ser detenido. Los habitantes de Itzar, pertenecientes a las “familias de pobladores de asentamientos en Cisjordania”, muy conocidos por su falta de tolerancia y serenidad, consideraron inoportuno molestar a las fuerzas del orden y decidieron hacer justicia por sus propias manos. Varias decenas de ellos, como enjambre enfurecido, atacan sin discreción a palestinos, inocentes pobladores de la vecina aldea Ashira el Kabilia. En una demostración de salvajismo desenfrenado estas huestes enardecidas causaron serios daños materiales, dispararon con pistolas, hirieron a varios habitantes de la aldea y sembraron la barbarie por donde pisaron. Gracias al arma infernal de los palestinos, la filmadora, pudimos ser testigos de lo acontecido.

 

Soldados del ejército de Israel, presentes en el lugar, se desentendieron de los hechos y actuaron como espectadores en un combate de lucha libre. Ante los brutales ataques de lo que eran testigos directos, soldados del ejército de Israel prefieren evitar toda complicación futura con colonos judíos de Cisjordania, desprotegen a la población local, y por supuesto, no detienen a ningún atacante. Es trágico y lamentable escuchar las excusas discriminatorias del comando del ejército, máxima autoridad en la zona: “transgresiones a la ley de parte de los pobladores de asentamientos judíos los trata la policía”, lo que implica, necesariamente, que el ejército solo se ocupa de “transgresiones” de los palestinos.

 

El miércoles 17 de septiembre se llevaron a cabo las elecciones internas dentro del partido Kadima. Estas elecciones son el resultado de la renuncia del actual primer ministro Ehud Olmert, representante del partido mayoritario Kadima, como consecuencia de una serie de acusaciones penales pendientes. De acuerdo al orden institucional israelí, estas elecciones internas pueden llegar a investir a Tzipi Livni, triunfadora del evento, como próximo primer ministro. Se trata del juego democrático de Israel donde las “familias de los políticos” tratan de lograr mayorías para instituir el poder central a los efectos de liderar los procesos políticos, sociales y económicos más importantes del país.

 

Apenas lograda la independencia, Israel comienza a dar sus primeros pasos institucionales con la formación de un gobierno provisional y posteriormente con su primer gobierno elegido. Se adopta el régimen gubernamental parlamentario según el modelo británico en donde los representantes de “las familias de los políticos” son elegidos al parlamento del cual se forma el gobierno. Las condiciones de precaria seguridad respecto de las amenazas de los países vecinos, las urgentes necesidades de erigir una nueva infraestructura física y económica y la inexistencia de una amplia y enriquecida  burguesía, determinaron la necesidad de una masiva intervención estatal. Bajo estas condiciones se crea una fuerte alianza entre la “familia de los políticos” y “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.

 

Las reglas de juego democrático al estilo ingles determinaron que el gobierno se ocupaba de fijar la política y estrategias en tanto que los militares se ocupaban de la defensa y en su baja pasaban a formar parte del staff directivo de las mayores empresas y organismos, en su mayoría estatales o cuasi-estatales. Con el correr de los años puestos directivos de altos organismos ya no satisfacían y se abrieron las puertas al mismísimo gobierno. De esta forma se allanó el camino para que muchos miembros de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” pasen de categoría, esta vez para formar parte de “las familias de los políticos”.

 

Debe reconocerse que las reglas de juego que condicionaban el actuar de ambas familias fueron determinadas básicamente por concepciones ideológicas, tanto por parte de los denominados sectores de izquierda como aquellos de derecha, según la época en que lograron instaurarse como gobierno. Todos los sectores asumieron la norma que los intereses generales predominaban sobre los intereses personales y en los contados casos de corrupción que se descubrieron el motivo del delito se basaba en favorecer el partido, o un sector y no el interés del inculpado en forma personal. El interés general se sobrepone al interés personal, inclusive en acciones ilegales o corruptas.

 

Rememorar este período trae añoranzas y es lo que se conoce vulgarmente como la época del Israel lindo. No cabe duda que la imagen positiva, la epopeya de convertir el desierto en un paraíso verde, inclusive bajo condiciones conflictivas, es el resultado de esta alianza que lamentablemente hoy es parte de los libros de historia. Para muchos es un motivo de tristeza y congoja, tal como lo manifiesta Mijal Zamir en su libro.

 

Dos hechos históricos llevan a conmover este modelo de armonía de la alianza entre “las familias de los políticos” y “las familias de los generales, almirantes y brigadieres“. El primero tiene su punto de arranque en junio de 1967 con la guerra de los seis días, aunque se concretiza y fundamentalmente toma volumen a principios de los años 70 con un movimiento creciente de colonización civil de los territorios conquistados en dicha guerra. Al segundo hecho histórico se le puede fijar fecha de inicio en el año 1985, con la aplicación del programa de estabilización económica, concretizándose y tomando vigor durante los años 90 y principios del siglo 21, con la inserción de Israel en el marco globalizado de la economía mundial y las masivas privatizaciones de los focos de poder económico.

 

Pese a tratarse de hechos completamente independientes uno del otro, pese a que se inician en periodos diferentes, pese a que no se modifica absolutamente en nada los poderes del gobierno central, la consecuencias de dichos hechos a largo plazo fue un proceso continuo y persistente de debilitamiento de fuerza por parte del poder central, y por ende, de “las familias de los políticos” y sus aliados, “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.

 

Como consecuencia de los brillantes resultados de las batallas de la guerra de los 6 días, “las familias de los políticos” se enceguecieron y embriagaron de las promesas de “las familias de los generales, almirantes y brigadieres” y asimilaron la concepción que Israel es invencible, que el tiempo obra a favor de Israel y que los árabes, con el tiempo, se adaptaran y aceptaran en silencio las imposiciones de Israel.

 

Las primeras objeciones surgen del momento en que se comienzan a constituir los grupos de pioneros que graban en su conciencia el objetivo de repoblar con judíos los territorios conquistados en la guerra de los 6 días. La falta de apoyo oficial en un principio llevó a estos grupos a actuar en forma independiente, e inclusive, provocativamente en contra de decisiones explicitas del poder central. La indecisión y la falta de una política clara respecto del destino de los territorios conquistados conllevan a los gobiernos a aceptar imposiciones de estos pobladores, inclusive cuando se trata de transgresiones de leyes internacionales como es el caso de fomentar el asentamiento de población civil en Cisjordania.  La toma del poder por parte del Likud en el año 1977, con el nombramiento de Ariel Sharon como Ministro de Agricultura y encargado de los asentamientos en los territorios ocupados, inicia la etapa de la población masiva y la constitución de las nuevas “familias de pobladores de asentamientos en los territorios ocupados“.

 

Los acuerdos con Egipto en el año 1982 y el plan de desconexión de la franja de Gaza del año 2005 fueron hitos históricos que enseñaron a esta nueva familia que por las vías pacificas no pueden imponer sus pretensiones. El poder central, pese a una oposición callejera y masiva de las “familias de pobladores de asentamientos en los territorios ocupados” logra imponer su autoridad desalojando a los pobladores y retirándose de esos territorios.

 

De aquí surge un cambio del nombre de las familias, pero principalmente, un cambio radical de la táctica operativa. Ahora solo quedan “las familias de pobladores de Cisjordania” pero bajo una clara concepción que quien se interponga en sus planes de ampliar la colonización en Cisjordania o pretenda desalojar parte de ella, se encontrara con una resistencia masiva y violenta.

 

Ante tales objetivos no existe ninguna ley, no existe ninguna autoridad, inclusive del ejército, no se reconoce ninguna autoridad que no concuerde con sus planes. Y he aquí que ante una actitud violenta, tanto el ejército como el gobierno muestran su clara debilidad. El ejército se siente día a día avasallado y hasta da la impresión que se rinde de rodillas ante las actitudes violentas de estos pobladores. Desde el momento en que la realidad trasmite una imagen que el director de un consejo regional en Cisjordania es mas importante que el general del cuerpo regional del ejercito, miembro del comando en jefe del ejercito, nadie se debe sorprender que el prestigio de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” sufrió un serio deterioro en la escala social y que su lugar hoy lo ocupan, en parte, “las familias de los pobladores de Cisjordania“.

 

El proceso de retroceso en la condición de grupo líder de las coyunturas sociales y económicas por parte de “las familias de generales, almirantes y brigadieres” es también el resultado de sus propias fantasías e idealizaciones. Ya antes del inicio de las batallas en junio de 1967 prometieron que los pobladores palestinos se “esfumarían” y en forma similar a lo ocurrido en 1948 se podría dominar el territorio que quedaría casi limpio de población nativa. Durante los 40 años posteriores a la guerra los distintos generales, almirantes y brigadieres prometieron que con el equipamiento militar mas sofisticado impondrían condiciones tales que los políticos podrían concretar sus planes con  comodidad. La realidad fue muy cruel con ellos. De nada valió el uso de la fuerza cuando la población nativa, a diferencia del 48, permaneció en el lugar y da apoyo permanente a las fuerzas de resistencia, organizada en bandas de guerrilleros. Los operativos fracasados y los fiscos se fueron sumando y de esta manera se agrego un elemento más de desgaste de la posición de “las familias de generales, almirantes y brigadieres“.  El último golpe en el mismo sentido los sintieron estas familias desde el momento que la aplicación de los planes económicos de privatización e inserción en la economía global impusieron la primacía de los intereses personales a los intereses generales. Este cambio de valores es crítico y muy perjudicial en las posibilidades de operar de un ejército que se basa exclusivamente en la movilización obligatoria.    

 

“Las familias de los políticos” tampoco pudieron liberarse de este proceso donde “las familias de pobladores de Cisjordania” carcomen permanentemente sobre todos los símbolos de autoridad y poder de quienes gobiernan el país. Gran parte de los partidos políticos que representan una clara mayoría de la población tienen señalado muy claramente la necesidad de llegar a un acuerdo de paz con todos los países en litigio. Los líderes de estos partidos tienen muy bien claro que la única posibilidad de arribar a un acuerdo con posibilidades de concretarse y ser aceptado por ambas partes implica, entre otras cláusulas, una retirada de Israel a los límites del año 1967. Estos principios son parte de sus declaraciones y plataformas preelectorales, inclusive, llegan a ser parte de acuerdos de coaliciones gubernamentales y declaraciones previas a encuentros de negociaciones de paz. El problema se suscita en el momento en que se requiere llegar a compromisos que claramente implican una retirada territorial. “Las familias de los políticos” son muy consecuentes con la primacía del interés de perdurar en el gobierno y ante el temor de una confrontación tremendamente extenuante y tal vez trágica con “las familias de los pobladores de Cisjordania” y sus amenazas, prefieren interponer condiciones que son inaceptables para la otra parte (por ejemplo quedarse con parte del territorio, no permitir soberanía palestina en Jerusalén oriental, etc.) y de esta manera posponer permanentemente toda posibilidad de llegar a un acuerdo de paz. Los pretextos son un repertorio muy viejo y conocido. No hay con quien hablar, primero tienen que llegar a la democracia, etc., etc.

 

Las situación esta definida muy claramente. Toda posibilidad de formalizar y sobre todo de concretizar un acuerdo de paz tiene una condición previa que no se puede pasar por alto. Dicha condición es que “las familias de los políticos” tienen necesariamente que doblegar a “las familias de los pobladores de Cisjordania”  e impedir por todo medio legal posible que lleguen a actuar violentamente e intimidar a quienes se proponen llegar a un acuerdo de paz. Posiciones de benevolencia, tolerancia y comprensión como las que caracterizaron las declaraciones de la mayoría de los lideres hasta el momento ya no son suficiente.  Si se quiere llegar a acuerdos de paz, se necesita actuar y con determinación y firmeza.

 

Da la impresión que nuestros lideres prefieren continuar el camino de quedar bien con Dios y con el diablo, evitar todo enfrentamiento que les exija fijar posiciones claras, postergar toda decisión y de esa manera favorecer claramente y confirmar que el poder en Israel esta en mano de  ”las familias de los pobladores de Cisjordania

 

Ojala me equivoque.         

 

 

 

 

 

 

 

 

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Durante los últimos años en Israel se desarrolló y profundizó la tradición de altos funcionarios gubernamental y militares de ofrecer extensas entrevistas a los medios de difusión, preferentemente escritos, en las proximidades de fechas festivas. Pesaj, el día de la independencia, los festejos del año nuevo y día del perdón son las ocasiones mas preferidas. La razón parecería ser el extenso tiempo libre que disponen los ciudadanos y de ahí la predisposición a la lectura de los suplementos festivos.

                                                                       

El diario Yediot Aharonot publicó el viernes 3 de octubre una larga entrevista con el General Gadi Aizenkot, jefe del comando norte y miembro del comando en jefe del ejército de Israel. Coincidentemente, en la misma fecha se publicó una entrevista que el diario Haaretz llevo a cabo con el general Gadi Shamni, jefe del comando centro y también miembro del comando en jefe del ejercito de Israel.

 

En tanto que el general Shamni fue muy reservado y cauteloso en sus apreciaciones y análisis de la situación en su ámbito, de por si muy conflictiva, el general Aizenkot hizo gala de lo que podría considerarse soberbia y desentendimiento por todas las severas criticas que cayeron sobre el ejército de Israel por su modo de actuar en ultima guerra del Líbano siendo el general Aizenkot parte de su comando en jefe. 

 

Ante la pregunta de los interlocutores respecto de cual sería la respuesta del ejército en caso que se renueve el conflicto con Hesbollah en el norte el general Aizenkot respondió: “Yo denomino a esto doctrina Dájia. Lo que ocurrió en 2006 en Dájia, barrio de Beirut (Israel prácticamente lo demolió con bombardeos aéreos durante la segunda guerra del Líbano. DK), ocurrirá en toda aldea desde la cual disparen sobre Israel. Volcaremos sobre esa aldea una fuerza desproporcionada produciendo enormes daños y destrucción. De nuestro punto de vista no se trata de aldeas civiles sino de bases militares. Esto no es una sugerencia. Es un plan aprobado“.

 

Los periodistas, al parecer sorprendidos por esas expresiones, atinan a observarle moderadamente que ya en operativos militares anteriores, y en cierta medida en la última guerra del Líbano, se aplicó este tipo de táctica sin mayores resultados. Gadi Aizenkot responde: “La táctica en esos operativos fue totalmente distinta. No se bombardeaba masivamente dentro de la aldea sino en sus alrededores para ahuyentar a la población. Durante la segunda guerra del Líbano bombardeamos masivamente. ¿Por qué motivo se destruyeron 120,000 casas?

 

A esta respuesta los periodistas le replican: pero la experiencia demostró que pese a todos esos masivos bombardeos y práctica demolición del barrio Dájia, Hesbollah siguió tirando misiles sobre Israel con la misma o mayor intensidad que desde el principio. A esto Aizenkot dio una respuesta evasiva diciendo: “la posibilidad de victimas civiles es el principal freno sobre Nasralla y el motivo del silencio de los dos últimos años“.

 

Ante la pregunta ¿Cuáles fueron los errores de la segunda guerra del Líbano? El general Aizenkot, entonces jefe del área planificación del comando en jefe del ejército, responde: “Desde nuestro punto de vista hubo dos errores centrales: el primero, no logramos acortar el periodo de combates, el segundo, permitimos durante 33 días un permanente ataque de misiles a Israel en magnitud desconocida desde la guerra de la independencia”.

 

Pareciera que para el general Aizenkot durante la segunda guerra del Líbano un oficial israelí, en algún puesto de mando, se olvidó de apretar a tiempo algún botón o que en el comando en jefe del ejército no había almanaque. Ni siquiera pensar que combatían contra un enemigo compuesto por unos pocos miles de guerrilleros que no pudieron doblegarlo durante 33 días y se vieron en la obligación de aceptar un discutido cese de fuego.

 

Yo me refriego los ojos y no puedo creer lo que leo. Es difícil entender tanto desden departe del general Aizenkot cuando todavía no se pudo secar la tinta con la cual el juez Vinograd escribió el famoso informe sobre la segunda guerra del Líbano en donde la palabra fracaso fue escrita decenas de veces.

 

Da la impresión que todos los estudios de alta estrategia en el estado mayor del ejército de Israel solo se ocupan de destrucción, amenazas y el uso masivo de la fuerza. Los operativos sofisticados con mucha astucia y originalidad pasaron a ser parte del folklore, historia y legado de todos aquellos héroes del pasado. El general Aizenkot trasmite una imagen que más se parece al gerente general de una empresa de demoliciones que evalúa la cantidad de pólvora necesaria para hacer volar un determinado número de casas que a uno de los jerarcas militares más altos del tan afamado ejército de  Israel.

 

De acuerdo a la experiencia acumulada durante la última guerra y en los enfrentamientos con los palestinos, da la impresión que las amenazas del general Aizenkot atemorizan a ciudadanos de Israel más que a cualquier ciudadano libanés y en absoluto a los líderes de Hesbollah.  De todas maneras, su apreciación que toda aldea del sur del Líbano es considerada una base militar, y por lo tanto será arrasada por bombardeos, no es mas que una autorización a Hesbollah a bombardear sin limitación ciudades como Haifa o Tel Aviv, si solo pudiese, por el simple hecho que en sus jurisdicciones hay bases militares.

 

Es muy preocupante ser testigo de una clara demostración de arrogancia y petulancia por parte de un alto oficial en quien toda la ciudadanía de Israel tiene la esperanza que le brinde la máxima protección y seguridad. Los ciudadanos de Israel pretenden oficiales un poco más humildes y reservados y no quieren escuchar amenazas al pueblo libanés. Ellos quieren saber que su ejército hace todos los esfuerzos posibles para otorgar la sensación de confianza y protección y que a sus hijos, los soldados de ese ejército, se los cubre con el máximo resguardo posible. El pueblo pretende que su ejército tenga la originalidad de pensamiento, sagacidad y artimaña para evitar confrontaciones y no para incitarlas.

 

El prestigioso escritor judío argentino Dr. Marcos Aguinis disertó en la Universidad de Tel Aviv como parte de la conmemoración del 60 aniversario de la independencia del Estado de Israel. En el marco de la conferencia muy aplaudida por el público y titulada “El orgullo de ser judío” enumeró los valores que enorgullecen al pueblo judío y entre ellos mencionó:

 

El antisemitismo es la expresión de odio más tenaz, antigua y firmemente arraigada en el mundo. Sin embargo, ese sufrimiento no nos ha transformado en una cultura que ame la venganza. Es frecuente reclamar justicia, pero nunca venganza. El honor no pasa por el daño al otro, sino en la superación de la ofensa. Los judíos estamos acostumbrados a sacrificarnos para construir. Es una conducta opuesta a otras culturas, donde la gente también se sacrifica, y mucho, pero para destruir. Basta con echar una ojeada a lo que sucede en esta región. Mientras los israelíes vienen construyendo desde muchas décadas antes de la independencia nacional, los palestinos vienen destruyendo hasta lo que podría ser tomado como botín de Guerra“.

 

Realmente se está ante una seria disyuntiva. Será que el general Aizenkot no conoce los valores históricos del pueblo judío, que esos valores no se inculcan en el marco del ejército de Israel, o será que el Dr. Marcos Aguines desconoce que en Israel su población se educa y actúa en forma totalmente desconectada de valores básicos que enorgullecen a todo judío.

 

Me temo que seguiremos contando el cuento de Aguinis en tanto que aplicaremos la doctrina del general Aizenkot.

 

Ojala me equivoque.

        

 

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